16 de noviembre de 2010

Capítulo XXVIII [ Parte 2 ] Para estar por fin contigo.


Georg Listing…


Ver la cara de nervios de Malle me daba mucha risa, aunque era claro que Bill sabía perfectamente lo que pasaba por su irritado tono de voz al completar mi “cariño”. Eso significaba uno menos al que darle explicaciones de cómo es que las cosas pasaron. Una gran cualidad de Bill era ser discreto y casi tan paciente como Gustav cuando alguien no le decía las cosas por completo.



- Bueno chicos la verdad es que ya sabía pero no los iba a molestar – admite con una gran sonrisa – ahora Mariella sólo una advertencia – su semblante cambió drásticamente a la seriedad sobresaltándola –: una vez manoseada la mercancía no se aceptan cambios ni devoluciones.



Una gran carcajada lo embargo y Mariella atinó a darle un par de manotazos, yo, me crucé de brazos ante lo divertido que resultó Bill este día. Parecía que la modelito amiga de Malle lo ponía de muy buen humor. Al poco tiempo apareció Dunja, detrás de ella pisándole los pies iban: Tom y Gustav.



- ¿Listos? – enunció ella con una liviana sonrisa.

- ¿Para qué? – dijeron al unísono Malle y Bill al percatarse que la mirada iba específicamente para ellos.

- ¡Oh Georg! – se quejó echando la cabeza para atrás – aún no les has dicho ¿verdad?

- ¿Decirnos qué? – brincó de inmediato Bill.

- Que hay junta – le respondió Tom – junta a la cual también debe ir Mariella – movió la cabeza hacia su lado izquierdo indicándole subir y como si con ese ademan también le dijera algo más.

- ¡Oh por Dios! ¿Ya está? – el tono de Bill era reiterante para Tom que asintió con la cabeza – ¡Vamos!



Sin meditarlo mucho tomó la mano de Malle muy alegre y la impulsó para caminar detrás de él mientras ella me miraba confundida con leves vistazos, le estiraba mis manos y encogía mis hombros para hacerle entender que no sabía exactamente por qué era la junta, mucho menos por qué asistía ella también. Y de pronto sí fue extraño pensar por qué ella.

Discretos, como lo hemos hecho los últimos días, sin que nadie más que los gemelos, Stiffens y Gustav sepan que hay entre Mariella y yo. Nos sentamos relativamente cerca en sillones perpendiculares, la veo tranquila y dudosa a la vez. Los productores dan un par de vueltas y se dicen cosas antes de comenzar, hasta que Jost se nos pone en frente.



- Chicos, ahora que volvimos de California, nos han entregado algo especial que por seguridad no quisieron mandar por ningún otro medio – dice muy animado David.

- No lo hemos escuchado – interrumpe Pat – y sé que están ansiosos – no entiendo esa parte pero trato de ignorarla esperando a que siga hablando – sólo que tenemos un pequeño problema para registrarla, en realidad, sí se hizo el registro a tiempo pero necesitamos una concesión o algo parecido para los créditos a la hora que mandemos el machote de impresión a la disquera.

- ¿De qué hablan? – interrumpe Tom – la canción está lista ¿no?

- Sí lo está – vuelve a tomar el mando Jost – pero recuerdas que algunas de sus líneas fueron originalmente dichas por ella – ¿ella? Me pregunto inmediatamente frunciendo en cejo – consideramos que por respeto, debe estar dentro de los créditos su nombre, aunque cuando se firmó el contrato de derechos de autor ella pidió que no fuera así y dejó a mención de derechos en caso de que algo le pasara a “M. Dekker” – de inmediato todos respingamos y volteamos a ver a Mariella.

- ¿Qué? ¿Yo qué? Ni siquiera entiendo de qué están hablando – dice ella asustada de que todos la miremos.

- Escucha – le dice Jost presionando el botón de un pequeño control y en toda la habitación comienza a sonar la canción completamente terminada.



