6 de junio de 2011

Génesis [Capítulo 1.006] - Honorables estudiantes.

“Honorables estudiantes de la prestigiada Academia Internacional Mancher, les habla su Director para anunciarles que el próximo 15 de Junio será la Gala a beneficencia del Orfanato Sueños Ilimitados, donde todos están cordialmente invitados…

– A pasar a la caja Internacional de la Escuela a pagar su internacional boleto –dijo en voz ocurrente Dorothy desatando las risas de sus compañeros en el salón de ensayos mientras la voz del Director de la Academia de Ballet retumba con afabilidad por todos los rincones de la misma.

“… a dicho evento y ser parte de los que se unan a esta noble causa…”

Laurent presa de la emoción sale disparado de su clase atropellando a uno que otro por los pasillos para encontrarse con Mia y comentar la buena noticia que daba el Director hace unos momentos. Ambos chicos eufóricos chocan.

– ¡Mia! ¿Escuchaste? –grita extasiado él y su sonrisa le cubre la mitad del rostro.

– ¡Sí, muchas felicidades! Te dije que Cole era buenísima onda, te dije que en cuestiones humanas no dudaría en apoyar la causa –ella con su prominente estatura debe ponerse un poco de puntitas para alcanzar sus labios.

– ¡Mis niños! Se van a poner felices, no qué felices lo que le siga. Podrán ver muchos de sus sueños hechos realidad con todo lo que se junte… ¡Estoy muy emocionado Mia!, muchas gracias a ti por confiar en mí, tú eres ahora, además de la más bella, lo mejor que en mi camino se cruzó.

Laurent toma entre sus grandes manos el que parece pequeño rostro de Mia. Dejando que la felicidad brote entre ambos sus ojos no pierden el movimiento y suspicacia de uno al otro encontrando además de un diminuto reflejo de ellos mismos también una dulce nota amor. Son segundos lo que les toma pero para ellos parece la eternidad hecha realidad, la dulzura del cálido aliento de Mia deseosa porque llegue a ella, se convierte en una de las adicciones más grandes que ha conocido y lentamente se funde en un beso con él.

Dorothy, aquella larguirucha mujer con la que Mia ha compartido toda su existencia profesional en A.I.M. ha hecho de su vivir a diario tanto como ha podido, similar una molesta y encajosa piedra en el zapato. Anonadada por lo que ve a mitad del pasillo en medio de todos los compañeros que presurosos deambulaban y a su criterio sin respeto alguno por la moral; Laurent y Mia que se entregan a un fino beso que ella no ve así desde luego, con su ágil mente profesa a escasos metros de ellos:

– ¡Hum! ¡Qué rápido ha olvidado a Edward!

Los murmullos de los compañeros que se dedicaban a otra cosa, se quedan en silencio por lo venenoso de sus palabras. Ambos chicos se han visto frustrados por aquellas verdades incomodas, dirían muchos en A.I.M.

– ¡Ah que re simpática es tu amiga! –exclama divertido Laurent.

– ¡Ahhh! –suspira Mia molesta– ya, ya vámonos.


… Γ έ ν ε σ ι ς …


Profunda en mis sueños, desparramada en el sillón con el teléfono en la cara, este me vibra desesperado. Sí, me quedé dormida y ¿qué? Con el corazón en la garganta mi primer instinto es aventarlo. Me incorporó como alma del diablo y para cuando caigo en la cuenta que lo que activo mi teléfono fue una llamada… ya puedo ir imaginando quién es… y mi pensamiento se queda trabado cuando el pobrecillo a lado de una pata del sillón comienza a sonar de nuevo.

– ¿Qué chingados quieres? –grito sin preocuparme por ver el ID y herir corazones o susceptibilidades.

– ¿Dónde estás? –grita ella del otro lado hostil.

– ¡Ayyyy! –me quejó, ella sí hirió las mías– debajo del sillón…

– ¿Qué demonios haces debajo del sillón…? No me importa bájate ¡Ya! Estoy mal estacionada.

– ¿Y eso a mí qué? –le bufo.

– Tengo una crisis y me urge ver a Bill…

– Soy Maureen, no Bill…

– No sé llegar a su casa y tú ¡SÍ! ¡Ándale, que ahí viene el del tránsito! Demonios… demonios… le voy a dar la vuelta la calle te espero aquí abajo…

– Me iré por las escaleras para que te… ¡Maldita sea, ya colgó! –latigueo con el brazo como si fuera a aventar a mi pobre teléfono que no tenía la culpa de nada.

