17 de enero de 2013

AOMS - Capítulo 2: No me dejes aquí a solas.

Mila: ¡Espera! No vas a querer toparte con la realidad...


«En casa tenía toda la libertad de estar como yo quisiera, y aunque digo que es mía, no lo es. Desde hace algunos ayeres vivo en casa de Hagen, mejor conocido en el ámbito famoso como: Georg Listing. Descubrí que le gustaba ser llamado por su primer apellido un día que nos dedicamos a perder el tiempo, acostados simplemente. 

Ahora, la historia de cómo llegué a esta casa o mejor aún cómo es que soy su novia, me remonta a mi rebelde vida cuando las cosas en mi casa estaban llegando al tope de su límite dentro de mí.

No recuerdo cuánto tiempo llevaba buscando una excusa para simplemente huir un rato de casa y ésta llegó la noche en que mamá llegó con una boca más que alimentar, y no, gracias a Dios no era un hermano más, sino un hombre de edad madura que según mi madre era el hombre de su vida y de todos modos lo dudo de alguna manera pero en ese momento no me iba a poner a indagarlo. Un señor, con toda la pinta de residente del hospital, de rostro duro y escasas pero marcadas arrugas en el rostro con la piel canela oscuro que a través de sus años se veía aún más, fue el que se me puso enfrente. A simple vista no era grosero, tampoco era la amabilidad andando y no estaba dispuesta a descifrarlo así que reaccioné justo cuando dijo:

—Niños, él es Mitzrael. Vivirá de ahora en adelante con nosotros. Él es…

Dos segundos más me tomaron para jalar mi chamarra del respaldo del sillón cercano y rozar con velocidad a ambos, me detuve en la cerradura de la puerta dándole aún la espalda sólo por una razón.

—¿Adónde vas Meghan? —gritó sorprendida mamá.
—No me voy a quedar a averiguar si a él también lo tenemos que mantener. Me largo de esta casa.

Justo cuando terminé mi frase, escuché el llanto de Mila y las piernas me temblaron montones. Giré mi rostro apenas unos centímetros y pude ver como Maika la sostenía con fuerza de los hombros.

—¡Megh no! —gritó Mila tratando de zafarse de las manos de Maika—. No nos dejes Megh…

Su vocecita mezclada con el sufrimiento y sus lágrimas hacían que te doliera todos y cada uno de los huesos. Que incluso, calara más allá.

—Yo te quiero, Megh… por favor no me abandones —dijo ya berreando al ver que no le decía absolutamente nada.

Maika ahora trataba de cargarla mientras que ella se retorcía sin parar y estiraba sus manos a mí. No tardó mucho en que Meltón la cargara en brazos para que no se me acercara.

—Recuerda… —exclamé con la voz a punto de ahogárseme en llanto—. Que cada noche, lejos o cerca, yo te protegeré. Pase lo que pase, siempre voy a estar pensando en ti y si tú cierras tus ojitos podrás llamarme con el pensamiento.

Y tuve que salir de ahí con un azote de puerta pues ahora era Mosses quien comenzaba a llorar y ahí, seguramente no tendría fuerzas para salir del departamento.

—¡Meghan! —gritó Mila con todas sus fuerzas—. No te vayas…

Bajé los escalones a brincos y apretujando la chamarra para no caer de rodillas.

Vagabundeé por horas.

Aún no pasaban de las seis de la tarde y pensaba a qué lugar debía ir. Desde luego el hogar de Izaskun quedaba en automático descartado y en la casa de Rooney había tantos o más problemas que en la mía todo porque estúpidamente se había enganchado con las drogas y ahora se la vivía con la supervisión de sus padres noche y día, además que tenía entendido que sus padres creían que yo era la causante de los problemas de Rooney, así que me dediqué a evadirlos lo más que pudiera para que no me echaran bronca y terminaran descubriendo de mi boca que la raíz de sus problemas era el acoso sexual a la que la sometía su tío, hermano de su madre, que prefería alagar más a su otra hija y Rooney sin más iba a la deriva.

Una idea un tanto egoísta pero quitarte la comida de la boca y todo lujo para mantenernos con vida entre cinco hermanos es igual de torturante y no es que me pesara cuidar de ellos pues evidentemente los amaba pero en mi vida ya tenía suficiente drama.

