16 de septiembre de 2010

Capítulo XXIII [ Parte 3 ] Que yo necesito. Que yo deseo.



Ela Haushoffer…


¿Qué pasaría si todo esto no fuera real?

Oh Dios, no quisiera saber la respuesta, soy tan feliz ahora que soy la prometida de Carlo Minutti que pocas cosas pueden hacerme enfadar ahora. La vida comienza a tomar un curso bastante firme. Necesito planear cuanto antes mi boda y todo lo que involucra; sé que tengo el apoyo de todos mis amigos, de toda mi familia y si lo deseo mi suegra está dispuesta a viajar en cualquier momento hasta acá para ayudarme en lo que se me ofrezca.

Es tan aterrador pensar en que nada se me negará y será la mejor de las bodas que poco me lo puedo creer. Carlo está por ahora involucrado entre tantas cosas, en nuestra nueva casa. Eso será tan extraño, seremos sólo él y yo en nuestra casa con Schmetterling. Extrañaré todo el desastre que provocamos más de cinco persona en el mismo lugar…


- Será muy raro – me dice Carlo mientras vemos un partido de fútbol, Múnich vs Hamburgo.

- Es justamente lo que estaba pensando – le afirmo mientras me acomodo a un costado suyo.

- ¿Podemos llevarlos con nosotros a nuestra nueva casa? – con un tonito infantil y una mirada que me meta me pregunta.

- ¡Claro! Y no quieres también que los llevemos con nosotros a la luna de miel – con un sarcasmo me hago expresar.

- ¡LA LUNA DE MIEL! – grita y se lleva las manos a la cara. Miro a varios lados desconcertada por su reacción.

- Carlo, ¿Qué tiene la luna de miel?

- ¿Cómo que, qué tiene? Ela Suzanne Angelina Haushoffer Liedtke prometida de Minutti – refunfuño en cuento escucho todo mi nombre completo.

- ¡Sí qué tiene!

- Hace casi tres meses que te he pedido que seas mi esposa y ¡aceptado claro! Te empapas sobre el tema de manteles y platillos, busco los mejores decoradores y arquitectos con Jean Paul y François y no ¡hemos decidido a dónde iremos de luna de miel!


¡Wow! Vaya que si era un buen punto a tratar, entre todo lo que él enuncio y nuestras bastas actividades dentro de la Banca de Alemania, era difícil exponer eso y tal vez otros temas más que conlleva todo esto de una boda y posteriormente una vida de “vivimos felices para siempre”




Kin Castella…


¿Mi propia versión de una moderna princesa?

Sí, así lo pareced, nada se complica y siempre hay tiempo para todo. Venid, id, regresad. Todo sois una ruleta que gira muy rápido, vosotros le hemos puesto la velocidad y vaya que a veces sois una muy acelerada. ¡Pero así me gustáis!


- ¡Por favor! – imploro como sois de costumbre – sólo está vez.

- No Kin, hermosa, ¡no! – con un abrazo y un beso en la coronilla, he aceptado que no será el día de hoy el que pueda manejar su Audi. Rendida entro al asiento del copiloto.


Ambos sabéis que yo no soy una hábil dentro de la cocina, por lo que hemos llegado a un acuerdo muy chulo, donde habéis hecho un calendario para los días en los que saldremos a cenas y los días que él cocinara cualquier cosa que se le ocurra aunque sea una sopa instantánea del súper mercado.

Hemos llegado sin habednos dado cuenta al tercer mes del año, mucho trabajo y buenas relaciones son las que habéis formado en tan poco tiempo de estáis trabajando para Bravo y mi trabajo de espía ultra secreto para los majos de Tokio Hotel, aunque recuerdo que a varios los habéis cogido por sorpresa.


- ¡Y yo qué podía haber hecho ahí, ostias!

- Lo curioso es que sólo entraran los gemelos y tú y no el resto de la banda – Fabiho saliendo de la impresión, analizó.

- Bueno, digamos que lo de Georg y Mariella no ha pasado a nada más grande, que sus orgullos tontos, supongo que de eso no se habéis enterado.

