2 de noviembre de 2010

Capítulo XXVII [ Parte 2 ] Me dejó intentarlo otra vez.


Georg Listing…


Las cosas parecían más sencillas de un tiempo para acá, su mirada ya no me esquivaba tan a menudo como cuando recién llegó; podíamos de vez en cuando estar en el mismo lugar siempre y cuando estuviera más gente de por medio tratando de sacar a flote alguna plática pues generalmente se mostraba renuente a hacer amistades o pláticas con el Staff lo que le hizo ganarse una fama de “antipática” que debía quitarse de encima pues ella no era así y no me hacía mucha gracia que la gente la viera de ese modo. Ella era diferente.

Con frecuencia solía espiarla con cierta libertad sin que ella me dijera algo o se opusiera con algún gesto que me indicase que me alejara, a estas alturas, me era muy fácil reconocer muy bien cuáles eran sus expresiones faciales y lo que significaban.

Desde que Stiffens decidió traerla aquí se la pasaba metida en la oficina de Christopher y hasta cierto punto era bastante cómodo que ahí estuviese, dado que la habitación contigua era donde guardaba los bajos que no tenía en uso durante algún ensayo o simplemente porque ahí quería que estuviesen sin en algún momento decidíamos viajar tendría al alcance varias opciones.

Cada que pasaba por ahí levantaba la mirada, hoy fue un día de aquellos en los que se sentó dándole la espalda a la puerta, el trabajo era demasiado para todos y Christopher había decidió salir a tomar un descanso junto a Stiffens dejándola sola; miré su erguida posición con su largo cabello cubriéndole más de la mitad de su espalda que en esta ocasión lo llevaba en unas ondas dispersas que parecían constantes olas de mar revolcadas y al final en lisas puntas. Lucia tranquila, al parecer escribía algo, su mano izquierda se deslizaba constantemente por el escritorio, por momentos parecía animada, el golpeteo constante y a ritmo de su único pie apoyado sobre la alfombra, amortiguaba cualquier ruido; parecía disfrutar de la música que escuchaba. Mire que nadie hubiese ahí merodeando por los pasillos.

Me acerqué al marco de la puerta, el volumen proveniente de sus audífonos era perceptible y la melodía me era un tanto familiar, su cabeza comenzó a moverse al compás de aquella música y dejó caer su pluma a la superficie del escritorio moviendo ahora su torso a lo amplio de la elegante silla, con ese ritmo me atrajo a ella. Cuando fui consciente de mi, estaba parado detrás tomando uno de los audífonos con sumo cuidado para ponerlo sobre mi oreja y dejarme guiar como ella, por la música…






Mariella Dekker…


Sentí su presencia desde hacía un par de segundos, casi minutos, su característica loción había llegado a ser percibida por mi sistema, era la misma que en aquella ocasión me hizo fugarme con él. Tenía bien identificados todos sus aromas y me indicaban cuando merodeaba cerca de mí. No paré de moverme al contrario me incorporé frente a él al sentir que desprendía uno de mis audífonos para colocárselo y he quedado cuidadosamente frente a su rostro.

La música, su olor, mi estado de ánimo y su atrevimiento se habían fundido con cada nota y tono que me hicieron salir de mí y me movía sin relativo control al compás de la música. Con mis ojos cerrados todo el tiempo, me guiaba por su olor atrayente por el que me había levantado y me indicaba que estábamos demasiado cerca el uno del otro, ambos nos acoplamos a un sólo ritmo cuidadosamente; en mi mente imaginaba cada una de las escenas que la gente podría ver si lo estuvieran haciendo mientras nos acogíamos al ritmo sin parar que definitivamente eran las notas vibrantes del bajo que se hacían sonar para marcar un ritmo peculiar de un rock de finales de los 80’s.

