2 de septiembre de 2010

Capítulo XXII [ Parte 3 ] Sí pudieras verlo, lo entendrías.





Hamburg, Alemania: Amélie Dekker.


La semana uno está a punto de terminar y para mi es cada vez más emocionante. Es viernes y creo que Andreas ya revisa algunos planes para salir por la noche. Tendré que esperar hasta verlo a la hora de la comida. El día de hoy fantásticamente no tendré clases durante todo el semestre y esto gracias a que llevo algunas materias avanzadas y otras tantas que tengo que revalidad, no serán ningún problema para que tenga un par de días libres y venga al estudio donde Mariella al parecer no se la pasa muy feliz.

He hablado poco con ella pues entre la escuela, mis horarios, los suyos, Andreas y los nuevos amigos sólo la veo por las noches. Por las mañanas generalmente salgo corriendo y bueno hoy venimos juntas. Desde hace un par de días veo que se la pasa leyendo unos guiones.

Al llegar a la oficina, se desvía preguntando no sé qué cosas que le dice la recepcionista. Merodeando por el lugar me encuentro con una chica muy animada.



- ¡Hola! ¿Amélie? ¡Claro seguro tú eres Amélie! – me dice ella mirándome en demasía.

- Hola – respondo desconcertada – sí, soy Amélie Dekker y tú…

- Ella es Phoebe, mi asistente – Mariella detrás responde dejando a la chica con la palabra en la boca y sólo le queda asentir a tal interrupción. Mi hermana pasa directamente a su oficina mientras yo me quedo con Phoebe y no por gusto simplemente hay algo que me aturde de ella.

- Hola Phoebe – digo de nuevo, reparando en su mirada – ¿te conozco de algún otro lugar?

- ¡Oh! No lo creo – muy segura de ello me responde.

- ¿En serio? Porque tu rostro me es muy familiar o simplemente me recuerda a alguien – ella vuele a negar sonriente con la cabeza pero me crea una enorme incógnita porque de verdad sus ojos me son muy familiares.

- Has estado en Londres los últimos 15 años – me pregunta y niego – entonces no creo que nos hayamos visto alguna vez. Ha de ser uno de esos misteriosos parecidos con la realidad que sólo se convierten en coincidencias.

- ¡Vaya! Así que eres de Londres, supongo que tienes razón – encorvo los hombros ante su respuesta certera.

- Phoebe – la llama mi hermana al pie de su oficina – puedes indicarle a Amélie dónde está el área de diseño y después de aquello ir a una de las cabinas a que la preparen. Bill no tardará en llegar y necesitamos comenzar a practicar.

- De acuerdo – asiente ella ante el espantoso tono autoritario que usó Mariella, del cual yo me sorprendí – Amélie acompáñame por acá y conocerás a tu nuevo equipo de trabajo – salimos de la sala de espera y nos introducimos al elevador.

- ¿Ella es así siempre contigo?

- ¿Quién? – me regresa la pregunta.

- Mi hermana, nunca la había visto asimilar alguna actitud tan déspota con alguien – ella gira un poco los ojos y aún así sonríe.

- Ha de ser sólo la presión de aquí, la escuché hablar por teléfono hace unos días y se quejaba de que aquí todos trabajan a una velocidad diferente a la de Magdeburg, además tiene muchas más funciones aquí.

- Además – la interrumpo – no creo que te quieras quejar con la hermana de tu jefa ¿o sí? – sonrío, me agrada esta chica. Ella suelta una carcajada.

- ¡Claro que no! no es eso. La entiendo yo también acabo de hacer un cambio radical en mi vida. Llevo aquí en Alemania sólo un mes y días.



Llegamos al piso 3 donde viven: Dirce, Dieter, Viveka, Geert, Hackett, Kerstin, comandados por Odell, son el departamento de Diseño, Arte y Animación de Prato Theater und Studiotechnik. Es el mismo Odell quien me da la bienvenida y me hace pasar a un escritorio listo con una MacBook, mi lugar será a un lado de Dirce, con quien trabajaré hombro con hombro en las tareas asignadas.

Es un departamento divertido, todos aquí tienen un apodo, espero no encuentren uno para mi… ¡pronto! A la hora de la comida recibo una grata sorpresa, que me espera por alguna rara razón en el piso donde Mariella está.



- ¡Gabrielle! – alzo un poco mi voz cuando la identifico – ¿Cómo estás?

- ¡Hermosa ya sabes! – traviesa y girando un poco su cuerpo con inocencia.

- ¡Eso deja que lo juzguen los demás! O por lo menos Bill – detrás de ella la voz inconfundible de Tom sale a relucir desde la oficina de Mariella.

- ¡Cállate! – se escucha a Bill decir en un tono algo apenado. Miro a Gabrielle de nuevo que está con el rostro blanquecino decorado con sus dos mejillas coloradas.