- Y qué incluye ese trato de confidencialidad – curioso en su tono de voz y juguetón con sus manos que acarician mi cabello una y otra vez, se dispuso a preguntarme – claro, excluyendo la fuerte cantidad de dinero que ya te han dado.

- ¡Hm! – bufé – que no deberé decid nada acerca de la modelito que me cargáis por hermana y su no-novio el rockerito, no debo decid nada del trabajo de ese majo hasta que ellos me lo pidan y de todos modos la Mariella ni quiere decidme, en cuanto información llegue a vuestras manos debo informadles y ellos decidirán que os debo publicar y que no, así como cada metida de pata que hagan ¡como la del Gustav ese, que me dejó sin auto!

- No te puedes quejar pequeña, con ellos siempre tendrás trabajo.


Con una gran sonrisa trató de reponedme aquel día en que platicaba mi más reciente estrés, sentados frente a un pequeña chimenea en el departamento del Georg al cual pasamos varias veces para poder revisad su estado.

Paciente, callado, apoyando, mimándome en todo lo que yo necesite. Fabiho siempre ha estado aquí. El cuento de hadas perfecto que ha traído consigo a un príncipe que, sois muy encantador.




Phoebe Hollins…


¿Las cosas que me vuelven loca?

No son muchas pero sí muy tentadoras, Tom, es una de ellas. Llevo de conocerlo poco más de dos meses y logra hacerme sonreír en el momento exacto en el que estoy a punto de portarme poco correcta.


- Sólo debes de ser paciente – estamos sentados de frente en el balcón, miramos hacia la Torre donde ellas viven.

- Lo intento créeme, pero es difícil – me quejo abiertamente – está haciendo que llegue a mis limites y eso no dará buen resultado. Lo juro.

- Dame un poco más de tiempo, hay cosas que no funcionan como deseo con ella pero con él salen de maravilla – se frota las manos en señal de triunfo.

- No quisiera ser él y sopórtate… eres tan odioso.

- ¡Cállate Pheebs! – se ríe bastante alto – de mi pides tu limosna.


El ego que tiene me fascina, es como una droga, una de muchas a la que soy adicta y él viene en una dosis bastante buena de alegría todos los días. No lo puedo negar.

Por otro lado estoy tan feliz de tener a alguien de la familia de mi lado: la pequeña Tabatha, Melissa y la Abuela Bernardette. Jamás pensé que me quisiera tanto y siempre luchó por tenerme a su lado, debo agradecerle tantas cosas y buenos deseos a la Abuela. A Melissa, pro darme tanta información como deseo de Mariella. Mis visitas son sumamente frecuentes en Magdeburg y ya me muevo con mucha facilidad entre las dos ciudades. Afortunadamente ni Amélie ni su hermana sospechan de todo lo que hago en mi tiempo libre, mucho menos que vivimos en la misma residencial.


- Pequeña Audrey – recita con alegría siempre que me ve pasar por la puerta principal la Abuela.

- Hola Abuela, ¿cómo van las cosas por aquí? – indago, me gusta pasar tiempo con ella, con mi abuela materna jamás tuve un acercamiento. Después de que viera con malos ojos a Laura por embarazarse de un hombre que no pretendía dar mucho de sí. La Abuela Bernardette es genial.

- Muy bien cariño, pero te veo más delgada, ¿hija qué no comes?, debes de ser más cuidadosa – doy un respingo, me toma por sorpresa aquello que me dice, eso, que ni Laura notó a pesar de que vivíamos bajo el mismo techo. Sin querer ponerme más nerviosa y darme a evidenciar, busco una respuesta creíble.

- Bueno Abuela, échale la culpa a tu sobrina que me hace trabajar desde que sale el sol hasta que se oculta dentro de su oficina – ella ríe un poco por mi ocurrente comentario y luego se pone nostálgica.

- Si estuviera en mis manos, todas ustedes, serían menos rebeldes…




Gabrielle Castella…


¿Si mi vida cambiara?

Nunca me habéis sentido tan bien, desde que pude tomar mis propias decisiones y no tenéis a medio mundo detrás de mí se siente bastante bien. Ahora, las cosas las hago a mi ritmo, a la hora que quiero, cuando quiero y como quiero.