Desde luego mi de cayente condición física no iba a soportar bajar por las escaleras de todos los pisos del edificio y dentro del elevador liberándome del susto que me había ocasionado la llamadita preocupándome por el tono de voz de Mia muy impregnado también de angustia tanto para pedir una reunión de consejo con sus dos mejores amigos y mucho peor aún ir hasta donde podía encontrarse directamente con Tom. Eso debía ser grave…


… Γ έ ν ε σ ι ς …


– ¿Qué pasó? ¿Qué tienes? ¿Cuál es la emergencia? –dice un mermado Bill irguiendo la espalda del asiento.

– Lo perturbarte no es lo que tenga sino es que esté Miau aquí –Tom y su poca gala de modales se ganan un codazo de parte de Bill y Maureen de cada costado.

– Toda la Academia ya comienza a hablar mucho por los pasillos y no sé, no sé…

– ¿No sabes qué exactamente? –interrumpe desesperado con el cigarrillo en la mano Bill.

– Es que…

– ¡Vamos niña no tenemos toda la vida! –bufa Tom.

– Tú, no estabas invitado a esta reunión entrometido –le espeta Mia con los nervios revoloteándole junto con la ira.

– ¡Bah! –manotea Tom.

– Mia podrías de una vez por todas decirme qué es lo que te está pasando, porque haces que se me crispen los nervios –desesperado Bill ya comienza inquietarse más de lo debido y ya ha terminado dos cigarrillos.

– Es que tengo algo importante que pedirles –con trémula en el rostro Mia duda y piensa un poco más para decir su razón.

– ¡Mia ya por favor! –exasperada grita Maureen.

– ¿Me acompañan a una gala del próximo 15? –con sus ojitos vidriosos de la emoción mira a sus dos amigos, en los que más confía.

– ¡Ah! ¿Ven? ¡Ven, cómo hay maneras mucho mejores en la vida para ayudar a las personas con problemas que a una simple bailarina hueca!

– ¡Imbécil, insensible, poco hombre! ¿Cómo te atreves? ¡Qué no ves que el mundo no gira a tu alrededor…!

– Y ¿Al tuyo sí? –Tom precavido se echa un poco hacia tras mientras que Mia avanza como una fiera sobre la pequeña mesa que los separa.

– ¿Los dejamos? –con picardía se miran al mismo tiempo Maureen y Bill.

En el justo momento en que Mia ya se ha impulsado con un pie sobre la mesita y sus brazos furiosos van directo a las trenzas del chico que se le ve claramente una sonrisa de superioridad en la boca porque de ante mano sabe que la aparente delgadez de la chica no puede amenazarlo en algo su integridad mucho menos su físico al que tanto desea arruinar.

– ¡Pero deja que… –vocifera Mia cuando ambas muñecas son interceptadas por las hábiles manos de Tom en lo alto.

– ¿Qué? ¿Tocarme? ¡Bah! Aléjate Mia nunca lograrás tocarme ni un pelo –poco a poco se levanta haciendo que con su fuerza la chica quede completamente de pie sobre el cristal. La suelta de inmediato y Tom se da la media vuelta para dejarla con su enfado sobre la mesa.

– Bueno, sí Mia, bájate de ahí que estás en casa ajena –recita Maureen tendiéndole la mano para que se baje.

– Sí lo siento Bill, ese… tu hermano es un detestable-energumeno-porque-cuando-lo-tengo-cerca-él-me-provoca…

– ¡Mia! ¡Mia! ¡Mia! –dicen ambos chicos antes de que la chica por tanta palabrería pierda el aire vital.

– Ya ven, a ver, tranquila –Bill se pone de pie y le extiende la mano para ponerla a salvo al nivel del suelo.

– Ok, como les iba diciendo… ¿Qué van a hacer el 15?

– ¿Esa es tu emergencia? –se escucha detrás de una gran puerta de cristal ahumado y se ve claramente la sombra de Tom y como está recargado aún espiando.

– ¡Ahhhhhhh! –bufa frustrada Mia.

– ¡Ya linda, ya, ven! Te preparo un té –Bill toma del brazo a Mia– te llevo a la cocina. ¿Qué es lo que pasa de verdad Mia?

– Bill, tú sabes toda mi historia con Edward, lo difícil que ha sido…

– Todos lo sabemos –gritó Tom una vez más. Mia lo ignoró.

– Con este nuevo chico, pues todo es lindo, emocionante me gusta mucho, pero todos hablan a nuestras espaldas. Eso es difícil y esta gala será nuestra primera aparición « formal » en público, me entiendes. No quiero ir sola, necesito su apoyo moral. Tuyo y de Maureen… y ¿Maureen?


