2 de marzo de 2010

Capítulo XI [Parte 1] Cada niña y niño necesitan un poco de alegría.





Era el segundo día de esas chicas en aquella ciudad para una de ellas era completamente desconocido, para la otra era relativamente familiar. Ambas habían descansado lo suficiente ya y nadie les comentó la noche anterior acerca de los planes para ese día por lo que decidieron hacer los suyos por su propia cuenta. ¿Qué tendría de malo? Jóvenes, bellas, con las tarjetas de crédito a su completa disposición, con la alegría en punta y las ganas de divertirse desbordando por sus cuerpos.


“Aventuras y diversión” decía una de ellas con su característico acento español, sucumbiendo a los rebeldes planes de su nueva amiga y cómplice. Les tomó un par de horas llevarlos a cabo, tomaron una ducha y como chicas “glamur” ambas se ayudaban para escoger un lindo atuendo para el día, que era soleado, aunque con un poco de aire, sin embargo perfecto.


Su primera travesura era: tomar las llaves de un auto que se encontraban resguardadas en la gran habitación principal del departamento y como probablemente imaginó, dónde las guardaría su hermana, no le fue difícil encontrarlas. Aquellas llaves abrían un poderoso auto perteneciente a su Tío que por suerte no se encontraba en la cuidad. Un Camaro en color vino, la elegancia para cualquier hombre de negocios ahora se veía en manos de dos bellas jóvenes. Ellas acostumbradas a los lujos, no les fue de importancia tomar el auto y con lo poco que recordaba la joven que por largo tiempo vivió en ahí, estacionaba el auto en la entrada de un lujoso restaurante.


Dos Elites de tan sólo 19 años. Gafas oscuras, tremendos atuendos y todos los ciudadanos que se encontraban a sus alrededores las miraban perplejos. Ellas despreocupadas aumentaban sus egos en silencio. La mejor mesa fue otorgada, un menú exclusivo fue preparado mientras reían y disfrutaban.


Cerca de ellas en otra sección más tranquila (pero no menos lujosa) se encontraba curiosamente otra chica y una pequeña niña, que de inmediato reconoció la forma y modo de habla. Le parecía irónico que hubieran elegido el mismo lugar para desayunar. Afortunadamente la joven iba acompañada de otra chica e ignoraba que se encontrasen en la misma ciudad. Pasado unos minutos vio como ambas jóvenes se retiraban del lugar.


  • - Cuál es el siguiente plan, guapa – dijo Gabrielle para Amélie que activaba en la pantalla del auto la red de localizador.
  • - Ayer fuimos a lo mejor de Magdeburg pero hoy tienes que conocer lo que hay en Hamburg, es mucho mejor – decía ella encontrando la ruta exacta por dónde ir.
  • - Adoro las compras y los lujos – dijo Gabrielle – pero sobre todo la libertad.
  • - ¡Uff! Dime a quién no – le replicó con una gran sonrisa en el rostro.


Un trayecto de cerca de 45 min y arribaban a la cuidad. Detuvo el auto y bajo de él, Gabrielle desconcertada le seguía el paso y miraba como llamaba a un auto negro blindado que alentaba su marcha varios metros atrás. Dos hombres, serios vestidos de traje negro, que se le hicieron familiares y no por sus rostros sino por el modo de actuar se acercaban a ellas.


  • - Seguridad privada – decía incrédula Gabrielle.
  • - ¡Así es! – dijo ella con una sonrisa – a qué no te percataste de su presencia el día de hoy.
  • - En definitiva no guapa.
  • - Eso, es hacer bien su trabajo – chasqueó su lengua y luego se dirigió a los hombres que frenaban su paso frente a ellas – hola, no conozco Hamburg como yo quisiera, serían tan amables de indicarnos el camino a la mejor plaza de aquí.
  • - De acuerdo señorita Dekker, síganos – dijo aquel serio hombre de muy alta complexión que hablaba por un discreto micrófono y el auto avanzaba hacia ellas y los hombres subían rápidamente al auto, que aceleró su marcha al verlas dentro del suyo.



