29 de junio de 2010

Capítulo XVIII [ Parte 3 ] Le pregunté a la luna... mis raices (Francia)






François Dollet…


Después de que mi ego se dispara hasta el cielo en la muestra privada que tuvimos frente a venerable persona, horas después abordamos el avión; por cierto, con un par de costosos regalos de parte de la nueva colección aceptada de zapatos que el Padre de Kin confeccionó. Íbamos directo a Cholet, alejado de lo brumoso de la ciudad, era mi villa natal.

Comenzaba la temperatura a ser cada vez más baja, tal vez alguna leve nevada tendríamos el placer de presenciar. Afortunadamente el calor y fiesta que adquirimos en una semana no nos detendría entre nosotros. En casa, sería una historia diferente, aunque mis Padres aún estaban en casa y mis amigos tendrían la posibilidad de conocerlos, ellos partirían a París. Parecen un par de jovenzuelos, el hecho de que sólo tuvieran un hijo, el cual ya no dependía de ellos, en nada los limitaba para seguir su vida como quinceañeros. Así que sin más ésta misma noche nos quedaríamos solos en casa.

En cuanto se supo de mi visita, amigos y familiares corrieron a casa. Esta visita a comparación de la estancia en Madrid, que fue mucho más formal, prometía ser loca y desenfrenada; al menos para mí. ¡Cuánto extrañaba mi país!

  • - ¡Adelante! – escucho que dice mi Madre – François – me llama delicada pero con tono alto para hacerse notar y su dejo en voz suena muy emocionada – ¡Mira quién ha venido! desde que te has ido sus visitas aquí son constantes – miro bien desde el sillón quién es o son y de golpe me levanto al reconocerlos.
  • - ¡Jean Paul! ¡Chris! – grito sus nombres al verlos, abrazos nos damos y nos quedamos cerca de la puerta hablando.
  • - Te hemos echado de menos – con un leve golpe en el brazo me dice Jean Paul.
  • - ¡Y vaya que yo también chicos! muchas gracias por cuidar de mi madre, sé que sus visitas le hacen bien.
  • - Tu Padre se encarga de jalarnos las riendas cada que puede – Chris parece orgulloso de lo que dice – aunque hay que admitir que en más de dos ocasiones hemos terminado con la cava de tu Padre.
  • - ¿Han guardado algo para mí? – los miro con reproche y ambos ríen.
  • - ¡Desde luego! El mejor vino de Francia y lo hemos conservado desde que te fuiste, fue la promesa ¿qué no? – dice con sentimentalismo y un fuerte abrazo me vuelve a dar Jean Paul.
  • - Una promesa y ¡Aquí me tienen!

Poco a poco nos vamos integrando más a esto, poco después de las ocho de la noche sólo han quedado de mi familia: mis primos; tíos, abuelos, y padres se han despedido, auguro que esto se volverá una fiesta las 24 horas...

Reencontrarme con tanta gente es magnífico, por principio de cuentas mis primos que son una locura andando, todos traen consigo a sus respectivas novias y la puerta de mi habitación permanece por tiempo prolongado cerrada, hasta que veo bajar al alguno de ellos con más cara de felicidad que ni otro puberto podría igualársele. La primera noche sí que fue una locura completa. Con el paso de los días, las noches son más intensas que la anterior, una locura, las mañanas nos sirven para dormir y las tardes para descansar y comer.

La promesa que le he hecho a Jean Paul, la cumplo al tercer día, más confiado de que los chicos pueden estar en casa y acoplados entre ellos y alguno que otro de mis primos que merodea enseñándoles de todo un poco y más a las pequeñas Gabrielle y Amélie.

He podido hablar largo y tendido con él, hemos aclarado varios puntos entre nosotros y tan bien nos puso esa bella botella de vino, que le hemos hablado a las 4 de la madrugada a Chris para que se nos uniese a nuestros planes para la próxima semana, tremendo él, que no se negó.




Deieu Castella...


  • - ¡Hey tú! – me llamáis Mariella mientras descanso en uno de los comodísimos "pufs" que hay regados por toda la casa de François – es mi imaginación o tu hermana suspira cada que el tal Gary se le pone en frente.
  • - Decidme cual de mis dos hermanas – retiro ambos audífonos del Ipod, miro los ojos de obviedad de Mariella – ¡Ya estáis bien! No sois tu imaginación, sois correcto maja; que sois más lentas que un burro para darse cuenta – Ela y Mariella se dirigen miradas de intriga.
  • - ¡Tú! – gritan para Kin que pretende salir al jardín, ahí los chicos se entretienen simulando un juego de fútbol. Kin detiene su paso por completo – ¡a nuestra habitación!

Sois cuidadosas en vuestro paso, si os ven Amélie y Gabrielle, seguro os harán un gran espectáculo que no creo le hacéis de mucha gracia a Kin. Sois la que camina con más calma de las cuatro y aún no he cerrado la puerta cuando el millar de preguntas comenzad a salpicar con todo y saliva a mi hermana, esas del cómo, por qué y cuándo. Mi hermana, soltáis por fin la lengua y aclara todo el meollo...

