1 de febrero de 2011

Capítulo XXX Parte 5 [ONÍRICA INFLEXIÓN]


Mariella Dekker…

Aquel día ninguno de los dos amanecimos de buen humor, llevábamos mucho tiempo juntos y a pesar de eso solíamos viajar por separado, él con la banda y yo con el Staff, generalmente iba a la delantera pasaba con anticipación a los lugares donde la banda se presentaba y aunque no era mucho, usualmente unas horas, eran las órdenes que nos estipulaba Benjamín que por medio Silke nos las notificaba. Christopher, Sebastián y yo nos manteníamos prevenidos con cámaras y laptops en mano.

Eran justo las cinco de la mañana y entre un par de maletas, Georg y yo salíamos rumbo al aeropuerto de Hamburg.


- Recuérdame por qué lo estamos haciendo así – admito, lo dije bastante molesta.

- Sólo quería pasar más tiempo contigo pero parece que no fue una buena idea que nos separáramos del resto para que nos fuéramos juntos – jalándome la maleta que llevaba en mano, trató de parecer lo más tranquilo posible con mi actitud, una a la que él me había orillado.



- Bien Georg… creo que ambos necesitamos un largo descanso el uno del otro o podríamos terminal mal – sentada en una banca dentro de la sala de espera le hablaba pero esquivaba su mirada girando nerviosa y constantemente la argolla que llevaba en mi dedo anular derecho.

- Lamento decepcionarte pero estamos a la mitad de todo esto…

- Creo que cualquier pretexto es bueno para pelear en estos momentos – dije un tanto vencida y tratando de expresar que no quería ya seguir alejándome cada día más de él.

- Creo que o nos calmamos o las próximas 12 horas serán las más largas de nuestra vida –con bastante hostilidad en su tono de voz, no podía creer que dijera aquello si de un tiempo para acá era difícil estar a su lado sin que el tiempo fuese largo.

- Como quieras… – me limité a contestarle.

- Mariella, ya basta – soltó en un suspiro.


Pensé en ponerme los audífonos pero eso sólo iba a ser mucho peor que ignorarlo de manera que preferí quedarme en silencio a su lado, él pasaba su mano en mi hombro constantemente y lo acariciaba. Esas eran cosas que afortunadamente no cambiaban sin embargo, a sus caricias, les faltaba ese tono de voz con que durante todos estos años me hacía enamorarme de él cada vez más. Después de un buen tiempo nos dirigimos con calma a otra sala, el avión que abordaríamos en esta ocasión hacía escala desde Berlín.

Tratando de distraer mi mente en cualquier cosa que no fuera el agobiante tiempo con Georg y su extraña actitud, pude notar por los altos ventanales que el clima de ese día era horrendo, el cielo estaba aclarando muy lentamente, todo era en tonos grises, de tristeza, el clima para mi colmo era frío, algo que a pesar del tiempo uno nunca logra acostumbrarse con idas constantes a países donde la variedad abundaba. Ojala fueran aquellas épocas donde las miles de actividades de por medio entre él y yo no hacían diferencia del clima.



- Tal vez sea el clima – expresé mi pensamiento muy bajito – mira el cielo, no brilla, no me da confianza.

- ¡Ya, vaya! Sólo no busques razones tristes, ni veas las cosas oscuras. Relájate y dejemos que lo siguiente que venga pase – con un tono melancólico en la voz, suspiro después de aquellas palabras.



El guardia de seguridad que viajaba con nosotros se acercó para indicarnos que en un par de minutos más abordaríamos el autobús que nos acercaría hasta el avión. El proceso de siempre, tedioso para abordar era enseñar los boletos, identificaciones y segundos después estábamos dentro del autobús con el resto de los pasajeros. No teníamos mucho tiempo a bordo cuando el cielo comenzó a tronar, anunciaba una gran tormenta. Los rayos en el cielo lo hacían más tétrico, como si quisiera prevenirnos de algo y justo en ese momento me pregunté: dejarían despegar con este clima el avión.

Uno de los estruendosos rayos desató el llanto de un hermoso bebé haciéndonos voltear a Georg y a mí, el pequeño estaba a un lado mío, su madre me daba la espalda que con pequeños arrullos trataba de calmarlo. Por instinto tomé su diminuta mano y enseguida mitigó su llanto, su manita se cerraba con fuerza en mi dedo índice, el varoncito no dejaba de mirarnos como si fuéramos algo nuevo que hubiese descubierto.