[*Mariella Dekker*]


Salimos de una junta exprés que tanto le gustaba hacer a Luke, nuestro jefe. La noticia fue que Paulo y yo nos dirigiríamos en ese mismo instante a Hamburg a conocer las instalaciones del estudio que tenía un par de meses de haber entrado en operación. Encantados aceptamos. No nos costaba trabajo mostrar que la apertura de aquellas oficinas nos hacía pensar en las grandes oportunidades de trabajo que podríamos obtener y justo éramos, nosotros, los elegidos de toda la empresa para visitarla por primera vez. Había que remarcar que dichas oficinas eran seguramente el lugar en el cual trabajaría con Bill para el doblaje de la nueva película.


  • - Crees que sea para nosotros esta oportunidad – dijo emocionado Paulo mientras nos dirigíamos por la autopista a Hamburg.
  • - Espero, sería genial ¿no crees? – dije guiñándole un ojo.
  • - Por lo pronto, tú serás una de las afortunadas en estrenarlo con el nuevo proyecto – me dijo el frotando las palmas de sus manos.
  • - ¡Grandes proyectos en puerta! – le respondí.


Sin darnos cuenta la camioneta se estacionaba frente a un imponente edificio, el cual albergaba la filial de los estudios. La chica en recepción nos atendió de inmediato para llevarnos con un ejecutivo, que se presentaba como Marek Hawel, nada más y nada menos que el señor director en persona. Recorrimos de su mando la empresa junto con el gerente, Antonios Klokkaris, muy amables ambos nos mostraban cada uno de los espacios destinados de la empresa para su correcto funcionamiento, el diseño de esta filial era muy diferente al de Magdeburg, las instalaciones eran perfectas, muy ejecutivas.


  • - Espero, les haya gustado – dijo Hawel.
  • - Desde luego, todo aquí se ve de lo mejor – le dijo Paulo.
  • - Y ya tienen trabajando a mucha gente aquí – dije alegre – tienen algún proyecto fuerte en estos momentos.
  • - Trabajamos por lo pronto en doblajes de series televisivas, en un mes vendrán algunas películas o trabajo del cual se saturan en Berlín – Antonios hizo una pausa y me tomó del hombro – y por supuesto tenemos el proyecto en el cual participarás Mariella, tengo entendido.
  • - Lo más probable es que aquí sea, años atrás utilizamos el estudio de Berlín y ahora éste nos cae como anillo al dedo – sonreí.
  • - Por cierto – interrumpió Hawel – lo que no les mostramos fueron los dos últimos pisos que están habilitados como suits de hospedaje…
  • - ¡En serio! – dijimos Paulo y yo al mismo tiempo sorprendidos.
  • - En efecto – dijo Antonios – sabes a veces como somos los grandes ejecutivos adictos al trabajo.
  • - Ni que nos digas, conocemos a varios en Magdeburg – dijo Paulo.


Lo siguiente después de aquella reunión era bastante predecible y más, porque la hora de la comida estaba a punto de terminar y ya nos pedían que abordáramos junto con ellos una camioneta distinta con la que llegamos inicialmente, nos dirigimos a un suculento restaurante italiano por decisión unánime. Paulo no perdió oportunidad para hacer mofa alguna acerca de que ya conocía perfectamente bien Hamburg, tan sólo por haber pasado un fin de semana ahí, se ganó un par de codazos por aquellas frases que soltaba al aire.


Al llegar al restaurante, nos detuvieron un momento en la entrada, en la recepción ya se encontraban un par de personas más esperando, supongo alguna mesa, Paulo me entretenía haciendo bromas como solía hacerlo, segundos después salían dos chicas, con seguridad detrás de ellas, seguramente niñas consentidas de papi y me giré de nuevo a platicar con Paulo, por la panorámica que me dio mi vista, una de las chicas dio un brinco, como si se hubiese sorprendido, la volví a mirar de reojo y miré para el lugar que imaginé miraba, del otro lado de la calle, no vi nada fuera de lo normal y cuando quise mirar a la chica de nuevo, ella y la otra ya no estaba… “Han de ser novias, no viste cómo la jalo” me dijo Paulo confundiéndome un poco, su comentario sin duda me causo gracia. Nos dieron la orden de poder pasar al restaurante y antes de hacerlo escuché, tal vez de las mismas chicas, un grito. Paulo y los directores entraron sin ponerle mayor atención a aquel incidente.