… Γ έ ν ε σ ι ς …


Había sido una gala maravillosa, el público nos recibió, una vez que se levantó el telón, con una lluvia de aplausos de pie. Mia y yo habíamos preparado un Pas de Deux casi tan bello como ella. Estábamos saliendo ya de los camerinos para integrarnos a la fiesta que se brinda a todos los presentes.

– El protocolo de todo este tipo de eventos es bajar y saludar a todos los posibles donadores a la causa, así que pase lo que pase no dejes de sonreír.

Me decía ella que hablaba sin desdibujar la sonrisa de sus labios, saludaba a todo el mundo, parecía que conocía a todos los presentes en esa fiesta. Era cierto decir que me sentía un poco intimidado por la situación, sin embargo mi felicidad era más grande, que mi angustia.

– Esa de allá es la Señora Ricalde, irritante, hostigosa, pero si pones ojitos tiernos firma cualquier cantidad en un cheque para donar, si debo soportar que pellizque mis mejillas una vez más –la miré compasivo– valdrá la pena por ti y los niños del orfanato, vamos con ella.

Me encaminó hacia un círculo de personas que estaban cerca ahí también se encontraba el Director Osment de pronto se detuvo en seco con una cara seria y me dijo:

– Pase lo que pase no dejes que te abrace o te impregnará su horrible olor y no habrá forma de quitártelo ¿ok?

– Ok –nos sonreímos.

Me gustaba observar cada detalle de la comisura de sus labios y líneas perfectas que se dibujaban en ellos cuando lo hacía y si yo era una de las razones su sonrisa marcaba un matiz diferente.

Llegamos con ellos y la Señora Ricalde fue la que empezó a hablar con una voz chillona de esas que solo podrías haber escuchado en un personaje de película.

– Encantador, sencillamente encantador. Cole por qué habías tenido a este muchachito tan escondidito, es una maravilla… –estaba a punto de abrazarme pero Mia se interpuso entre ella y yo evitando el contacto.

– Además de ser el autor intelectual de toda esta beneficencia –dijo ella.

– ¡Por dios Mia, divina! Simplemente divina como siempre –le dijo mientras efectivamente pellizcaba sus mejillas–. Déjame confesarte que jamás imaginé que encontrarías a otro compañero de Pas de Deux con el que te complementaras tan bien como con Rotmensen.

Sus ojos se intercalaban entre la Señora Ricalde y mis ojos, se le notó la incomodidad del comentario en seguida.

– Mia. Disculpe Señora Ricalde –dijo una chica– Disculpe de verdad que interrumpa pero quiero felicitar a mi amiga.

– ¡Oh, no te preocupes Maureen! Adelante vaya –dijo condescendiente la Señora Ricalde– sé que puedo encontrarme con ella en otra instancia.

Eran sus amigos que venían en el momento oportuno para salvarnos de ese lapso tan desagradable, nos dimos la media vuelta para escapar, pero no salí tan bien librado de eso, la Señora Ricalde dijo que haría una gran donación y no pude evitar voltear, sus brazos ya me esperaban abiertos de par en par.

Me atrapó.

– ¡Apestas! Con todo respeto –me decía la chica, Maureen, que no pudo contener su comentario.

– ¿Lo atrapó la señora Ricalde? –dijo un… un… una ¿Andrógino? Que ya se tenía más que memorizado todo lo que pasaba en este tipo eventos, lo había visto acompañar en varias ocasiones a Mia y seguro sabía que ante todo debía evitar ser atrapado por la Señora Ricalde– ¿Nos pretendes presentar en algún momento o lo hago yo?

– ¡Ah claro! –Mia de pronto se mostro nerviosa– Laurent quiero presentarte a mis dos mejores amigos; a Maureen que ya la conoces y a Bill mi hombro incondicional, es un encanto lo adoro.

Que personaje tan extraño aquel que me presentó Mia, como su « amigo » no estaba seguro de que fuera un él y no una ella ¡Qué manera de vestir! Me quedé bobo sin saber que decir, nunca había visto a alguien vestido, maquillado o peinado de esa forma, al menos no fuera de un escenario se parecía a la nueva visión de Oberón del Profesor Stwartd.

Me tomó de los hombros, me tenía abrazado e íbamos caminando, me sentía peor con ese Bill tan cerca, a pesar de ser él, el de la excéntrica imagen, no dejaba de mirarme con una intensa curiosidad, como yo a él. Iba murmurando sin hablar lo suficientemente alto como para que lo escuchara. Íbamos liderando a las chicas que seguro iban cuchichiando riéndose de todo esto.

