11 de noviembre de 2010

Capítulo XXVIII [ Parte 1 ] Hasta el final del tiempo.



- Ayúdame…


Es sólo una voz en su cabeza.


- Ayúdame por favor, me duele la cabeza demasiado para pensar…


Ella, quieta, mira como entre sus manos alguien aplasta su cabeza. Sorprendida más de lo habitual porque no sabe qué pasa exactamente, sus ojos que se están acostumbrando a la oscuridad logran verlo no muy lejano a ella en una posición fetal. Como es normal su curiosidad puede más que su miedo e intenta levantarse del suelo en el que está sentada.


- Quédate ahí…


Le ordena aquella voz que logra por fin distinguir.



- ¿Georg?

- Está reaccionado – de golpe se levanta Melissa – Tabatha linda ¿Estás bien?

- ¿Georg?



Vuelve a repetir tratando de encontrar alguna explicación.


- Ayúdame por favor…


Vuelva a suplicar la voz. Ahora se pueden ver unos brillantes ojos. Unos que parecen llorar de amargura.


- Tengo miedo, ¿Puedes abrazarme?



- ¡Claro mi amor, tranquila! – dice su madre que enseguida la acuna en brazos.



- ¿Puedo acercarme? – pide la infanta.

- ¡NO! aléjate, me duele la cabeza, ayúdame…



- ¿Tabatha? – repara Melissa en el rostro de su hija que aún no abre los ojos y sus labios ahora se ven secos.



- Te extraño – dice ella de pie en aquel lugar oscuro que ya no parece darle tanto miedo.



- ¿Tabatha? Reacciona linda – pide su madre.

- ¿Está alucinando? – dice otra mujer con turbia en la voz.

- Parece que sí mamá – por inercia toca la frente de la niña – ¡Está hirviendo! – resuena su voz alarmada.

- ¡Voy por la enfermera!


Sin inmutarse Sophia ya está saliendo de la habitación de hospital donde Tabatha se encuentra después de haber sufrido un desmayo por la impresión de presenciar la escena del colapso de Georg.


- Ayúdame…


Pide con un grito ensordecedor aquel joven que se encuentra en medio de la oscuridad.


- Ayúdala… ayúdanos…


Pide ahogado en llanto.


- Ayudo – dice la pequeña – ayudo.

- Nos amamos, ayúdanos…

- Se aman, ayudo…



- ¿Por qué dirá eso? – pregunta Sophia muy cerca de Melissa que toma la mano de Tabatha mientras la enfermera se hace cargo de poner una compresa empapada de agua helada en la frente de la pequeña.

- No sé, desde que te fuiste ha repetido “ayudo” – responde Melissa queriendo sonar tranquila.

- Seguro la impresión de ver a Georg de esa manera la ha deber afectado – en un tono de arrepentimiento, Sophia, exclama – ¿Sabes qué es lo peor de todo esto?

- ¿Qué mamá? – Melissa voltea tan rápido como puede a mirar a Sophia.

- Lo que dijo el Doctor James se ha cumplido – soltó con un suspiro al momento que trató de ahogar su llanto cubriéndose la boca – recayó, se sumió en coma tipo tres… cuando Georg tuvo su ataque…


Su llanto pudo más que su fuerza al pensar que su hija perdía lentamente las ganas de vivir. Se atormentaba todas las noches preguntándose si no le era suficiente el amor de todos los que tenía a su alrededor para no poder salir adelante. Las palabras de apoyo que se le recitaban a diario de todos los que a su alrededor vivían pendientes de su situación.

Derrotada, también se sentía Melissa. Derrotada, deshecha e impotente. Al no poder acumular al valor suficiente para poder entrar a esa habitación y hablar a su hermana, aunque ésta, tuviera la conciencia apagada. Con la cabeza abajo abrazando a su madre y sin soltar la mano de su pequeña hija; la incertidumbre de lo que pasaría iba creciendo como una gran bola de nieve cuesta abajo en una alta montaña.