[*Amélie Dekker*]


No pude evitar soltar un estruendoso grito en cuanto la vi, ¡primero una y después la otra!, ella estaba en el cofre del auto jugando con las llaves entre sus dedos, Gabrielle en efecto tenía la misma cara de impresión, pero, por mi inusual reacción.


  • - Tante Amélie – soltó la pequeña el verme y corrió a mis brazos.
  • - Liten, Fint å se deg… Qué haces aquí – lo segundo lo dije más para la otra que para la pequeña.
  • - ¡Qué rayos pasa Amélie! – dijo Gabrielle bastante confundida por mi cambio de idioma y sin querer hice caso omiso a su pregunta.
  • - ¿Qué pretendes? ¿Qué haces aquí? Mariella está en este mismo restaurante.
  • - Sí, lo sé, la vi bajar de aquella camioneta con tres personas más – alzó los hombros despreocupada – ¿Qué curioso no? Las tres rondando el mismo lugar.
  • - ¿Qué? ¡Aghh! Tú no rondas, tú estás espiando, ¿Qué haces aquí?
  • - Primero, quería ver que tal estaba el clima en Hamburg – decía con su inigualable tonito de burla – segundo creo que ella – señalo a la pequeña que no dejaba de jugar con mi manos – necesita ropa nueva y justo cerca de aquí hay tiendas MUY BUENAS.
  • - ¿Quién es? Ella es… – trató de decir Gabrielle.
  • - En Oslo también hay muchas – dije haciéndole una señal de espera a Gabrielle.
  • - Y tercero – dijo ella divertida por la confusión que tenía en el rostro Gabrielle – quería saber si a alguien le informaste que tomaste éste auto.
  • - ¡Ahmm! – miré a Gabrielle, luego al auto y de nuevo la mire a sus ojos.
  • - Espero no te metas en problemas – expresó en tono de advertencia y después me tendió el juego de llaves – vámonos, lo de ir de compras para ella es verdad y sé que también vinieron por lo mismo.


Se dio la media vuelta y abordó una camioneta que estaba detrás del Camaro, ahora dos autos de seguridad nos seguía. Gabrielle empezó a atacarme con mil y un preguntas, que terminé por aclararle en el camino mientras seguía la camioneta que ella iba manejando puesto que conocía mucho mejor que yo la cuidad, justo hasta el lugar donde realizaríamos todas nuestras compras.



[*Ela Haushoffer*]


  • - ¿Qué? ¿Cuál auto? – dije alarmada y dejando volar un par de hojas del escritorio.
  • - El Camaro, Señorita Ela, vine a revisarlos como siempre me manda el Señor Xavier cuando no está en la cuidad – dijo aquel hombre que se encargaba del servicio de todos nuestros autos.
  • - ¿Subió al departamento? ¿Le preguntó algo al portero? – cuestioné antes de caer en conjeturas y después en una crisis.
  • - No Señorita Ela, preferí primero llamarle primero a usted, generalmente no hay nadie en el departamento.
  • - Bien, no te preocupes – dije ya pensando en alguna posibilidad de culpables – seguramente Mariella lo tomó.
  • - De acuerdo Señorita Ela, entonces ustedes me llaman para cuando pueda venir por el auto.
  • - Sí, Mark, en cuanto esté de vuelta en el departamento yo lo haré.


Colgué la llamada y enlazaba otra desde el teléfono de mi escritorio, algunos timbrazos y…


  • - ¡Ela! ¿Dónde te has metido? Van tres días que no sé nada de ti y vivimos en la misma casa – me dijo muy alegre.
  • - ¡Sí verdad! Ya sabes el trabajo y aquello y así Malle.
  • - Sí, tienes razón – respondió.
  • - Oye linda, de casualidad fuiste al departamento y tomaste alguno de los autos – esperaba a que su respuesta no fuera un “Sí y vi a…”
  • - No Ela, yo desde hace un par de horas estoy en Hamburgo, ¿pasa algo con alguno de los autos? – alarmado sonó su tono de voz.
  • - ¡Ahmm! No, no Malle… ¡oh! Mira que acabo de ver una nota sobre mi escritorio de Kart que es acerca del auto.
  • - ¿Kart? Y él para qué quiere uno de esos autos.
  • - No sé pero ahora mismo lo averiguo Malle, regresa pronto ¡eh! Adiós.


