15 de abril de 2010

Capítulo XIV [ Parte 1 ] No puedes ver el mundo através de un espejo






Cuando fui nuevamente consiente de la realidad, pude notar que a penas y tenía un trozo del edredón de la cama y Amélie estaba completamente enrollada en él, me reí por lo bajo y reparé mi vista en el reloj del pequeño buró, justo iban a dar las siete de la mañana. Me senté sobre la cama y pensé un par de cosas mientras la miraba. Tomé el teléfono que tenía ahí y sin preocuparme por ella (de antemano sabía que no despertaría en un buen rato) llamé a la oficina, no fue necesario dar pretextos, sólo que no iría fue suficiente. Salí por mi maleta al recibidor y la llevé a la habitación, tomé una ducha y salí del departamento hacía el supermercado por un par de cosas para el desayuno.


Cuando llegué ya se escuchaba ruido en la habitación, para cuando terminé ella asomó la cabeza a la cocina.


  • - ¡Hola solecito! – me dijo con una gran sonrisa en el rostro, antes de sentarse, me dio un beso. Esa era una costumbre que mamá había marcado desde que tenía uso de razón. Sentía nostalgia.
  • - Se me acaba de ocurrir algo para el día de hoy – le hice saber – por qué no vamos a visitar a Bernardette, hoy llega se su viaje.
  • - ¿Qué no tienes que ir a trabajar? – con la fruta aún en la boca expresó.
  • - No, avisé que no iría…
  • - El Tío Xavier te tiene muy consentida – pasándose el bocado, me apuntó con el tenedor, con los ojos entreabiertos – yo quería ir a ver en que perdías el tiempo – se mofó.
  • - Te llevaré mañana al “zoológico” donde trabajo, supongo que tiempo tenemos…
  • - Sí, sí, sí, hablando de eso, del tiempo, no regresaré a Noruega…




  • - ¡GABRIELLE! NO PODÉIS HACER ESO…

Gritad a la par mis hermanas, habéis tomado una decisión, lo tenía dentro de mis pensamientos desde que me he hecho “mayor de edad”. Por qué tenéis que soportar órdenes de los demás, ¿Por qué no podéis demostradle que yo podéis sola? Era un hecho y aunque todos se opusieran quería un cambio radical de vida. Comenzaba a odiar todo lo que a mi alrededor estaba, lo disfrutaba, lo amaba pero llevaba desde mi infancia jugando a ser la figurita pública, no tenía una vida privada, no pensaba en mí, no hacía nada realmente por placer sino por instrucciones y conveniencia de los demás.


  • - ¿Qué siendo tantos en ésta casa no tenéis queso? – dije mirando entre las mil y un cosas que habéis en la hielera.
  • - ¡Coño! Gabrielle no cambiáis de tema – dijo detrás mío Deieu, empujando con fuerza la puerta de la hielera.
  • - Sólo sois un año – alegué al verme acorralada por las miradas de ese par, que aun que sois más bajas en estatura que yo, por desgracia no lo sois en edad.
  • - Gabrielle – dijo, la, ecuánime de la familia, la adorada Kin – ¿le has dicho a vuestros padres los planes?
  • - ¡Ahmm!
  • - ¿Hasta cuando tenéis tu agenda laboral? – volvió a cuestionar Deieu.
  • - La actuación, estáis bien, pero el modelaje y el ballet, ostias, es mucho tiempo dejarlo descuidado, sois de la mejores… – dijo Kin.
  • - ¡Gracias! pero… el modelaje sois por temporadas, en la academia me debéis años de vacaciones, la actuación me da completamente igual; pequeñas hermanas mías – las abracé a cada una de un lado y las estreché lo más que pude – y con respecto a vuestra pregunta de cuando os diré a vuestros padres, mirad que hoy sois buen día – miré por la ventana de la cocina donde nos ubicábamos que era la el primer piso o algo similar ésta casa era un poco extraña; un taxi se estacionaba y hacía sonar su clac son – ¡sí! Justo ahora sois buena, muy buena idea.


Ambas me miraron con los ojos sumamente desorbitados, no sabéis exactamente qué era lo que les habed dicho pero automáticas bajaban por las escaleras abriendo la puerta y encontrándose con dos familiares caras –Carlos, Blanca, pasad a la casa de vuestras hijas– dije para aminorar la sorpresa de las mellizas pues parecía que las sorpresas no terminarían…


Nuestro momento familiar no fue muy prolongado después de que ellas salieran de tremendo shock y asimilar que vuestros padres, sí, en efecto se encontráis en Alemania, sí, en lo que sois su residencia y sí para pasad lo que llamaron “vuestras vacaciones adelantadas de navidad”. Por todo el alboroto que causamos y más por la hora que era Ela, Kart y François, que aunque imaginé no los conocían realmente pero sí por fotografía, miraban perplejos al igual que las mellizas –Colegas, prestad atención, ellos son vuestros padres y han venido de visita ¡sorpresa!– se escabulló entre las voces la de Deieu. De inmediato se hicieron las presentaciones y despedidas pues ellos ya iban con rumbo al trabajo.


