4 de enero de 2013

AOMS - Prólogo

Nicasi: Amarlos, hasta que me quede sin alma




Alemania, 1989
Es una noche tranquila, no se necesita nada más. Ambos están satisfechos, lo han logrado. Nada ha fallado.
Él más que orgulloso no deja de suspirar con la frente recargada en la mujer que ama. Ella, derrama lágrimas de alegría mientras sostiene con fuerza al lazo que ahora los une por toda la eternidad, a él, al hombre qué más ama.

—Prometo que no te voy a fallar. Que no les fallaré. Lo prometo.

Sus labios se rozan mientras ellos hablan, el dedo pulgar juguetón de él roza la mejilla redonda de su bebé. Con el otro brazo hábilmente, más que muchos varones, sostiene a un pequeño bebé.
Ella sonríe.

—Sé que Melton la adorará, será su hermana favorita.

Es una habitación pequeño hospital, uno, que ni siquiera parece serlo.

—Ella es prueba de que nada pasará al haberme enamorado de ti —aún cansada, no duda en demostrarle que las barreras que él cree latentes los alejarán.
—Te prometo que haré lo que esté en mi poder, no te fallaré.

Repetía él.

—Leah, por favor, no lo vayas a olvidar, bautízala. Que sea Leah…

Su voz a lamento fue interrumpido por la voz gruesa de una mujer.

—Debes salir de aquí Hariel, ya no es segura tu estancia con ella —su acento era muy cercano a uno africano y su actitud era poderosa. Era alta y muy delgada, con el cabello al límite de su cabeza, pareciera solamente una capa de pelusa muy negra, las palmas de sus manos eran muchos tonos más claro que la del resto de su cuerpo. Se terminaba de limpiar las manos con un trapo ligeramente manchado de sangre—. Dame al pequeño, haré que vengan por tu hija mientras te llevo a la salida.
—Cuídalo N’daye —recita ella con voz casi adormilada sin dejar de sostener a la bebé y dirige su última mirada en Hariel…



Alemania, 2000
Pareciera que el tiempo no pasa en ese pequeño cuarto de hospital, que sigue sin parecer uno como tal.
N´daye, sonríe, como si el tiempo no hubiese pasado por ella, su rostro intacto después de casi once años.

—No van a creerlo… —su voz sigue siendo la misma que ella recuerda, el mismo tono que no tiene origen en Alemania. Suelta un par de carcajadas muy gruesas—. Es imposible pero cierto, es hermosa… es una niña Nicasi. Hariel acércate con el bebé y mírala. Mírala.

N´daye tiende a la pequeña recién nacida envuelta en una frazada rosa para Hariel. Sus brazos son expertos. Siempre lo fueron.
Nicasi llora, esta vez no es de alegría.

—No debió de suceder —mira los brazos de Hariel—. No debiste volver, no debí amarte nunca.

Son reproches que se ha guardado durante muchos, muchos años.
N’daye, sabe que hay problemas y toma todo lo que en el pequeño cuarto no deba estar para que puedan hablar, esta vez, Nicasi está más despierta. Sólo se quedan ellos dos.

—Cómo está ella —pregunta Hariel.

Nicasi no responde, se pregunta una y otra vez cómo es que ha cometido el mismo error por segunda ocasión. Sabe ahora, sin duda, que él se irá nuevamente de su lado llevándose parte de ella, una nueva. Ya no será su corazón, ahora serán sus entrañas.

—Su cabello es negro, muy negro. Sus ojos son verdes pero la mayor parte del tiempo se le ven grises —dice Nicasi con dificultad.

Hariel sonríe, a pesar de todo, es feliz.

—Es amorosa, es buena estudiante, ama a sus hermanos, los procura, y ellos a ella… Meghan.
—Yo… yo creí que se llamaría…
—Hariel es hora —interrumpe una voz.
—¡Mitzrael no! —grita Hariel—. No, dame tiempo, dame un poco más de tiempo —implora Hariel con la voz ligeramente más relajada.
—Está todo listo.

Sin inflexión le anuncia y pareciera que se aleja del marco de la puerta.

—¡No! —advierte Nicasi para Hariel—. No me digas que me amas, no me enuncies más promesas, sólo aléjense y no vuelvas nunca más a mi vida, ni a la de nuestras hijas. Ellas no sabrán de ti. Sólo váyanse.

Hariel está petrificado por las palabras que Nicasi le ha dicho, él sabía que las cosas eran difíciles pero jamás contó con el rechazo de la mujer que más amara en su existencia. Agacha un poco la cabeza, para rozarle la frente a Nicasi con sus labios.

