22 de junio de 2010

Capítulo XVIII [ Parte 1 ]Un desvanecimiento, después el silencio.





Que rápido se pasa el tiempo, cuando estás tan a gusto; sin importarnos, Andreas se dedica a hacerme cosquillas, cuando encuentro los suyos jura y perjura que si no me detengo sufriré las consecuencias, las cuales se tornan de nuevo muy interesantes. Andreas se monta sobre mí y me acorrala de brazos y piernas y absolutamente nada puedo hacer ante eso...

  • - Y necesitamos que ellos trabajen... ¡WOPS! – escucho la voz de mi hermana, ambos volteamos a ver la puerta bastante sorprendidos – ¡El seguro niños! ¡El seguro! ¡Puerta! – alarmada mi hermana recita muy rápido y se cubre la cara, toma el picaporte para cerrar la puerta.
  • - ¡Oye ese chico no está nada mal! – escuchamos la característica voz de François y siento como Andreas se pone terriblemente tenso.

Pasados varios minutos Andreas no para de quejarse: "Ni creas que saldré". ¿A qué le tiene miedo? ¿A François por alagarlo... en voz alta? Entra y sale del cuarto de baño, merodea por toda la habitación, se asoma al balcón miles de veces y por fin logro que se siente en la cama, juguetea con la playera que aún no se coloca. "Me siento sucio" me dice realmente cabizbajo.

  • - ¡Por favor Andreas! no seas dramático – mezclo las palabras con mi risa porque es increíble la actitud que toma al respecto.
  • - Es que a ti no te miró con lascivia… – en un tono mezclado con un llanto y berrinche me responde.
  • - ¡Vamos Andy! no tomes a mal las palabras de François, él no dijo nada más que la verdad – en definitiva no puedo contener la risa por su berrinche.
  • - ¡Deseo...! – sigue en su drama y me doy cuenta que mi celular comienza a vibrar, trato de identificar de dónde proviene el sonidito hasta encontrarlo.
  • - Es Mariella, tenemos que irnos ya Andreas – se levanta bruscamente de la cama haciendo que me tambalee cuando pasa tan veloz a un lado mío. Abre la puerta muy de golpe.
  • - ¡NOS QUEDAREMOS! – grita y azota la puerta, camina hacia mí con seguridad y orgullo y se detiene en seco, regresa tímido y corriendo a ponerle el seguro a la puerta – Nos quedaremos hasta que se vayan.
  • - And... pero...
  • - ¡Shush! ¡No! Nos quedaremos ya dije.
  • - ¡Deja de hacer dramas! – me quejo.
  • - No saldré de aquí hasta que el acosador de bellos jóvenes salga de aquí – echo la mirada hacia tras y ahora soy yo la que llama a Mariella, le explico las razones de los gritos de Andreas, antes de aceptar e indicarme donde dejarían las llaves se burla de él, escucho que François lo hace también.

Calmarlo aquel día fue toda una odisea…




No fue difícil sobrellevar aquel mes, todo fue una carga de trabajo para todos los chicos, unos aquí, otros allá. Curiosamente todos el mismo día abordaban aviones; el vuelo más largo provenía de Los Ángeles, California, USA con una escala en la cuidad de Madrid, España para abordar finalmente una avión con destino final a Hamburg, Alemania.

Esta ciudad, Madrid, que recibe con alboroto el vuelo proveniente de LA, aunque no es mucho el tumulto, fans de la banda Tokio Hotel los siguen de cerca, toman fotos y esperan en cualquier momento una sonrisa de los integrantes de la misma. Para estos chicos prácticamente comienzan sus ansiadas vacaciones después de un año completo de trabajo, viajes, presentaciones, conciertos, premiaciones, entrevistas, photoshoots y demás que conlleva la acelerada vida que han elegido vivir. Rodeados de la seguridad necesaria, Bill, Georg, Tom y Gustav junto a al resto del Staff caminan por el largo pasillo de vuelos internacionales para abordar desde otra terminal a su gran ciudad Hamburg.

De Hamburg, ha llegado un vuelo, que marca el comienzo de unas largas vacaciones, siete días son los estipulados en Madrid; Ela, Carlo, François, Mariella y Amélie quedarán con la hospitalidad de la familia Castella.

El andar de los jóvenes no es constante, el ir y venir entre ellos es perturbado y entrecortado, las proezas con la recuperación de las maletas no fue buena para algunos.




Mariella Dekker...

  • - Amélie, voy a ese expendio ¿quieres algo? – le digo apenas unos tres pasos delante de ella que pelea con una de sus maletas y yo me concentro en buscar la cartera en mi bolso.