Quedé al borde de las escaleras y la fuerte mirada del majo Kart me hizo voltear, señalaba a las maletas haciendo mímica con las manos de que eran grandes, haciendo referencia al tiempo de su estancia y luego pasaba su dedo índice por su cuello y sacando la lengua, François le hacía segunda con la palma de su mano hacia arriba moviéndola oscilatoriamente, Ela se asomaba y me agitaba su mano para que olvidase el circo que acabáis de haced ese par y los jalaba a regañadientes a la salida de la casa. Minutos después Kin se despedía de vosotras para ir al trabajo, lujo que no podía darse para faltar, así que mi Padre, mi Madre, Deieu y yo salimos a desayunar, no fue nada relevante hasta que Deieu abrió la boca.


  • - ¿Ya les dijo vuestra hija lo qué planea hacer? – la he mirado lo más hostil que pude y con las manos en mi regazo sostenía y apretujaba con fuerza la servilleta.
  • - ¡Oh no! – exclamó muy feliz mi Madre – ¿Qué sois?
  • - Bueno yo… había pensado – sentí una leve patada proporcionada por Deieu – tomarme un año sabático – me sentí presionada pero a la vez con un alivio impresionante… el resto pintaba a un panorama el cual ya venía divisando desde que analizaba cualquiera de las posibilidades de que mis padres con todo su infinita experiencia en la vida y su amor hacia mí me pudiesen decir.
  • - Está muy bien – dijo aquel hombre de bigote tupido sobre su labio que siempre he recordado con un semblante serio al cual pocos podían retan por lo menos a no decid ni los buenos días – os mereced y era de esperarse que empezaras a a querer tomad decisiones por ti misma Gabrielle – aquello os dejó a Deieu y a mi más que perplejas, anonadas por su respuesta tan simple y conforme de mis palabras, me costaba creer que las cosas eran tan bien aceptadas por él…




Adoraba como podía convivir con mi hermana. Antes de ir a la casa de Bernardette, la Abuela, pasamos a comprar algunos presentes en el camino nos pusimos a recordar mil y un cosas de pronto se me vino a la mente una pregunta que me dejó muy pensativa, Mariella no era de las personas que fuesen rencorosas, no era su estilo en lo absoluto, ella es muy noble e incluso llega a ser un tanto ingenua. Saber que tengo dos hermanas las cuales están peleadas a muerte, nunca fue mi sueño de una familia, supongo que el de ninguna de nosotras, crecimos sin un padre desde muy pequeñas y de pronto nos dividimos por trivialidades del destino. ¿Hubiéramos sido una buena familia? Sería interesante saberlo…


  • - ¿Qué tanto piensas Lielie? – me pregunta Mallie justo a la entrada de la gran reja que limita el acceso a la mansión Turner, y ésta poco a poco se abre.
  • - ¿La extrañas? – suelto en un leve suspiro que no pasa desapercibido, debido a que inconscientemente bajo la mirada
  • - Como no tienes una idea – soslaya en sus palabras para no hacerlas tan obvias.
  • - Tiene solución Mallie…
  • - El orgullo es el rey de todos los malos entendidos – exclamó, ¿Por qué no se daban ellas mismas una oportunidad?


Al menos con ella podía tocar el tema e imaginar momentos y con Melissa siempre de entrada eran rotundas negativas –Te aseguro que Meli también te extraña– dije con un tono dulzón, miré a través de sus lentes sus claros ojos e hizo una mueca con la que me expresaba más de lo que podía decirme, le hizo feliz mi comentario, lo podía percibir, respiraba con tranquilidad y miraba al horizonte poniendo atención al camino extenso que recorríamos para llegar a casa… nuestra casa. De pronto pensé algo que tal vez era un poco trivial pero el hablar de la familia y esos temas me hacían hacerme preguntas de vez en vez y sin reaccionar bien lo dije –¿Hace cuánto tiempo que usas lentes?– me sonrió a pesar de su respuesta –Desde el accidente con papá…– No profundice en el tema, era muy pequeña para recordar muchas cosas pero con su respuesta me bastaba.