- Te ves hermosa cuando sacas tu lado materno – dijo Georg envolviéndome con sus brazos por mi cintura. Una sensación que llevaba tiempo sin sentirla. Su mentón se posó delicadamente en mi clavícula.

- Hemos hablado millones de veces acerca de eso – me giré para encontrarme con su cara algo risueña por el tierno momento.

- ¿La fama o los hijos? – dijo alzando las cejas – es algo injusto lo sabes pero estoy de acuerdo. Con treinta años y seguimos libres para nosotros mismos.

- Aún no es tiempo – soltamos al mismo tiempo.



Y eso era por lo menos algo en lo que estábamos de acuerdo. Bajamos del autobús corriendo para subir las escalinatas a prisa y mojarnos lo menos posible. No me percaté en qué momento inició la lluvia por estar contemplando al bebé que veía a nuestro lado. Una azafata nos daba la bienvenida al avión y proporcionaba toallas, acto seguido Georg no perdió la oportunidad para jugar con ellas y molestar mientras llegábamos a nuestros asientos. Provocó que soltara un par de risillas cuando frotaba mi cabeza con la misma despeinándome por completo.


- Y ni te enojes porque lo sigo haciendo – repitió varias veces.


Aunque no me molestaba si me aturdía tanto movimiento por lo que mi única defensa fue picarle el torso hasta que se detuvo. Las indicaciones de seguridad comenzaban a darse por las pantallas que se desplegaron y las azafatas las repetían con sus más que programados movimientos. Apagar los aparatos, ponerse el cinturón de seguridad, cosas rutinarias eran las que comenzaba a hacer; saqué de mi bolso mi celular, en la pantalla había un mensaje de Tom.



- Mira esto Georg – le mostré la pantalla.

- ¿Qué es?

- Un mensaje de Tom.

- ¿Por qué te lo mandó a ti? – preguntó con recelo, algo que me pareció sino extraño en su actitud si un poco molesto.

- Seguramente… traes apagado el celular y ni cuenta te has dado – quise escapar de su inquisidora actuación.

- Suerte chicos, Mariella pégale a Hagen y dile que prenda el celular – leyó él, confirmando lo que imaginé. Era una fortuna que Tom y yo por tiempos nos conectáramos tan bien.

- Distraído como siempre – dije casi inaudible.

- Y hasta para las cosas más obvias – soltó con desgana y cierta indirecta.

- ¿Ahí vas de nuevo? Sabes… no, no logro entender tus actitudes de estos últimos meses. Me preocupas…
- ¿No tendrías por qué o sí? – me interrumpió.

- Eso, eso es lo que no me gusta, la forma tan brusca en la que me dices las cosas como si fuera culpable de algo.

- ¿Y lo eres?

- ¡Georg! Basta de atacarme de esa forma, de acuerdo, ya basta – dije ya bastante molesta y sintiendo como el enojo se corría por mis mejillas dejándolas de un rojo intenso.

- Sólo quiero estar seguro de las cosas y de los pasos que daré.

- ¿Qué son? – solté precipitadamente deseando que el amor que tanto nos había unido durante estos años no hubiese desaparecido y así también se extinguiera el símbolo de su amor sobre mi dedo – ok, no me digas si no quieres – levanté mi mano al ver que se quedaba completamente en silencio – pero toma en cuenta que a veces me lastimas con tu indiferencia.



A nada de soltarme a llorar como una niña, me giré hacia la ventanilla viendo como el avión despegaba con rapidez. Una vez estables por los aires dieron la indicación de poder despojarnos de los cinturones de seguridad y así lo hice, lo único que quería saber era la razón de por qué el comportamiento de la persona que más amaba. A instantes de que me encerrara en mi mundo él volvió a jalarme, con eso me demostró que quería llevar el vuelo con tranquilidad, entre sus brazos me quedé dormida más a propósito que por necesidad…


Georg Listing…

«Yo no sé que voy a hacer, qué es lo que quiero. Todo esto me duele a mí también y me duele porque te amo, quisiera creer que entre tú y yo, todo es como antes. Que todo esto sea un mal sueño es lo que pido constantemente. Verlo hablarte, mirarte y sentir que se quema algo dentro de mi cada que lo hace me hace odiarme a mí mismo. Tengo tantos sueños, ilusiones, proyectos y todos son a tu lado. Las cosas que nos merecemos como la pareja que somos… o ¿Éramos?

