31 de diciembre de 2010

Capítulo XXIX [ Parte 4 ] Lo que es mío, es tuyo para hacerlo nuestro.



Bill Kaulitz…


- Hola – me dice tímida parece que está triste pero no enojada.

- Hola ¿Cómo te ha ido?

- Bien, fueron tres shows en un sólo día, estuvo de locos.

- Me da gusto que ya estés de vuelta – sonrío, sentado muy quieto dentro de la oscura camioneta.

- Ahora, dime – también sonríe – ¿si me harás el honor de acompañarme?

- Hay un problema – queriendo hacerme el interesante formulo esa frase.

- Ah ya sé – suelta con desilusión – seguro es trabajo, bueno…

- No es ese tipo precisamente, trabajo por el momento no hay.

- ¿Entonces? – su rostro se ve preocupado – Tom no quiso, bueno no era un hecho pero lo entiendo.

- No es eso, Tom ni renegó y me sorprende.

- ¡Dime por Dios Bill! Me estás preocupando.

- No podemos hacerlo de la manera que tu hermana lo planteó. La verdad es que no sabemos exactamente cómo se mueven los técnicos y si Jost se entera querrá cobrar o hacer alguna tontería de ese tipo, no sabe y ni tiene, que saber que haremos algo, así que tendrá que ser tal vez con una guitarra y bajo acústico ¿Qué sabes de Georg?

- Creo que dijo que sí, acabo de llegar ¿lo recuerdas? – sacude ambas manos haciéndome notar lo obvio.

- ¡Oh claro, lo siento! – y eso me recordó una cosa – Alek nos vamos por favor.

- De acuerdo – me responde el hombre de seguridad que nos cuida.

- Tom preparo la cena. Seguro te encantará.



Del aeropuerto no nos tomó mucho tiempo llegar a casa, era lo suficientemente noche para que el tráfico no interfiriera y pudiéramos llegar a tiempo a nuestro destino donde Tom prometió cocinar uno de sus mejores platillos para hacerse el interesante y quedar como buena persona. No me dijo exactamente lo que haría pero de cualquier forma sería excelente si se lo proponía. Minutos antes de llegar a casa le mandé un texto para notificarle que estábamos cerca.

Al llegar a casa me sorprendió ver vagando a su perro por el patio frontal. Gabrielle más que emocionada lo recibió.



- ¿Verdad que todo se parece a su dueño? – le digo mientras uno de los míos anda saltarín entre mis pies.

- ¿Por qué lo dices? – en su voz se escucha un tono burlón.

- Dime si ese perro no es idéntico a Tom por donde quiera que lo veas.

- Bueno si Tom el día de hoy viste de blanco y negro juro que no me podré aguantar la risa al entrar.



Y por azares del destino no sé por qué diablos Tom se cambió de ropa exactamente por tonos blancos y negros. Gabrielle quiso disimularlo pero no lo logró y soltó una gran carcajada cuando éste se acercó a saludarla. Imposible que le dijéramos la causa o me mataría por lo que se quedó con la intriga. El menú suculento de Tom y servido por Geraldine fue una pasta con salsa de tres quesos, ni idea de donde había sacado esa receta, seguramente en su tiempo libre a parte de ver pornografía con Hagen seguramente se ponía a ver de esos programas de alta cocina.

Entre la plática que nos llevó hasta altas horas de la madrugada sin darnos cuenta; salió a relucir el amorío entre su amiga y nuestro amigo, Gabrielle no parecía muy enterada de lo que pasaba con ella pero nosotros nos dimos a la tarea de actualizarla paso a paso sin mayor problema u objeción. Tom había tomado con bastante interés el hacerle la plática y Gabrielle no parecía reticente y horas más tarde.



- Yo digo que se quede Bill – dice mi hermano, ya entrada, muy entrada la madrugada.

- Me parece buena idea – le contesto dejando caer la ceniza del cigarro al cenicero – la habitación si está lista ¿no?