Bien pude seguir caminado por aquel pasillo amplio sin esperar respuesta de Amélie pero una sensación fuerte de calor me oprimió el pecho y me hizo detenerme. Todo se volvió confuso y borroso de un momento a otro, tenía un pequeño punto focal en el centro de mi vista, distinguí a un grupo de personas pasar delante de mí pero a la vez algo más manipulaba mis pensamientos...


Georg Listing...

Caminamos a paso rápido para llegar a la próxima terminal, las fans rodeaban nuestro caminar, nuestra seguridad nos protegía contra cualquier percance. Sonrió ligeramente para las chicas que pronuncian mi nombre a unos metros de mi; ¿qué tanto dirán? me pregunto pues hablan en español. Cruzamos andar por un expendio que vende infinidad de cosas, una de ellas me llama la atención, con el rabillo del ojo distingo entre tanto un sombrero característico que provoca de inmediato que la respiración me sea escasa, camino porque así siento que me jala del brazo alguien de Seguridad pero todo lo que se supone debo enfocar con claridad al frente me es imposible...




. . . 1825, Territorio Americano.


Un gran tren, lleva pasajeros desde el Viejo Continente, Europa, a tierras Norteamericanas. Gente muy rica, opulenta y poderosa es la que puede darse el lujo de realizar un viaje como ese. La gente nativa de estas tierras promueve la anarquía; dividida, unos castigan por hurtar caballos y otros tantos maltratan indios sin ser injustica alguna. El rubro de los grandes y habilidosas bandidos, se engalana al encontrarse recompensas como esas. A la impresionante velocidad que corre el gran ferrocarril, se les logra emparejar un sequito de bandidos, tan rápidos son en su cabalgata, a ritmo de golpeteos, aquellos jinetes miden la distancia y su salto al tren.

  • - One! Two! THREE!

Grita un caballero de característico sombrero negro con un pañuelo rojo cubriéndole medio rostro, las espuelas en sus botas suenan al contacto certero de caer en la superficie metálica de aquel vagón. Tres más le siguen y de inmediato se distribuyen rápidamente. Aquel que parece ser el cabecilla, al entrar al vagón toma sigilosamente a la primera dama que ahí encuentra, ella distraída se asusta al ver que tiene una pistola colocada en la sien y aunque no le comprende lo que el bandido le dice por el miedo que la ataca súbitamente, se queda de pie sujetada a él. Un freno se siente; están deteniendo la marcha del tren, el rechinar de los metales y la brusquedad de la inercia a todos desconcierta, muchos ya se percatan de lo que ocurre. Antes de viajar a Norteamérica pasajeros son advertidos de "Los Bandidos sin escrúpulos" que para la mayoría de los Europeos sólo son habladurías e historias fantasiosas. Un pasajero sin saber exactamente qué ha ocurrido, corre al vagón que mantenía su estancia junto a su esposa. Un bandido más se da cuenta y cree que es un gran valiente que ha surgido y corre tras él. El incauto al entrar a su vagón ve a su mujer ser sujetada con violencia y forzada a caminar por el pasillo, ella gimotea y llora del miedo, él la jalonea mientras recoge lo que los pasajeros con titubeos le entregan.

  • - ¡Du dummer Mensch! Nehmen Sie ihre Hände weg von meiner Frau – grita asustado al ver así a su esposa.
  • - ¡Shut up man! – le grita el bandido omitiendo la diferencia de habla y detrás de su colorido paliacate ríe malvadamente y sin piedad. Ya está listo.
  • - ¡Nein! – grita al ver que las manos del bandido amenazan con tocar el cuerpo de su bella dama y pretende abalanzarse sobre él.

Un estallido en seco asusta a todos ahí. Aquel joven no siente nada, su vista se fija en quien más ama, el mar de sus ojos tiemblan y destellan como los de él, cae de rodillas; ella, siente filosas navajas atravesar su corazón; sus fuerzas se van haciendo nulas. Ambos ya no sienten nada, ambos se dirigieron la última mirada, ambos fueron atravesados al corazón por la misma bala...




  • - ¡Mariella! ¿qué te duele? – me sacude Ela y siento que mi mano está a la altura de mi corazón, la respiración me es irregular y de pronto, ya no veo nada...
. . .

  • - Georg necesita un poco de aire, está en shock – escucho la voz de Dirk y estoy atolondrado pero consciente de lo que pasa a mí alrededor, no puedo evitar quitar la mano de mi corazón...








2 comentarios:

oreo_effeckt dijo...

ahh no me ameeeees hahahahahahaha eres taaaaan mala persona te detestoooooooo xD!!
y te gusta hacerla tanto de emoción "q6"

shaira beluga dijo...

waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas? wie bitte??????? q pex jajajajjaa sigo leyendo mejor!