20 de abril de 2010

Capítulo XIV [ Parte 2] No será muy tarde cuando el humo se aclare






  • - ¡Mamá! – gritó Mariella con los labios tan cerca de sus orejas, sin soltar a Tabatha se fue contra nuestra madre, exhalé todo el aire retenido en mis pulmones y volví a tomar otro tanto. Miré a Ryszara aliviada nos dimos una palmada ambas de consuelo.


Los siguientes minutos fueron abrazos entre Mallie y nuestra madre. Mientras se atacaban con preguntas nos posamos en la estancia, discretamente le pregunté a Ryszara por Melissa y no supo darme razón de ella…


  • - Melissa – dijo con su tierna voz Tabatha, lo que nos hizo mirarlas enseguida, mi Madre miraba a Mariella feliz con la pequeña entre sus brazos, su expresión facial era de regocijo.
  • - ¿En verdad? – preguntaba con una sonrisa de incredulidad a todas – Melissa, ¿Melissa es mamá de…
  • - Dile cómo te llamas linda – apremió nuestra madre…
  • - ¡Tabatha! – Mariella la miraba con asombro, felicidad. Caía en la cuenta que era tía.
  • - ¡Soy tía, mamá! – le repitió lo que mentalmente me dije, mi madre me miró y luego a ellas dos.
  • - Todos en la familia Dekker, dicen que es tu vivo retrato – le dijo.
  • - ¡Ay vamos! Cómo dices eso Sophia – rió estruendosamente Mariella.
  • - ¡Es verdad! Recuerdas la imagen de mi móvil, tú misma te has confundido – le hice saber.
  • - Y, juraría que tiene, una que otra maña tuya – le dijo mamá.
  • - ¡No! ¿pero cómo es eso? – modesta decía Mallie.
  • - Genética, Mariella, se llama genética – entraba una dulce voz por la parte trasera de la estancia.
  • - ¡Abuela! – gritamos a la par levantándonos para recibirla con su andar parsimonioso y elegante a su vez.
  • - ¡Mis niñas! – apremió ella y luego reparó en nuestra madre – Sophia, te han dejado salir del reino de hadas – con su característico humor le recitó a mi madre.
  • - Bernardette – la miró con los ojos entreabiertos.
  • - Dame a este pequeño retoño – le extendió los brazos a Tabatha que de inmediato de dejó ir hacia la Abuela.


Así pasamos un largo rato, comimos en el jardín trasero las cinco mujeres de la casa, platicando y recordando infinidad de cosas. Lo que me sorprendió fue que Mallie se dirigía siempre a Tabatha en noruego, ella siempre se rehusó por entendibles razones a hablar en tal idioma, la mirábamos sorprendidas pues claramente notamos que Tabatha le había robado el corazón; pasado un rato decidimos tomar la carriola de Tabatha y salíamos a dar un paseo…




Voy, voy, voy gritaba mientras el timbre de mi departamento no dejaba de sonar y corría de mi habitación a la puerta. La abrí y lo que recibí fue un gran abrazo… ¡un efusivo abrazo!, que me impidió ver quién era pero el aroma lo reconocía como el de Melissa. –La vio, está con ella– recitaba –Desde que la tomó de la mano su sonrisa nunca decayó, la tuvo en sus brazos todo el tiempo, se miraba feliz– la hacía pasar al departamento mirando como su sonrisa era radiante, se tocaba su larga cabellera dorada que tenía de su lado derecho y miraba al techo como si en él se plasmarán cada una de las cosas que me recitaba y sus ojos destellaban una gran luz –Dijo: “soy tía”– y ahí comprendí que se refería a Mariella y Tabatha. Una vez aclara mi duda, la hice sentarse en los banquillos de la pequeña cantina para que se relajara un poco, llevé jugos y bebió de él un poco para seguir con su fina sonrisa.


  • - ¿Y por qué no estás con ellas? – expresé y de pronto se puso un poco seria, sin dejar a un lado la felicidad con la que llegó.
  • - Imaginé que me preguntarías por eso – me señalo con un dedo – pero… pensé todo el camino en ello y no tengo respuesta para eso.
  • - ¿Entonces dejaste a tu hija con Mariella?
  • - Con mi madre, Amélie y la Abuela – me dijo aventando su cabellera hacia tras – aunque la niña no se le despega a Mariella – no quería arruinar su felicidad y me limité a alzar los hombros – ¡hey, hey, hey! Por qué esa cara, ¿Qué pasó ayer? ¿Por qué la viste no es así?
  • - Sí Melissa, sí la vi…
  • - ¡Vamos dime! – tomó una de mis manos y la agitó.
  • - Fue extraño, al principió me rechazó, después Tom no le quitaba la vista de encima, traté de estar lo más cerca que pude y cuando menos nos dimos cuenta Tom desapareció junto con su hermano.
  • - Bien, y ¿le dijiste la verdad?
  • - Sí, entre un murmullo algo precipitado se lo dije y al final me cuestionó el por qué le mentí.
  • - Bueno eso fue bien, no es así… vaya… – reaccionó sobre sus palabras y se contradijo – es decir, por qué la cara larga.
  • - Al final cuando la llevé a su casa no me dijo nada, le admití irrumpiendo el silencio que también me hice ilusiones…
  • - ¡Ay por Dios! Y ¿Qué hizo ella? – me interrumpió bastante sorprendida.
  • - Sólo me miró y antes de salir de auto me tomó de un hombro, dio las gracias y se fue…
  • - Moría de ganas por besarte…
  • - ¿Qué? – le exclamé fuertemente lleno de estupor.
  • - Que-moría-de-ganas-por-besarte – me dijo muy pausadamente como si fuera retardado – no es justo lo que te diré, pero, está muy claro que ella también se hizo ilusiones contigo, cuando le confiesas aquello le cae como balde de agua helada, tiene miedo y cree que todos serán como el patán de Robert; de muy buena fuente sé que ella no ha tenido algo serio con alguien desde hace años.
  • - Sí, demasiada información… y ahora tengo que competir con mi propio amigo – farfullé.
  • - Eso, Georg sí es un problema. Más allá de mi hermana y lo que la conozco no puedo ayudarte.
  • - ¿Ayudarme? – levanté una ceja.
  • - ¡Sí! Me caes bien, eres como el chico perfecto para mi hermana. Sólo hay que darle un par de días, un poco de tiempo para que asimilé lo que le dijiste y veremos… – aquello que dijo me dejó muy pensativo, definitivamente tenía el apoyo de Melissa y aunque auguraba no sería nada fácil, sus palabras sinceras me levantaron el ánimo y las pocas fuerzas con las que había despertado.


Pasamos gran parte de la tarde platicando de ambos, gran parte se centró en que era la primera vez que dejaba tan precipitadamente a Tabatha y sin duda podía ver que la extrañaba. Al cabo de un par de horas su madre le había mandado un texto notificándole que es lo que ellas hacían y que Mariella se negaba a soltar a la niña, así como ella a su tía. Traté de persuadirla para que tocáramos el tema entre ellas pero tajantemente me cortó con un –No arruines la felicidad que siento ahora– y así entre tanta plática la tarde cayó…




2 comentarios:

oreo_effeckt dijo...

ay no maaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, que bueno que mañana ya es jueves que si no me sigo muriendo de la desesperacion.. ¡como te gusta hacerla de emocion carajo! xD

shaira beluga dijo...

jajajjajajjajaja bueno un paso a la vez.... ay me imagino a la kleine Tabatha ajajajaj

pd. oye q confianzas entre Melissa y el georg eh jajajajaj