- Obvio – me guiña un ojo y Gabrielle nos mira sin parar.

- Por cómo se están hablando presiento que hablan de mi ¿verdad?

- Efectivamente – le responde mi hermano – no me dirás que quieres regresar a Magdeburg a esta hora de la madrugada, porque estarías loca – estirándose en lo amplio de la silla del jardín Tom le hace burla.

- Y de pronto – dice ella con misterio – que si me dan ganas de regresarme y que me lleves tú personalmente.

- ¡Ah! – respinga Tom – no, me niego. Ya es muy noche y los nenes como yo ya debemos ir a dormirnos.

- Si se va a su habitación seguro se va a poner a ver jugar – le digo de refilón a Gabrielle que sonríe.

- Bueno chicos la verdad es que si estoy cansada – fumando lo último de su cigarro para después aplastarlo contra el cenicero de cristal, me encanta como es que saca el humo del cigarro estirando su largo cuello hacia el cielo y dejando entre abiertos sus labios muy poco que apenas es perceptible si no fuera por lo espeso del humo al salir – si les acepto que me den una linda habitación para que pueda descansar – sonríe ampliamente.



Ambos la llevamos a la que es la habitación de huéspedes y me sorprende que de verdad esté perfectamente acondicionada. A veces a Tom le trabaja el cerebro muy rápido. Ambos nos despedimos de ella y nos dio las gracias por la cena y la hospitalidad. Sin darme cuenta seguí a Tom hasta su habitación.



- ¿Qué? ¿Tú qué haces aquí? Tu celda está del otro lado.

- ¿Ah? – en medio de mi nube sólo escucho sus murmullos.

- ¡Hey Bill! – me truena los dedos frente a mi – idiota reacciona, se te van los ojos por la mujercita esa ¡eh!

- Nada más tantito – suspiro y escucho las risas de mi hermano – nada más tantito.






Tom Kaulitz…


Viendo que el idiota enamorado de mi hermano no tenía ni la más mínima intención de moverse de mi habitación en un buen rato tuve que hacerle un par de preguntas que seguramente a él le daban vueltas en la cabeza sin alguna respuesta certera. Aquí era donde entraba el magnífico Tom, el hermano mayor.



- Y ¿Qué vas a hacer?

- ¿De qué? – me regresa la pregunta recostado en mi cama.

- Bien veamos, quién va a lavar el baño, quién va a ir al súper – merodeando por el chifonier de mi habitación dejando el reloj que llevo puesto trato de ser lo más irónico que puedo a ver si de pura casualidad logra captarlo, sin embargo se queda mirando al techo completamente hipnotizado.

- ¿Desde cuándo hacemos esas cosas? – abro el cajón de mis calcetines tomo el primero que está a la mano para aventárselo lo más fuerte que puedo en la cabeza.

- A ver Bill – él ni se inmutó con el golpe del calcetín – otra vez ¿Qué vas a hacer con Ga-bri-elle?

- Quisiera hacer muchas cosas, quisiera que fuera mi novia, quisiera que viajara conmigo, quisiera viajar con ella a sus desfiles, quisiera pero tal vez mañana Tom.



Con semblante triste se gira dándome la espalada. Si fuéramos pequeños seguramente estaría llorando a mares y tratándose de cubrir el rostro de mí para que no lo viera lloriquear por lo que le agobia. Hoy, en este momento sé que mi hermano está enojado. Enojado consigo mismo, enojado con Jost y enojado con la vida que tanto anheló, si hubiéramos sabido mucho antes que seríamos un par de esclavos y que con el paso de los años lo que era un divertido trabajo se volvió todo lo contrario y simplemente era poner todos los días frente a las cámaras las mismas caras de felicidad e interés con los estúpidos reporteros que de vez en cuando se quiere hacer los graciosos.