Fue hasta que llegamos a nuestra mesa que me hizo una señal para que me sentara y llamó a Maureen con el dedo para que ambos se pusieran a mis costados flanqueándome y empezaron:

– ¿Edad?

– ¿Enfermedades?

– ¿Preferencia sexual?

– ¿Vives solo?

– ¿Hermanos?

– ¿Te consideras celoso?

– ¿Eres originario de Mancher?

– ¿Eres fiel?

– ¿Fumas?

– ¿Bebes?

– ¿Drogas?

Hacían tantas preguntas intercaladas uno con otro y tan rápido que no me daban tiempo de contestar ninguna, yo pensaba en la respuesta de la uno y ya íbamos en la pregunta cuatro. Se callaron por un instante y ambos alargaron sus cuellos para poder verse, se notaba la mirada cómplice en ambos, sin decir nada me miraron de nuevo y soltaron a la vez, como ensayado.

– ¿Qué es lo que quieres con Mia Giole Dumarc?

– Mmm… ¿Cómo… qué? Me… a mí, pues me gusta, desde luego –me sentía sumamente incómodo teniendo que admitir mis sentimiento frente a ellos y no con ella.

– ¿Te gusta para qué?

– Pues… mmm… me gusta…

– Te lo advierto si la lastimas… –decía la rubia.

– Eres hombre muerto ––completaba su amigo.

– Porque cualquier cosa que le hagas repercutirá directamente en nosotros, así que piénsalo bien. En esta relación estamos todos.

No sé si Mia se estaba divirtiendo con esta situación, o de verdad estaba muy ocupada ¡Por qué no hacía nada para salvarme de ese terrible interrogatorio! Sólo les faltaba ponerme bajo una lámpara y me sentiría como un verdadero interrogado del FBI.

– Bueno, basta ya. Qué lo van a asustar. Suficiente información para una noche – puso de nuevo atención un par de segundos después de que implorara mi suplica al cielo mentalmente.

– Vamos a bailar –le dije sin pensarlo mucho, por dos razones.

La primera quería salir corriendo antes de que el interrogatorio siguiera y dos la canción que sonaba en ese momento era « nuestra canción ». Técnicamente ella no lo sabía, pero inevitablemente cada que la escuchaba pensaba en Mia. Fuimos al centro de la pista…


… Γ έ ν ε σ ι ς …


Venía cansado del viaje, había llegado literalmente con maleta en mano. Sólo saqué un traje y volví a dejar la maleta en la cajuela del carro, ahí en el estacionamiento de A.I.M., el menos arrugado que pudiera usar para la ocasión, me cambié en los vestidores del salón donde se celebraba el coctel.

La salida de esos vestidores quedaban en la parte baja del salón tenías que subir para entrar, llegué a la cúspide de aquella escalera, que me daba una enorme panorámica del lugar y de la escena. Escena, que hizo que algo en mi interior se rompiera, como si hubiese tenido guardado un cristal en lugar de mi corazón y justo ahora se hacía añicos, juró de verdad que escuché los cristales tronar, estallar dentro de mí.

Que irónica era la canción que bailaban, me detuve un momento a escuchar la letra, no pude más.


…If I was the one who was loving you baby

The only tears you'd cry would be tears of joy

And if I was by your side

You'd never know one lonely night

And if it was my arms you were running to

I'd give you love in these arms of mine

If I was the one in your life…


Recordaba la llamada que me había hecho Cole para que me presentara en esa estúpida Gala.

– ¿Qué hay? ¿Cómo va la gira? –me llamaba directamente a la habitación de mi hotel en la cuidad de Rumania.

– Bien, algunos percances, nada que no se pueda solucionar. Llenos totales hasta el momento. Aunque yo insisto en que hubieses mandado a Giole, ya sabes, no me complemento con nadie como con ella.

– La necesitaba aquí en Mancher –argumentó, sin embargo yo lo sentí más como una vieja treta para separarme de ella por un tiempo.

– Cole ¿Llamaste para saber cómo va la gira dos días antes de que acabe o para torturarme porque no mandaste a Giole?

Seis meses y medio de arduo trabajo de noche y ensayos por la mañana, en algunas ocasiones presentaciones de prensa o cocteles a los que el cuerpo de ballet debía dar la cara. No quedaba tiempo para prácticamente nada más que dormir un promedio de cuatro o cinco horas.

– Bueno Edward me preocupo por todo el talento de A.I.M. –trató de distraerme–. Recuerdas al Señor y la Señora Huchim vendrán el próximo 15 a la Gala de beneficencia que vamos a ofrecer y mueren por conocerte, debes venir.