Me ladeaba con gracia entre sus brazos que bailaban por mi torso y sin abrir aún mis ojos levanté mi cara; era perfectamente predecible que él estaba esperando a que lo mirara pero eso no iba a ocurrir en ese momento, la música provocaba algo más en mi, mojé mis labios y estos se quedaron entreabiertos exhalando mi tibio aliento en una de las frases de la canción; pude sentir al instante como respuesta: su rostro tan cerca del mío con ese temor que a últimas fechas se había convertido en nuestro escudo.

Mi mano se levantó por inercia y lo ha tomado por una de sus mejillas hasta acercarlo a mí, mis intenciones no tenían sentido común ni mucho menos eran planeadas con alevosía o ventaja, sin más lo acerqué deseosa de que sus labios se unieran a los míos, como hace mucho tiempo lo hicieron; como si fueran uno sólo. Pude escuchar un poco más de la música antes de que el Ipod callera a la alfombra y nos hiciera jactarnos un poco del dolor por zafarse los audífonos precipitadamente cuando él decidió tomarme por la cintura y recargarme en la pared cercana acorralándome con un brazo en mi cintura y el otro en el muro sin dejar de besarme con un frenetismo que no cabía en ambos y me hacía respirar con dificultad por lo acelerado de nuestras reacciones y cuerpos juntos.

Su mano ya se colaba discretamente por debajo de mi blusa, haciéndome perder la cordura por una fracción de segundo mientras me dejaba llevar por la miel de sus besos; mis brazos colgaban de su nuca tratando de acercarlo a mí y él empedernido lo hacía por la cintura. Cuando volvió a mí el raciocino reparé en la puerta aún abierta y el cumulo de gente que trabajamos en aquel lugar que merodeaba sin cesar por los pasillos, abrí mis ojos sin separarme de sus labios y al confirmar ver la puerta abierta lo separé bruscamente de mí y me dirigí con paso veloz a cerrarla.

¿Por qué? No sé… pero mi espalda estaba recargada en la puerta con la mano en el picaporte y la respiración agitada. Georg me miraba con expectación de mil y un cosas seguramente por mi precipitada reacción al no salir alejada de él por la puerta y más sin en cambio seguía ahí con él, se acercó jugueteando nervioso con sus manos como si saboreara entre ellas lo que hace unos momentos estuvo en él…



- De verdad eres mi mayor anhelo – dijo a mi oído una vez que se acercó de nuevo para besarme y sus manos ya estaban en redadas en mi torso.



Beso, al que no me opuse una vez más y sentía la confusión de Georg, aunque él mismo sabía que debería aprovechar ésta oportunidad, ni yo tenía la certeza si volvería a provocar algo por el estilo o saldría corriendo en cualquier momento o si lo correría a empujones e insultos, no me podría predecir pero sabía cuando algo estaba a punto de hacerme tan cambiante en humor. Mientras analizaba todo aquello me había llevado al sillón contiguo a la puerta y fui yo quien se dejó caer. Lo miraba fijamente a los ojos que expresaban su deseo, ¿Tanto como el mío? me pregunté mentalmente.



- Sí nos ven aquí me matarán – farfulló mientras se deleitaba jugando por todo mi cuello con diminutivos besos.



Aquella cosa no me importó en ese instante pues me enfocaba en encontrarle una forma a todo lo que mis manos acariciaban por encima y debajo de su ropa...






Georg Listing…


Mi comentario más que detenerla para saber algún indicio si sería sacado a patadas en cualquier momento por ella o si alguien entrara y me llamaran la atención por seducir al Staff, no le preocupó pues me tomó con sus dos manos por el rosto plantándome un feroz beso. La tomé por la nuca para levantarla y mi mano en aquel intento por hacerlo aquello rozó por su mejilla húmeda en una tibia y fina línea. Me separé de sus labios para confirmar si lo que sentí fue una lágrima, y lo fue. Enseguida rodó otra más gruesa y otra gota cristalina y abultada se quedaba atorada del otro lado junto a su lagrimal; todo esto que miraba me confundió de sobremanera, ¿Era yo? ¿Algo le había hecho? ¿La había lastimado?

