31 de agosto de 2010

Capítulo XXII [ Parte 2 ] Extendemos los engaños ¿Cómo me puedo conectar a ti?





Hamburg, Alemania: Tom Kaulitz…


Después de un largo día con Bill en el estudio, mientras él se la vivió en juntas junto con Mariella. Tener la oportunidad de estar de nuevo a su lado, me recordó que había dejado ciertas ideas inconclusas el año pasado, de modo que, en cuanto antes debía echar a volar mi imaginación.

Por otro lado, Phoebe, era una linda chica, muy amable y divertida, con un humor bastante agradable. Aprovechando que ella básicamente no tiene idea de quien sea yo, es mucho mejor poder entablar una conversación despreocupada. Lo que me ha pedido es que no conversemos en alemán. Alega que lleva muy poco tiempo aquí y no se logra acostumbrar al idioma, así que sacando mi lado más galante nos pusimos a platicar en inglés.

Ahora conduzco por órdenes de Bill a una zona bastante opulenta, la cosa es: tuve que rogarle a Bill que le dijera a Mariella que propusiera llevarle la cena. Previamente hable con Andreas para saber sus planes, ahora que su mujercita ya vivía aquí, iban a la misma universidad y probablemente no necesitaría de nuestra presencia en mucho tiempo en lo que se le baja la calentura de tener prudentemente como novia a la hermana de Mariella. ¡Adoro que el mundo de vez en vez sea tan pequeño!


- ¿De qué te ríes? – dice Bill – ya te saliste con la tuya. Aquí es a la derecha.

- Me rio porque soy feliz, esa canción ¡me pone feliz!

- Sí, ahá. Oríllate, creo que es aquí. El GPS dice que es aquí, pero no recuerdo qué torre dijo…

- ¡Hey! Viejo, Bill ya se perdió – en cuanto digo eso, Bill que me miraba atento el GPS, ahora me mira con recelo – en sí no sabe que torre es… sí… la Cadillac ya sabes que éste no mueve su auto ni a le esquina – en cuanto digo eso reacciona y el pequeño me golpea en un hombro – ¡dale! ¡dale! No te vayas a romper un dedo… si éste idiota que intenta pegarme.

- ¡Es ahí adelante! – señala a Bill que ve al rubiecillo asomarse de un portón cromado.


Arranco de nuevo y toco el claxon, sin más ya sabe el procedimiento y sube a la camioneta antes de que le pise el acelerador.


- ¡Qué bueno que llegaron! Las chicas mueren de hambre – dice Andreas – ¿traen a sus grandotes?

- Seguro idiota, el que tiene hambre eres tú – reclama Bill antes de que yo se lo diga de una manera menos sutil – y sí, ya sabes que no salimos sin uno de ellos.

- Bien como digas, según Amélie hay un estacionamiento especial para ellos y un edificio a su completa disposición.


Una vez que registramos los dos autos y que a Noah se lo llevaran a un lujoso apartado “sólo para seguridad”. Andreas nos relataba su gran odisea de cómo le fue con la familia de las Dekker y casi escupo el agua y Bill por el contrario casi se atraganta cuando llegó a la parte de “Familia Real”


- Ahora entiendo por qué a Mariella siempre la acompaña una camioneta de seguridad.

- ¿Ah sí? – le expreso a Bill con sólo la mirada y doblando una ceja.

- Efectivamente, ella nunca dice nada de eso y poco habla de ella misma, pero estamos tan acostumbrados a traer uno detrás que no me fue difícil identificar que ella e incluso Amélie siempre traen uno también – Bill señala a Andreas cuando menciona a la chica.

- Eso me dijo ella pero nunca me doy cuenta de dónde viene su seguridad, es más, en mi tiempo de conocerla, jamás los he visto de frente.

- ¿Y tu familia política qué tal te trata eh? – mientras vamos sólo un piso arriba en el ascensor Bill le pregunta.

- ¡Son una maravilla! Aunque la novia de Fabiho es medio hiperactiva. Aún así son geniales.

- ¿Fabiho? ¿Fabiho el amigo del Hobbit? – tratando de que no se note un poco mi curiosidad y confirmar bien algunos hechos.

- ¡El mismo! – me afirma e inserta una tarjeta, digita un par de números. La puerta se abre. Le dirijo otra mirada a Bill con toda la intención de aclarar que Andreas será huésped frecuente en este lugar.


Un espacioso pent-house nos recibe. Ellas están en el living endemoniadas con un Wii.


- ¡Eres malísima Malle! – Amélie parece festejar alguna victoria.






