13 de abril de 2010

Apéndice Uno [ Caja de Cristal ]






¿Estoy de nuevo en el mismo lugar? Reflexionó abriendo los ojos lentamente. ¡Es el mismo lugar! ¿Alguien sabrá qué pasa en este lugar? He tratado de descubrirlo por… no estoy segura cuánto tiempo, es más no sé si aquí exista algo llamado así, aquí nunca hay sol, nunca hay una luna que me indique en que parte del tiempo… ¿vivo?


He despertado, o al menos eso es lo que creo, siento una extrañeza en mi cuerpo dónde mi mente me indica que pareciera me acabaran de dar una paliza, como si hubiese caído de un alto piso contra un duro suelo en el cual estoy recostada pero mi cuerpo no me da indicios de absolutamente nada, no hay dolor, en la mayoría de la ocasiones no siento frío, calor, dolor, sueño, hambre, cansancio y muchas cosas más que podría seguirme enlistando en medio de esta soledad y un sepulcral silencio que habitan conmigo en este lugar. Hay veces que puedo llegar a escuchar los latidos de mi corazón, parecen por tiempos débiles, lentos, cansados, pero yo no me siento así, la sangre que corre por mi cuerpo rápidamente tiene energía, tiene vida, vida, que no se porque razón se ha detenido tan abruptamente en mi, un suspiro tarda en llegar, un respiro dura años en terminar. Tal vez en mi desesperación y agotamiento mental las cosas se vuelven de este modo…


No es una fatiga corporal pero es como si mi cuerpo viviese en algún tipo extraño de gravedad al que no termino de acostumbrarme; me levanto lentamente y me miro como todo el tiempo lo he hecho desde que tengo un plazo de conciencia turbia. Mi cuerpo está desnudo, mi piel blanca es lo único contrastante en todo este extraño lugar, lo rubio de mi cabello pareciera que es la poca luz que me alumbra. Me pongo lentamente de pie, como un torpe bebe que tiene miedo de caer, así con dificultades me sostengo sobre mis débiles mentalmente pero no físicas piernas, se que ellas quieren correr, algo más ajeno a mi me impide lograrlo. Examino con cuidado y lentitud mis brazos, los levanto y estiro un poco para verlos, en su postura al aire mis manos tiemblan, mis dedos hacen movimientos que no controlo yo, parece como si tocaran constantemente un fino piano en el ambiente en un ritmo descontrolado, el dorso de mis manos tienen moretones, a veces están ahí otras tantas desaparecen, a lo largo de mis brazos miro esas marcas de un rojo carmesí en perfectas líneas rectas de extensión efímera y así sigo mirando mi cuerpo impecable y pulcro como si nunca nadie me hubiese tocado, mis pies nunca están sucios por más que de pasos en ciego por lo poco que me atrevo a merodear de este lugar. Quisiera poder ver mi rostro en algún lado, quizá no sea yo, quizá sea un cuerpo ajeno al mío, quizá…


En mi mente, esa mente que se queja constantemente porque al abrir mis labios no expresan ningún sonido latente, lo he intentado, he querido gritar en más de mil ocasiones y sólo vagos suspiros salen de lo profundo de mi garganta. Hay veces que utilizo mi voz interna para acallar ruidos que no sé de donde provienen, mi ser no comprende ni descifra los sonidos, taladran mi mente y hacen que la desesperación se acumule en mi cuerpo haciéndome sudar, encogerme, tomarme en una posición fetal llena de miedo y estrecharme a mi misma. Una desesperación que no es comprensible siempre es acompañada de esos sonidos que se llenan en dejos de suplicas, tristezas, ruegos… eso es lo que en esencia me atormentan pero su significado nunca me es certero. Se convierten débiles, gruesos, agudos, finos, inflexiones y sentimientos dolor que me hacen tirarme al suelo llena de lagrimas por lo impotente que me hacen sentir cada que se dirigen a mi…

Soportarme a mi misma es ya de por si difícil y se hace más con la soledad en un consuelo he querido traer a mi algún recuerdo; un plan macabro en mi contra se desata cada que merodeo en una memoria casi inexistente, cierro lo ojos muy a menudo forzando a mi débil memoria a que me diga algo… miro rostros ir y venir, sus caras vuelan entre el alo oscuro, sus bocas se mueven, dicen palabras, se detienen y formulan frases largas pero no hay sonidos, me hablan sin parar esperando a que les de una respuesta pero lo único que consigo es que se esfumen en la oscuridad como delgados hilos de humo cada que a mi modo les quiero hablar.