Ella al notar que me he dado cuenta de sus lágrimas, ladeo su cabeza hacia el respaldo del sillón. Me quedé como idiota sobre ella un momento, exactamente en la misma posición mientras la gota en su ojo rodaba de su lado izquierdo. Me levanté y como si ella fuera una simple muñeca de trapo la he acogido entre mis brazos, acunándola, su espalda pega contra mi pecho, su cabeza posa entre mi brazo derecho, su torso está en mi regazo y el resto de su cuerpo está semi-acostado sobre el resto del sillón.

Ya no ruedan lágrimas por su blanco rostro y su respiración es lenta y se ha acoplado a la mí; no me ha dicho absolutamente nada pero comienzo a cavilar dentro de mí que es lo qué está pasando y caigo rápidamente en la cuenta.



- Amar duele, pero a mi lado no sufrirás.



Le recitó a su oído mientras mi nariz se escabullé entre su cabello hasta la nuca para empapar mis pulmones de su olor con fuertes aspiraciones; sentí como su cuerpo se tensó y no por mi comentario sino por mi precipitada reacción al hacer aquello que parecía haber tocado uno de sus puntos débiles corporalmente hablando.



- Yo te voy a cuidar, te voy a amar y nunca te voy a dejar.



Volví a entonar mientras acariciaba cada onda de su cabello con mi mano libre y tan pronto terminaba de decir aquello ella extendió su brazo por el que se encontraba recostada hacia mí, me pedía mi mano para entrelazarla con la de ella y como un imán atrayente la mía se dirige, mis ojos admiran la delgadez de sus manos temblorosos por la posición al aire en la que están y vuelvo a acercar mi cara a su nunca para embriagarme de su olor y me deja a medias pues mueve su cabeza ahora hacia la mía dejándome flotando, pero a la vez, a escasos milímetros de su rostro que brilla esta vez.



- ¿De verdad? ¿De verdad lo harás?



Dice por fin y apenas abriendo los labios por lo que es casi imperceptible su frase, que a pesar de eso, escuchó perfectamente. Como su fuera un rito al cual me entrego a ella; me dejó ir a sus labios lentamente para demostrarle que las palabras son vanas y sin sentido comparadas con lo que de verdad siento por ella.

Lejos de ser un beso como el anterior, éste se le entrego con todo mí ser, parsimonioso, delicado, lo disfruto aún más que los anteriores, pues, viene marcado con algo diferente que me atrevo a decir es amor...

La he recostado sobre mi pecho, ignoro cuánto tiempo llevamos aquí en la oficina pero es cosa que de verdad no me importa en este momento, estando los dos recostados en el sillón encuentro el momento perfecto desde hace mucho tiempo, todo lo que fue augurado… ¿Podría ser ahora? No he parado de acercarme a su nuca y cuello para darle pequeños besos que la hacen reír y me mira de forma picara hacia arriba.



- ¿No más secretos? – dijo con una risa muy amplia. Ya lucia feliz aunque no expresara con palabras su decisión, era más que clara.

- Mariella...

- ¡Hey! no me digas así – se quejó – suena tan formal y frío.

- Acaso quieres que te diga... – medité lo que diría y si hablaríamos de secretos no sabía si era el momento para exponerle uno en particular, y lo dije – prefieres Mallie – vi como abrió los ojos, se tensó a lo máximo y de golpe se levantó a mirarme.

- ¿Quién te dijo? que... Amélie... ella... – hablaba a trabas por la impresión – nadie más que mi familia me dice así – su tensa posición se convirtió en una frágil y débil.

