13 de mayo de 2010

Capítulo XVI [ Parte 2 ] Soledad a prueba de balas.






Al llegar al departamento me di cuenta que Melissa no estaba, justo cuando pensaba en tomar mi celular para llamarle y saber qué era de ella, escuché la puerta abrirse.

  • - Hola Geo ¿Cómo te fue? – la vi con una ropa muy elegante, su cabello estaba recogido en una coleta con algunos mechones salidos al azar, se miraba feliz, tranquila diría yo.
  • - Bien bastante bien, las entrevistas con la radio fueron muy amenas, divertidas y eso pero tú ¿a dónde has ido? luces muy linda ¡eh!
  • - Muchas gracias, fui a cenar con mi familia.
  • - Tu familia... significa toda tu familia...
  • - ¡Ay vamos! sabes que no, pero ahora que la invocas ¿ya estás listo?
  • - ¿Listo para qué? – pregunté confundido cuando me tomó de la mano y me llevaba al balcón del departamento, me ofrecía un cigarrillo al parecer me diría algo bastante serio.
  • - ¡Relájate! – me reclamó con una gran sonrisa, era increíble la camaradería que logramos en estos pocos días, adentrándose en su personalidad, era una chica increíble, muy relaja, si la conocieras simplemente así ni imaginarías que tiene a una hermosa niña de hija y por su puesto la facha de “chica pesada y engreída” se derrumba por completo.
  • - ¡Ya sé! hiciste de cenar – traté de averiguar.
  • - ¿Dónde me viste la cara de esposa sumisa y callada? – se mofó y sus risas eran contagiosas. Lo siguiente que me dijo me dejó paralizado – mañana es el cumpleaños de Mariella y tú irás, le darás una sorpresa y huirás antes de que ella te quiera sacar a patadas o te quedarás con ella la noche entera; lo que sea que pase primero hay que ser realistas Geo, pero sin duda esa sorpresa la dejará helada – hablaba sin control y de corrido, que hubo un momento en el cual me perdí su recital.

El poder de convencimiento que poseía Melissa era increíble, tardó sólo un par de minutos para cambiarse de ropa y de pronto ya estábamos en un establecimiento, comprando rosas y velas, sin saber el por qué sólo le seguía la corriente, sin preguntar, ni oponerme, sinceramente no imaginé que Melissa planeara todo esto y por supuesto para Mariella, sí se la pasaba evitándola a toda costa cuando era obvio que anhelaba todo lo contrario, pero ya haría yo algo al respecto.

Fuimos a una cafetería y trató de darme apoyo y relajar mis nervios que súbitamente explotaron dentro de mi, hacíamos tiempo para que fuera lo suficiente tarde para llegar y que nadie estuviera levantado en la mansión Turner, desde luego para no hacer gran algarabía de aquello que planeaba Melissa, imaginando a escondidas de todas ahí. Curiosa forma de querer a su hermana era la que predicaba.

Al entrar a la residencial, Amélie ya nos esperaba al pie de las escaleras, a un lado estaba un perro de tamaño considerable, con ella y jugueteaba con algo en las manos que no distinguí debido a la oscuridad; en cuanto nos vio, se levantó y aventó aquello con gran puntería a Melissa, que no dudó en reclamarle dándole un leve golpe.

  • - ¡Hola Georg! ¿Cómo estás? – se dirige a mi después de molestar a Melissa, y agradezco su cortesía con un beso en la mejilla.

Su siguiente comentario fue como una continuación de alguna conversación pendiente que noté dejaron entre ambas, un plan de parte de ambas contra Mariella y mío, ¡vaya chicas!

  • - Ya saqué a la niña de la habitación de Malle – dijo Amélie mientras subíamos sigilosos por las escaleras ligeramente curveadas y bastante anchas.
  • - Ok, yo estaré con ella... – dice Melisaa hurgando en su teléfono celular.
  • - Está en mi habitación – responde Amélie con una interacción bastante peculiar, me hizo imaginar lo que podrían ser las tres juntas, como sería el trato entre ellas, su complicidad, hermandad...
  • - ¡Ven conmigo Geo!; ¿Compraron algo, cierto? – interrumpe el hilo de mis pensamientos y le muestro torpemente las bolsas donde llevo las compras, reaccionando a su pregunta sin responderle por lo nervioso y confundido que me encuentro.
  • - ¡Suerte! – recita a lo lejos Melissa doblando camino en un pasillo contrario al que Amélie me dirige.
  • - ¿Qué se supone que debo de hacer? – la detengo de prisa por un hombro cuando ya tiene la mitad del cuerpo dentro de una habitación.
  • - Tú espera aquí, no tardaré, colocaré yo las cosas por aquello del ruido, ¡ya sabes!, podría despertar y se arruinaría todo – dice con la voz muy baja.

Amélie entra a la habitación y no me queda más que recargarme y sentarme en el suelo. Fueron los diez minutos más largos de mi vida, jugaba con el cierre de mi chamarra, lo subía y bajaba desesperadamente, pensaba e imaginaba con qué fin querían hacer todo esto, abrumado aún por el último encuentro que sostuve con ella, confundido por su silencio no me imaginaba enfrentándola de nuevo. Fue cuando salió Amélie y dijo ¡Listo! es tu turno, me tendió su mano para levantarme del frío piso, que pude comprender que ellas me veían como un bien para Mariella.