- No la apartes de mí…

- ¡Los ayudo! – gritó exasperada Tabatha dentro de ese oscuro lugar. Notó que un estrepitoso eco le secundo varias veces.

- Ayúdame…

- ¿Mariella? – reaccionó ante la suave voz que sonó aún más profunda en la oscuridad. Miraba a todo su alrededor obteniendo sólo la negrura ante sus ojos.

- No me apartes de él… mi habitación es fría…

- Los quiero juntos – balbuceó.



- Tranquila nena, por favor – imploró Melissa colocando la compresa entre los hielos para ponerla de nuevo en la frente de Tabatha.

- ¿Qué tanto perturbará su mente? – enuncia Sophia un poco más tranquila.



- Sé que tengo que encontrarla ahora…

- ¿Georg? – preguntó con miedo al no verlo más.

- Puedo escuchar su nombre…

- ¿Mariella?

- Ella y yo…

- ¿Georg dónde estás?

- Él y yo…

- ¿Mariella? – trata de enfocar su vista a donde el sonido proviene en medio de la oscuridad.



- ¿No es obvio mamá? Mira como repite sus nombres – dice Melissa.

- Quieren estar juntos…

- Pareciera que Tabatha sabe mucho más que nosotros – Sophia se acerca del otro lado de la cama para acariciar a su pequeña nieta – cuando murió tu papá. Tenía muchos sueños donde él siempre me decía frases o cosas inconclusas, hasta que un día dijo “adiós”.

- Mariella soñaba mucho con papá – confesó Melissa.

- Ella de verdad sufrió al no verlo nunca más – respondió Sophia.

- ¡Quieren estar juntos! – exclamó Tabatha sobresaltando a ambas mujeres.

- Se me revuelve el estomago cada que dice eso – admite Melissa.

- Los ayudo…

- Su temperatura está bajando, seguro reaccionará pronto – Sophia toca las tenues mejillas de Tabatha de un color rosa palo que hacen contraste con su nívea piel.

- Ellos… juntos… ayudo…

- ¿De qué habla mamá?



- No esperaremos una eternidad…



Se escuchan las dos voces a la par en aquel fosco lugar.


- Quieren estar juntos…






- ¡Déjalos en paz!

- ¿Qué? ¡Ah! Eres tú – balbucea Tom – me asustaste.

- Deja de espiar a la gente – lo miro con indignación – quieren estar juntos. ¡A solas!

- Sí pero Bill es un idiota y lento; no puedo creer que a su edad sólo le sea suficiente con tomarla de la mano.

- Déjalos en paz, que tú seas un promiscuo no quiere decir que tu hermano sea igual.



Ante eso se quedó callado, no puede rebatir contra eso y lo sabe bien. A lo largo y poco que he estado aquí en el estudio confirmé la fijación de Tom por el cuerpo femenino y creando un fuero interno me pregunto cómo habrán sido las cosas con Phoebe.



- Acompáñame – enuncio con voz fuerte y clara.

- ¿Por qué? – me rebate ante mi tono de voz.

- Para que los dejes en paz. Ven – me impongo ante él.

- ¿Qué quieres? – desesperado porque le voy dando empujones me suelta de manotazos.

- Entra por favor – le señalo mi oficina.

- ¿Me vas a acorralar y darme besos apasionados?



Me dice con una burla que se le desborda por el cuerpo una vez que está cerca de una de las cámaras conectadas a un laptop y juguetea con ella. Supongo que no tiene ni idea de cómo funciona y le diría que dejará eso en su lugar pero su frase me dejó helada. Él sigue apretando los botones de esa cámara.


- ¿Qué? – intento cubrir mis nervios.

- Qué si me vas a dar besos apasionados también a mí aquí en tu oficina – me señala con su dedo índice juguetón – quieres que en vez de que lo diga te lleve a ese muro y te acorrale también.

- ¡Ay Tom cállate, por favor! – abochornada por sus palabras sé perfectamente a que se refiere.