- ¿No más secretos de acuerdo? – le repetí – por qué no hablamos de esto en la casa – me miró desconcertada, creo que no comprendía que era mi casa, a la que la llevaría, la casa que ya conocía – sí, a mi casa. Ya no te voy a dejar ir, no habrá más secretos y vendrás conmigo ¿Sí? – jugueteé con sus manos al cabo que le decía todo aquello.

- ¡No salimos a la misma hora! – dijo ya más convencida pero en busca de algún pretexto.

- Ese, no es problema – me acerqué a robarle un beso – sabes bien en el meollo que se metió Gustav y que llegamos y regresamos juntos – abrió al boca para alegarme algo pero la detuve – y ese no es problema, si quieres que no sepan aún, nosotros salimos antes, dejo a Gustav en su departamento y regreso por ti. Siete ¿Cierto?

- ¡Siete! – consintió – me debes muchas explicaciones – inquirió muy seria.

- Y te las daré lo prometo – me acerqué a sus labios que habían perdido hace bastante tiempo el brillo artificial – debo regresar… – me prendí de nuevo de sus juguetones labios – seguro están afuera fumando… – caminé de espaldas hacia la puerta con ella abrazada de mi cintura y burlándose de la manera que tropezaba.



Sentí como giró el picaporte y la puerta aventaron de golpe.



- ¿Mariella? – escuché la voz de Bill – ¡Oh! lo siento ¿Te hice daño? – preguntó confundido por lo brusco que se hizo sonar la puerta cuando al empujarla me pegó en la espalda, Mariella se movió ligeramente a su izquierda para no dejar pasar a Bill.

- No, no, no Bill, no te preocupes, sólo golpeo la puerta con mi zapato, no fue nada...

- De verdad lo siento – se disculpó Bill una vez más y le manoteaba para que le dijera que se fuera, ella sólo contuvo la sonrisa lo más que pudo.

- Tranquilo de verdad no fue nada – dijo tosiendo un poco para disimular.

- De casualidad… ¿No sabes dónde se metió Georg? – movió su pie derecho a mí y me pateó ligeramente.

- ¿Georg? – repitió – no Bill en lo absoluto, sabes que él no viene aquí…

- Bueno pensé... pues dijo que venía por un bajo y eso fue hace más de media hora y no hemos podido continuar.

- No Bill, de verdad que no – torció su boca a fingir desilusión.

- ¡Vale! Pues iré aquí a la habitación donde los guarda.

- De acuerdo – le sonrió ella muy nerviosa mientras me pateaba constantemente y supuse que Bill se había alejado. Cerré la puerta y la recargué en ella para besarla de nuevo.

- ¡Largo! – dijo entre risillas – te veo a bajo.



Le robé un beso más y salí con precaución a no encontrarme a Bill saliendo del cuarto contiguo. Salí al jardín donde Gustav se peleaba con el perro de Tom por una pelota. Me posé a un lado de Tom y éste de inmediato preguntó en dónde me metí. Ni un segundo pasó cuando llegó por detrás Bill corriendo y preguntando a voz alta lo mismo pero propinándome un empujón. Los miré y no les presté atención era más mi felicidad que su enfado por dejarlos a medio ensayo.



- Contesta, torpe – alegó Tom.

- Estaba en el baño – que mejor escusa que aquella.

- ¡Te dije! – gritó Gustav a ventando la pequeña pelota para el perro – ¡En el baño! ¡Búscalo en el baño!

- ¡Ya! Dale sus 20 Euros – dijo Bill para Tom – ibas por un bajo no a quedarte atorado en el escusado – me regañó Bill y me solté a reír, no les pensaba alegar aquello y me divertía verlos perder a mis costillas.



Comenzó la plática trivial de esto, de aquello y la repartición de cigarrillos. Los tres encendieron los suyos, cuando escuché que se abrió la puerta y se cerró a la vez pedí el encendedor para prender el cigarrillo, Mariella se acercó a nosotros tranquila y como si nada, se posó a un lado mío y le tendí el cigarrillo mientras exhalaba el humo; a discreción lo tomó y se lo llevó a los labios, nadie se percató de aquello. El perro llegó a pedir atención merodeando entre nuestras piernas y en especial las de Tom. Encendí el otro cigarrillo que tomé sin que se dieran cuenta.



