23 de febrero de 2010

Capítulo X [Parte 3] ¿Chicos...? ¡Aquí vamos!






Cuatro mujeres, dos hombres con el mismo andar, felices mostrando, algunas, la forma en que dos de ellas podían hacer que los hombres volteasen a mirarlas y, ellas, simplemente ignorarlos. Era la parte más comercial de Magdeburg, la zona dónde no todos tenían la oportunidad de adquirir lo que ahí se vendía, estos chicos hoy pretendían no limitarse, la ocasión era especial y el derroche de glamur lo darían ellos con sus distinguidos atuendos.


Los hombres iban a desventaja, tendrían que esperar a cuatro bellas damas probarse y lucir infinidad de modelos, ya se veían ellos haciendo conversación y muecas de sufrimiento, una de ellas les recordaba que también saldrían beneficiados “lloriqueos a otro lado” dijo una acomodando sus lentes oscuros; él reprochaba “es igual que su hermana…” y no importase que se quejará de ese modo a final de cuentas estaba disfrutando el día.


Comenzaba la contienda, VERSACE, era la primera tienda donde las más jóvenes del grupo se detenía sin esperar respuesta del resto; uno de los más agraviados y apenados miraba con los ojos muy abiertos “Dios, esa tienda es…” el chico a su lado le decía precipitadamente: “¡caro!, sólo porque fue compatriota y si hay que tener que pagar aquí, la empresa lo tendrá que hacer, hasta lo tuyo” sonreía para relajarle la expresión y hacer que su tarde no fuera agobiante; más tarde mientras esperaban sentados viendo como entraban y salían del vestidor, las chicas sin parar, le explicaba la mecánica de pago y que lo único que debería hacer esa tarde era disfrutar de ver infinidad de cosas y llevarse a casa los atuendos que lucirían un sábado por la noche.


Triunfante una de las chicas encontraba su primer atuendo para la noche, como parte de las sorpresas ella se engalanaría en usar un vestido largo para su primer evento programado, de un corsé con tirantes en pedrería adornando en forma y figuras en el torso, el vuelo del vestido de una tela contrastante en suavidad, de una tonalidad lila que la hacía ver terriblemente inocente. Los dos varones reían con timidez al ver la magnitud de euros que costaría tan lujoso vestido y ser sorprendieron aún más al sumar la cantidad del segundo vestido de escogido del mismo diseñador; un vestido en tono uva, de texturas místicas, largo y singularmente a su medida, con un escote provocativamente extraño que dejó sin pretexto alguno para su galante compañero que la acompañaría esa noche. Alguien más al fondo encontraba su atuendo perfecto para después de su ya programado primer evento.


Un vestido cómodo, corto, de un peculiar estilo setentero de un color aguamarina de tela muy sedosa; todos decían al mismo tiempo cuando lo tomó entre sus manos y lo mostraba a sus amigos, triunfante por encontrar uno de sus dos atuendos: “Es tu estilo, es perfecto”. Las risas colmaban la tienda y las vendedoras atendían alegres a los presentes. Tres fundas salían de la tienda, tres atuendos de dieciocho que en total portarían los nueve chicos.


Sin esperar el paso de los demás, aquella chica que se veía más alta que el resto y de cabello rubio ondulado encontraba el atuendo perfecto para su hermana; EMPORIO ARMANI; enmarcaba en grandes letras a la entrada de la tienda; justo en el aparador veía e imaginaba a su hermana en aquel vestido azul metálico corto ceñido a la cintura, con detalles asimétricos por el torso, de tirantes gruesos y hacía pasar a una de sus mejores amigas a probarse aquel vestido comprobando que le quedase a la perfección. La otra chica, con sofisticado saber por la moda, ya encontraba el atuendo para su hermana la festejada, de suave tela en dos tonos grises, uno fuerte para el corsé y claro para el resto, sobrio con un toque coqueto en un tirante que tenía costura casi por la mitad de la parte frontal, se medía su melliza para corroborar algún detalle a modificar. Tan de buena suerte iban las chicas esa tarde que ya salían dos fundas más de aquella tienda. Los dos varones iban con rabietas y gestos a dejar aquellos cinco vestidos a los autos.


Qué energía traían aquellas dos chicas que sólo llevaban pocas horas en aquel país, que ya entraban a peculiar tienda, DKNY, y escogían dos bellos atuendos para su celebración por la noche en un club de nocturno; un vestido corto en rosa tipo straple era para la joven de cabello ondulado y uno negro, corto, de tirantes con un vuelo que le daba las asimétricas formas que llevaba aquel vestido que la hacía lucir una niña.