Llegué a la parada del autobús sin fijarme cuál era y a dónde era su destino final. Pagué el monto en la máquina sin regreso y esperé a que llegara. Tampoco me importó la hora y lo abordé. En la cabeza sólo me rondaba la carita de Mila una y otra vez rogando con lágrimas que no me fuera.

Hice un recorrido de cerca de una hora y media, poco más, poco menos y una vez que se detuvo por completo me di cuenta que estaba en Hamburgo. Sabía medianamente como moverme en aquellas calles; años atrás, no muchos, vivía obsesionada con aquella cuidad y la abuela de Izaskun prometió que guardaría un poco de su pensión y nos llevaría de vacaciones a mí y a mis hermanos a la casa de uno de sus supervivientes hermanos que vivía cerca del muelle. Estuvimos ahí casi dos semanas y yo era la encargada de ir por las compras de todo tipo, pues el hermano de la abuela de Izaskun era ya un viejo vencido por sus buenas jergas, según él, en sus buenos tiempos. Viejillo escuálido y presumido.

Así que probablemente una vez llegando al muelle, que al parecer no estaba muy lejano de donde el autobús me había dejado podría ir a cualquier lado a adquirir comida. Por suerte también, no había sacado mi vieja cartera del bolso "secreto" de mi chamarra y en ella llevaba la tarjeta de débito con la que el gobierno me había asignado una cuota mensual por mi precaria vida de lujos y en realidad no era por eso si no por aparentar ser buena estudiante, además de que el dinero servía básicamente para comprarnos ropa, mientras que el dinero que le sacaba a punta pies Meltón a papá lo usábamos para la comida y mamá se dedicaba a pagar la renta y gastos extras. De modo que no tenía una gran cantidad de euros en las bolsas pero podía pagar mi vagabundeo un buen rato meditando si lo que había hecho a mis 17 años había sido lo correcto o no.

Tal vez eran ya las seis o siete de la noche cuando me percaté que estaba en una zona bastante aglomerada de chiquillas y chicas de mi edad que pasaban desbocadas a un lado mío y caí en cuenta que me hallaba en uno de los recintos dedicados a conciertos en cantidad masiva. Suspiré y sin saber qué hacer exactamente, la sensación de un extraño vacío me envolvía lentamente como si fuera una sábana muy fina y delgada que me acariciaba desde las piernas hasta los brazos delicadamente. Mila, pensaba sin parar.

Me alejé rodeando el lugar donde la gente se centraba cada vez con mayor poderío hasta llegar a una zona donde se encontraba una reja alta de malla, varios camiones de gran tamaño y algunas camionetas todas con calcomanías estridentes de radiodifusoras o canales televisivos, me dio enteramente igual y seguí caminando pegada a la reja por uno de los callejones poco alumbrados con viejos focos de luz amarillenta.

Al principio no les presté atención, después sus voces se hicieron cada vez más interesantes, me había sentado un momento, por el tono de duda que implicaba su conversación, fisgoneé un poco y vi que dos personajes estaban apoyados ligeramente sobre lo que parecía una caja de gran voltaje. Muy parecida a la que usaba el papá de Izaskun para alumbrar el almacén donde dejaban los troncos de madera.

—Si tú intención es colocar ese cable ahí lo más seguro es que hagas explotar todo a una distancia de cinco u ocho metros a la redonda de lo que sea que esté cerca de esa caja, más lo que sea que estés indeciso a conectar directamente.

Exclamé y volví mi vista al frente para dejar de fisgonear y seguir pateando el aire. Pude adivinar que ambos tipos no se dedicaban a conectar cables y tampoco dudaron de mi afirmación sin en cambio parecieron tomarla seriamente en cuenta.

—¿Nos estás espiando para obtener un pase directo con la banda? —dijo uno de ellos muy seguro de su afirmación.
—¿Qué…? ¡Ah! El concierto. Ni siquiera sé quién es el perengano que va a cantar en este lugar… pero si tú intención es hacerlo volar en pedazos disculpa que haya interrumpido tu misión. Yo sólo pasaba por aquí y este me pareció un camino despejado a la nada. 
—Ven acá. Entra.