- Ven, vamos a dentro – le digo con malicia picándole una de las costillas – y qué te trae por acá.

- Las oficinas de mi agencia están aquí en Hamburg – me guiña un ojo – muy prudente ¿no?

- Seguro sé de alguien que es muy feliz con eso… – me detengo para ver quienes están en la oficina – ¡Bill! Hola – se pone de pie enseguida para saludarme y le sonrío a Gabrielle. Prosigo a saludar a Tom que está muy platicador con Phoebe y Mariella del otro lado cercana a Bill parece desinteresada.

- ¡Hey, hey! La comida llegó – mi voz preferida resuena en el marco de la puerta. Es Andreas. Entra con varias bolsas que carga cuidadosamente y coloca cerca de los hermanos para que ellos empiecen a desempacar.

- ¿Recuerdas lo que te pedimos? – pide un preocupado Bill, al tiempo que abre varios paquetes de comida y ver tanto me comienza a perturbar.

- Sí, tranquilo, con tu nueva modalidad vegetariana se me ocurrió traer… traer – hurga en una bolsa – ¡esto! – dice triunfante – lasaña de espinacas.

- Eso suena bien – repone Tom. Tomo lugar a un lado de Phoebe y Gabrielle lo hace un lado de Bill.

- ¿Qué te ocurre? – me dice Phoebe y enseguida siento la mirada de Andreas y me hermana posarse sobre mí con fuerza – estás pálida.

- ¿Te sientes bien? – dicen Andreas, Mariella y Phoebe al unísono.

- Sí… creo – respondo con pesar – sólo fue ver tanta comida, o bueno la salsa de la lasaña no me produjo buena sensación – Bill y Tom se miran confundidos y alejan un poco sus platillos.



Mi malestar casi nos cuesta a todos una buena salida por la noche. Andreas se empecinaba en que debía descansar si me sentía mal a eso Mariella le hacía segunda y a ellos se les unían los hermanos con un plan B para poder estar en casa, incluso Phoebe estaba invitada. A pesar de eso logré convencerlos de que salir me haría bien y que no era absolutamente anda grave, sólo intolerancia al olor de la salsa.

Así por la noche nos reuníamos Andreas, Gabrielle, Mariella, Phoebe, Bill y Tom para ir a un buen bar en el centro de Hamburg pasar la noche y crear nuevas amistades entre nosotros, un grupo peculiar.






Gabrielle Castella.


¡Qué noche! Es lo que pienso al despertad en la habitación de Amélie. Me estiro un poco despojándome de las sábanas a patadas y desentumiéndome. A pesar de que la luz del día no es tan radiante como en otros días por la estación del año en la que estamos pero al menos luz tenemos.

Acostumbrada a un loco ritmo de vida no me es difícil despertad temprano. No han pasado muchas horas de que dejamos el club con los chicos. El vibrad de mi móvil me hace ponedme alerta, no recuerdo exactamente dónde os he dejado y no así me es más intrigante saber si sois una llamada o un texto. Busco debajo de las almohadas y ahí está. No hay de qué preocupad. Sois un texto que visualizo de inmediato al ver el destinatario: Bill.

Su texto decid: Hola, buenos días, espero no haberte despertado, buena noche la de ayer. Espero verte de nuevo. Ten lindo día.

¡Coño! Que sólo eso me ha bastado para sonreíd como una niñata tonta.

Me levanto a ver que hacen las chicas y lo primero que escucho sois que Mariella se queja. Abre la puerta de golpe y os hemos chocado a mitad del pasillo.



- ¿Qué le pasad? – le digo retrocediendo un paso por la colisión que tuvimos.

- Se despertó de golpe con nauseas y corrió al inodoro a sacar todo el alcohol que la señorita se empacó ayer.

- ¡Yagh! – expreso ante vuestra explicación – eso fue lo que te despertó.

- Así es, nada agradable por cierto – caminamos a la cocina en busca de zumos para apaciguar el malestar de la noche.

- ¡Dame! ¡Dame! – abre y cierra la mano Amélie acercándose a quitadle el Gatorade que ha tomado Mariella.

- ¡Ostias maja! Que no te veis nada bien.

- ¡Ay ya sé! No lo repitas que me haces sentir aún peor Gabrielle.

- Ok yo no habéis dicho algo – me reíd junto con Mariella y os nos dirigimos a ponednos bellas para regresar a Magdeburg.



En vuestro camino Amélie no paró de quejarse de su mal sentir y a su vez en el trayecto ha estado hablando por el móvil con Andreas hasta llegar a casa. Que al pareced también han tenido una buena noche sin vosotras pues es casi medio día y no habed mucho movimiento en ella…





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