- Aún no olvido el beso que me plantaste para darle celos a…



Deja su frase a medias sin querer pronunciar su nombre. Desde que había pisado este lugar nadie había dicho su nombre, mucho menos Tom que con un semblante decaído asistió al funeral. Aquel día no se acercó a nadie, iban Tom y Bill, ambos vestidos completamente de negro, discretos entre los pocos que despedíamos a Phoebe se mantuvieron siempre alejados de nosotros. Tampoco nos dirigieron la palabra. Sólo estuvieron ahí presentes. Estaba agradecida con él y también apenada pues nunca le di el pésame y estaba segura que él sabía cómo traté a Phoebe. Y sobre todo nunca le di su mensaje.



- Te quiero dar las gracias – intente no parecer perturbada.

- ¿Por? – inquirió él con las cejas muy juntas.

- Por todo lo que hiciste y has hecho. Todo, a pesar de que he sido una testaruda.

- Estas hablando de…

- Lo que tú y Audrey querían para nosotros – me acerqué a él con nostalgia – Gracias Tom.

- Me da gusto que seas feliz Malle – dejó la cámara sobre el escritorio y estiró sus brazos y me abrazó. Me sentía extraña contra su cuerpo extremadamente alto.

- Siento de verdad todas las cosas que hice y malas palabras que te dije – solté una apenada risa.

- No hay problema, de verdad, me las merecía – admitió con gusto.

- Aún te debo algo más – me liberé de él y me puse rígida al tener que recordar con exactitud lo que debía decir – sé que han pasado dos meses ya, pero no tenía el valor suficiente para enfrentarme a ti.

- Lo dices como si fuera yo el malo, Malle – esbozó una ligera sonrisa. Lo que me gustaba de Tom era que pasara lo que pasara jamás perdía el buen humor. Respondí a su sonrisa de igual forma.

- No, vaya no es malo, sólo es un mensaje que debí darte hace mucho tiempo.

- Dime que soy impaciente y también puedo acorralar gente en los rincones.

- ¡Ay Tom! – le manoteé – son un par de palabras que Phoebe me dijo antes de su…

- Ya, entiendo. Si gustas puedes omitir ciertas cosas – expresó con nerviosismo.

- Dijo: en donde sea que esté ahora, estaré bien. Le agradó infinitamente tu compañía, fuiste su mejor amigo en toda su estancia aquí en Alemania. Adoraba tu sentido de humor, a pesar de lo jocoso que es. Aunque admite… admitió que te enamoraste de la persona equivocada, adoró todos y cada uno de tus detalles. También te amó.

- Gracias…



Recitó apenas con voz para enseguida abrazarme a él de nuevo.

Ahora que las cosas habían cambiado para mi, podía hablar de otras tantas con un poco más de claridad. Surgía todas las mañanas una nueva fuerza dentro de mí que hacía que las cosas fueran de otro modo muy distinto a como hubieran sido hace sólo unos días atrás.



- Gracias – volvió a repetir – no pensé que se acordara de mi hasta el último momento.

- Sí que lo hizo – admití.

- Aún no la, olvido por completo… era una linda chica – suspiró al decir sus palabras, después tomó un poco de aire y con un nuevo brío me dijo –: ahora, ve con Georg y plántale un gran beso en la boca en mi honor – rió entre dientes.

- Le diré que es uno de los que ansias darle por las noches Tom.

- ¡Vete Mariella! – me apresuró y volví el rostro para contestarle pero me atajó – ¡Vete! – me ordenó con una gran sonrisa.



Al bajar por las escaleras en busca de Georg me topé con Gabrielle que iba caminando con Bill tomada de la mano.



- ¡Hey Mariella! – dijo ella con su cantarina voz que la distinguía de las tres Castella pero su nota final iba cargada de una de sorpresa.

- Hola – recité sin infundir más a su tono. Enseguida ambos se soltaron de la mano. Fue tan extraño verlos hacer eso que sólo atiné a enarcar ligeramente las cejas.

