9 de septiembre de 2010

Capítulo XXIII [ Parte 1 ] No diré nada si mientes.




Tom Kaulitz…


- ¿Tú amiga? – me dice con una sonrisa incrédula en el rosto – no te creo, se nota enseguida que no.

- ¡Piensa lo que quieras! – le manoteo ligeramente en la cara con una sonrisa.

- Tom, Tom, Tom. Ese cuento no me lo trago.

- Phoebe, Phoebe, Phoebe. Entonces para qué me preguntas si no me vas a creer. Ya te lo dije, no me interesa.

- Pues parece todo lo contrario, cariño – dice ella con un tono dulzón en su voz.

- ¡Qué buen actor soy! – me alago a mi mismo – en sí el plan es ese, que parezca algo que no es. Sólo quiero información y la manera de llevarla conmigo.

- ¡Esa! Es la parte que no comprendo – me dice en un tono sarcástico – tu posesión hacia ella.

- ¿Qué tanto puedo confiar en ti? – la miro a los ojos, dejando de lado, los juegos y bromas con los que suelo moverme. Pido seriedad y espero recibirla a cambio.

- Lo que tú consideres prudente. No te forcé a venir aquí y te pedí discreción, también tengo secretos que no quiero que Mariella sepa a una semana de tratarme. Yo he confiado en ti, sería algo justo y reciproco ¿no crees?



En eso ella tiene razón, abrió la boca de más y ahora poseo información que nunca imaginé. Phoebe parece ser una buena pieza al rompecabezas, una buena herramienta que he de aprovechar al máximo. Su amistad será invaluable si logró llegar a mi cometido…






Bill Kaulitz…


- ¡Hey, hola Tom! ¿Adónde fuiste toda la tarde? – le pregunto en cuanto lo veo entrar. Andreas llegó con Amélie hace un par de horas y mi hermano nunca contestó el celular, nos fuimos a comer y llevamos otro par de horas viendo una serie de televisión que Amélie jura me gustará.

- Fui a… – duda un poco en su respuesta. De nada le servirá mentir así que enarco las cejas muy alto para denotarle que deseo honestidad – estaba con Phoebe – deja escapar mientras suelta la correa de su perro y lo deja andar libre por la casa.

- ¿Te quieres tirar a la asistente de mi cuñada, man? – alegre y sin recatos Andreas suelta y Amélie le dedica un par de miradas no muy agradables por sus incorrectas palabras – lo siento hermosa – se disculpa dándole un beso en la coronilla.



Tom no agregó más al comentario de Andreas y en un poco de paz nos sentamos otro par de horas a devorar una pizza; una llamada al celular de Andreas con estrepitosos gritos de Mariella le pedía que le devolviera enseguida a su hermana. Obedientes los chicos partieron, con algo debió amenazar Mariella a mi amigo para que se portase tan sumiso, de aquello nos burlamos de él…

Son las 7 de la mañana y ya escucho ruidos en la parte baja de la casa, seguro es Geraldine que viene a realizar el aseo de la casa, el desayuno para sus chicos favoritos y podremos comenzar con nuestra labor creativa con los chicos en el estudio. No ha pasado un mes y ya extraño a todo el Staff, aunque seguramente a los tres días de estar con ellos ya los odiaré, de eso no cabe duda.

Un poco más tarde Tom y yo salimos en su camioneta, su ruidosa música no me deja pensar claramente en algunas ideas que se me vinieron a la mente mientras me duchaba. Lo raro de todo esto es que él anda muy pensativo, no quisiera entrometerme, sé que él me lo dirá cuando crea conveniente, sí algo guarda es porque tiene la esperanza de que sea fructífero y no dudará en compartir su felicidad y sé que esa felicidad proviene de una chica, de otro modo no estaría tan calmado.

Veo que aparcado ya está el auto de Georg, he de imaginar que con él viene Gustav. Tremendo lío en el que se metió ese idiota el año pasado y perder la licencia de conducir por largos cinco años. Sigo el paso que es liderado Tom a lo largo del camino, me atraso un poco por las cosas que llevo en las manos, veo que después de unos segundos que tocó el timbre la puerta enorme de cristal es abierta. El chico de seguridad espera paciente a que yo entre. Le doy los buenos días; pasos y murmullos ya se escuchan por el lugar. De verdad ya extrañaba estar en este lugar y la oleada de saludos comienza.