Sonreí al poner un pie en el borde de las escaleras de la casa, tantos recuerdos acumulados en tan bella arquitectura, Mallie, sacaba los presentes para Bernardette del maletero y en cuanto me dejaba uno en mis brazos, subíamos a la par por las escaleras tapizadas de mármol a la entrada. Era magia cómo Ryszara tenía tan buen oído que ya nos recibía con los brazos abiertos en el marco de la puerta.


  • - ¡Niñas! – canturreó – joven Mariella, me tenía abandonada – le recitó en un fuerte abrazo – pero, usted, mi pequeña y traviesa Amélie – me dijo a mitad del recibidor llenándome de besos las mejillas. Ryszara, no sólo era la ama de llaves de la casa, era mucho más que eso, ella era como la hermana que nunca tuvo la Abuela Bernardette, ambas eran incondicionales y fue un gran icono en nuestra infancia y todo el tiempo que pasamos en esta casa.
  • - ¡Mamma! ¡ven! ‘ile Abela que jugue…
  • - Ryszara… Ryszara – manoteé sobre su hombro – la niña, Ryszara, la niña – Tabatha tomaba la mano de Mariella y la jaloneaba, ambas las miramos entre nerviosas y petrificadas, se me había escapado el detalle de que Melissa seguía aquí con Tabatha, comencé a mover mis manos apurada mirando a todos lados esperando a que Melissa saliera de algún lado y se le pusiera enfrente a Mariella.
  • - ¡Mamma! – volvió a recitarle Tabatha tirando del brazo de Mariella, quien la miraba, reparando en Dios sabe qué… era sumamente claro para toda la familia que Tabatha era el vivo retrato de Mariella. La pequeña de pronto la miró, sin soltarla de la mano, hasta ese momento no se había percatado de mi presencia.
  • - ¡Hola pequeña! – le dijo Mariella sonriendo – yo no soy tu mamá, ¿Quién es tu mami? – le preguntó a Tabatha poniéndose en cuclillas a su nivel y la niña de pronto le extendió los brazos para que la cargase y así sin objeción lo hizo mi hermana. Ryszara y yo éramos un manojo de nervios.
  • - Du er ikke mamma min, du er som henne – sonrió Tabatha entre los brazos de Mariella, tomando con sus pequeñas manos las facciones de mi hermana.
  • - Er jeg liker henne? – dijo en automático sin pensar mucho en su cambio de idioma, pasaba con su mano los rizos de Tabatha detrás de su oreja sin quitarle la mirada, con una marcada sonrisa en la cara – un momento… – analizó y Ryszara y yo ya colgábamos del cuello la una de la otra del estrés que sentíamos y nos miraba extrañada – ésta niña… ella de quién es, ¿Por qué habla noruego? A ella… quién la trajo.
  • - ¡YO! – sonó una voz fuerte y segura saliendo de una de las grandes estancias que daban a la recepción. Mi corazón colapsó un par de segundos esperando lo peor, ya veía yo una guerra campal en la casa.




Todas voltearon a mirarme parecía que miraban a un fantasma, la sonrisa en mi rostro crecía, ella tenía a la niña entre sus brazos, su sonrisa nunca decayó, incluso al verme, pensé por un momento que todo sería un poco difícil en el momento en que hiciera esto más sin en cambio lo único que pude hace fue acércame a ella y no para separar a Tabatha de los brazos de Mallie, no, fue para recibir los suyos entre los míos como hace muchos años lo habíamos hecho, besé su mejilla y ambas nos estrujábamos con Tabatha de por medio que nos miraba risueña. Reparaba ahora en la miedosa actitud de Lielie, Mallie y yo soltamos una carcajada que Tabatha imitó, aunque sin saber por qué, le tendía una mano a la menor de mis hermanas y poco a poco su actitud se relajaba dando pasos precipitados hacia nosotras y envolviéndonos en otro fuerte abrazo, revivía la calidez de familia que abandonamos hace años.


Fue magnífico imaginar aquello que cruzó por segundos en mi mente. Ahora estaba a centímetros del marco de la puerta donde por toda la algarabía que tenían mis hermanas y principalmente los nervios de Amélie y Ryszara no alcanzaban a verme; a un lado mío salía alguien a mi defensa…




NOTA: PARA LOS DIÁLOGOS

- Du er ikke mamma min, du er som henne [...] = Tú no eres mi mamá, tú te pereces a ella...
- Er jeg liker henne? [...] = ¿Soy cómo ella?...




2 comentarios:

oreo_effeckt dijo...

te vas a ir al infierno maldita! xDDDD

Como se te ocurre dejarme con esta duda! ash!!
oseaaa, y yo ya toda fucking excitada!!! malditaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
haha xD

shaira beluga dijo...

jajjaja yo tambien me la trague ash! jajajajjajajaja jajajajja

ay parny seguire leyendo ... XD