1 de julio de 2010

Capítulo XVIII [ Parte 4 ] La vida es tenerte (Italia).










Carlo Minutti…

Por poco y más casi perdemos el avión que nos llevaría a Nápoles por el tremendo descanso que sin querer nos aventamos al tratar de ser niños buenos y viajar en completa sobriedad a Italia, definitivamente estas vacaciones serían singulares y maratónicas, aún así quedaba una semana aquí y posteriormente una en Noruega y ¡Dios! el año se terminaba; una noche antes de fin de año cada uno volvería con sus respectivas familias. Sería emotivo sin duda, el año pasado por dificultades adversas todos la hemos pasado juntos, Mariella, Ela, Kin, Deieu, Ashir y François, una navidad y año nuevo que no creímos pasarla tan bien a pesar de la lejanía de nuestros hogares maternos.


Al viaje a Italia, si nuestro característico ánimo ya era elevado, sumarle la energía de Amélie y Gabrielle, un par de amigos que se le pegaron a François; casi puedo jurar que fue una agonía suculenta para muchos que estaban cercanos a nosotros durante el vuelo. No era nuestra culpa ser unos niños tan energéticos y muy descansados una noche anterior, lo bueno fue que sólo fueron unas 4 horas lo que duró la tortura, al finalizar el vuelo más de uno nos veía con real enfado.


No tengo idea de cómo, ni por qué pero únicamente sé que ya estaba ahí; no teníamos ni 15 minutos en Italia y Kin ya nos hacía de su conocer que Egan tenía 30 minutos esperando afuera desde que su avión de Madrid aterrizó. Enseguida me junté a Mariella que de igual manera se veía incomoda con la noticia.


  • - Así que trajiste a tu noviecillo – le digo muy bajito con todo el afán de hacerle repelar.
  • - ¡Por supuesto! No sabes las ganas que me carcomían de tenerlo a mi lado – su característico tono irónico y pesado es con el que me responde y aunque en esta ocasión no le prestó atención, me complace saber que sabe que lleva las de perder.
  • - Puedes correr a sus brazos; no te limites ¡eh! – le digo mientras vemos por la banda pasar maletas y maletas que no nos pertenecen – Bueno… ten cuidado con los besos apasionados que te quiera propinar…
  • - ¡Ay perdón! Tu también ten cuidado – con falsa pena me dice después de que toma una de sus maletas rápidamente y la deja caer sobre mi pie. Desde luego se gana la mejor de mis furiosas expresiones faciales – ¡No te enojes! Te saldrán arrugas – a sabiendas que no le diré más por el sano juicio de ambos, terminamos nuestra conversación.


Una mañana más de engorrosos trámites de aeropuerto, salimos en procesión; lo primero que escucho y que hace que la espina dorsal se me encorve de puro gusto es: "Primo"; Kin y su vocecilla a la que en coro le sigue Deieu y Gabrielle, pronto le presentan a los acompañantes de François. Veo muy renuente el paso de Mariella que para cualquier cosa llama la atención de Amélie, ésta habla entre dientes con Ela que sólo se burla de su amiga. Cosa que sabe me causa singular placer.


Ante la inminente hora del día que es, salimos aprisa del aeropuerto, directamente a la casa de mis Padres. Nos hemos repartido en 3 camionetas debido a lo numeroso de nuestras grandes maletas...




Ela Haushoffer...

Sin mucho que decir al respecto, la verdad es que me muero de miedo, pero no lo haré notorio.


Recuerdo la primera vez que él conoció a mis padres, Mariella días antes me confesó que Kart se la vivía en pánico cada que por alguna razón salía el tema a flote de la visita ya programada, en la cual airosos salimos. Cabe destacar que por nada fue fácil; los celos de mi hermano mayor fueron más intensos que los de algún otro ser sobre la faz de la tierra, por largo tiempo lo único que se respiro fue: tensión.


En algún momento fue difícil hacerles entender que vivir con Mariella no era una aventura, ni una locura de un par de chiquillas consentidas. Era nuestra oportunidad de probarnos a nosotras mismas primero que a nadie más, lo responsables que podríamos ser después de haberles acomodado unos buenos disgustos a nuestros padres por la rebeldía de la post-pubertad, a tan corta edad, pero en mis padres sólo cabía la duda de aquello. Tener que sumarle un año después la noticia de que dejaríamos el resguardo de tan lujoso departamento para mudarnos un poco alejadas del centro de la ciudad a una casa que compartiríamos con cinco personas más, fue una locura. Que, uno de ellos tiempo más tarde se convirtió en más que mi home-mate, fue una gran presión en aquellos años.


  • - Baja cariño – me dice él muy atento siempre a mí, tendiéndome una mano para apoyarme en él. Veo que hemos llegado a una calle empedrada y estamos al pie de un gran portón. De las otras dos camionetas bajan los chicos.
  • - ¡Lykke til! – me dice Mariella, a sabiendas que le entenderé perfectamente lo que ha dicho y aunque Amélie se entretiene ya con su mancuerna Gabrielle voltea con una tierna sonrisa al escuchar aquellas palabras.


Los murmullos de los once ahí presentes empiezan a hacer eco. Sí, me estoy muriendo de nervios y más al ver que el gran portón de madera comienza a moverse hacia dentro de lo que parece una gran casa, mi nuca empieza a sudar...


