22 de diciembre de 2009

Capítulo V [ Parte 4 ] Miedo de mirar hacia atrás en el corazón.




Hice un recuento por los últimos años con la banda mientras posaba sobre la cama; indiscutiblemente cada momento era uno único y muy especial, todos estos años siempre enfocados en una sola meta, Tokio Hotel, y antes de tener que escondernos por el grado de fama que habíamos alcanzado como grupo, venía a mi mente las personas más libres que éramos; pensándolo bien ciertos aspectos no habían sido muy buenos, tal vez nefastos pero ¡vamos Georg ya es hora de dejar el pasado ahí atrás donde en definitiva no se puede mover, mejor manipular el presente para obtener un buen futuro!.

No podía dormir, no sé cuanto tiempo llevaba dando vueltas en la cama con un montón de pensamientos, tal vez no pasaba de la media noche y lo que más me preocupaba era que al día siguiente tendría que levantarme muy temprano; después de girar mil veces más por la cama, sólo existía una forma de liberar mi tensión y…

- ¿Qué ya me extrañas tan rápido? – la voz burlona de Fabiho me tomó por sorpresa cuando decidí llamar…
- ¡No!, no idiota me equivoqué de número, eso es todo… – traté de defenderme, estaba por demás nervioso y escucharlo me puso aún más porque no era quién yo esperaba.
- ¡A-há! ¿y qué tiene que ver la linda “F” de “Fabiho el bello” con la “M” de “Mariella la qué me trae loco”?
- Me confundí con la “L” de lento de Laggerfeld.
- Puede ser, puede ser… – y de verdad había sido un error de dedo al presionar las teclas – y bueno aparte de distraerme y molestarme y lo más importante para no quitarte más tu valioso tiempo para hablarle a la persona correcta…
- Síguete burlando.
- ¡Ya, ya! ¿me necesitas para algo más?
- Ahora que lo dices de esa manera mi auto necesita ir al servicio ¿podrías llevarlo en la semana?
- Voy a empezar a cobrarte por cada uno de mis servicios man, sacaría buenas ganancias a costa tuya.
- Y yo cada que traes a una chica y ocupas el cuarto de huéspedes – le reproché – ¡crees qué no me doy cuenta!
- ¿Qué día y a qué hora necesita el servicio señor Listing? – preguntó cortésmente.
- Cuando tengas tiempo ¡eh! No te presiones, muchas gracias por tu noble amabilidad.
- Ok, ok, Georgy bye, bye.

De pronto el valor para llamarle se me había esfumado… vaya tenía que hacerlo o no podría dormir “abre esa maldita lista de nombres nuevamente Georg y marca” una voz fuerte en mi cabeza me ordenó.

- ¿Hallo? – su voz encantadora resonó.
- ¿Cómo estas? – comencé a jugar con el control del televisor nerviosamente.
- Bien… – ¿dudo? ¿Por qué dudo? ¿acaso le pasó algo? – bien, sí, bien… ¿Qué tal tú?
- ¿Segura estás bien? – pude percibir que no sólo eran nervios.
- Sí sólo un poco cansada, ¿tú dormiste todo lo que no pudimos?
- No, no mucho tenía que hacer algunas cosas para… para comenzar la semana.
- Sí, algo me imaginé, me dijo… me dije a mi misma, ahá, porque yo hice lo mismo – creo que ella también esta nerviosa, su voz al dudar es hermosa.
- Entonces también tendrás una semana ocupada.
- Al parecer sí, mañana tengo dos juntas muy importantes, un nuevo proyecto, pinta muy bien.
- ¡Vaya! Mucha suerte.
- ¡Gracias! También para ti.
- Nos veremos pronto, lo prometo – debía encontrar la manera de decirle que no la vería pero no la tenía.
- ¡Perfecto! Estaremos en contacto, sólo que si me dieras tu teléfono, sabes… ya que me aparece como “privado”.
- ¡Ah! Sí, desde luego tienes dónde apuntar… – y así después de sentirme un tanto alagado de que en algo mostrara interés y que le pudiera responder nos despedimos y yo sin haberle podido decir que estaría una semana fuera de Alemania.


[*Mariella Dekker*]
Qué poco astuta me vi, por poco y mencionó que vi a Fabiho me dije con el celular en la mano aún, tenía nervios, ese chico sabía como alterarme; enseguida me metí a mi habitación dejando la puerta del balcón abierta, al pie de la cama estaba Mercury.