La suave voz de Bill comienza, los arreglos son perfectos y a primera instancia te hace imaginarte en una helada cuidad, la letra es un golpe al corazón literalmente. Sabemos las razones exactas por las cuales Bill ha escrito esa canción, canción que lleva impregnada cierta frustración por no poder estar cerca, como él quisiera, de Gabrielle y gritarle al mundo lo feliz que está por haberla encontrado.

Conozco parte de la canción y nunca imaginé que sonara tan bien. Atento, espero los estribillos finales, ahora sé perfectamente a que se debe esta junta. Miro al suelo fijamente sin querer ver la reacción de Malle al sonar la voz de Phoebe y me entra un pánico enorme, siento como está terriblemente tensa al escuchar su melódica voz y lo crudo de la canción acompañando la desgarradora voz de Bill, hasta que sueña el último acorde.

Lo siguiente no me lo esperaba, todos la miraban expectante y hasta el último momento lo hice yo. Enseguida su mirada cruzó con la mía y veía su rosto inundado de lágrimas, se inclinó un poco para irse contra mí en un abrazo; me puse de pie sin importar que los demás presentes fueran a decir algo. La abracé a mí con toda la suavidad que pude, ella se aferraba con sus brazos en un llanto poco ruidoso su respiración intermitente me ponía de nervios; no era la primera vez que lloraba así conmigo. Podía sentir las miradas de asombro de los productores por la reacción de Malle. Le di varios besos en la coronilla tratando de tranquilizarla, lo cual funcionaba bien; Gustav se cambió de lugar para dejarnos sentar; quité el cabello de su rostro y después de un par de minutos levantó el rostro.


- ¿Vas a estar bien? – pregunté suave a su oído – podemos dejarlo para otro día – ella me negó con la cabeza y limpió la última lágrima que rodaba por su mejilla.

- Es la voz de Audrey – dijo con una voz pastosa por el llanto. Lo curioso es que sólo miraba a Tom y él fijamente tenía clavada la vista en el suelo.

- Sí…



Le respondió con apenas voz y dándole una fugaz mirada con el rabillo del ojo, al parecer Tom no se sintió tan bien después de escuchar la canción y lo que las palabras cantadas por su gemelo y la chica que por un momento mermó aquellas ideas de “amor” dentro de su cabeza; a final de cuenta significaban algo fuerte para él. Pude notar que los productores estaban completamente callados mientras Malle seguía en mis brazos, Jost miraba de un lado para otro en busca de una respuesta en los rostros de los demás chicos.



- Oigan – la voz de Bill suena temblorosa – creo que mejor dejamos esto para después – busca la aprobación en las miradas de los productores que siguen sin habla – me refiero, que Tom y Malle no se ven bien y las cosas no salieron como pensamos – Tom callado, no le separó la vista al piso y sus labios se encontraban entremetidos, se los mordía con los dientes, señal de que se encontraba preocupado – la logística podemos dejarla para otro día ¿De acuerdo? – dijo él como el portavoz de todos nosotros.

- De acuerdo – consintió Jost sin saber que más hacer.



Desilusionado por la reacción de todos, salió con los productores que se dirigían intrigantes miradas entre ellos y unas cuantas para nosotros que seguíamos en grupo en los sillones, como los buenos amigos que llevamos de ser durante ya muchos años. Una vez que estuvimos solos, Bill agregó.



- Si quieren podemos dejarlos a solas – de inmediato supe que se refería a Tom y ella por lo que quité mi brazo de su cuello.

- ¡Oh no, no! – le respondió Malle abrumada – es… es su canción y la hicieron con ella ¿no?



A pesar de eso me levanté del lugar para darle paso a Tom a que se sentara a un lado de ella. Después de un poco de decidía de parte de Tom, comenzó a relatarle como fue aquel día en que grabamos esa canción, paso por paso y aunque nos sabíamos parte de la historia porque Gustav y yo la vivimos, tranquilos pusimos atención a cada una de las palabras que le decían los gemelos.

Sin querer perdí el hilo del relato y me puse a meditar por la parte que se refería a “M. Dekker” en el contrato de derechos. Analizando las cosas imaginé que Phoebe estaba consciente de la situación en su familia, que ella tenía el tiempo en su contra y dejó un plan para “M. Dekker” es decir para las únicas dos personas que poseían similitud entre esas palabras, Mariella y Melissa, tal vez pensó que poniendo de esa manera el nombre ellas tendrían que verse la cara frente a frente y existía la posibilidad de arreglar muchas más cosas que los derechos de la canción.