Era el tiempo de las chicas mayores y contra atacaban ya en DIOR; uno de los chicos no presentes aún, se alegraría de aquel buen gusto que les nació por entrar a aquella tienda. La melliza no encontraba nada para ella pero sí para su hermana, un vestido en rojo vivo, corto de tirantes muy delgados y de singular escote en V se medía enseguida para evitar cualquier imprevisto: “¡Perfecto! Me lo llevo, éste usará mi hermana en el club” decía mientras todos los presentes daban su aprobación. Un vestido al fondo sobre un maniquí corto a dos bandas como parte superior formando un escote en V sencillo de tela platinada y una caída inocentemente bordada con tiras de encaje negro en líneas horizontales, tomaba la mayor de las chicas, con su distintivo cabello muy rubio y corto, se medía sin ponerle pretexto alguno.


Aún nos faltaba un poco de recorrido pero teníamos casi la mitad de la batalla ganada, las hermanas por el contrario aún no encontraban los atuendos de noche que portarían, nada las convencía por completo y por otro lado los caballeros debían buscar también dos atuendos para cada uno. La ventaja de todo esto es que tendríamos de nuestro lado a todo un fashionisto de la moda y para ellos sería seguramente menos complicado.


Ambas hermanas se acompañaban primero dedicaban un vistazo a exclusiva tienda, GUCCI, y la menor ya se desvivía por un vestido largo, “Perfecto para mí”, expresaba mientras ajustaba el cierre del vestido su hermana y ella acomodaba las tiras que cubrirían su busto en forma de un halter, un detalle en negro coronaba al vestido como único en diseño, según una de las modistas que las atendía, esperanzada porque aquel vestido no fuera rechazado. Su hermana la miraba y le recitaba: “Guapa, fijaos que llevad dos estilos diferentes de vestir que con uno te vez toda una chavala y con este sois una mujer”; ella reía dándole la razón y saldaban el monto de aquel largo vestido.


Ella por el contrario, no quería un vestido largo y opto por un diseño de LAURENT, negro en satín al ras de la rodilla, de tirantes muy delgados, con un coqueto cinturón de pedrería e incluía su propia bolsa de noche (una preocupación menos de accesorios que buscar). Saldaba su cuenta y salía junto con su hermana viendo al resto de los chicos sentados en una banca frente a la tienda de donde ellas salían con tremendas caras de preocupación. “Qué os pasad ahora” les preguntaba y entre todos se miraban y la rubia de cabello ondulado le respondía: “Aún nos falta el vestido de mi hermana”. No es que estuviesen cansados pero divagar entre tanto vestido durante un par de horas había agotado cualquier modelo que en un principio llevaron pensando en ella. Tomaron un descanso y justo llego la salvación de momento, François se aproximaba y los miraba en una terraza con lentes oscuros a la mayoría, pues el sol aún no se ocultaba. Fue el turno de conocer ahora a las hermanas de sus amigas y ya hacía terrible mancuerna con ambas, hablando de ropa, tendencias, moda, colores, formas. Imparables se veían platicando.


  • - Quiero ver los vestidos ahora mismo – decía con una sonrisa François.


Recorrían la plaza una vez más mostrándole los once modelos ya escogidos, y rápidamente platicaba con Gabrielle y Amélie, chicas que a simple vista se les veía el buen gusto para vestir, y sacaban conclusiones de las zapatillas, accesorios y bolsos a escoger para cada vestido y ahí iban de nuevo, ahora los chicos decidían quedarse a platicar a las afueras de la tienda donde complementaban sus accesorios, las miraban ir y venir con infinidad de zapatillas en las manos, como un dirigente de orquesta, François aceptaba o rechazaba los modelos. Después de un largo rato salían ya con bolsas pesadas en las manos.


  • - Pero niñas aún falta el vestido que usara Malle – lucía preocupado por aquello François.
  • - Ese… – decía Amélie.
  • - Sois el problema – completaba su ya mancuerna Gabrielle.
  • - Ese… – repetía Amélie.
  • - Sí, comprendo – les contestaba François.
  • - ¡No! – les decía Amélie levantándose a un exclusivo aparador, mirando mientras caminaba, sin parar aquel vestido.


Uno largo en tono rojo, ceñido hasta la cadera con un vuelo amplio, un escote recto y mangas caídas de los hombros, un modelo perfecto para la ocasión, su tela era suave a simple vista; François mandaba a Ela con risas y empujones a aquella tienda, ZAC POSEN, a medírselo y a Amélie por los zapatos a juego.