Los chismes, esos, parecían estar bajo control, las mujeres que me atacaron, esas que se decían fans ¡vaya! Ni hacer el recuento, eso sólo me enfadaba más y no importaban, quién sí y en este momento era mi hermano. Dejé que se quedara en mi habitación el tiempo que quisiera, después de varios suspiros y que sus expresiones cambiaran de enfado a la tristeza se rindió y salió sin decir absolutamente nada de aquí.

Al día siguiente, el desayuno ya estaba listo, no tenía idea a la hora que Gabrielle se despertaría así que le pedí a Geraldine que tuviera listo algo desde temprano. Tratando de no parecer impaciente por el estado de ánimo de mi hermano; esperé en la sala cercana al pasillo que daba a la habitación de huéspedes. No tardó mucho en aparecer.



- ¡Hey, hey chaval! – me saluda alegre.

- ¡Hi little girl!



Saludo con mucho interés y reparo en ella, por algo había hecho conexión con Bill, eran como iguales.



- Qué hay majo, esperamos a Bill para desayunar.

- Sí – miro a mi reloj que dan las diez de la mañana – seguro no tardará en bajar.

- Y cuéntame, ¿Qué hay de ti?

- Bueno, qué queréis que te diga.

- Pues no sé Bill a veces no es muy platicador y sólo sé que han visto en diferentes ocasiones y que tu hermana es la reportera de Bravo.

- Así es, ella lleva mucho más tiempo aquí en Alemania junto con su melliza.

- ¿Tiene una melliza? – expreso sorprendido.

- Sí para mi desgracia – suelta con pesar.

- Bueno te será más fácil soportarnos – me río.

- Eso no me da buena espina, tío.

- Oye y te gusta mi hermano – dejándome de merodeos voy directo al grano.

- ¡Hey, hey alto! – pide con el cejo muy junto – ese tipo de preguntas no se hacen si a penas llevamos un: buenos días, cómo estás.

- Ya, de acuerdo pero no finjas Bill te gusta y mucho.

- Eso es algo que no debería decirle a su hermano ¿no crees?



Yo creo que esos dos deberían hacer muchas cosas a pesar de las muchas trabas que parece que el mundo tiene para ellos. Ellos si se tienen el uno para el otro, se miran y cada que lo hacen puede verse cómo es que cada uno no resiste el sentimiento que hay dentro y que se les desborda por los ojos. Ellos que si se tienen deberían amarse…

Te extraño.






Mariella Dekker…


- Eres un tramposo – me quejo en cuanto recobro el sentido.

- Tranquila – me calla con un beso en los labios – sólo fue una cena sorpresa con…

- ¡Todos!

- Conocer en una sola noche a tu mamá, a Glen, Russel y Gema padres de Fabiho…

- Y ver la cara de susto que también se llevó Kin cuando conoció a las que se lleva por cuñadas.

- Creo que lo que le dio más pavor es: ver que la más chica…

- Veronika – me recuerda amable el nombre de la hermana menor de Fabiho.

- Ella, se pudiese llevar de un genial “de miedo” con Gabrielle en cuanto se conozcan.



Había sido una cena singular y con un motivo especifico, el decirles que nos habíamos casado pero cuando Geo vio mi cara de pavor al ver llegar a la familia completa de Fabiho, sus padres y ver a Bernardette, Sophia mi hermana y cuñado en primera fila y debido a la reacción que tuvimos con Kin creo que pensó un poco más las cosas. Seguiría siendo nuestro secreto… y de unos cuantos.

Por la tarde salimos a que Sophia conociera los alrededores donde solemos perder el tiempo, que generalmente era un centro comercial bastante grande dentro de la ciudad y adquirimos infinidad de cosas, quien llevaba más desde luego era la pequeña Moniquée, juguetes que seguramente no le serían útiles hasta los cinco años, también adquirimos los regalos para los novios .