- Este… bueno… ¡Ah sí! – tartamudeó Gabrielle y miré a Bill imaginando que él era el causante de sus nervios – todos los chicos en Magdeburg están, están preocupados por tu ausencia del fin pasado en la fiesta de Ela.

- ¿Ela? – repetí buscando algo en mi memoria que me diera algo – ¡Ela! ¡Oh por Dios! Olvidé por completo que fue su fiesta de cumpleaños ¡Lo olvidé!

- Sí Malle, todos lo notamos. También dio fecha para su boda con Carlo – dijo con su tranquila voz – además Amélie estaba fúrica. ¿Por qué todos le decían que así eras?

- ¿Cómo? – intenté reaccionar a su pregunta en mi mar de escusas que le daría a Ela.

- No sé, sólo le decían que no se preocupara que volverías en dos o tres días. ¿Qué no vives con Amélie y Andreas?

- ¿Ya no vives con ellos? – con los ojos muy abiertos se me adelantó Bill a mis palabras.

- Sí… sí… es bueno – comencé a titubear para encontrar una salida.

- ¡Cariñ…! Carísimo es este celular para que lo estés dejando en cualquier lugar Mariella, ten – dijo Georg al ver que no estaba sola, Bill tuvo que morderse los labios para no reírse, pude pillarlo haciéndolo y cruzarse de brazos.

- Gracias – dije apenas mirando a Georg.

- Eso también dijeron – interrumpió Gabrielle – que te estuvieron llamando y nunca contestabas las llamadas.

- Bueno yo… yo he tenido mucho trabajo. Aquí ya no es lo mismo que estar en el estudio de doblaje donde podía hacer mi gran voluntad…

- Seguro… – murmuro Bill conteniendo la risa y no me contuve al fulminarlo con la mirada.

- Bueno – se alzó de hombros Gabrielle – les diré que estás bien y que te he visto ahora debo regresar a la academia a dar clases, tal vez hoy venga Kin a tomar un par de clases de jazz ¡Ah! Y si no has visto a Amélie deberías llamarle se notaba muy enojada – ella, con su gracia infinita para caminar como si siempre estuviera sobre una pasarela, se va alejando a la puerta principal del estudio a pasos apretados pues Bill va detrás de ella.

- ¡Claro! Yo lo haré, no te preocupes Gabrielle ¡Suerte!



Mi despedida la dije con una octava más alta mientras Bill dejaba en manos de uno de los de seguridad que Gabrielle llegará hasta su auto imaginé, cuando cerró la puerta por completo se giró para nosotros. Georg aún seguía a un costado mío con las manos en los bolsillos delanteros de sus pantaloncillos.



- Con que tú ya no estás en tu departamento ¡Eh cari-ño!



Pronunció en un tono tan ácido en burla que de inmediato a reacción apreté con fuerza los ojos cerrados. Uno más que nos había descubierto.







6 comentarios:

oreo_effeckt dijo...

HAHAHAHAHAHAHAHAHA

ah, como amo a mi panzón y a mi flacuchis xD

xD!

además, casi chillé con lo que Malle le dice a mi gordo y Billie, brrrrr hahahahahaha xD que inteligente ha resultado ese chaval!

presente, bonita y puntaaal!


(y sin groserías *-*)

Karla Díaz dijo...

ya pase por aqui

Anónimo dijo...

wow que capi pobre de tabatha y que tal esos dos ya los cacharon
cuidate y te extraño
atte..naye

Anónimo dijo...

Usted ha hecho algunos comentarios agradables allí. Hice una búsqueda sobre el tema y que se encuentran sobre todo la gente con tu consentimiento.

Anónimo dijo...

Gracias por este magnífico post. Admirando el tiempo y el esfuerzo que puso en su blog y la información detallada que usted ofrece.

Anónimo dijo...

Lo que es un buen puesto. Me encanta la lectura de estos tipos o artículos. Puedo? Esperar a ver lo que otros tienen que decir.