Un rostro peculiar miro muy a menudo; de todos es el único que me trae paz, puedo sentir un acelerado corazón mío cada que él me mira y me sonríe, es amable, no tiene voz como yo y aún así me entiende, él no se va cada vez que mi mente se dirige a él y sin embargo aunque no responde a mi lenguaje de la misma forma su mirada penetra en la mía con dulzura y se lleva todo el miedo que me acecha. Son sus ojos grandes de un cian como el tono intermedio del mar que me dicen que no deje de luchar. Una vez salió de la oscuridad de mis ojos y me estrechó entre sus brazos, tomó mis manos y a cada una les dio un beso “Te extraño tanto” rebotó en el silencio y una gran sonrisa sé que se dibujo en mi rostro. Su rubio cabello corto y ondulado enmarcó su rostro joven de pronto en un miedo pude notar que lo atacó y justo en ese momento miré como era yo la que se esfumaba en el ambiente, yo que nunca supe que era lo que a mi alrededor pasaba…


* * * * * * *


Ahí está otra vez esa explosión dentro de un corazón a causa de que la han alejado, un cuerpo se sacude sin control, ese cuerpo sufre la falta de todo, ya no tiene un motor, lo han alejado de él sin pedirle algún permiso como si pudieran mandar sobre él, también siente y aclama sus derechos en un silencio magnético. Ese cuerpo es el mío…


Los recuerdos son una mezcla de frescura y olvido. He mirado a mí alrededor como simplemente no hay nada aparente, aquí hay un blanco, en todo el camino, hay un blanco en el ambiente, y seguirá siendo blanco. A ciegas he caminado, he gritado, he llorado y sin embargo no me he cansado, aquí no existe eso. Mi corazón me ha guiado, la he llamado y no la he encontrado, suspiros me consumen, y su rostro me carcome.


¿Sabrá que tiene miedo? Yo sí lo sé y la busco en la infinidad y extensión de mi alrededor, sé cuando llora, sé cuando grita en vano porque no comprende que aquí las reglas no están hechas para nosotros, sé que es una mente desgastada y no quiero que se deje vencer su mismo cuerpo, tiene que correr y buscar entre la soledad, buscarme como aquel último grito que me imploró ir a ella, ese recuerdo es mío y abrazo a mis pensamientos como puedo, para guiarme, ese grito que me pide que me acerque aunque ella no sabe que estoy ahí y quiero caer frente a ella sin perder la razón para que no me aleje una vez más; un colapso que me dejó sin vida y sin ella…


Ante mi se alza su gran estructura complicada que me limita a seguir y me hace regresar. Camino en círculos alrededor de ella hasta que mis huesos me hacen caer al suelo y comienzo de nuevo, toco su superficie lisa, suave e impecable… no me recuerda nada pero me hace querer tirarla a puñetazos al mirarla frágil pero cuando he comprobado que es todo lo contrario y es fuerte como un árbol de roble áspero y añejo distingo que es un cristal esmerilado que no me deja mirar en su interior con claridad…


Soy yo otra vez luchado contra lo que no sé si es real, creo que la he visto en el aire y me de tengo a olerlo, querer tocarlo es como querer volar pero alcanzo a sentir su fino ondeo a mi alrededor. Es por demás extraño pues aquí nunca hay viento y una ráfaga tibia ha hecho que mi cabello se mueva, mis ojos se cierran y mi cuerpo se sacude sin control, no soy dueño de él, lo comprendo rápidamente cada que eso pasa y gritos resuenan en lo profundo de algo que es desconocido cuando mis ojos permanecen así. La respiración se me acorta y el dolor que de la nada se asoma, no me esfuerzo esta vez y sólo me dejo caer…


* * * * * * *


Desapareces como humo, te desintegras en el viento, las cenizas de tu cuerpo son agua entre los dedos, el amor consume nuestros derechos; no existes más que en lo profundo de tus pensamientos y ahí no eres nadie…




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