Dijo otro de los tipos y le ordenó a otro, que estaba cerca de ahí, que no parecía de su círculo social de trabajo que abriera una de las puertas de la reja.

—Cuélgate esto —me ordenó y así lo hice con un gafete que tenía un largo cordón, aunque básicamente no lo hice yo sino él. Aquel hombre calvo no parecía tener mucha paciencia—. Ahora dime exactamente cómo es que funciona.
—Exactamente, no lo sé pero ésa es una entrada cargada de voltios. Si lo que quieren es transmitirla usen aquella con una clavija especial para que el voltaje no se dispare a menos que sean focos como los que nos alumbran —miré lo que traían en manos y agregué—, que seguro no es el caso.
—¿Qué eres? —preguntó el calvo.
—¿Una chica? —respondí sin mayor chiste.
—Eso es evidente niña. A qué te dedicas. 
—¡Ah! Estudio… estudiaba. 
—¿Qué?
—Estoy 11º grado…
—¡No! Niña, mi pregunta iba a enfocada a la parte de "estudiaba" que mencionaste. 
—Mi nombre es Meghan, por si te causa conflicto decirme niña. Y acabo de dejar la escuela porque justo hoy decidí huir de casa.

Ambos hombres dejaron de hacer sus cosas, cuales quiera que fueran, se irguieron y me miraron. 

—Entonces cómo diablos sabías que explotaríamos —dijo el tipo que parecía estar sacando de una maleta una cámara profesional de vídeo.
—El padre de un amigo usa una cosa de esas para mantener alumbrado el almacén de su negocio.
—¿En dónde vives? —preguntó el calvo y yo dudé—. No te llevaré de regreso a tu casa. Seguramente tienes condenadas buenas razones para hacerlo…
—En Magdeburgo —dije alzando los hombros. 
—¿Ya comiste? —y hasta que no dijo aquello el hombre calvo no caí en la cuenta de que en verdad no lo había hecho desde el desayuno junto con mis hermanos. Mi estómago estúpidamente respondió por mí.
—Bueno, supongo que debo ser yo quien la lleve pero estos escuincles sólo han pedido puras porquerías. 
—No creo que sea muy distinto de lo que una niña de quince años ingiere. Ya le explicaré a Jost la baja de comida y tu ausencia. 
—¿Qué? —dijo el tipo entregándole un rollo de cable amarillo. 
—Si no encuentras nada, que es lo más seguro, llévala al hotel en una de las camionetas y pides algo bueno de cenar y una habitación.
—¿Qué? Oigan… no esperen yo…
—¿Qué? —me interrumpió el calvo. Era un tipo un tanto hostil—. Debes seguir vagabundeando por una ciudad que ni siquiera es la tuya. Vamos Meghan acepta nuestra hospitalidad que nos acabas de salvar la vida y varios millones de euros a la banda que va a tocar esta noche. 
—Pero yo…
—No te vamos a violar. Es más —volvió a interrumpirme el calvo— puedes quedarte a la presentación. Vamos, llévala con el resto del Staff. 

Y así lo hizo aquel chico, se notaba que le tenía bastante respeto.

En el trayecto me dijo su nombre, Christopher, en ese momento no me percaté de lo joven que era comparado con el tipo calvo, Stiffens. En la caminata me hizo preguntas básicas y confesé mi falta de trabajo lo que a él le llamó la atención más de lo debido, dejé pasar la intensidad de su pregunta y nos enfocamos en otras tantas. Cuando entramos al recinto yo seguía sin prestar atención a quien daría el concierto aquella noche y la verdad es que durante el trayecto por los enredados pasillos y me hallé frente a la cabina de audio con la puerta abierta dejó ver una gran tornamesa llena de luces y botones me fue imposible seguir caminando.