Dunja, Jost, Stiffens, Ebel, Gustav, Christopher, Natalie, Silke, Georg, Benzer, Hoffman, Roth ya se distinguen entre los pasillos. Por la tarde y después de ponernos al tanto en cuanto a nuestras cosas personales en las vacaciones, tomamos un ligero break para comer un poco y de un momento a otro veo que Silke comienza a ejercer presión sobre su jefe Ebel. Seguido de eso el timbre del estudio sueña, un par de minutos más y uno de los chicos de seguridad llega a nosotros.



- Disculpen – se anuncia cortés – la chica que han citado ya está en el primer nivel esperándolos. Permiso.

- ¡Vaya que es puntual! – dice Silke, la mayoría nos miramos sin saber exactamente a quién se refiere – Tom, Bill ustedes vienen con nosotros.

- ¿Y ahora qué hicimos? – reniega Tom robándome los pensamientos.

- ¡Bájenles la paga! – grita Gustav, me hace girar para verlo y le dirijo una mirada divertida.

- Eso jamás pasará Gustav – me burlo y me voy con Tom.



Al llegar a la sala de espera que hay en el segundo nivel menuda sorpresa me llevo. La persona que espera en cita con Ebel, Silke, mi hermano y yo es nada más y nada menos que la hermana de Gabrielle, Kin Castella. Me pongo un poco de nervios pensando si Gabrielle viene con ella pero recuerdo que sólo anunciaron a una sola persona. Le sedó el paso y sin expresión entra a la oficina de Ebel.



- Bueno chicos, el tema del día de hoy es algo complicado – nos dice Silke mientras Benjamín enciende su portátil.

- Reitero: qué fue lo que hicimos – dice Tom mirando a la reportera.

- Veamos – dice Benjamín acomodándose – según los reportes de seguridad, Bill, has estado saliendo con la modelo Gabrielle Castella – aquello me causaría sorpresa si no fuera porque sé que debo vivir vigilado por esos hombres – el año pasado hiciste una cena privada, la acompañaste al aeropuerto, en el viaje a Liverpool, nuevamente estuviste cerca de ella. Hace un par de días la viste en el estudio al que acudes con… – detiene su letanía y da una leía rápida a su pantalla – Mariella Dekker y han comenzado a divulgarse 6 fotos de tu estancia en Las Maldivas.

- ¿Qué? – en el mismo tono expresamos Tom y yo y levantamos la mano derecha. Silke y Benjamín están acostumbrados a ese tipo de cosas por lo contrarío Kin, parece sorprendida por nuestra manera de actuar. Enseguida la chica muestra la edición de la revista Bravo.

- Salió a la venta el día de hoy y Bild.de tiene también las mismas imágenes – dice Kin extendiéndonos la revista, que toma Tom.

- Y en sí cuál es el asunto, tan metódico al que quieren llegar que no comprendo – mi tono de voz suena algo irritado, no puedo creer que los paparazzi’s ya tengan en sus manos fotografías de nuestro viaje.

- Recuerdo que tuvimos hace un par de meses la visita de tu equipo ¿cierto? – dice Silke y Kin asiente.

- Hicimos negociaciones con Dunja Pechner, si no mal recuerdo – con un tono serio e igual confundida como nosotros Kin le responde.

- Es la misma chica – Benjamín, le rectifica a su asistente.

- ¡Bueno ya! ¿Qué se traen entre manos? – les dice Tom dejando la revista en el escritorio.

- Tenemos dudas y una propuesta a la vez para ti – Silke prosigue a hablar – las dudas son por ejemplo, cómo es que no ha salido nada a la luz pública de la relación con la modelo Gabrielle y Bill o sus encuentros así como que se tomara exclusivamente en Liverpool lo laboral de Tokio Hotel, que ¡claro! Agradecemos – siendo amable Silke pregunta insaciablemente.

- Bueno, la modelo Gabrielle, es mi hermana si esa es su duda, pero nadie lo sabe por lo que me es más fácil hacer mi trabajo. En cuanto a Liverpool sólo me dediqué a realizar mi trabajo – conozco muy poco a Kin pero puedo asegurar que porta una actitud muy a la defensiva.

- El artículo de la revista está redactado por ti – le afirma Benjamín.

- Tengo entendido que las imágenes fueron vendidas directamente a Bild.de, yo sólo me encargué de realizar debidamente la nota con las normas que pide Bravo.