  • - ¡Seyye! – grita Carlo, estira su mano y pronto se une en un abrazo a un señor maduro con cabello canoso muy abundante, algo me consuela pues aquel hombre sólo es el mayordomo del que tanto habla y comienza a presentarlo uno a uno, amable él retira en símbolo de cortesía y humildad su guante blanco que cubre su mano.
  • - ¡Carlo Danielo! – grita la voz de un joven hombre detrás de nosotros y me doy cuenta que ya han salido dos camionetas más de la casa y ahora personal hace el debido intercambio de maletas de unas a otras.
  • - ¡Ehsan! – animoso se acerca Carlo a abrazarlo. Ehsan es su hermano menor. Lo divertido del momento es escuchar como todos cuchichean porque es de su saber el segundo nombre de mi amado.


De inmediato veo como el mayordomo da indicaciones a los chóferes de ambas camionetas, que asienten sin problema alguno, poco a poco se van repartiendo en dos grupos mis amigos en ambas camionetas; Carlo intenta distraerme y me presenta más formalmente a Ehsan que apenas cuenta con 17 años. Veo una de las camionetas arrancar y el pánico súbitamente vuelve a mí, desconcertada, miro a la que aún sigue ahí con el motor ya encendido, abordo van todas las chicas que amontonadas en la ventanilla como niñas en excursión escolar me dicen adiós con sus manitas y risillas armoniosas saliendo de sus bellas boquillas. Angelicales como ellas solas, las miro con una venenosa sonrisa. No es mi estilo pero se lo ganaron a pulso, la camioneta arranca y me siento tan desprotegida de pronto, Mariella habilidosa saca la cabeza por la ventanilla.


  • - ¡Ela! ¡Lykke til! – con su pulgar hacia arriba me manda buena vibra y como de película la cabeza de Kin también se deja ver.
  • - ¡Ostias maja! Dales con todo ¡Coño!. Agarráis fuerte de los cojones al miedo y enseñad quien sois – aquello me hace reír demasiado a pesar de que lo ha dicho en castellano, sé perfectamente lo que dijo ella y Mariella en su respectivo idioma.
  • - Kin dijo demasiadas malas palabras ¿cierto? – Carlo confuso por no entender lo suficiente me mira divertido.
  • - ¡No dijo nada! – exclamo entre risas.
  • - Bien, es hora de entrar.


Desconcertada de lo que pasa y no saber a dónde han ido los demás. Sigo por puro instinto a Carlo a través de un extenso y hermoso jardín, él como si nada platica con Ehsan, de los nervios, no logro entender completamente lo que dicen en su lengua materna. Reacciono y me doy cuenta que estamos ya, en la sala principal. Su casa es de un corte antiguo, con muebles de estilo victoriano. Carlo habla y habla con su hermano, ¿Sabrá qué me están consumiendo los nervios?


Poco tiempo después del otro lado las altas puertas son abiertas por Seyye y da paso humilde a dos personas: La Madre y Padre de Carlo. Poco faltó para que pusieran los soldados con sus cornetas anunciando la entrada de ambos.


  • - Fattani, por favor sírvenos un poco de té – dice muy amable para el mayordomo la madre de Carlo – Mucho gusto Ela – la Señora me hace una reverencia con la cabeza y comienzo a sentirme un poco cohibida.


Entre tanta plática, comprendo que esto ya lo tenía muy planeado Carlo Danielo. Ahí nos olvidamos del típico ritual de conocernos, mejor dicho, fue una charla donde hablábamos de lo bien que la hemos pasado en las respectivas vacaciones, el país que faltaba por visitar y todo el enriquecimiento cultural que debíamos poseer debido a nuestra convivencia diaria y bastas nacionalidades. Su Padre poco hablaba pero se mostraba muy atento cuando expresamos de nuestro trabajo en la Banca Alemana. Lo felices que están, de que Carlo esté de regreso y que esperan con ansias el fin de año para llevar a cabo la tradicional cena que por años se ha hecho en su familia cada fin de año.


Puedo notar que es una familia muy nacionalista y lleva consigo muchas tradiciones, aunque Carlo no se muestre así la mayoría del tiempo. Complacida por tan grato recibimiento a la familia Minutti, nos retiramos de esa mansión para ir a la casa de descanso donde el resto de nuestros amigos nos esperan y a Carlo “Una infinidad de parientes y amigos que has dejado ya aguardan también allá” dice su Madre con una discreta sonrisa en el rostro.


Genial sorpresa me he llevado al salir, hay dos autos uno de ellos es una corta limosina negra en la cual sus Padres y hermano abordan; el siguiente es un deportivo de dos plazas “Todo tuyo...” le dice Seyye a Carlo con esa voz de galan de pelicula antigua, fuerte y briosa; le da las llaves de dicho deportivo el cual ya está descapotado y deja ver sus vestiduras de piel impecables...





2 comentarios:

oreo_effeckt dijo...

Carlo... ¡cuñado! xD!

digo... hahaha
y más hahahaha y más
ya deja de estar haciendote la pendeja con tanta visitadita ¡a lo que nos cruje chencha!

shaira beluga dijo...

jajajajajaajjaja Mein Gott, Wo hast du dieses Lied gefunden? oooooh

damelaaaaaaaaaaa jajajjajajaj q buen episodio dios mioooooooooooo pobre Ela jajajajajjaja, bueno tambien ese bizcochoooo de Carlo paso las de CAin XD jajajajajjaa

Danke für dieses Kapitel!

Viel Efolg meine Sklavin! XD