Mariella Dekker…


Lo suficientemente cansada como para ni siquiera poder dormir a gusto. Veo por entre las cortinas hacia fuera al cielo, la luna está en todo lo alto y si abro las cortinas por la par sé que la luz puede molestar a Geo. Intrigada por la treta que formuló Audrey con lo del contrato de derechos, es obvio que si necesitan a esa “M. Dekker” habrá en este planeta dos personas que pueden reclamar aquellos derechos. Muy inteligente debo de admitir, resultó ser.

El ruido del colchón me indica que Geo se ha movido, a pesar de la oscuridad puedo verlo bastante bien, suspiro antes de ver como sus manos se mueven por todo el lugar en el que debería estar reposando a su lado. En menos de medio segundo está incorporado buscándome por toda la habitación. Debo admitir que hemos desarrollado una paranoia el uno por el otro cuando no nos encontramos.



- ¿Qué haces ahí Malle? – pregunta después de un largo bostezo.

- No puedo dormir – admito con voz cansina.

- ¡Oh! Ven acá.



Al decirlo hace todo lo contrario y se levanta de la cama de un brinco limpio para dar después un par de pasos y llegar hasta a mí, tomarme con delicadeza por debajo de las piernas y espalda, llevándome en vilo hasta la cama junto a él. El lugar perfecto. Me acurruco en lo profundo de su pecho para recorrer con la punta de mi nariz hasta su barbilla donde ya me espera para besarme, acción que si no hubiera detenido hubiera tenido un final muy distinto…



- Dime qué tanto ronda tu mente para que no te deje dormir.



En un tono suave me preguntó, comencé a explicarle las cosas que en primer lugar me hacían muy feliz, las cosas que me hacían sonreír cada nuevo día, la idea de que pronto iba a ser tía de una pequeña, el trabajo que ahora se había convertido en uno más ameno en el estudio y sobre todo tenerlo a mi lado, cuando el crepúsculo llegaba al anochecer y al amanecer.

Las cosas que me aturdían, las comentamos en compañía de una taza de café a eso de las 3 de la madrugada dentro de la habitación de estar, de muros color naranja; lo había privado de su dormir pero no parecía molesto ante eso, incluso mostraba cierto interés a todo lo que decía. Una de las tantas cosas que me gustaban de él era: que no me juzgaba por muy torpe que parecieran mis actos, opinaba y me guiaba por una idea. El resto era trabajo arduo para mí.

Un par de veces bajamos a la cocina por más café, lo que se distinguía de esa noche era que el clima era muy confortable, fresco, debido a lo caluroso que se comportaban durante el día. Ambos descalzos, él con sus bóxers y yo con una ligera camiseta de tirantes y un diminuto short, vagabundeábamos por toda la casa platicando sin parar. Arrinconándonos un par de veces y conteniéndonos las ganas, parecía disfrutar de ese juego. Sin habernos dado cuenta la alarma del celular sonaba, eran ya las seis de la mañana. Sorprendidos porque ninguno de los dos tenía sueño y el café nos colocó en un muy agradable estado de ánimo, decidimos ducharnos.

Sin dejar de jugar, salí corriendo del cuarto de baño envuelta en una toalla y él me dio alcance al pie de la cama, donde tropezó y su peso fue a caer directamente sobre mí. Lo siguiente que pasó fue como una película en cámara lenta.



- Te amo – dijo con un tono que retumbó hasta la última parte de mi cuerpo.



Con la toalla arremolinada entre su cuerpo y el mío me percaté que sus ojos se clavaban en los míos intensamente esperando una respuesta.



- Creo que te amé desde el primer momento – admití sonrojándome. Él se sostuvo con un sólo brazo sobre y su mano la deslizó por todo mi rostro hasta juntar el suyo oliendo lo fresco aún del aroma del champú en mi piel.