- Bien, Kin tenemos aquí otro asunto muy curioso. Tú eres amiga de la señorita Mariella Dekker, tenemos entendido, ésta chica ahora trabaja con Bill en un proyecto grande y esto aún no se debe saber – claro, había olvidado ese detalle, ahora entiendo a que viene todo esto, reflexiono mirando a todos detenidamente.

- Así es, tengo una amistad con Mariella Dekker y si les preocupa que se ventile esa información que ustedes dicen, puedo asegurarles que Dekker es lo suficientemente profesional y no me ha comentado absolutamente nada más allá de su amistad con Bill. La información que poseo con respecto de la salidas personales de Gabrielle Castella y Bill, tampoco son de mi incumbencia aunque sea realmente tentadora la información para cualquier reportera…

- ¡Pero! – interrumpe Ebel – usted parece no ser cualquier reportera – ella asiente comprendiendo el mismo punto que seguramente ya todos – es por eso que la hemos mandado a llamar. Queremos plantearle un buen trato con respecto a la vida personal de los integrantes de Tokio Hotel, dado que parece tener buenas conexiones con los chicos.

- Yo guardo silencio y ustedes… ¿pretenden? – Kin con una mirada suspicaz le hace entre ver que puede llegar a su acuerdo.






Kin Castella…


- Tremendos gilipollas ¡Voy a creer! Ya no habéis respeto ¡Cabronazos de mierda! – vengo rezando cuando entro al pent-house de las Dekker hablando por el móvil con Deieu – ¡Ay! pero si no se tratara de mi hermanita, del mejor amigo de mi novio, de los amigos de Mariella, ya los hubiera mandado a ver a sus abuela de aquí a siete pueblos ¡Ay pero sólo a mi me pasan cosas así! Me cago en sus muertos… cojonudos…

- ¿Kin? – escucho de pronto la voz de Mariella, sale del estudio y me mira muy sorprendida – ¿estás bien?

- Maja me pillaron, que he de hablarte después – término la llamada con mi hermana de sopetón.

- Qué fue todo ese rezo de malas palabras en castellano – la guapa ésta a pesar de que no logra comprender mi idioma por completo, no se salva de que sí sea de su conocimiento bastantes cosas que Ashir le enseñó hace tiempo por simple ocio.

- Mirad, que… – me dispongo a dejadme caer en uno de los sillones de la amplia estancia.

- ¿Tan mal te fue con los de Bravo?

- ¿Bravo? – inquiero – ¡Bravo! – recuerdo tan pronto como asimilo que lo que le habéis dicho a la Mariella, mentí diciendo que venía a una cita con la agencia de aquí y no que los monigotes de la producción de Tokio Hotel me han citado porque os tenéis vigilados – ¡oh no! que me venía yo quejando de lo bruto que aquí manejan, sois una ciudad de locos aquí ¡eh guapa! – lo primero que se me ha de cruzad por la mente es lo que le digo a la maja – por cierto gracias por prestadme vuestra van.

- No te preocupes, no me iba a arriesgar a que regresaras Magdeburg manejando tú sola así como están las carreteras llenas de hielo. Además utilicé el auto de Amélie y ella se fue con Andreas.

- Bueno decidle a Fabiho que viniera por mi habéis sido una buena idea no me podéis quejar de tu creatividad – tratando de sopesar el enojo que llevo, porque Malle no tenéis la culpa de nada, hago que la conversación se desvíe lentamente a otro punto, uno que no me ponga de nervios.

- Y bien ¿cómo te fue? – ¡ostias maja! Tan bien que íbamos coño.

- Bien, dentro de lo que cabe, que me han felicitado por el artículo que di acerca de los gemelos Kaulitz sobre sus vacaciones y que el día de mañana he de tener entrevistas con dos bandas y que me toca haced una capsula con un mentado Sascha y una Julia para la web de las noticias más importantes, ya sabes, esas cosas…



He logrado que por un rato deje de haced preguntas con respecto a mi trabajo y lo que me ha pasado el día de hoy. Esperamos a Amélie para la cena y en lo que ocurría hemos ido a la parte superior del pent-house a mirad como avanzan las remodelaciones de un par de cosas y la habitación de huéspedes. Tengo entendido que el trabajo éste lo supervisa Jean Paul desde Magdeburg. Le he dado un par de consejos buenísimos para las cosas. Sé que las tomará en cuenta, si estáis muy claro que yo he de ser una de sus mejores huéspedes frecuentes cuando ella no quiera ir a Magdeburg, que yo no tendré objeción en venid y traed a toda la tropa hasta acá.