– ¿Cuál Gala? ¿15? Mi vuelo a Mancher llega justo el 15 Cole, no comiences con disparates.

– ¿A qué hora?

– Calculo estar pisando Mancher a las 17:30

– Perfecto te espero a las 19 horas, por ningún motivo puedes faltar. Si quedan tan encantados contigo como hasta ahora construirán un nuevo edificio exclusivo de Jazz. Aquí mismo en A.I.M. o dónde quieras ponerlo, si lo quisieras en el cuarto de baño de tu apartamento ahí mismo lo harían…

Sonaba halagador que mi trabajo fuese tan grato para que esa familia adinerada quisiera donar un edificio completo para mi especialidad. No había opción tenía que presentarme a esa fiesta, siendo fiesta seguramente mi Giole no perdería la oportunidad de estar ahí. Una magnífica oportunidad para darle una sorpresa. Me tumbé en la cama dejando que mis pensamientos llegaran a mí como brisa de mar…


Deja de llamarme Mia Giole, que suena demasiado telenovelezco. O Mia o Giole, pero no ambas.

¿Cuál te gusta más?

Ambos me gustan, no tengo problema. Todo el mundo me dice Mia.

Pero yo no soy todo el mundo, así que me quedó con Giole.

Muy bien serás el único que me llame así.


Me dijo aquella tarde que nos quedamos solos en el salón de Funk después de que todos se habían marchado. Estábamos sentados en el suelo cerca de los espejos, dándole la espalda a estos. Me tenía abrazado con sus piernas envolviendo mi torso y teniendo aquella conversación con su voz en mi oído, eran los mejores momentos, todos los que pasaba con ella. Podía desatar lo mejor y peor de mí, consciente o inconscientemente.

Me gustaba ser el único en su vida, sabía que había más de uno que daría lo que fuera por estar en mi lugar, pero ella sólo tenía ojos para mí. La cargué para que quedara frente de mí, en la misma posición. La besé como siempre, nuestras conversaciones, eran de pocas palabras y más de besos, perdía la cordura cuando estaba con ella, la estaba recostando en la duela del salón, sin dejar de besarla… todo era perfecto hasta que entró Cole con dos o tres invitados suyos a los que les mostraba la academia. Era regular que tuviera ese tipo de reuniones. Nos levantamos enseguida y no le quedó más que presentarnos con las visitas.

Nuestros nombres suavizaron un poco la incómoda situación y los invitados no se dieron por aludidos.

¿Dónde había quedado todo aquello? ¿Qué había pasado con mi Giole? Las cosas empeoraron cuando vi lo más doloroso hasta ese momento, aquel desgraciado estaba besando a mi Giole a MI novia, ¿Por qué si seguíamos siendo novios? O no era así, era difícil saber el status de nuestra relación, ella lo hacía todo tan complicado, siempre que pensaba que estábamos bien, resultaba que no, yo creía que había hecho todo bien está vez, sí me ausente unos meses, pero no por gusto, fue por la gira, eso debía entenderlo.

Sentía el enojo, los celos, que yo me vanagloriaba de no sentir jamás, recorriéndome, sentía la tensión en cada vena de mi cuerpo, tenía los puños apretados con la mirada fija en ellos, que sonreían y la abrazaba, sentía que iba a explotar…

– Edward.

Escuché mi nombre proveniente de una voz femenina, pero aún tenía todo mi cuerpo trabado, sin poder moverme, sintiendo los pedazos de mí corazón caer.

– ¿No estabas enterado? Sí son un par de cínicos que solo esperaron a que te dieras la vuelta para regodearse en su romance. ¡Ay Edward! Cómo lo siento, porque sé que te duele, pero Mia no es la chica que te conviene, nunca lo ha sido.

– ¿Desde cuándo? –musité.

– ¿Qué? –replicó ella, con el rabillo del ojo vi su expresión de incomprensión mientras yo tenía clavada la mirada en ellos.

– ¿Desde cuándo… están juntos? –no necesité voltear a verla, reconocí su voz enseguida.

– Desde el primer instante de tu gira, no han desaprovechado un solo momento, para andar exhibiéndose en cada rincón de A.I.M.

Me di la media vuelta, sabía que si me quedaba un segundo más podría crear un escándalo, de ésos, ya tenía muchos en mi historia. Mi propia furia quemaba mi piel, me venía de muy adentro sentía mi sangre hirviendo. Verlos le había dado en la madre a mi razón, tenía ganas de bajar corriendo y propinarle una golpiza, desquitar toda mi conmoción en su cara, arrebatarle de las manos a mi novia, así como él me la arrebato a mí.