- ¡Hey! ¿sabes qué acabo de hacer? – le hablé y él levantó su cabeza irguiendo las orejas – casi lo arruino por completo – el ladeo un poco su cabeza – pon atención ok – le estiré mi mano y él me dio su pata – hace unos días conocí a un chico, es muy relajado, muy interesante, ¡sabes!, algo misterioso sé que tiene y que no quiere decir, es acerca de él, no hay que ser sabios para saber que él tipo miente la pregunta es: ¿Por qué? Pero eso después lo descubro… ¿sabes dónde estuve el fin de semana? – él movió de nuevo sus orejas… y la puerta de pronto se abrió.
- ¿Podrías explicármelo mejor a mi no crees? – en el marco de la puerta y con una cara muy molesta posaba Kart, la misma que de inmediato se reflejó en la mía.
- Sabes Kart, no tengo que pasar la vida entera diciéndote a donde voy o no, por lo menos si tuvieras la delicadeza de tocar la puerta antes de aventarla y cambiar tu ridículo tono de enfado para conmigo – me giré a la ventana.
- ¡No lo hago por mí! – alzó la voz – ¡lo hago por Ela! Estaba muy preocupada, de nada te sirve tener tanta tecnología en la manos si te vas a negar al teléfono… pasaron muchas cosas que seguramente, tú, por irte a quién sabe dónde con él tipillo ese, dejaste botados a tus amigos, que, te necesitábamos…
- ¿De qué hablas? – me giré de nuevo a él retándolo con la voz.
- ¿Ahora sí te interesas no?
- ¡Vamos! sólo déjate de rodeos y sí vas a hablar por lo menos termina tus palabras.
- ¡Investígalo por ti misma! – me señaló con su dedo índice – no todos soportamos el hecho de que seas una diva – salió y azotó la puerta tras él.
- ¡Qué…! – mis palabras se quedaron suspendidas en la nada – yo no entré a pelear ¿Qué le pasa? – miré a Mercury – tú sabes algo y no me lo has dicho – lo miré inquisidoramente él me respondió con un pequeño chillido – ¡hey vamos! ¿Qué pasa? ¿Qué rayos paso aquí?
- Pasa que uno de nosotros se fue… – dijo Ela al pie de la puerta – ¿puedo pasar? – alcé la vista y la miré.
- ¡Claro! – me puse de pie.
- Escuché los gritos de Carlo, discúlpalo, ya sabes como es de repente.
- ¡Sí ya, vaya! No te preocupes, tal vez no debí contestarle tan golpeado a primera instancia.
- ¡Ne! Es un metiche, le dije que no viniera que yo lo haría primero pero estaba de insistente desde que vio tu auto en el jardín.
- Ok… ya olvídalo – sacudí mi mano – pero dime qué fue lo que pasó, fue grave, por teléfono no me dijiste nada.
- Ashir regresó a España – la miré asombrada mi mente pensó mil cosas probables para su regreso – “cuernos” – dijo de nuevo Ela al ver mi cara de confusión.
- ¡Ashir engañó a Deieu! – grité.
- ¡Cállate! – me regañó – sí, mira a grandes rasgos: Ashir no le dijo que una “amiguita” vino desde España aquí a Magdeburgo de visita y esté por qué no se endulzó al grado de que se regresó con la chica no sin antes decirle una sarta de tonterías a Deieu, básicamente se portó como un patán.
- ¿Cómo está Deieu? – me dejó asombrada las cosas que podían pasar cuando uno se perdía por un par de días.
- Obviamente al principio mal, después nos fuimos a desahogar con ella… con cafés, nada de alcohol – me sorprendía a veces lo rápido que podía leer mi mente – y en todos estos días Kin no se ha despegado de ella.
- ¡Diablos! Ahora sí me siento mal – baje la cabeza con cierta culpabilidad y las palabras que hace unos momentos Kart me había dicho estaban rebotando en mi cabeza.
- ¿Por qué?
- Por no estar aquí para apoyarla, ¿Por qué más?
- ¡Vamos no pasa nada! Ella sabía que… bueno todos sabíamos que estarías con… – dudó.
- ¡Georg!
- Georg, de todos modos ella era la que nos ponía más tranquila.
- ¿Cómo? – la miré más que confundida.
- Creímos que te había pasado algo malo o que te habías escapado para ya no volver – fingió ponerse triste.
- ¡Relájate! – solté entre risas – ¡cómo crees! Jamás haría eso – y la estrechaba entre mis brazos, aunque no me lo dijera con las palabras correctas sabía que estaba preocupada por mi ausencia de todo el fin de semana y sentía provocarle esos ataques de nervios.
- ¿No? Te recuerdo que una vez intentaste…
- ¡Shhhh Ela! – mi semblante cambio tan rápido como pude asimilar sus palabras trayendo recuerdos a mi mente – eso fue en el pasado y es el mismo que se hizo presente hoy, el diablo con sotana anda suelto por Magdeburg, no me lo recuerdes más por hoy quieres.
- ¡Lo siento! – dijo con emotiva pena, ambas sabíamos que no era grato recordar aquellos tiempos donde todo fue muy complicado – no fue mi intención.
- ¡No te preocupes yo lo sé! – le di una leve sonrisa y tomé su mano.
- Mejor cuéntame qué fue lo que hiciste, a dónde, fue con él desde luego… – mientras ella decía todo eso mi mente comenzaba a despegarse de la realidad y traía todo a mi mente de nuevo… al grado que dejé de escuchar su voz formularme preguntas.

2 comentarios:

shaira beluga dijo...

literalmente.. le diste el Flugzeug a Ela..mala persona! jajajajajjaja

pd.. ahora mercury tiene rostro XD

Karla Díaz dijo...

cual es mi perro??
jeje