—¿Qué no tenías hambre? —dijo Christopher sacándome ligeramente de mis pensamientos. 
—No, sí… bueno tal vez un poco…
—¿Tienes alguna idea de cómo funciona todo eso? —preguntó con curiosidad. 
—La verdad es que… es que probablemente me meta en un lío si toco alguno de esos botones pero sé en un 70% cómo es que funciona el programa al que está enlazada la consola. 
—¿Y tú eres? —dijo un chico con un tatuaje en uno de sus hombros, se movió tan rápido que no pude ver qué era. Miré a Christopher para un poco de ayuda. No dudó en contestar. 
Liam Tresher
—Ella es mi prima Meghan, Liam. Meghan él es Liam Thresher, ingeniero encargado del sonido. 
—¡Wow! —se me salió la expresión más que llena de asombro de admiración y ambos se me quedaron viendo fijamente. 
—Bueno Häring veo que la chica le interesa más esto que lo que sea a lo que la ibas a llevar… 
—¿De verdad no tienes hambre? —me preguntó y en él vi la duda de sacarme de ahí o no. La verdad es que no le respondí.
—¿Por qué tanto interés en la consola Meghan? —Liam hablaba con tanta fluidez que era imposible no contestar, su voz era como una calma para cualquier cosa.
—En la escuela jugaba a ser el DJ…

Aquello era cien por ciento verdad y lo que más recuerdo era que el profesor encargado de la cabina de audio hizo hasta lo imposible porque la escuela aceptara comprar equipo básico con buena tecnología e incluso una laptop que prometió que en cuanto me fuera del 11º grado podría llevarme para seguir usándola y aunque lo creía imposible, me daba igual siempre y cuando no me quitaran la diversión de poder echar a volar la imaginación con lo que la escuela me otorgaba para ser un DJ.

—Vaya, por lo menos tú sí llevarás el nombre en alto de tu familia a comparación de tu primo…
—¿Qué? —reaccioné ante las palabras de Liam y miré a donde él— ¡Oh! Claro, mi primo. Mi primo.

Caí en la cuenta de que esto podía traerles muchos problemas a él y al mentado Stiffens por tenerme aquí, además de que se notaba que estábamos en una zona un tanto restringida y yo era simplemente nada en ese lugar.

—¿Por qué no te vas con Stiffens y dejas que Meghan terminé de conocer lo que puede hacer esta hermosura? —palpó cariñosamente la enorme consola y vi como dudaba Christopher.
—Yo… bueno… podría pero ella…

Y yo tenía exactamente la misma cara de confusión que él. Ese no era mi lugar pero tampoco me sentía en otro mundo. Después de mucho meditarlo, tal vez una hora, Christopher accedió a dejarme sola con Liam que encontró habilidades sorprendentes en mí. La consola en la que trabajamos era la encargada del bajo y la batería de la banda, que ahora sabía era una banda la que tocaba ante miles de chamacas, y su trabajo según él fue mucho más divertido y ligero durante el tiempo que la banda estuvo en el escenario. 

Al final, las cosas se pusieron interesantes, pues no sólo estaba de intrusa en un lugar que no debía si no que Stiffens se empeñó en que pasara la noche en el hotel que les habían asignado y ya vería él como se las arreglaría con no sé quién al día siguiente.

La verdad es que dormí bastante bien pero con el remordimiento de estar abusando más de lo debido me hizo dar muchas vueltas sobre la habitación durante varias horas; el toque de salida, había mencionado Stiffens era a las diecisiete horas, mejor dicho a esa hora él debía partir nuevamente al foro ya que la banda tocaría tres noches consecutivas y ahí me quería ver en la recepción. Divagué entre huir a hurtadillas o quedarme en aquel hotel durante unas dos horas, dos horas donde gran parte de mis pensamientos sólo pensaban en una personita. No tenía idea de por qué exactamente pero cada que cerraba los ojos, unos idénticos a los míos, aparecían en mi mente. De todas las personas especiales que habitaban en mi corazón y la que más me preocupaba conservar para siempre era a Mila, su sonrisa, su alegría, su sinceridad, la forma en que te mira cuando le hablas y le explicas la razón de las cosas su rostro adquiere una picardía y un toque de escepticismo, como si ella supiera más cosas que uno no. 

Para cuando no había decidido nada aún, me fui a dar más vueltas a la recepción y me había sentado en uno de los tantos sillones colocados ahí, al cabo de un rato escuché una voz molesta cerca de mí.

