18 de marzo de 2010

Capítulo XII [Parte 1] No es lo que dijiste sino la manera cómo lo dices.





Estaba desesperado, habían pasado ya muchas horas, había llamado infinidad de veces sin obtener respuesta y por mi mente rondaba la frase de Fabiho todo el tiempo…


No me tomó mucho tiempo regresar de Hamburg a Magdeburg, era mi hora de actuar, qué diablos pasaba con ella, acaso ya todos se había puesto en mi contra y por qué Fabiho tampoco me contestaba el celular, mi última esperanza era Kin y ella… tampoco lo hacía.


Iba desesperado en el auto, ansioso y nervioso. Al llegar, frente a esa casa, supe que tenía el tiempo corriendo en mi contra desde que me había ido a LA. Me detuve en seco al ver estacionado el auto de Fabiho a un lado del de Mariella, ¡qué rayos! pensé era ilógico sólo estaban esos dos y en la acera había uno más, bajé del auto rápido para asegurarme por completo. A lo lejos se veía que las luces del recibidor eran las únicas encendidas en toda la casa, mientras me acercaba veloz jugando con las llaves de mi auto nerviosamente; iba justo a la mitad del jardín cuando la vi.


  • - ¡Mariella! – dije un poco alto para hacerla voltear. Estaba recargada en su camioneta mirando sin parar la casa, cruzada de brazos – ¡Mariella! – dije una vez más, pues ella no volteó.
  • - ¿Perdón? – su voz sonó clara y la pude ver ahora frente a mí.
  • - Mariella te he estado llamando toda la tarde, a ti a Fabiho y a Kin… – dije mientras me acercaba a darle un saludo en la mejilla. ¿Que recibí a cambio? Ella se alejó de mí. Qué diablos, no es posible…
  • - Sí, bueno… – su rostro se veía ahora enfado, caminó hacia la recepción de la casa donde era alumbrado por la luz artificial.
  • - Mariella, pasa algo y sé que… lo siento no haberte dicho antes… no era mi… – trate de acercarme una vez más a ella y sólo recibí su desprecio una vez más.
  • - Hey, amigo… tranquilo – estiró uno de sus brazos mostrándome la palma de su mano advirtiéndome a que no me acercara… pero era ilógico, nadie me había dicho que ella ya sabía.
  • - Mariella…
  • - No sé quién seas tú – me cortó.
  • - ¿Qué? – fue un tanto brusca mi reacción, es imposible e irónico lo que me estaba diciendo, ahí, parada frente a mi…




  • - ¿Qué te pasa? ¿Qué haces aquí afuera? Si tu fiesta y la diversión están allá adentro – dijo tras de mi Amélie. Me giré y seria le respondí.
  • - Estoy harta de que todos me traten de engañar para su propio beneficio.
  • - Te prohíbo que una lágrima rodé por alguna de tus mejillas – me dijo en un tono de advertencia.
  • - Yo no lloraría por algún idiota que sólo le gusta engañar por placer. Y eso lo aprendí hace años gracias a tu hermana – la miré despectiva, pero triste en el fondo y ella se quedó callada. Era la que más sufría, siempre quedaba en medio de todo, a pesar de ser yo la de en medio – lo siento… – le dije pues no recibía respuesta alguna de su parte y sus ojos ahora estaban cristalinos – lo siento, no sabes ni siquiera de lo que te estoy hablando, tiene tiempo que no nos vemos y sólo he cruzado un par de palabras en toda la noche contigo y ahora te estoy atacando como si fueras ella, perdón… – suspiré y agaché la mirada y me giré al barandal.
  • - Puedes confiar en mí, siempre lo hiciste – la miré de reojo mientras alzaba los hombros como si mi desplante no hubiera caído sobre ella, abrió su bolso, hurgó un poco moviendo varias cosas y terminó sacando un pañuelo con el que se limpió ligeramente la cara.




Mi celular comenzó a vibrar y sin mirar la pantalla respondí la llamada esperando a que alguien me dijera algo, estaba yo tan confundido de la respuesta que me estaba dando ¿Mariella? A cambio no recibía respuesta y sí algo de ruido, tal vez de un club…


  • - Es sólo que yo tampoco entiendo qué pasa, lo conocía… o eso creía, parece tan místico, lleno de evasivas, de encantos y creo que de muchas cosas y lo mejor de personas que tenemos en común y ninguno de los dos nos dimos cuenta, parece irreal cómo me puede pasar ahora esto a mi… mi amiga me engañó, ¡me engañó!… ella lo conocía y ¡nunca me dijo que sí lo conocía…!
  • - ¿Quién? – escuché a otra delicada voz similar a…
  • - Kin, Kin con Georg – ¿Mariella? Alcé mi vista era imposible si ella estaba…
  • - ¡Chicas vámonos, aquí hace frio! Y la fiesta está adentro – ¿Fabiho? – tú vienes conmigo… Mariella y para ti Amélie hay un gemelo y su amigo que se disputan por bailar contigo…


La llamada se perdió en el ruido y yo me perdí en la confusión. Nada tenía sentido, quién engañaba a quién y por qué ella a mi…