Ya ni sé que es lo que ha estado pasando en mí. Me gustaría que pudieras escuchar al menos la mitad de mis pensamientos y me dijeras al oído con tu melódica voz que nada es cierto porque poco es mi valor incluso para decírtelo y mucho más para poder mirarte de frente cuando no sé cómo actuar. No quiero llegar a un extremo donde alguno pierda algo, en especial yo, que no te quiero perder pero irte con él para cada cosa que se suscita ¿A caso perdiste la confianza en mí? O sólo ha sido que no he sabido comprenderte y buscabas algo más y no era yo lo suficiente para completarte. Cualquiera que haya sido la intención, me gustaría saberla por muy dura que sea. Ayudaría mucho a que ambos estuviéramos mejor, nuestras vidas serían amenas y podríamos ver con claridad lo que nos depara el final.

Instintivamente pensar en un final contigo me hace pensar en el inicio donde todo lo nuestro comenzó y lo que ha sido. Me gusta acariciar tu cabello, tu tersa piel, es una de mis más grandes perdiciones, enfocar tu rostro en cualquiera de sus puntos ilumina todos mis recuerdos. Saber que el aire que respiras, como ahora que te tengo entre mis brazo, te llena el alma y el corazón.

Algo me tiene que impulsar a decirte todo esto que siento antes de que me consuma por completo pero antes debo encontrar la forma de acercarme de nuevo a ti… la tengo que encontrar.»



Mariella Dekker…


- Georg ¿Estás dormido? – pregunto con suave voz, estaba un poco entumida en la posición que me encontraba.

- No…

- ¿Cuánto llevamos de vuelo?

- Cuatro horas más o menos – responde con voz monocorde.

- ¡En serio! ¿Dormí tanto? – me acomodo bien en mi asiento – ¿Y tú?

- No, yo no… nada sólo quise dejarte dormir tranquila – toma mi mano algo tímido y del mismo modo sonríe.



Se acercó con actitud seria, lento, sus ojos tenían un brillo extraño, los cerró pausadamente y espero mi respuesta. Mis labios hicieron contacto con los suyos, con esa calidad que te hace salir de tu cuerpo. Me entregué al momento como hace mucho tiempo no había sentidos sus labios sobre mí; su mano fue directamente a mi mejilla bajándola hasta mis labios tocándome con un sólo con un dedo. Abrimos los ojos a la par separándonos y dirigiéndonos una pequeña sonrisa de complicidad.

Durante el siguiente par de horas platicamos, como si ese beso hubiese limado cualquier aspereza, comimos un poco y fue el turno de él para dormir un poco, puso una almohada en mis piernas y se acomodo hábilmente. Me quede mirándolo, sintiendo como poco a poco iba perdiendo conciencia, su cuerpo se hacía más pesado con su respiración lenta y profunda…


«Quisiera saber qué hay en tus pensamientos, en tus sueños…

¿Cómo, por qué, cuándo?

Todas esas preguntas, que uno se hace para atormentarse, para ocultar la realidad y fingir que no pasa nada en el exterior mientras por dentro te consumen lentamente. Todos cometemos errores y en la vida los pagamos al final sin darnos cuenta y lo hacemos con un precio bastante alto.

¿Hace cuánto tiempo no hemos compartido el mismo aire? Que pareciera se está terminando ¿Lo consumimos? ¿Lo agotamos? Quisiera traer un poco de regreso. Veo en tus ojos algo y siempre me impide llegar hasta lo más profundo de ti para poder, por lo menos, de esa manera saber lo que ninguno de los dos se atreve a decir con palabras. Acaso es un lento final en el que estamos agonizando por nuestras propias dudas, malos actos, pensamientos y errores que pagaremos sin duda muy caro si no nos hablamos de frente, yo, voy a luchar hasta que todo lo que te atormenta se desvanezca aunque en la eternidad sea donde tenga que terminar…»

Un par de horas después fuertes turbulencias sacudieron al avión. Me sobresalté de inmediato y Georg despertó enseguida. Fue un momento bastante angustioso, parecía como si en cualquier momento el avión se fuera a caer. Nunca a lo largo de todo este tiempo me había tocado una de tan singular magnitud, en ningún momento solté la mano de mi marido que sólo me miraba para tratar de tranquilizarme.


- ¿Se encuentran bien? – recitaban las azafatas sosteniéndose por los respaldos de los asientos – todo estará bien, falta ya muy poco para que el avión aterrice.


Aquello, me ponía más nerviosa. Las indicaciones de seguridad aparecieron nuevamente, efectivamente estábamos a poco de aterrizar. Quise distinguir algo por las ventanillas pero era imposible, todo aquí también era gris. El avión comenzó a inclinarse, giró un poco y rebotó, señal de que estábamos tocando tierra firme. Cuando el movimiento del avión se hizo lento y casi imperceptible, todos los pasajeros comenzaban a desatar sus cinturones desesperados por ponerse de pie y salir. Miré a Georg con satisfacción, él hizo lo mismo.