- Cásate conmigo – recitó a mi oído – cásate conmigo Mariella y no te separes nunca de mí.



Hundió su rostro en mi cabello húmedo y mi cuello. No supe cómo reaccionar, me abracé a él y las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas sin poder hacer algo al respecto para evitarlo. Me sentía estúpida, me sentía como una débil, desde el primer momento que decidí estar a su lado me había visto llorar. Llorar por cualquier cosa, estaba harta de hacer eso pero no podía evitarlo porque esta vez eran una lágrimas de felicidad.



- Cásate conmigo – volvió a susurrar al escucharme hipar y sin mirarme aún, tuve que ser yo quien lo levantara un poco para que viera mi rosto.

- ¡Claro que sí! – esbocé la mejor de mis sonrisas – Si fuera hoy mismo, lo haría – sin dudarlo le aclaré y su semblante apesadumbrado cambió enseguida.

- ¿De verdad? – incrédulo era su tono de voz. Me acerqué a sus labios y los presioné a los míos mientras le afirmaba y hablaba una vez más sintiendo como mientras movía mis labios los de él también por reflejo lo hacían.

- Si fuera hoy mismo lo haría…



Nos tomó cerca de dos horas poder salir de casa con el plan perfecto entre los dedos, cada uno tomó su auto, mientras yo estuviera arreglando a la testigo, él tendría el tiempo suficiente para hablar con los abogados. Así que una vez llegando al complejo donde estaba el departamento tuve que ir directamente a la Torre donde se ubicaban asentadas las cámaras y el personal de seguridad de todos los que ahí vivíamos.

Jamás había hablado con La Guardia Real, ni siquiera sabía quiénes eran, pero al preguntar por el resguardo de la familia Dekker aparecieron dos altos hombres detrás de mí. Ellos, me indicaron que eran los que venían cuidándome desde que dejé el departamento, me llevaron a otra habitación donde había otros dos que se encargaban de resguardar a Amélie. Mi objetivo ahí era preguntar por las recientes actividades de mi hermana y sobretodo saber si se encontraba sola o aún con Andreas. Para mi fabulosa suerte, estaba sola.

Salí de aquel edificio, pasando antes por el auto de Geo que a la lejanía se veía atareado con el celular. Le dije que Amélie estaba sola y trataría de no tardarme demasiado. Y así fue, entre normalmente al departamento que se hallaba en completo silencio. Fui directamente a la habitación de Amélie, la puerta estaba entreabierta.



- ¿Amélie? ¿Estás aquí? – asomé un poco el rostro y la vi salir del cuarto de baño envuelta en una bata, secando su cabello.

- ¡Mariella! – gritó de inmediato, dejando caer la toalla sobre la alfombra – ¡Mariella! ¿Dónde rayos te has metido? ¿Estás bien? – me miraba de arriba abajo – ¡Dios, hasta que apareces! Una semana sin saber de ti… Andreas ha tenido que amarrarme para no salir a buscarte – fruncí el cejo imaginándome a mi cuñado de verdad haciendo aquello – ¡Olvidaste el cumpleaños de Ela! Mariella, ¿Por qué eres así? Casi doy a luz de la preocupación por tu culpa – se tomó la frente y se giró para darme la espalda – Espero que no hayas olvidado que mañana viajamos a Noruega.

- En mi casa, bien, un poco más de una semana, sí lo olvidé, porque así me gusta ser… lo siento Moniquée no volverá a pasar. No lo olvidé, jamás olvidaría el cumpleaños de mi mami.

- ¿Qué? – escupió de inmediato al recitarle cada una de mis respuestas a todo lo que me enunció.

- Ven, siéntate – la llevé a la cama y traté de ser lo más ambigua posible – necesito que me hagas un enorme favor – acaricié su vientre, extrañaba hacerlo. Enseguida unos golpecitos reaccionaron.

- Te extrañó y estaba preocupada por no escuchar tu voz – con la cabeza baja me recitó.

- Yo también te extrañé Amélie – suspiré porque sabía la connotación de su comentario, la abracé – pero tenía que luchar con mis propios demonios.