Magdeburg, Alemania: Melissa Dekker…


- ¡Eres malísima Mell!

- ¡Hey! Gracias, supongo. Tus delicadas palabras son un halago Geo.

- Ok, no era con esa intención – repone algo apenado – me refiero a que si ya estaban ahí ¡juntas! Por qué no arreglar las cosas de una vez por todas.

- Y a todo esto ¿cómo le hiciste para que no te viéramos? – Fabiho, que juega a aventarle basurita a Geo, por fin abre la boca.

- Una: La Casa Real es enorme y dos: llegué el día que los sacaron tremendamente escoltados.
- ¿Escoltados? – pregunta con una tremenda risa – ¿Qué diablos hicieron allá?

- Digamos que a Kin se le pasó la mano en cuanto a creatividad y creo que a la Doña Reina no le gustó tanta faena que armamos.

- ¿Armamos? Fabiho pegar una bandera manchada de Alemania, no es mucha cooperación.

- ¡Eres un asco man! – Geo niega con la cabeza.

- ¡Ey! ¡Ey! El dueño de la bandera era Andreas – alega Fabiho para defenderse.

- ¿Andreas? ¿Andreas el amigo de los Kaulitz?

- El mismo, qué no ves que es novio de su hermanita – y eso me recuerda muchas cosas.

- ¿Es el idiota que casi desnuda a mi hermana en un lugar concurrido? – ambos me miran sorprendidos de mi abrupta reacción.

- ¿Con esa boquita educas a tu hija?

- ¡Fabiho cállate! ¿Creí que lo de esos dos sólo fue calentura del momento?

- Al parecer no. Me tocó regresarme con él en avión y no paró de hablar de lo maravillosa que es Amélie – ante eso no puedo evitar hacer mal gesto.

- ¡Tranquila! – me dice Geo – no es tan mala persona, es buen chico. Lo conozco desde hace ya varios años, sólo es un poco loco, supongo es la edad se le pasará como a todos.

- ¡Además! Mariella está con ella ¿no? no creo que pase algo malo – Fabiho suelta a la ligera esas palabras. En todo el tiempo que paso con Georg por lo general no menciono el nombre de mi hermana por evidentes razones, las cuales sabe perfectamente Fabiho pero parece olvidar muy a menudo. Inevitablemente el silencio incomodo se hace presente…






Hamburg, Alemania: Phoebe Hollins…


En medio del silencio de mi habitación recapitulo un par de cosas. Una de ellas que aquí en Alemania me conocerán como Phoebe Hollins en vez de Phoebe Haletky, eso, es algo que no me causa ningún conflicto y para ser sincera me hace sentir mucho mejor llevar el nombre de mi madre que el apellido de él.

Segundo: al parecer mi vida aquí será de lo más emocionante, Mariella cree que yo soy alguien que no y eso le pone un tinte muy bueno a toda esta estúpida situación.

Tercero: Mariella únicamente vive aquí con Amélie, me gustaría saber en donde se ha metido Melissa. Por otro lado los chicos de hoy, bueno en sí, sólo debe ser el chico llamado Bill trabajará con nosotros por un largo tiempo. No tengo idea de lo que se haga en ese lugar pero supongo Mariella debe tener la paciencia suficiente para guiarme en este asunto y son estos mismos, informada por Tom, que son buenos amigos.

Éste último es un chico singular, en mi corta vida, me había topado con un par de personas tan curiosas como él, son bastante agradables, siempre y cuando sepan manejar aquello de su vanidad, es divertido cuando la gente que lo sabe hace juega todo el tiempo con eso y se dan grandes aires de superioridad que los hace bastante interesantes al trato diario. Tom, me es un chico bastante curioso, en el sentido que necesita obtener bastante información como yo, la manera en que miraba a Mariella es un tanto extraña ¿Qué querrá él con ella?

¿Esto se tornará una misión más para Súper Phoebe?

¿O acaso Tom tiene una propia misión?

Cualquiera que sea la respuesta seguro me agradará conocerla…

Me levanto al balcón a tomar un poco de aire, supongo que estando en el doceavo piso el aire es más fresco ¡JA! Estamos en enero Phoebe, está nevando afuera. Me respondo a mi misma pero aún así salgo un poco para ver lo brumoso que se encuentra esta ciudad tan extraña.

¡Qué mala suerte! Salí tarde… ahí van esos dos gemelos acompañados del rubio aquel que vi manejando el automóvil de Amélie. Son cerca de las once de la noche. Al parecer Tom sí tiene mucho interés en Mariella, más del que yo imaginaba ¡eh!





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