- ¿Adónde vas? – gritó Kin una mañana algo desesperada.

- Que te importa – tomó el celular para ver la hora.

- ¿Cómo, que, qué me importáis? ¡Claro que me importáis! Sois mi hermana, joder.

- Sí y no sois un bebe Kin, tranquila – reniego y pongo la mirada en blanco.

- ¿A quién le pediste permiso? Os deberías pedídmelo a mí.

- ¡Ay por favor! ¿pedirte permiso a ti? – me rio de lo que pedid mi hermana – Ya me voy, el auto ya estáis afuera esperándome – me doy media vuelta para dejarla ahí con vuestro berrinche de hermana mayor.

- Ni se te ocurra salid así o le diré a vuestros padres que estáis de rebelde.

- ¡Oh no! – regreso mi camino y con el dedo índice en lo alto señalo – no os se te ocurra, que si por ti me regresan a Madrid, las pagarás muy caro y sabes que la consentida sigo siendo yo.

- ¡Ay Gaby! – interrumpió Deieu – serás la consentida pero sois las más grandes y nos creen más, así que sólo tenéis la decencia de avisad a donde os largáis.


Bueno, de acuerdo, no podía haced lo que mi santa gana se me plantara pero era de cierto modo tener un millar de libertad de diferencia a comparación de mi vida en Madrid.

En otro aspecto tenéis muchos alicientes, la agencia de aquí en Alemania, estaba bastante interesada en mi llegada y ya tenía muchos proyectos para mí. Ya poseía una vasta agenda para los siguientes meses, una muy buena para las próximas semanas de la moda en diferentes países, photoshoots, entrevistas con diseñadores muy buenos, diseñadores que me recordáis a una persona en particular. Bill, él chico que sí, lo acepto me hacéis suspirad con tan sólo recordadlo, él se ve muy apto para el rubro de la moda y conozco a gente perfecta que lo puede ayudar a liberar todas las ideas que tenéis dentro de la cabeza.

Es muy ingenioso y creativo, no le sois difícil involucrarse en temas como los míos y tenemos tantas cosas a fin, que a veces logro asustadme. Tal vez sois muy precipitado pero grandes ideas que se me han venido a la cabeza que podemos lograr juntos. Tiene unas visiones a futuro muy buenas y el talento es lo que os sobra. Bill sois muy buen chico en muchos aspectos.


- La mayoría de las veces imagino algo, lo dibujo, compro algo similar para poder hacerle modificaciones – decid él muy alegre.

- ¡Wow! Y se las haced tú directamente.

- Antes sí, cuando era niño pero ahora tenemos bastante personal y siempre hay alguien que nos ayuda en lo que necesitemos.

- Eso me da una gran idea – entre cierro los ojos para hacedle notar que tengo un plan – dentro de poco viajaré a Milán y París ahí puedo hablar con un par de personas que gustarían de conocerte…




Melissa Dekker…


¿Cómo es que son las “familias felices”?

La verdad es que no lo sé y ya es lo suficientemente tarde para averiguarlo aunque no es inevitable para algunas, Tabatha y Phoebe. A la segunda la he ayudado a poder entablar un vinculo con Bernardette, me alegra que se lleven bien, ella lo necesitaba, se siente sola, no es necesario que lo exprese, su mirada un poco perdida detrás de esa radiante sonrisa con la que deambula todos los días según ella, no es para nada normal. Tabatha, pequeña aún sabe perfectamente lo que pasa en su desastrosa familia Dekker y lo comprende tan bien que me asusta pensar que es demasiado inteligente para sus escasos cuatro años.


- Es de la tía Mariella, la que se parece a mí de la que hablan todo el tiempo – dice con su vocecilla interrumpiendo nuestros diálogos a mitad de la comida.

- Es de ella cariño – paso una mano por sus rizos y termino en su mejilla.

- Yo también la extraño – con un fluido alemán, ya es capaz de expresarse mucho mejor y nos saca tremenda sorpresa con esa revelación.