– ¿Adónde vas?

Dorothy me gritaba, mientras yo casi trotaba a la salida, no podía hacerle eso a Cole, sería peor con aquellas personas que querían conocerme, sería más fácil que disculparan mi ausencia, que mi presencia en un escándalo.

– Discúlpame con Cole.

Atiné a decirle. Manejé como alma que lleva el diablo, tratando de entender lo que había sucedido ¿En qué momento la había perdido… de nuevo? Yo la amaba de eso no había duda, espero que ella tampoco lo dudará, sabía que no era el mejor hombre, pero quería convertirme en el mejor hombre para Giole. Si debía esforzarme el doble, dedicarle más tiempo a mi carrera para ser el mejor bailarín y coreógrafo que existiera para que ella se sintiera orgullosa de mí, para darle la vida digna de la princesa que era, eso haría.

Pero tanto esfuerzo nos traía malas consecuencias en nuestra relación, entre mi dedicación y sus cosas nos quedaba poco tiempo para nosotros, nos hacía su presa la monotonía, luchábamos contra ello, pero no siempre ganábamos la batalla.

No sé en qué momento apareció… ese… ese, no podía ni mencionar su nombre sin que una avalancha de furia me sobrecogiera. Pero desde ese instante algo había surgido entre ellos, me di cuenta de su complicidad, de su amistad, de su entendimiento. Era obvio, pero lo nuestro era más fuerte, era amor de verdad, de ese que vence barreras, lucha contra todo y todo subyuga, no me preocupó su cercanía.

Giole siempre tuvo la libertad de salir con quien ella así lo deseara, estaba conmigo, pero no por eso debía ni ella ni yo limitarse en conocer a nuevas personas, quizás en alguno de ellos se escondía un buen amigo, que sólo por ser novios debía evitar conocer. «Ése» me había robado lo más valioso de mi vida. No quería decir que hasta ahora entendía el verdadero valor, sin embargo era más doloroso de lo que algún día imaginé…


– ¡Hola corazón! Conseguí boletos para la premier de esta noche ¿Vamos?

– No, puedo.

– Y Ahora por qué…

– No estoy en Mancher, de hecho justo ahora estoy cruzando La Toledana.

– ¿Qué haces allá?

– Estoy de gira con más de la mitad de la Academia.

– ¿De gira? ¿Desde cuándo?

– Cuatro días…

– ¡Cuatro días! ¡CUATROS DÍAS! Hijo de tu chingada madre Y ¿Cuándo pretendías avisarme que no estabas en la ciudad?

– Cole me pidió que fuera yo quien hiciera esta gira –omití sus malas palabras.

– Si no te llamó para ir al cine, quién sabe cuándo me habría enterado de tu gira ¡Si no te llamó a ti no se te ocurre hacerlo! Vete a la mierda.


Tampoco era el hombre más expresivo o detallista del mundo, era algo que a ella le gustaba, pero no me nacía ser de otra forma, ella me conoció así. Si llegaba tarde o no llegaba es porque algo realmente importante se me atravesaba, si no la llamaba o mandaba textos es porque tenía otras prioridades antes de ponerle saldo a mi celular e internet; ya no podía seguir justificando todos mis errores, podía continuar enlistando un número interminable de excusas pero la culpa de todos sus enfados era simple y sencillamente yo.

No pude pegar el ojo en toda la noche, la imagen que había visto me torturaba, imaginaba todo lo que aquél le diría para alejarla de mí, imaginando que se irían juntos y él ocuparía mi lugar en su vida, estaba enojado con él, conmigo. En silencio acostado solo en mi cama le declaré todo mi odio, era mi enemigo a partir de ahora.

El momento de mi clase de Jazz llegó, mis alumnos sufrieron las consecuencias de mi pésimo humor. Él no se presentó a mi clase, no sé si eso fue lo mejor, no soportaba verlo lo detestaba más que a nada ni a nadie en ese instante, pero creo que muy en el fondo esperaba que apareciera, ya imaginaba una lucha épica entre los dos.

Caminaba por A.I.M. sin prestar atención, sin querer giré mi cabeza hacia los jardines y ahí estaban felices, riendo, jugando, él le regalaba una rosa, no la había visto tan feliz en mucho tiempo y eso me ponía más furioso, mi odio por Laurent crecía segundo a segundo por tener lo que era mío, y que yo sin darme cuenta fui quien la llevó hasta sus brazos al unirlos en pareja en más de una ocasión en clase, había perdido una batalla que no sabía que luchaba.