- ¿A qué debemos el honor de que salgas del hoyo en que te metió Stiffens? – le pregunta Gustav muy curioso.

- Demasiado trabajo y necesitaba algo de aire…

- Nicotina dirás – dijo detrás de ella Dunja – ¡Qué bueno que sales de ahí! Jamás te vemos aquí abajo – la abrazo por la cintura y me pregunte en qué momento ellas eran tan amigas. Mariella sólo se limitó a sonreír como en mucho tiempo nadie la había visto y se quedaban reparando en su rostro un tanto confundidos.



La hora de partir se dio y Gustav ya proponía salir por la noche, inventarle que iría en un viaje rápido a Magdeburg fue lo primero que se me ocurrió y sin más se quedó tranquilo. Eran apenas 30 pasadas las seis, así que me fui a perder el tiempo en la plaza cercana al estudio y reparé en la cafetería cercana, comprarle un Té, un café, algo frío, algo caliente. Fue un dilema durante varios minutos que miraba sin parar los pizarrones con lo que ofrecían...



- Disculpa – me dirigí a una de las chicas que atendían y que reía tal vez de mi manera tan lenta de escoger – sí fueras una chica que sale de trabajar que preferirías de tomar...

- Bueno Georg – la chica se sobresaltó y apenó un poco por llamarme por mi nombre y sólo sonreí el buen gesto de haberme reconocido – un frappe sería una buena opción – me sonrió y acepté.

- Un frappe, es buena idea, mi jefa te lo agradecerá.



Supuse que si no le decía algo más, pronto se regaría por el mundo que soy muy lento para pedir un café para mí... mí... ¿Novia? Pensé en aquello mientras la chica hacía el cálculo del monto total. Un par de fotos y sonrisas para las ya curiosas y muchos saludos para el resto de la banda y salía con mis bebidas al auto con el tiempo exacto para llegar y estacionarme ligeramente adelante del estudio donde Mariella me viera al dar la vuelta. Hice sonar el claxon para llamar su atención y comenzó a seguirme.

Su camioneta quedó detrás de mi auto y de inmediato bajó, saqué las bolsas de comida y de las bebidas en la parte trasera del auto cuando saqué la cabeza estaba recargada, me ayudó con la bolsa de comida y me robó un beso ligero. La tomé de la mano y la llevé hasta la entrada



- Recuerdo sólo la cocina, de todo este lugar.



Exclamó riéndose mientras pasaba y encendía las luces, no evité reírme y pasamos a la estancia a cenar, la opción de aquella chica por el frappe fue genial, le debía la gran idea. Ahora ya más tranquilos le mostraba la casa perfectamente, desde luego el recorrido por la cocina y el cuarto donde nos quedamos dormidos la primera vez le enmarcó grandes sonrisas en el rostro y fue ahí donde nos sentamos a platicar cosas más serias y lo que había quedado pendiente en la oficina, una vez que la vi cómoda en el sillón frente a mi supe que era momento de hablar.





4 comentarios:

oreo_effeckt dijo...

HAHAHAHAHAHAHA. que le cambiaron el nombre a Tom por Georg baaaaahh!!!! xD


que te dijeeeeeee, que no te creíaaaaaaaa hahahahaha
y por cierto... muy bueno el cap :L

Anónimo dijo...

estuvo muy bonito el capi
me gusto
cuidate
atte..naye bc

oreo_effeckt dijo...

PD: amo totalmente la portada de abajito con Georgie y Mallie de bebés! xD

PD2:HOLA NAYEEEEEEEEEE xD

Karla Díaz dijo...

Karla Díaz?
Presente!!
Sí me gusto el cap!!!
ya era hora!!!