- Tengo una idea que seguro te encantará – le sonrió y sacudo su naricita con la mía – ya casi es fin de semana y que te parece si pasas el fin de semana con tu tía Amélie y Mariella.

- ¡Sí! – brinca ella llena de emoción y estira los bracitos, en uno de ellos aún tiene el tenedor – quiero ir con mis tías.

- A pesar de todo no tienes el corazón de piedra como todos lo piensan ¡eh! – Bernardette se burla de mí y Ryszara le hace compañía.


Hay muchas cosas a las que me puedo negar en esta vida pero el ser feliz a mi hija ¡jamás!

No fue difícil maquilar alguna simple idea con la cual Mariella creyera que había mandado a la niña hasta acá y bueno, sobre todo que ella supiera que del deseo de Tabatha por pasar un tiempo a su lado. Amélie me pasó un resumen con lujo de detalle acerca de su estancia con la niña mientras yo me encontraba de visita en Hamburgo con Georg. Felicitaciones de su parte me gané al decirle lo que había hecho. También me gané la oportunidad de conocer más de su trabajo, al cual asistía así lloviera, nevara o relampagueara. Conocí a los gemelos con los que comparte trabajo Mariella y aunque son poco discretos entre ellos al mencionarla, sobre todo el que se llama Tom, que todo aquel comentario que suelte se nota que lo hace con cierta cizaña para con Georg que humilde soporta todo lo que dice, hasta parece que la flagelación la recibe con gusto.


- ¿Audrey Haletky? – me dice Geo extrañado – de dónde sacaste ese nombre.

- ¡Oh! Geo qué querías que me presentara como Melissa Dekker, sabiendo que hay dos de ellos que conviven con ella.

- Ok, tienes razón – consiente él.

- Así que mejor, la fotógrafa, Audrey Haletky, fue lo primero que se me ocurrió…




Deieu Castella…


¿Con verdadero amor se puede salir adelante?

Han sido casi ya tres meses en donde todo ha salido muy bien, las agendas se llenan de pacientes cada semana. Hay días en donde la hora de la salida se prolonga hasta muy tarde con los doctores y sus cátedras pero nada que se pueda solucionar con una buena salida por la noche a toda velocidad con Ashir en su Harley Davidson y llegar muy tarde a casa.


- Buenos días Kin – suelto en un tono irónico para la pelada que sois mi hermana.

- ¡Ah! Sí, buenos – responded ella al vernos ya desayunando. Ashir se mantenéis callado y con la mirada bien puesta en su cereal.

- ¡Buenos día… – Gabrielle entráis a la cocina muy animada y al vernos se ha callado de pronto. Pareced que aún no les hace digestión la idea de que he vuelto con Ashir.

- Necesito la sal – Kin pasea su mirada entre todas las cosas que hay en la mesa – esta tapa que no tened sabor.

- La tiene Ashir – alcanzáis a susurrar Gaby.

- Deieu – en un tono muy decido me llama mi hermana – decidle a Ashir que te de la sal y me la pasáis por favor.


Vaya que fue difícil que los tres hicieran las paces y en sí sólo era cuestión de mis hermanas que se queréis ved duras con él y no le daban de otra opción más que quedarse callado y soportad durante un buen tiempo todo ese tipo de chunches.

Con forme pasáis los meses me doy cuenta que las cosas id muy bien en todos los aspectos. También lo es muy divertido cuando las Dekker se hacen venid de visita a lo que antes era vuestra casa, ahora ni saldos han quedado de ellas en esta casa y creo que les ha quedado muy claro, no es que vosotras hayamos querido corredlas pero, ellas se han ido…


- Hey Deieu voy a mi habitación a buscar un par de cosas – dice ella incorporándose del sillón donde veíamos la TV.

- ¡Oh maja! – hablo prontamente – mirad, que… cómo explicádselo Kin.

- Pues así y no más, pues ya qué – sin apoyo que me ha dejado Kin para decidle aquello.

- No entiendo – dice ella mirándonos primero a una, luego a la otra y así muchas veces.

- Habéis escuchado alguna vez esa frase muy buena que decid: El que se va a la villa perded su silla.