—¿Quién diablos está ocupando esa habitación? —seguro ya tenía problemas. Seguro.
—¡Ah! Perfecto, ya estás aquí Jost —pude identificar la voz de Stiffens, el calvo—, yo dispuse de esa habitación y pagaré los gastos de las comidas —¿Qué? El tipo ése estaba loco—, pero quiero hablarte de eso, mejor dicho de la persona que ocupa esa habitación –hizo una pausa y me encogí en el asiento, imaginé que me estaría buscando, ya eran pasadas las diecisiete.
—Por un momento pensé que la fichita de Tom se había salido con la suya y había dejado pasar a la chamaquilla esa que seleccionó ayer —respondió con alivio en la voz su interlocutor—, tenerlo quieto parece más difícil cada gira que realizamos, pero al grano, no nos queda mucho tiempo para irnos. Lo haremos por el estacionamiento mientras ustedes hacen tomas de la parte frontal con las fans.
—De acuerdo. El tema es el siguiente: tengo una pequeña invitada en aquella habitación que me gustaría que tomaras en cuenta.
—Woh, woh, ho… recuerda que soy casado y… tú también.
—¡Ja! —rió Stiffens—. Bonita tu imaginación. La chica que está, está. De hecho tendría que estar ya aquí, tiene algunas buenas capacidades para manejarse con las consolas, ayer estuvo todo el concierto ayudándola Liam y dice que le interesaría bastante trabajar con ella…

Todo lo que comenzó a decir Stiffens sonó como algo lejano y hueco, como si estuviera sucediendo dentro de una botella de cristal y yo apenas pudiera escuchar lo que ambos se decían. También a su vez sentía un par de miradas sobre de mí y unos cuantos comentarios entre asombrados e indiferentes…

—Mira eso…
—Mírala a ella —dijo otra voz muy parecida pero que seguramente había pasado bastante tiempo practicando el hablar de una forma muy callejera.
—¿Crees que sea real?
—Tiene que ¿No? —de pronto rió—. Aunque sería fantástico… que fuera de esas personas que se ponen como estatuas y te meten un susto…
—No, yo creo que es más como alguien normal, aunque eso que lleva en la espalda es genial. Completamente genial. 
—Yo digo que en cualquier momento te va a meter un susto. Tócala.
—Quiero tomarle fotos.
—¿Qué diablos están haciendo aquí? —escuché otra voz medianamente familiar.
—¿Qué haces aquí Meghan? Tenías que reunirte conmigo a las diecisiete en punto —dijo ahora Stiffens y las cosas volvieron a tener sentido, cada una en su lugar y espacio.
—¿Qué? Yo… ahm…
—¿Es ella? —dijo otro hombre de buen porte y que se notaba uno o dos años menor que Stiffens y al mismo tiempo más bajito, lo que lo hacía un tanto simpático pero de pronto no tanto con su tono de voz.
—Sí —asintió él con una sumisión bárbara.
—Ustedes dos —miró al par de chicos que tenía en frente que ahora que reaccionaba, uno no paraba de mirarme a los brazos y el otro directamente a la cara—. ¿Qué hacen aquí? A las camionetas, salimos por el estacionamiento.

De pronto o mejor dicho de la nada salió un tipo de estatura descomunal y les dio ligeras palmaditas en los hombros para que giraran y comenzaran a caminar.

—Bien, nosotros tres nos vamos en la otra camioneta…
—¿Qué? —medio logré balbucear después de que con trabajos le quitara la vista de encima al par de chicos.
—Que te calles y camines —dijo Stiffens a mi oído, me tomó por los hombros y no me quedó remedio que caminar al frente de él básicamente de una manera forzada.
—Ya —dije de mala gana—, pero de una vez te advierto que tengo malos nexos con las personas que pretenden hacer un papel paternal —Stiffens rió y por poco me tumba al abrazarme.
—Me caes bien Meghan. 



ANGEL ON MY SHOULDER

2 comentarios:

Λgα†ђα dijo...

necesito saber mas...
este capitulo me ha parecido tan
corto, me he quedado con ganas de
mas..

espero publiques pronto pues tu
historia tiene un no se que, que
me envuelve....

nos estamos leyendo mi querida Zaybet

Zaybet Hilton dijo...

Wow! mi querida Agatha y yo pensando que estaba muy largo xD

Claro que las publicaciones seguirán, el próximo jueves sin falta.

Xo.