Por la noche, regresamos todos a Magdeburg. El motivo: la despedida de soltero de los novios. Lo haríamos por separado los chicos comandados por François y las chicas comandadas por Kin y yo, desconocía el plan de los chicos pero era de imaginarse que tipo de lugares escogerían muy a pesar de que los chicos tuviesen diferentes gustos al resto. Nosotras habíamos recurrido al departamento de Xavier ahí preparamos diferentes actividades.

Para el momento en que Gabrielle, Amélie y yo llegamos había unas cuantas amigas de Ela y ella ahí en un rincón muy callada y sumisa cosa que nos llamó la atención de sobremanera. Cuando entramos en conversación todas en una buena temática, Ela nos dijo que había visto infinidad de ceremonias religiosas.



- Lo que me sorprendió en todas – dice muy alegre – es que el regalo más preciado para un par de novios en Japón son las piñas.

- ¿Piñas? – recitamos todas las chicas a coro.

- Sí piñas, la fruta, justifican que allá la piña en especial es extremadamente cara y regalarle una piña a unos novios es básicamente ganarse el cielo.



Mecánicamente como algo ya normal entre Kin, que la tenía a mi lado y yo giramos nuestros rostros para vernos de frente lentamente, sonreírnos malvadamente con complicidad, sin decirnos absolutamente nada y con esa furtiva mirada habíamos quedado de acuerdo. Volvimos a poner atención a la plática.



- Y este es mío – una de sus amigas le estira una caja de tamaño mediano de color rojo – es algo muy indispensable en la noche de bodas – la chica le guiña el ojo y Ela se encoje al escuchar aquello.

- Gracias – responde Ela y abre con demasiado cuidado la caja, alcanzo a ver colores rojos – ¡Ay por Dios! – asustada por lo que sacó de la caja poco le faltó para persignarse – es muy provocativo.

- ¡Está muy bien! – escucho por ahí la voz de Deieu – seguro con eso si pones muy feliz a Carlo.

- Y a cualquiera, no necesariamente debe ser Carlo – se cuela otra voz – ahora si el pobre disfrutará del celibato en que Ela lo metió – todas nos giramos a ver a la chica que insinuó eso.

- ¿Cuál? ¿Por qué? ¿Qué le hiciste Ela? – Kin algo desesperada por saber qué fue lo que hizo le hizo Ela le lanza preguntas.

- Nada – dice ella.

- ¿Cómo nada? Diles cuál fue la condición para casarse, anda amiga, diles – dice esa chica – diles o les digo yo – amenaza.

- Bueno – con tono resignado Ela accede – desde que pidió mi mano en Italia no hemos tenido nada que ver.

- ¿Nada? – todas las mujeres al unísono soltamos por lo que eso de “nada” significaba.

- Entonces ese regalo sí que será efectivo – la vocecilla de Gabrielle suena muy coqueta.



La noche de despedida de soltera de Ela no fue la gran cosa, ella, no era de celebrar como se debía ese tipo de cosas por lo que una cena y mucha plática fue lo único con lo que pudimos compartir. Por la mañana salíamos en dirección al aeropuerto de Hamburg, los chicos, los padres de Ela, mi familia y varios invitados nos dieron alcance allá en grupos, éramos bastantes así que fue muy fácil hacerme perdidiza e irme con Geo que conversaba con los Kaulitz y la menor de las Castella. Todos iban tan ensimismados en la emoción del evento que no se percataron que nosotros cinco nos fuimos en la parte trasera del avión, el cual llenamos por completo con los invitados de la boda.

Ahí nos dieron santo y seña de lo que hicieron para despedir como soltero a Carlo, esos chicos sí que aprovecharon el tiempo en un reconocido club de la ciudad. Un vuelo que duró un aproximado de una hora; dividirnos y organizar los próximos arribos de la familia de Carlo fue todo un reto, desde ese instante los novios fueron separados y en poco más de 24 horas se celebraría su unión para siempre y debían respetar aquella tradición de que el novio no viera a la novia.