- ¡Nope! ¿Qué es eso? – en medio de una risa me hace pensad que no lo tomará tan mal – es uno de esos chistes de tu familia ocurrente.

- No – dice con un suspiro Kin sin dejar su cómoda posición en el sillón – eso es del domino popular guapa.

- El caso es que la que se ganó, más bien nos habéis ganado, ella sola se lo ha impuesto…

- ¿No nos pregunto verdad? – me decid Kin.

- No, os preguntó y decidió que ella dormiría en tu antigua habitación.

- ¡Ah bueno! Eso no es tan malo, de todos modos no dejé muchas cosas dentro…

- ¡Pues ahora no habéis nada! – sin recato se le deja id Kin.

- ¿Nada?

- Nada maja – le contestamos a la par.

- Mis…

- No – le decid.

- Y las…

- Tampoco.

- Aquellos…

- ¡No, menos!

- Y ahora la habitación sois de los colores de Barbie y su mundo de fantasía – habedle dado la noticia no resultó tan malo.

- ¿Y lo que me sobraba?

- En dos o tres cajas hasta allá abajo…




Amélie Dekker…


¿En qué momento me tomó desprevenida?

El amor. La buena fortuna. Las amistades. Los sustos. Vaya que he corrido con suerte, en muchos aspectos, Andreas es: un chico excepcional, puedo estar del otro lado de la cuidad y sé que él estará ahí si necesito de su apoyo, me ayuda con las dificultades que se me presentan en la escuela. Esas materias muy complicadas de las cuales he olvidado. Ambos tenemos muy buenos trabajos, él en un despacho con unos arquitectos y yo en el estudio con mi hermana. Nuestro círculo de amigos se ha vuelto selecto.


- Iremos los de siempre y ahora vendrán Gustav y Georg – Andreas recita en medio de la habitación y yo peleo con el cierre trasero de mi vestido – a ver, ven acá.

- Gracias. ahora entiendo porque Mariella se negó desde el principio a asistir – enuncio yo.

- Sí supongo que ya es suficiente con verle la cara a Pheebs en el estudio, la de Tom y creo que se enteró de que iría Geo.

- Esa seguro fue Gabrielle – me quejo yo, lo miro por el reflejo del espejo como se rocía un poco de loción – no importa ella ha tenido una semana muy ajetreada, seguro se irá con sus amigos a Magdeburg.

- ¿Sigue peleando con Pheebs?

- ¡Todos los días es una nueva discusión! – me jacto.


Pero como en todo, uno termina por acostumbrarse. Pienso que es una relación de tipo masoquista la que llevan esas dos y el antagonismo se lo lleva Tom y sus ocurrencias para hacer enfadar a Malle y es ella, la que una noche en el súper haciendo compras me ha tomado por sorpresa.


- Da vuelta aquí – detrás de mi me guía, entramos al pasillo de las toallas femeninas – un par de éstas y ¿tú?

- ¿Yo? – asustada y nerviosa suelto.

- Sí tú, no llevarás algo, toallas, tampones… qué sé yo lo que uses.

- ¡Oh sí! Una de estas – tomo el primer paquete que se me puso enfrente, sin ver marca, forma, color y esas cosas.


La cosa es que hacía cosa de un mes me había preocupado por un asunto en particular, uno muy particular. Había hablado con Andreas justamente de eso y recuerdo que por poco y se le terminan las uñas de los nervios. Dos días después tuve mi periodo normal, bueno de manera muy normal no fue pero al menos nos dejó dormir por varios días más aquello. Hasta un día por la tarde sin nada que hacer, que me encontraba en el pent-house con Mariella y salió con el mismo paquete de toallas que compramos en el súper, completamente cerrado. Ahí muchos de mis preocupaciones comenzaron a hacerse latentes. Después de todo, no todo es miel sobre hojuelas ¿no?




2 comentarios:

Anónimo dijo...

la ultima parte del fic que habla amelie me a sonado muy familiar aaaaaaahhhhhhhhhh jejejeje

atte.naye bc

oreo_effeckt dijo...

Y donde esta la parte que me haría llorar? .___.