- ¿Y se fueron? –preguntó soltando aire por la nariz y riendo ligeramente.

- Es por eso que quiero que me hagas un gran favor, sólo arréglate y acompáñame a Magdeburg. Te juro que te explico todo allá.

- ¿Puedo hacer preguntas?

- De preferencia no pues me veré en la necesidad de no contestarte – le sonreí de manera indulgente – tú arréglate muy bonita como lo sabes hacer y te prepararé el desayuno.

- Suena justo – recargó su cabeza en mi hombro y despeiné su aparente lacio cabello por estar húmedo.

- Te espero abajo…



Me fui a la cocina y vi una extraña lista de menú pegada con un imán a una de las puertas de la hielera, poniendo atención, eran las cosas que Amélie debía priorizar para la bebé, así que en eso basé su desayuno. Me dio tiempo suficiente también para buscar algunos papeles básicos y salir al balcón a echar un vistazo de lo que hacía Geo. Al verme, en seguida me hizo un ademan de querer saber cómo me fue, rápidamente pude levantarle los dos pulgares y sonreírle; Amélie ya me llamaba de nuevo.

Salimos no mucho tiempo después, de inmediato subió a la camioneta sin poner atención en algo más. Poco tiempo pasó para que se percatara de dos cosas.



- Oye, la camioneta de atrás es – miro detenidamente por el retrovisor que tenía de su lado derecho –: de La Seguridad Real.

- Sí…

- Y no se supone que deberían de ser más discretos, nunca los había visto estar así de cerca conmigo, es más nunca los veo.

- Yo les dije que me fueran marcando el paso – ante eso Amélie respingo.

- Malle, ya dime qué pasa, tú jamás hablas con lo que sea que tenga que ver con la Realeza.

- Tranquila no pasa absolutamente nada…



Pude mantenerla callada durante un buen rato. Frente a mí, no le podía quitar la vista al BMW que iba al frente y a la silueta de ese chico con su cabello suelto y lacio. Hasta que nos adentramos a la cuidad y Amélie volvió a reaccionar.



- Llevamos todo el camino y ese auto negro ha ido frente a nosotras, va a decir que lo estamos siguiendo.



Justo en ese momento dicho auto negro dio vuelta a la derecha en una calle y yo me seguí un par de cuadras más hasta llegar al gran parque cercano a la casa de los chicos. Ahí me detuve un par de segundos para hacer una llamada. Geo ya estaba dentro y en el departamento también estaba por suerte Fabiho solo. Rodeé la cuadra en la que me había detenido y doblaba a la derecha para llegar a la calle en la cual el auto negro se había separado de nosotras.



- Espera un segundo – dijo alarmada mi hermana – yo conozco este lugar – dijo al bajar de la camioneta.

- Supongo a una cuadras de aquí está la casa de los chicos…

- No, no, no – me detuvo – ya he estado aquí, una vez con Melissa. Ella me trajo aquí. Dijo que era de uno de sus amigos.

- Ah – dudé de lo que me decía mi hermana pero recordaba alguna parte de la historia de Geo en que mencionó que tuvo que prestarle su departamento a Melissa mientras yo estaba con Tabatha.

- Te apuesto diez Euros a que vamos al piso cinco – se apresuró a marcar en el tablero del elevador el número.

- Te los doy luego – me reí.



Confiaba en que no le hubiera dicho a qué amigo en particular le pertenecía el departamento, al cual era la primera vez que entraba. Confiaba en que todo era aún una sorpresa para ella.





4 comentarios:

Anónimo dijo...

OOOHHH...UNA BODA!!!....^_^...¬¬...

Bueno, que decir??...la verdad no se, salvo que me gustó el capi eh...;)...

Saludos Zay, desde Colombia un abrazo y un cuídate mucho!!

Karla Díaz dijo...

YA llegue!

Karla Díaz dijo...

es todo para hoy de los FAQ's!!! osea todo un puente y sólo publicas eso!!
que pasa!

oreo_effeckt dijo...

Ay Dios míooooooooo..... Chillé cuando le pidió matrimonio xD. Muuuuuuuuuuy bueno!