Aún no es la hora marcada de la cena y ya se escuchan voces en la parte baja.



- ¡Ya llegaron! – dice ella, se mueve de inmediato para bajad, voy detrás de ella, es curioso que se escuche bastante ruido si sólo sois dos los que han llegado – ¡Sí, vienen todos! – un momento, ¿cómo que venid todos? ¿quiénes todos?

- ¡Hey chicas dónde están! – otro momento, que esa, ¿sois la vos de mi hermanita? ¿Gabrielle? No puede ser, si os la he dejado en Magdeburg, yo la dejé allá.

- ¿Gabrielle? – decimos la Mariella y yo al mismo tiempo.



Que astuta la mocosa que se ha colado, ¿Qué se supone que hace Deieu allá si no es cuidarla? ¿Por qué no me habéis dicho que la niñata se ha venido?

Vamos hasta la cocina, ahí se escucha el ruido y muchas risas, cosa que no sois normal.

¡La puta madre! ¡Qué me cuelguen de las patas! Que se me caen los calzones primero, antes que la cara de impresión. ¡No! ¿Qué esto no me puede estad pasando a mi? ¡Pero qué coño! ¿Qué habéis hecho yo que la vida me jode el día de hoy así de ese modo? Que para mi fortuna no soy la única con cara de idiota al momento de reconocednos, me ha bastado la de esos dos para saber que se sentid igual que yo. Nada más le faltaba la cereza a la tarta y por qué no, que fuese esta misma tarde.



- Kin no hace falta que te presente a Bill y a Tom – dice la Mariella.

- ¡Además Kin es tu cuñada Bill! – deja escapar sin recato Amélie y a éste que se le ponen las orejas coloradas.

- Ahmm… sí – tartamudea él – hola – suelta doblemente nervioso.

- Nosotros haremos la cena ¿gustas algo en especial? – dice el pareja del de las orejas rojas.

- Bueno, que un poco de veneno no me hará daño, creo – tuerzo el gesto.

- ¿Qué? – sorprendidos el resto, Amélie, Andreas y Gabrielle, preguntáis.

- Digo que ved no me hará daño, que no sabía que harían la cena e iba a postuladme para haced algo.

- Kin – seria, me llama Mariella – tú no sabes cocinar.

- Maja, que el intento iba a haced esta noche, valora mi amistad un poco, coño – reniego y miro que las estrellitas marineras rockeras esas que se miran con complicidad, cómo si os no conociera esos gestos. Y qué me los cargaré en el lomo como familia, quién lo diría.

- Dejemos que los chicos dominen la cocina el día de hoy – Amélie nos saca a empujones de la cocina y vosotras cuatro os quedamos en la estancia platicando.



Y he de admitir que se lucieron ese par y Andreas, la cena estuvo bastante bien, y no me siento mal, no veo doble, no nauseas, nada. Así que el perdón del día se lo han ganado. Os hemos quedado varias horas en sobremesa platicando de varias cosas, después de todo no parecen tan malas personas.

A la hora de despedirnos de ellos me sorprendió que Amélie lo hiciera también. Mariella no parece tomad el papel de hermana mayor como muy a pecho. Me sorprende con lo paranoica que luego suele ponedle algunas cosas. Un poco más tarde me despido de Gabrielle en su habitación deseándole las buenas noches.



- Hola amiga, muévete un poco por favor – entro a la que es la habitación de Mariella, ella estáis con el ordenador en las piernas.

- ¿Qué haces aquí Kin? ¿para qué sacaste esas cobijas de la habitación de Amélie? – ya en pijama, se despoja de los anteojos que usáis para ver y prosigo a sentadme a un lado suyo.

- Bueno, es muy fácil amiga. Que he venido a dormirme contigo esta noche. Tendrás el gran honor de hacedlo hoy – le sonrío bastante pero ella que no quitáis su cara de perplejidad.

- ¿No ibas a dormir con Gabrielle?

- ¡Oh no! Si queréis podéis hacedlo tú, pero te advierto… da patadas.






2 comentarios:

Karla Díaz dijo...

jajajaja!!!
amigaaa me encantó!
más más más!!!

shaira beluga dijo...

jajjaja que vocabulario tan florido el de Kin jajjaja