El corazón comenzó a latirme como un loco, al tomar el picaporte de la puerta para cerrarla, mi mano sudaba intensamente. Le di la espalda a la puerta para ver el interior alumbrado a media luz por las velas, el olor que desprendía cada una de ellas comenzaba a dispersarse por toda la habitación lentamente haciéndola muy candida. En floreros delgados fueron colocados pequeños racimos de rosas en diferentes tonalidades, otras tantas posaban en silencio sobre el suelo. El pánico había cedido justo en el momento en que posé mi vista a la mitad del lugar donde estaba la cama. Con paso lento me acerco y distingo su relajada respiración, el subir y bajar calmado de su cuerpo, recargada sobre su costado izquierdo con la vista fuera de la cama, mi instinto fue sólo mirarla por un largo periodo de tiempo, sin percatarme de mis movimientos por completo me siento en su mesita de noche a un costado para admirarla más de cerca.

Era una noche fresca, trae puesta una pequeña blusa de delgados tirantes, su cabello está libre y algo alborotado alrededor de ella y le cubre parte del rostro, con delicadeza lo retiro, su cabellera es suave, larga y luminosa. Suelta un suspiro, tranquila y sin despertar se reacomoda sobre ella misma estirando sus piernas que las cubre una sábana. Mecánicamente mis manos se dirigen a su hombro descubierto, lo acaricio a todo lo largo de su fina extensión sintiendo la delicada textura como la de una seda destellante, de un mágico aroma que desprende con mis caricias y me llena el alma de confort. Al llegar a su mano la entrelazo con la mía y ella responde cerrándola con cierta presión. Mi corazón se detuvo al imaginar que podría pasar si despertaba justo en ese momento, pero lejos de aquel miedo, mi mano libre fue a su rostro, su cara era cubierta con facilidad por lo amplio de la mía, con mi pulgar acaricio su mejilla y siento el templado aire salir de su nariz.

Se mueve y comienza a hacer gestos, respinga la nariz, aprieta sus ojos. La he despertado y le cuesta trabajo salir del trance del sueño que interrumpen mis caricias. Suelto su rostro y parpadea con dificultad luchando entre recuperar la conciencia y no caer en sueño de nuevo, su mano libre, la mueve y lucha un poco sacándola de la presión que se encontraba bajo su propio cuerpo y se la lleva a la nariz, talla un poco y reacciona al momento en que quiere usar su otra mano que me rehúso a soltar.

  • - ¡Que... – dice suave y reacciona levantando su dorso apoyada nuevamente en su brazo. En vez de mirarme, sigue viendo su mano sujetada a la mía y luego repara en la tenue luz de las velas; miro la sorpresa plasmada en su rostro y gira de golpe su cara para encontrarse con la mía a centímetros de ella – a...

Alcanza a decir cuando la prenso a mis labios a un beso que tardó en asimilar y contestar en menos de un segundo y que fue uno, donde, dejé que ella dirigiera a su gusto, que disfrutara, que marcara a su ritmo; delicada era la mejor expresión que definía la sensación de sus delgados labios y su esencia unida a la mía; era una sin comparación.

Me separo de ella, me acerco a su oído y en voz baja le recito -Feliz cumpleaños- y finalizo con un beso en la mejilla, se incorpora a una posición mejor para ella y sus brazos cuelgan de mi cuello y la abrazo, el corazón a respuesta de su reacción me late increíblemente rápido y siento la sangre correr a mil por hora dentro de todo mi cuerpo.

  • - Si pudiera despertar a tu lado… – la sostengo entre mis brazos a la altura de su tronco, deseando que el momento sea eterno por siempre, a su lado y con su calidez que despide su cuerpo tan cercano al mío.
  • - Debes irte… – dice con la voz rara, entrecortada; la separo de mí, sin ser brusco para verla directamente a los ojos, sin creer lo que ha dicho, su mirada que al chocar con los mía, deja suspendidas sus siguientes palabras en la punta de su lengua, me mira sin saber que hacer exactamente. Me acerco con decisión de nuevo a ellos, a sus labios, esos que se mantienen quietos y espero de ellos una respuesta diferente al rechazo – No quiero que ninguno de los dos salga lastimado… – con un hilo frágil de voz, uno muy amargo, mueve sus labios que tocan los míos con cada palabra que dice y provoca que el corazón se me detenga sin yo siquiera pedírselo, al parecer ella ya tenía el control sobre mi, sin yo, haberme dado cuenta...



2 comentarios:

shaira beluga dijo...

no buenoooooooooooooooooo el remy se apodera de mi toritooooooooooooooooooooooooo... ay q rejega la Malle jajaj( me oi bien ñeris) no buenooooooo sniff nada mas falto la musica de violin al fondooooooo o q entrata Tabatha jajajajja a interrumpir jjajja
mu bueno chica! tu dale mi parny!

oreo_effeckt dijo...

ay xD

ash!!!

inche vieja que se hace del rogar xD