Me percaté que el avión seguía avanzando sobre la pista y en fracción de segundos algo nos hacia voltear a todos lados sin encontrar explicación:

Era un ruido ensordecedor, husmeaba por la ventanilla pero sólo gris apreciaba desde mi lugar, tal vez algo blanco al fondo. Mientras el sonido aumentaba constantemente, el avión se sacudió, se movía lateralmente, como si fuera arrastrado por algo. Los cristales de las ventanillas estallaron, un ardor tremendo sentí en varias partes de mi rostro, del miedo me encogía sin soltar la mano de Georg. Entre todo aquello ligeramente se escuchaban los gritos de toda la tripulación.


- No tengas miedo.


Recitó Georg abrazándome contra él, el ardor de mi rostro era insoportable y mi miedo competía cuerpo a cuerpo para ver cuál de los dos me ganaba. Una ráfaga de viento helado se sintió. El techo del avión se desprendió y desapreció, el humo, más ruido y metales comenzaron a caer de pronto sobre nosotros. Había un avión justo encima del nuestro. Los metales caían por doquier y uno fue a parar directamente a las piernas de Georg, tremendo alarido fue el que soltó y a tientas el guardia de seguridad que nos acompañaba nos gritaba si estábamos bien, parecía que él también se encontraba en problemas pero entre los propios no pudimos contestarle. El espeso humo era sofocante. Las cosas que caían del avión eran constantes, Georg seguía quejándose a gritos y algo más fue a parar a mi hombro derecho, que por la misma velocidad con la que venía salió disparada después de que rebotó en mi hombro por la ventanilla. En cualquier momento me iba a desmayar del dolor.

Los gritos del capitán del avión se escuchaban cerca surcaba el estropeado pasillo, gritaba que nos desprendiéramos de los cinturones y que fuéramos directamente a la salida de emergencia, se acercó a nosotros y nos ayudó, mi cinto se había atascado.



- ¿Están bien? – con presura pregunto ese capitán – ¿Puede caminar señor?

- Sí – bufó Georg y como pudo se puso de pie.

- Amor tú puedes, ven, anda camina, ven…



Me pidió pero estaba entre una fina línea del dolor y poca conciencia que de verdad no creí poder soportar. Me tomó como pudo de mi brazo izquierdo, entre la poca visibilidad sentí como los brazos del chico de seguridad me cargaron y no vi más a Georg, lo único que recordaba de él era su rostro lleno de dolor repitiéndose una y otra vez. Sentía como mis pies golpeaban los asientos, seguramente nuestro guardia se las estaba viendo difíciles al llevarme en brazos.

Sentí como si hubiera pasado una eternidad cuando el guardia me volvió a hablar.


- Mariella, te voy a poner de pie.


Pude sentir a la gente arremolinada, más no la podía ver con claridad, gritos y llantos era lo que captaba mi poca conciencia.


- Será difícil – dijo de nueva cuenta el guardia.

- Están saltando… es poco el avión está ladeado completamente – le respondió Georg. Sentí como me sostuvo.

- ¡Son menos de dos metros! – escuché gritar – deja que ella salté primero.

- Mariella, amor, él te recibirá abajo…



Trataba de quedarme en la conciencia con cada palabra que escuchaba. No supe lo que hacía con certeza así que sólo di un paso a delante y me deje caer, caí de pie y por la altura, que aunque no era mucha, las rodillas se me doblaron al instante, colocando por inercia las palmas de las manos para sopesar el golpe, gran error, el brazo que me dolía, en ese momento fue indescriptible descifrar como el dolor se disparó a la milésima potencia y de pronto escuché un alarido en un dejo de voz conocido.



- ¡Mariella! – sentí un susurro cerca de mi oído.

- ¿Georg? ¿Dónde estás?

- Mariella, debes moverte de aquí alguien puede caerte encima y lastimarte…

- ¡Mariella! – gritó Georg… cómo podía…

- Georg me está gritando señor – torpe en mis palabras dije mientras aquel señor me levantaba del suelo.

- ¡Mariella!

- Lo sé Mariella, ven conmigo…

- No, él… él me llama… Georg – repetí con desesperación y cansancio.

- ¡Mariella!



El hombre y yo caminamos lo más recto posible, o al menos eso sentí, y nuevamente escuché gritar a Georg.