Ahora era el turno de los caballeros pasar a distinguida tienda de ropa, DOLCE & GABBANA, un asustado Fabiho reclamaba una vez más por lo que significaría sacar de aquella tienda 6 atuendos diferentes y de nuevo lo consolaban aquellas chicas con respecto a saldar la cuenta, él aún abrumado y poco convencido entraba a la tienda, François y Gabrielle ya elegían tres diferentes trajes sastre para la primer ocasión. Nadie puso objeción a tan finos trajes, Carlo Minutti ya se media uno en completo negro, de un sólo botón para su saco, una camisa blanca de seda combinado con una delicada corbata tejida a mano en negro, Ela buscaba ya unas mancuernillas y unos zapatos debidamente a su medida.


Para Fabiho entre todos escogían un traje sastre gris Oxford de un pantalón ligeramente entubado, con un saco a un botón y una solapa con una textura diferente y contrastante a la del resto del conjunto haciendo un fino juego con el vestido de Kin, una camisa gris humo acompañado de un moño, las chicas presurosas buscaban los zapatos en cuanto el traje era escogido. Sin preámbulos François elegía su atuendo: un pantalón café oscuro recto combinaba con un saco de dos botones en gris, una elegante camisa en blanco y le daba un distintivo toque con una corbata en color vino, él tenía la libertad de elegir un atuendo de tal magnitud pues no tendría como compañera a ninguna de las chicas y le era más fácil elegir cualquier atuendo.


Los atuendos para el club eran más relajados, los tres acordaron por pantalones de vestir, François tomaba uno muy peculiar en rayas verticales negras y blancas, los otros dos en completo negro, Kart conservaría su camisa y la combinaría ahora con una gruesa gabardina tejida en negro y blanco; François combinaba con una gabardina en suave tela abotonada a un costado por su parte Fabiho optaba quedarse con un cómodo chaleco con un cierre muy marcado de su lado derecho.


Pasaban ya de las ocho de la noche François regresaba con cuatro vestidos, seis pares de zapatos, un traje sastre, un atuendo más sobrio, dos bolsos y todo eso mientras los demás chicos se daban el lujo de irse a cenar antes de pasar a dejar a Gabrielle y Amélie al departamento donde dormirían esa noche, habría que dejar las cosas en ese mismo lugar y llegar hasta muy noche, salir muy temprano y desconcertar a las dos chicas que no tenían ni la más remota idea de dónde se encontraban sus amigos en ese justo instante.


Al ver tanta soledad dentro de la casa, Mariella le proponía a Kin salir a tomar un café, o ir al cine; qué contrariadas se encontraban al no saber nada de sus compañeros. Ésta con la misma sorpresa por aquella soledad que embargaba la gran casa aceptaba salir con ella, una tranquila noche antes de un fin de semana, como siempre, no planeado para disfrutar y ya animadas sentadas en las butacas de un cine trascurrieron alrededor de 3 horas.


  • - ¿Qué te parece si vamos a cenad? Yo invito – decía una alegre Kin para Mariella que salía del estacionamiento del cine.
  • - Una perfecta idea, llámales a los demás por si nos quieren alcanzar – Mariella le tendía su celular mientras miraba precavidamente para poder incorporarse a una gran avenida.


Kin no obtuvo respuesta de ninguno de los celulares a los que llamó, no les quedó remedio que ir ellas solas, su camino lo desviaron hacia un tranquilo bar donde aprovecharon para tomar una copa y cenar algo ligero. Al cabo de una hora su plática era fluida y sin novedad.


  • - A todo esto, ya son varios días y tu no me has dicho, cómo es que te fue en tu entrevista con la banda de Bill – preguntó Mariella.
  • - Con… Bill – de pronto Kin se ponía nerviosa y se olvidaba de Bill y le recordaba a Georg y su tremendo encuentro.
  • - Y su banda, ¿no?, dijiste que sería el grupo completo, ¿cómo te fue?
  • - Bueno pues… mirad que…
  • - ¡Buenas noches! Que agradable sorpresa – en fuerte voz masculina se escuchaban aquellas palabras.


Kin miraba desconcertado a aquel chico y agradecía la interrupción aunque no tenía ni la más remota idea de quién era; Mariella reconocía el timbre de voz de aquel chico que le hablaba a su espalda y con pesar bajaba la cabeza a sabiendas que él se encontraba detrás de ella…

1 comentario:

b@llen@ belug@ dijo...

oooh sea asi o mas gastalones estos muchachos XD