Pasaron varios días así, yo con un anonimato total, Giole no sabía que yo había vuelto a Mancher, quizás no le importaría que yo desapareciera así sin más de su vida, pero no podía dejar que mi «innombrable» ganará así de fácil, yo podría ganarle, recuperarla de nuevo, tenía años de conocerla, sabía sus puntos débiles.

Un día terminando mi clase con los chicos de principiante me decidí a hablar con ella, aclarar las cosas entre nosotros, invitarla a comer, comprarle unas rosas, saqué el colgante que ella me había regalado para ponérmelo y que ella lo viera en mi cuello, ya era casi su hora de salida, caminé hasta el estacionamiento a donde dejaba regularme su auto, pero cuando llegué ya estaban ahí los dos, la tenía embelesada.

Sentada en la cajuela del carro de él, mientras él le cantaba con guitarra en mano, le daba cientos de besos, le tomaba fotos. Me hice chiquito, miré mi reflejo en uno de los autos que estaban a mi lado, se me notaba cansado con unas enormes ojeras, apagado. No tuve el valor de acercarme, ni esa ni las otras veces que tuve la oportunidad de hablar con ella.

Otro día la encontré leyendo sentada bajo la sombra de su árbol favorito, había crecido encima de una pequeña loma cubierta de pasto, daba una sombra increíble y ella siempre decía que la corteza se acomodaba a su espalada como mandada hacer, estaba sola. Hinché los pulmones, cerré los ojos, deje salir todo el aire por a boca decidido a ir con ella, recuperarla, pero me contuve de hacerlo, estaba a punto de caminar hacia ella y pensé que si yo no era quien la iba a ser feliz, si la había hecho derramar tantas lágrimas, si ella ya no quería estar conmigo, si buscaba su felicidad en alguien más ¿Quién era yo para impedírselo?

Quizás algún día ella se decida a volver, para ser feliz conmigo y aquí estaría yo esperándola con los brazos abiertos. Estaría cerca de Giole aunque estuviera lejos de su vida, me conformaba con saber que era feliz. Me aleje de ahí. Llevaba ya varias noches sin poder dormir soñando con ellos juntos, una pesadilla recurrente.

Estaba asimilando mi pérdida, evitando los lugares que sabía que ella frecuentaba, para no tener que toparme una escena más de su feliz romance. Hasta comía en la Cervantes y confirmaba su fama de que la comida sabía a cartón, todo por no amargarle el momento y amargarme más.

El viernes se canceló la última clase que debía dar, mis alumnos saldrían a Benetton con la profesora Sara Sefchovich a una práctica de campo en el teatro Duncan, serían el acto de apertura de una compañía rusa, estaban muy emocionados todos de que los eligieran de entre tantas escuelas. Me iría temprano a casa, caminaba rumbo a mi auto, despacio sin molestar a nadie cuando alguien me pegó por atrás, estaba de tan malo humor esos días, que cualquier infortunio por mínimo que fuera me sacaba de mis casillas, volteé como energúmeno para darle un buen sermón al atrevido que… Era Giole… había chocado conmigo por venir corriendo de espaldas despidiéndose y gritándole quién sabe qué tantas cosas a sus amigas Emma y Loretto.

– Edward… mmm…

Tenía la voz dudosa, se le notaba nerviosa, hasta temblorosa, muy nerviosa. No era nada comparado con lo que yo estaba sintiendo en ese momento, sentía, debía ser yo quien dijera algo, para romper ese hielo de no decir nada.

– ¿Cómo estás?

La conocía tan bien, vi como su cara hasta se relajó cuando la saqué de su dialogo monosilábico, como salvándola de algo que no quería decir, soltó un poco de aire, aliviada antes de decir:

– Bien, no sabía que ya habías vuelto a Mancher.

– Tiene como semana y media más o menos.

– ¡Oh!

En su mirada se reflejaba toda una conversación pendiente, tenía muchas cosas que decirme, al igual que yo tenía muchas dudas que necesitaban una explicación, pero estábamos los dos parados en medio del estacionamiento sin decir nada, a penas respirando, la tenía a escasos centímetros de mí y todo mi cuerpo exigía su cercanía, quería abrazarla, decirle lo mucho que la había extrañado, pero sobre todo lo mucho que la quería. Pero callados dejamos pasar los segundos, porque no fueron más que eso, unos segundos cerca. La voz juguetona y alegre de Dorothy venía a romper nuestro encuentro.

– ¡Bombón! Vamos anda, prometiste llevarme a casa.