Nosotros, los Dekker, Andreas y Geo, nos fuimos inmediatamente al hotel de concentración, Amélie comenzaba a fatigarse con mucha facilidad y el vuelo que había corrido bajo nuestra responsabilidad, debía ir a revisión médica. Mientras comíamos y platicábamos los arreglos de la boda corrían a mil por hora. Las diseñadoras trabajaban sobre las nuevas medidas de Ela, que había adelgazado a causa del estrés, los arreglos eran supervisados por François y Jean Paul, las Castella y los Kaulitz que andaban en la misma sección de hotel se ponían de acuerdo para el pequeño show que darían durante la boda. Un poco más noche quien se hizo presente fue la distinguida Abuela desde Noruega con la pequeña Tabatha y mandaba enormes disculpas por no poder (o más bien no querer) asistir a la boda.

Algo muy curioso fue que la pequeña rechazó desde el primer momento que vio las condiciones de Amélie con detenimiento y minutos después explicarle que muy pronto nacería una bebé, la puso un poco de nervios pero se tranquilizaba al quedarse entre mis brazos mientras Geo me abrazaba, el día se fue muy rápido con los que ahora conformábamos la familia Dekker, me era sacado de una película ver la mesa de la Master Suite en la que nos ubicaron, mis Abuelas Olga y Bernardette junto con su inseparable amiga Ryszara, mi Tío, mi Madre y en sus brazos Tabatha que poco a poco iba perdiendo en el rostro la redondez de un bebé, Amélie rodeada de los brazos de Andreas que protegían celosamente el vientre de mi hermana, Geo que tomaba mi mano izquierda, esa, donde portaba el fino anillo en el dedo medio y aunque debía portarlo en el anular, no importaba donde estuviera, lo que importaba era el significado con el que me lo había otorgado en símbolo de que si moriríamos, lo haríamos juntos.

Pronto llegó la noche y a pesar de que no era mi boda, me sentía ansiosa, nerviosa y con una extraña sensación en todo el cuerpo. Traté de controlarme pero no lo lograba, era un vacio desesperante en todo mi cuerpo, Geo lucía tranquilo al dormir su mano derecha cercana a mí tenía colocado el anillo en el dedo anular.



- Bonita forma de despistar.



Musité para él como si tuviera toda su atención en ese momento y una ligera sonrisa de confort apareció en mi rostro alejando esa pesada sensación pero sólo por un par de segundos. Me enfoqué en el brillo de su argolla y que no había prestado atención, miré la mía y la gota en la que posaban los discretos diamantes resplandecientes pero en la de Geo había una gota cálida y sigilosa sobre la suya del mismo tamaño que la mía, con sumo cuidado la retiré de su dedo y del mío para unirlos. Mi sorpresa, eran uno sólo, nuestros anillos formaban un corazón, su corazón y el mío juntos.

Cuando no logré consolarme por mi misma rendida por el cansancio y la desesperación me fui a los brazos de Geo que al sentirme enseguida me abrazaron a él, creo que se despertó.



- ¿Qué tienes, linda? – dijo con una voz abrumada por el sueño.

- Nada, tranquilo – tomé una de sus manos con las que por detrás me envolvía.



Sentí su mover para reacomodarse y alejar mi, ya de por si alborotado, cabello de mi cuello donde comenzó a besarme lentamente al azar en los hombros y omóplatos, eso sí me reconfortó o por lo menos hacía que mis estúpidas molestias fueran remplazadas por el éxtasis de su energía hasta que el sueño me venció.






1 comentario:

matve dijo...

ohh que lindo capitulo para despedir el año!!! me encanto, bueno en espera del siguiente me paso a retirar porque tengo que ir a terminar la cana, gusta????

FELIZ AÑO 2011!!! QUE TODOS SUS DESEOS SE CUMPLAN Y QUE TENGAMOS SALUD, TRABAJO Y SOBRE TODO MUCHA FELICIDAD!!!