  • - ¿Quién eres? – pregunté sintiendo como una furia nacía en mi y no contra ella, ni siquiera sabía para quién iba.
  • - Discúlpame, no debí venir aquí al parecer tú buscas a alguien más – dijo ella tratándome de hacer a un lado con un tono en la voz de hastío.
  • - No eres Mariella, pero apuesto a que la conoces – la miraba, ahora lejos de mi primera confusión, efectivamente no era ella pero si muy parecida.
  • - Eso, es algo que no te incumbe – dijo con enojo.
  • - Seguro que sí… he escuchado otro nombre Amélie – fue lo primero que se me ocurrió decir y ella se paró en seco.
  • - ¿La conoces? – dijo sorprendida.
  • - No, pero seguro tú me puedes explicar – me crucé de brazos esperando su respuesta, ella era bellamente presunciosa, muy distinto a la tierna belleza de…
  • - No creo que hablar con un extraño de mi, sea lo correcto.
  • - Ahhh – alcé las cejas comprendiendo el punto – son gemelas.
  • - Pfff – rezongó y rió – estás loco, quién quiera que seas…
  • - Esa misma frase me la dijo hace unos días y niégame que no eres igual que ella.
  • - Parecida, que es diferente, hermanas solamente, necesitas luz…
  • - Acompáñame iremos a un lugar… con más luz – casi ordené, no era mi estilo, pero ésta chica se lo estaba ganando a pulso con su arrogante forma de contestar. Ella no se negó, no había diferencia entre ellas o ¿sí? La otra tampoco se había resistido.




  • - ¡Hey colegas! que los he estado buscando, dónde os han metido, tú ven conmigo, te toca bailar conmigo – dijo Kin llevándose a Fabiho, tuve que cambiar mi vista a otro lado para no hacer algo imprudente, era su fiesta al fin y al cabo también.
  • - Vamos con Andreas y Tom – dijo Amélie tomándome del brazo para caminar al living de Bill.


Ni si quiera fue necesario llegar, Andreas, ya se acercaba a nosotras junto con Tom y cada uno nos llevaba a un lado de la pista de baile. Como siempre, no me quedaba sólo más que aparentar que mi cabeza era un lio de preguntas que, a quien tenía frente a mí bailando provocativamente, podía respondérmelas. Trágate tu orgullo y dolor Mariella, me dije paseando levemente la mirada por Kin, ahí nunca paso nada, con ellos… qué más da si son iguales… y mentirosos.

Las luces y la música estaban en todo su apogeo, tenía al hermano de mi amigo a dos milímetros de mi rostro y el calor del lugar hacía todo intenso, había cambiado mi vestimenta, mi outfit ahora era corto y me dejaba bailar libremente y estaba ahí… besándome y riendo con Tom a mitad de la pista de baile sin importarme ya lo que fuese a pasar, a final de cuentas a quién le había importado desde un principio lo que los demás queríamos y pensábamos de los que en un inicio pretendieron mostrar un falso interés…




Estaba acostumbrado al trato con gemelos, con gemelas… creo que no, pero diferencia no debería existir y ella me estaba dando a mi razón. La lleve a un bar tranquilo, esperábamos en silencio los tragos, que, para no variar ordenó un vodka, ella también lo había hecho… mi mente viajaba de un tema a otro, de persona a persona, de mi amigo a su amiga mientras tanto no dejaba de mirarla encontrando ya, claramente, las diferencias entre ellas.


  • - ¿Dime cuál es tu nombre? – me dijo en cuanto tuvo el trago disponible en la mesa.
  • - Georg Listing – qué más daba, no…
  • - ¿Qué eres de Mariella?
  • - Amigo – solté serio – ¿cuál es el tuyo y qué eres de ella?
  • - Melissa Dekker, y ya te dije soy su hermana, la mayor – ¿mayor? En lo absoluto se veía mayor que ella – sorprendido, ¡sí!, me imagino, soy sólo 10 meses mayor que ella, no soy su gemela, apuesto ahora yo a que no te ha hablado de mi, cierto – soltó con esa presunción y arrogancia.
  • - Al parecer no soy el único que guardaba secretos…
  • - Tranquilo amigo – en su acento alemán había ciertos declives que denotaban que no tenía mucho hablando así, tal vez en otro idioma – ¿hace cuánto la conoces?
  • - No mucho…
  • - Y cuál es tu enojo, lo puedo ver – manoteo – el cómo tratas de ocultarlo. Qué pasa con mi linda hermana – dijo en un tono a burla.
  • - Al parecer se divierte con mi mejor amigo…
  • - ¡OH POR DIOS! – dijo llevándose las manos a la boca y soltando una gran risa – vaya, de lo que se viene a enterar uno después de tantos años, ahora la cara linda de la familia paga a la gente con la misma moneda.
  • - De qué hablas…
  • - Eso es una historia, que, si ella no te ha hablado de mí, no creo que tenga que contártela con detalles, pero te puedo asegurar que sí, Mariella está jugando contigo mientras se divierte con alguien más… pero ahora dime, cómo sabes de Amélie.
  • - ¿Quién es ella?
  • - Ohhhh, cariño – dijo con ironía – cierto dijiste que no la conocías, malo, malo, malo… ¿qué tiene esa chica en la cabeza? – se preguntó ella misma y regresó al tema – Amélie Dekker, la tierna de las tres hermanas Dekker-Turner, la menor.
  • - Has dicho, Amélie la tierna, Mariella la linda y Melissa…
  • - Juzga por ti mismo, sería muy ególatra de mi parte ponerme un adjetivo ¿no crees?, pero no estamos aquí para hablar tanto de mi sino de ella y los secretitos que se traen entre ambos…



2 comentarios:

oreo_effeckt dijo...

Fuera de la zorrada que vi en este capitulo xD

Me agrado! hahaha xD

shaira beluga dijo...

aaay los mato! dense cachetadas guajoloteras para q tenga mas accion dioooos! q fuerte ash! ahora resulta q el engañado es el! changos! jajaja