La cara de furia de Giole era inconfundible, aunque se esforzara en esconderla y que nadie se diera cuenta, yo podía detectar cada mínimo rasgo de su rostro, sabía que se le estaba haciendo un nudo en el estomago, que luego cambio por una sonrisa de triste resignación cuando me despedí de ella con un ligero movimiento de mano, Dorothy me llevaba a jalones del brazo.

Por fin había llegado el fin de semana, los únicos días en los que no debía esconderme para no verlos, donde podía andar libre tratando de distraerme para no pensar en Giole. Dorothy había llamado un par de veces para que saliéramos y no me quedara solo en casa con mis recuerdos, con lo patético que ya me sentía si me quedaba solo iba a ser cualquier tontería, a pesar de sus buenas intenciones, de lo bien que la pasaba con ella, después de todo era mi mejor amiga, no tenía ganas de estar con nadie que me los recordara. Salí a caminar sin rumbo fijo.

Fue en la calle Zeke donde me encontré a ese chico, Drako, no habíamos convivido mucho, solo en esas reuniones donde forzosamente debían coincidir Giole y Dirce, él y yo debíamos acompañar a nuestras chicas para que no se mataran en el encuentro, pero me caía bien, se veía que era un buen tipo.

– ¡Edward!

– ¡Hola Drako! Y ¿Dirce cómo está? ¿No está hoy contigo?

– Bien mi hermano tan increíblemente bella como siempre. No hoy no, pero tú ¿Estás bien? Te notó muy decaído ¿Qué te paso? ¿Problemas con Mia?

– Sí algo así…

– Ven te invito drinks para que te desahogues y quites esa cara.

Era un buen plan, no era de los que tomaba, mucho menos cuando tenía alguna pena, pero esta noche lo valía y mejor aún con un tipo que casi no conozco y sin embargo conocía toda mi historia con ella. Perdí la cuenta de los tragos que llevaba cuando Drako se convirtió en mi mejor amigo y confesor, el efecto que el alcohol causa en las personas.

– Drako mi hermano me faltó el valor para decirle que tiene razón, que siempre la tuvo que me porte como un niñato inmaduro, que no sabe luchar por lo que más ama en el mundo y él, él le faltaron apenas unas semanas de mi ausencia para conquistarla, quisiera que me viera feliz a lado de otra mujer enamorado, pero sería un golpe demasiado fuerte que no soportaría saber que ella dejó de amarme, suena egoísta sí lo sé pero ¡LA AMO! y sé que ella aún me ama lo vi ayer en sus ojos. Realmente llegué a pensar que yo sería el único al que ella podría amar, porque ella sí es la única a la que yo amaré siempre, podré conocer a muchas mujeres, pero por ninguna sentiré lo que siento por MI Giole.

– No seas idiota, cabrón, no puedes dejar que un aparecido que viene de un pueblo que no conoce ni Dios te la quite así de fácil, tienes que luchar por ella, reconquistarla desde cero si es necesario.

– Lo envidio…

– Ella es Tu chica, ha sido tu chica toda la vida, ella te ama. Desde cuándo se te han bajado los huevos hasta los talones, de cuándo acá te vas a dejar vencer por un escuincle…

– Mi hermano qué más quisiera yo, pero deberías verla, ella es feliz y eso es lo único importante su felicidad, si ella es feliz a costa de mi propia felicidad eso lo vale todo.

– ¡Feliz mis huevos!


… Γ έ ν ε σ ι ς …


Pinche güey ya me tiene aburrido y cansado, Dirce me había dicho que era un tipo débil pero no creí que a tal grado, litros y litros de alcohol que se ha tomado y no se ha parado, ¡Ni al baño! Estaba poniendo todo mi esfuerzo para que fuera un hombre y luchara por el amor de su vida, en lugar de quedarse llorando como un mariquita, lo intenté por las buenas, al ver el éxito no obtenido. Intente hacer una conexión psiónica, meterme en sus pensamientos, dejarle clavado uno para que entrara en acción contra ese tal Laurent que le robó a «su Giole».

Sentía una batalla perdida no lograba inmiscuirme en su mente, había una barrera invisible que no me dejaba penetrar. Me tenía tan aburrido que dejé de intentarlo, ya me tenía fastidiado si quería llorar como muñeca vieja en cada rincón allá él, a mí ni me importaba lo que pasará con su vida. Sin olvidar que ya estaba tan ebrio que tendría que ser yo quien pagara esa exorbitante cuenta.

¡Cómo si el dinero se diera en los árboles de Mancher! Imbécil.

Esta noche no había victoria en la misión, en la mía. Él ya tenía destrozado el corazón…




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