  • - De acuerdo, sí, si lo conozco de hace ya un tiempo. En las últimas vacaciones vine aquí unos días con François.
  • - ¿Y qué tú no lo sabías? – me señaláis Ela.
  • - ¡Ostias maja, por supuesto que no! – le alego – nos parieron juntas pero no revueltas… para esos tiempos yo andaba aún con Ashir en unas vacaciones en las Canarias, sin ésta. Sabía algo pero no toda la historia que acabáis de soltar.
  • - Bueno, bueno que tampoco sois un delito lo que hice, ¡joder! – se auto defiende mi hermana.
  • - ¡Por supuesto! asústame si me hubieras salido como François que le gustan los ho...

La Mariella que no se ha dado cuenta, hasta muy tarde, de lo que ha dicho y me mira con los ojos muy pelados del puro miedo de lo que ella misma acabáis de decid la muy sonsa; las otras dos se han quedado demasiado quietas mirándonos.

  • - ¡No digas cosas! – lanzáis Ela después del estupor provocado por Mariella.
  • - ¡Callad! Decid que, François, vuestro François sois... ¡gay!
  • - Pero... ¿Por qué no nos lo dijeron? Él... ¿por qué no lo dice? – Ela muy analítica os mira a todas.
  • - Vaya, sabéis que François sois muy reservado con vuestra vida, yo lo supe cuando recibió la llamada esa toda extraña, ¿lo recordad Kin?
  • - ¡Coño! Claro, ahora tenéis todo singular sentido – me responde llena de incredulidad.
  • - Yo lo supe hasta el día después de nuestra fiesta de cumpleaños – decid Mariella.
  • - ¡Oh! Pero que malas colegas sois – nos acusa con reproche Kin.
  • - Comprende – me aclaro la voz – no podéis decidir a decid algo que no es vuestro Kin, él no os lo pidió pero así le interpretamos para no decid nada porque nunca dicho algo de eso.
  • - ¡Ya! comprendéis tu punto, pero callad – se vuelve a poner en alerta Kin – y... y...
  • - Y... – decid todas al unísono. Kin cambia su cara, a una muy pilla.
  • - Y... aquí tenéis algún... ya saben – manotea mientras habla – noviecillo o algo así – Mariella y yo asentimos discretamente y ellas se sueltan a gritar.

Le habéis dicho a la Mariella que aún tenéis duda de cuál de los dos grandes amigos con los que pasad todo el tiempo François es su “respectivo”, pero que me he dado cuenta de lo mucho que trataron de ser discretos en aquella fiesta al salirse solos y no volver a casa con vosotros. Siendo de las que despertad más temprano en casa a desayunar, he visto que tampoco llegó hasta pasado el medio día, con una sonrisa de oreja a oreja junto con Jean Paul en tremendos autos deportivos que me sacaron la pura impresión por los poros.

Los gritos tal vez ya delataron y ahora tocan a la puerta. Temerosas nos callamos de golpe y miramos, debido a que soy la más cercana me tocáis ponerme de pie y abrir la puerta. Cuándo lo hago... ¡Oh genial! Sois el mismo Rey de Roma el que se asomáis.

  • - ¿Puedo pasar? – dice con voz tímida y mirando a cada una meticulosamente.
  • - ¡Pero claro! – maliciosamente Kin se hace escuchar y de pronto mi mente imagina a Mariella y a mí de rodillas implorando perdón con una larga penitencia por las calles de Francia en su honor.
  • - Bueno sólo quería saber... por qué se alejaron tan repentinamente del resto, estábamos a punto de salir... queremos comer y bueno no sé si ustedes... – habla pausadamente debido a las acusadoras miradas de esas dos mientras que la Mariella y yo pajareamos con las vuestras – oigan por qué me miran tan de ese modo...
  • - Hablábamos de la entera confianza que siempre nos hemos tenido – dice sutil Ela. Él la mira sin sabéis cuál sois el punto en sí.
  • - ¡Claro! La majita aquí, tenéis razón de eso, sí mucha, que nunca os ocultaríamos nada... como hermanas mayores y reinos perdidos – decid Kin mirando de golpe a Mariella que le hacéis una sonrisa ácida por la acusación – o... cualquier otra cosa de relevancia en la vida de cada uno, comprendéis ¿no?

Aquello, habéis sido de lo más incomodo, la Mariella y yo cargábamos con las culpas en la joroba; Kin se la vivía lanzando leves indirectas cada que encontraba el momento; Ela se mostraba indiscutible neutral. Carlo, Gabrielle y Amélie se perdían con los primos de François en las interminables fiestas que hacéis todas las noches; por suerte sólo os quedaba un día y hemos recorrido todos los bares de Cholet, y yo creo, que los de toda Maine-et-Loire y puedo jurar que ya se notáis hinchados de tanta cerveza y champaña que han bebido como becerros recién paridos, ¡Vaya juerga! Con la que habéis cargado aquí en Francia y por cierto, con las maletas, a todos os ha pasado que hemos tenido que anexar una por cabeza a vuestro recorrido, contemplando que sólo lleváis la mitad del mes...




3 comentarios:

oreo_effeckt dijo...

vine a quejarme porque habías quitado la chiquichurris de la portada donde el François si me anda gustando eh xD!

pero ya la encontre... pero no he leido el cap, así que deja voy y ahorita regreso xD

oreo_effeckt dijo...

ya volvi y no ma hahahaha, aparte ya ni me acuerdo por que me reia LOL... aparte se me complica mucho entender como narran las españolas xD...

Y mi apachurro muerdo despeino del François nomas le perdono sus gheiadas porque el Jean Paul esta bien grr) también XD

shaira beluga dijo...

jajajaj q cosaaaa! coñoooo >_< jajajaj