Le colgué precipitadamente mientras con mi otra mano en el celular mis dedos hábiles se paseaban por las teclas para finalizar oprimiendo la tecla verde para liberar otra llamada. Había olvidado lo impredecible que eran las Dekker y daba la tremenda casualidad que una de ellas estaba hospedada en el departamento y a mi cargo.


  • - ¿En dónde está el auto? – dije tan pronto se escuchó que me contestó.
  • - Buenos días solecito, estamos bien, gracias y tú cómo estás.
  • - Amélie déjate de bromas, me acaban de reportar que el Camaro no está en el departamento.
  • - ¡Ush! Mi hermana es una chismosa – dijo entre risas.
  • - Amélie…
  • - Ya bien, el auto está bien no te preocupes.
  • - ¡No! Amélie qué quisiste decir con “mi hermana es una chismosa”, acaso… Mariella ya te vio.
  • - No, pero yo a ella sí y de frente, pero por suerte traía los lentes puestos, ¿Qué hace Malle en Hamburgo?
  • - ¡Qué! – grité – Amélie detente, ¿qué haces en Hamburg? ¿Por qué le dices chismosa? Ella no me ha dicho que te vio.
  • - No puedo, voy con bastante velocidad sobre una avenida principal, vine de compras con Gabrielle y que mejor lugar que el sofisticado Hamburg y ¡no! Ella no me ha visto yo sí y no le dije chismosa.
  • - Y entonces a quién… – el teléfono de mi escritorio comenzó a sonar – espera no me cuelgues – después de advertirle y que sonara varias veces contesté.
  • - Ostias maja, colgáis el portátil es urgente… mi hermana no estáis, Amélie tampoco, el portero me ha dicho que alguien vino a preguntáis por un auto que tampoco se encuentra – decía entre los mismo gritos que inicialmente le dirigí a Amélie, Deieu – ¿Dónde estáis mi hermana?
  • - Deieu tranquila, ellas están bien o eso creo – divagué un poco – tengo en el celular a Amélie.
  • - ¡Sí! Seguro esa niñata sois igual que su hermana, ¿A dónde secuestro a mi hermanita? – no pude evitar reír por aquello y relajar mis nervios que ella consumió con su estrés.
  • - Fueron a Hamburg – la detuve antes de que otra cosa pudiera despotricar contra la rebelde de Amélie – pero, recuerdas el misterioso auto que nos seguía ayer.
  • - Aha…
  • - Llevan con ellas uno detrás, no te preocupes, si tienen algún percance, ellos se encargarán de darles la ayuda necesaria.
  • - Los hombrezotes misteriosos, esos no me consuelan maja, pero ahora no me quedáis más que ir a perder el tiempo a otro lugar hasta que me toque mi siguiente cita con un paciente – me despedí y colgué la llamada.
  • - ¿Sigues ahí? – pregunté.
  • - ¡Aha! – rezongó.
  • - Ya sacaste de sus casillas a Deieu por haberte robado a su hermana.
  • - ¡Ay por Dios! Que dramáticas son las hermanas mayores – hizo una pausa – ¡Y! eso te incluye a ti como una…
  • - Ya de acuerdo, eso nos pasa por no darles un itinerario de lo que podríamos hacer el día de hoy con ustedes, que sólo están de vacaciones a comparación de nosotros que tenemos que trabajar, sólo no hagas muchas locuras y ¡ALEJATE DEL LUGAR DONDE ESTÉ MARIELLA!
  • - Ok, ok ya estoy entrando a una plaza, no te alteres, si gustan pueden alcanzarnos por la tarde y vemos que hacemos… ¡Es viernes Ela! – dijo en un tonito muy convincente a mis oídos.
  • - Bien, estaremos en contacto.


La idea de Amélie era buena, un plan perfecto…

2 comentarios:

oreo_effeckt dijo...

xD!

Esas niñas me caen bien *--*

Y anda que se arma la encontradera de gente!!!
wahuuuuuu

b@llen@ belug@ dijo...

el mundo es un pañuelo y nosotros solo un mocasin X en el jaajajaj