- Ve con él y no lo dejes ir – dijo aquel hombre y entre la espesa neblina que nos dejó encontrarnos – sigan alejándose.


Grito con su voz cargada de anhelo, di un par de pasos más hasta que me encontré con la mano de Georg, segura de que era él por el anillo que portaba en su mano; lo abracé tan fuerte como pude, con las pocas fuerzas que aún tenía dentro de mí. De pronto, el ambiente retumbó, un estruendo fue lo siguiente, el ruido de los metales provocaban un rechinar mortuorio, una ola de calor intenso se sentía por detrás, el aire se hizo aún más pesado, irrespirable. Georg me abrazó en automático y un fuerte impulso nos sacudió arrastrándonos varios metros por el pavimento hasta lo que sentí como húmedo pasto. La fuerza con la que lo había tomado se desvaneció hasta que mis fuerzas fueron nulas, me quería levantar pero todo en mi giraba y dolía.

Abrí los ojos, en el cielo una gran nube gris se elevaba rápidamente. Intenté llevar aire a mis pulmones por la boca, no me quería vencer, no hoy, no por el dolor. Los gritos de Georg los escuchaba muy lejanos, muy lejanos, se mezclaban con un horrible zumbido que me enloquecía pero era más mi insistencia de querer seguir escuchando su voz y la imagen de aquella nube grisácea seguía en el cielo, estaba intacta.



- ¡Mariella! ¡Mariella, mírame! – escuchaba con desesperación su voz – ¡Malle, por favor! – juraría que en esa lejanía su llanto iba muy mezclado en su voz.

- ¿Georg? No sé dónde estás – grité y odié esa enorme fuerza que estaba sobre mi cuerpo la cual me impedía levantarme.

- ¡Malle mírame! – cada vez más lejos.

- Georg acércate, te lo suplico – grité una vez más moviendo mi cabeza en el suelo de un lado a otro queriendo enfocar algo más que esa estúpida nube.

- ¡Mariella, estoy aquí frente a ti! – también en él había desesperación.



En el momento exacto cuando iba a responderle el zumbido en mis oídos se detuvo por un estruendo, un estallido; Georg tomó mi mano con fuerza y cubrirme con todo su cuerpo mientras que el calor de algo ajeno a nosotros nos cubría por completo, su rostro junto al mío y entre ambos una lágrima fue lo último que sentí.

Lo último que escuché fue lo más hermoso:



- Te amo…





5 comentarios:

JANDA/Alex dijo...

...TT.TT...

(estoy hipando y mi madre me mira raro)...Ayy por Dios!!...TT.TT...

No puedo creerlo, es simplemente...mmm...no se sin palabras me quedé...(debería haber un epílogo)...^_^...pero una muerte así no es tan mala...(me encantan los aviones)...y menos cuando sucede al lado del amor de tu vida!!...

Bueno, ésta historia es hermosa, me gustó mucho la trama y el hecho de que no se trataba ésta vez de los Twins...;)...

Esperando más por saber de ella y muy pendiente de tu otra historia...OK!!

Saludos, Alex!!

matve dijo...

Necesito mas pañuelos y una buena excusa para el moqueo y los ojos rojos...

que les paso que??? entonces por eso estan en el hospital??? pero se van a salvar no??? bueno yo ya no hago mas preguntas y mientras me calma la chilladera te digo que me encanto el capitulo y espero que pronto mis dudas queden resueltas y que estos dos se amen con locura y sean felices para siempre, fiiiinn

Saludos y un beso grande

Anónimo dijo...

hola zay osea estaba llorando en el centro d negocios estuvo muy comovedor pero que quede con una duda si se salvaron o no.tiene una buena leccion no estar enojados porque no sabemos que va pasar los proximos minutos....
cuidate y esperando el nuevo ficc
atte..nay

Karla Díaz dijo...

A ver empecemos, si la historia fue muy buena, rosa, romantica de sueño, pero los personajes tooodooos!!! eran unos cobardes, muy lentos como para agarrarlos a sapes!!!

creo como ya te he dicho aflojaste los ultimos capitulos! primero eres muy narrativa y descriptiva y luego sueltas las cosas "importantes" así como de me compre un chicle! osea hellow

este último capítulo, regreso a lo que tenías, más narrativa y así, me gustó, emotivo, sin final

y bueno yo, no llore, ni nada similar

una buena historia que nos enseña sobre el amor, las oportunidades, vivir el momento, no tener miedo a amar! felicidades por mantener por tanto tiempo UPDI aunque a veces le flojeabas, divagabas y asi jaja
te quiero amiga

oreo_effeckt dijo...

Que bonito.