—Lo cuidaré y Mitzrael lo hará de ustedes. Él te encontrará…

Unos brazos comenzaron a halarlo en dirección opuesta a Nicasi…




—Yo sólo quiero seguir siendo humana. Ser lo que era antes —Meghan agazapada en el suelo, con las lágrimas cayendo a borbotones por sus ojos imploraba a algo que no era permisible. El dolor es agudo y le perfora cada parte de su cuerpo. Sus ropas estaban echas girones.
«Tú nunca has sido normal», proclamó una voz dentro de su cabeza tan confusa como encontrarle género alguno.

Cada que sucedía la perturbaba. La lastimaba.

—Yo no quiero ser parte de ustedes… ¡No! —su cuerpo en una posición fetal era presa del dolor insaciable que provocaba la transformación. 
«Si no lo eres tú, lo será ella», dijo otra voz firme.

Dentro de su mente, en lo amplio que se había convertido. Miró en un espacio vacío a la más pequeña de sus hermanas. Mila.
Con su carita inocente probablemente disfrutando de todo aquello que era el vacío inmenso de la incertidumbre. Ella pensaba: no deberías disfrutarlo, es horrible Mila, nada de esto es bueno.

«Ella es igual que tú Nefilim. Engendrada del mismo ángel rebelde, que a pesar de las advertencias no ha hecho más que traicionar al mundo a que pertenece».
—¡No! —gritó Meghan tanto por el dolor como por la preocupación de saber que el mismo doloroso destino podría ocurrirle a su hermana menor, no tenía una certera idea de lo que hablaban pero Mila no soportaría tanto dolor—. No es justo. Ella no…
«Nada es justo en el mundo de los humanos», exclamó una tercera voz. «Y pase lo que pase, ella será parte de todos nosotros con o sin tu ayuda. Sin embargo, no esperaremos a que sea tan mayor como tú y morirá».

Meghan dejó instintivamente de respirar.

«Tú decides la manera en que prefieres sentir el dolor terrenal hasta que estés lista para unírtenos», aquellos mensajeros con sus voces andróginas sabían exactamente cómo lastimar aún más a Meghan. «Uno de los pecados que has de pagar por quien te ha engendrado, será sentir dolor».
—Yo ni siquiera sé quién es mi verdadero padre —dijo de rodillas con la cabeza baja y llena de sudor. Había tratado de levantarse en varias ocasiones y en este último intento lo había logrado—. Yo no sé por qué he de pagar una culpa que no es mía —Meghan sorbió de su nariz, adolorida por cada uno de sus poros, su cuerpo no se encontraba completamente rígido sobre el suelo que pisaba—. Yo sólo deseo seguir siendo humana, deseo seguir con todos los que amo, no con ustedes a los que no conozco —Meghan se irgue lentamente reuniendo fuerza de todo lo posible dentro de su cuerpo, los confronta, ahora, los mira a cada uno lentamente grabando en su mente cada uno de los rostros que mostraron. Ya no les tiene miedo—. Ustedes no decidirán mi futuro…

Exclamó con toda su fuerza y el volumen de su voz retumbó en todo lo extenso del inexplicable lugar donde se encontraba. Los cinco miembros de la Guardia impávidos por fuera, con asombro por dentro, miraron como en un haz de perturbadora luz emanaron sus alas tan blancas como lo más puro del universo. Por fin se habían liberado por completo. Eran tan brillantes como destellos de diamantes.
De pronto, su altura parecía mayor. Su seguridad sobrepasaba la de los cinco celestiales que la miraban.
La Guardia retrocedió coordinadamente un par de pasos iniciando con el pie derecho, izquierdo, derecho, izquierdo. A la cabeza de los cinco, el ángel que parecía de menor tamaño y por mucho su rostro traicionero lleno de candidez, era el que llevaba la batuta. Levantó los brazos para detener el siguiente movimiento de Meghan. Sabían lo que ella era y lo que capaz de su nuevo yo. Era por eso que la habían acechado. Arriesgando sus propias almas.

—No te mataremos —su voz ahora era real, la observó con furia, sólo sus pupilas lo delataban—. No tocaremos a tu hermana, su destino tampoco está en nuestras manos —la imagen de Mila poco a poco se disolvió—. Pero podemos hacer un acuerdo si deseas renunciar a tu inmortalidad.

Los cinco ángeles sonrieron a medias, con maldad.




ANGEL ON MY SHOULDER

1 comentario:

Scarlëtt Kaulitz dijo...

Pues déjame decirte que tú eres la del demonio en la cabeza como dice la caja de comentarios xD No´cierto...

¡Por fin tenemos AOMS después de meseeeeeeeeeeeeees de espera! ¡Seeeeeeeehhhhhhhhhh!... No sé por qué estás nerviosa, si por tu culpa ya estoy histérica y quiero lo que sigue... Aunque me dejaste con unos cuantos enredos con esa ultima "Guardia", que no acabé de entender del todo, pero bueno. Supongo que en lo que sigue... me enredarás más xD


Mucha buena vibrota para AOMS, que ya verás que les va a gustar ;)


Besotes tronados, Parabatai! :D