29 de abril de 2010

Capítulo XV [ Parte 2 ] Los mensajes que traté de enviar.







  • - ¿Estás feliz? – me pregunta Amelie mientras me dejo caer en la cama con Tabatha.
  • - Mucho, hace tiempo que no las tenía tan cerca, ya las extrañaba y luego ¡mira! que bonita sorpresa me traen – le contesto y juego con los ricitos de mi sobrina, mientras ella posa en mi pecho muy dormida por todo lo que ha jugado durante la tarde.
  • - Lo que es sorpresa es que te la pases hablando en noruego, y ¡luego siento tú! – me alega mi hermana forzada a cambiar de idioma por mi evidente respuesta de ese modo y me quedo pensando en lo mucho que tiene razón. La última vez que hablé tanto y tan fluido fue en mi último viaje a Noruega hace más de cinco años. Era más que obvio que Tabatha me hacía tan feliz que no me importaba que idioma hablábamos, me hacía recordar muchas cosas, era como tener cerca a Melissa, hace muchísimos gestos de ella y por otro lado me hace recordar cuando Amélie era una bebé y robaba la atención de nuestros padres – Quita esa sonrisa de tonta – me dijo aventándome una almohada directamente a la cara.
  • - ¡Hey! cuidado – le reclamé – ya está dormida.
  • - No despertará. Así es ella, sólo hay que quitarle esa ropa para que pueda dormir bien y a gusto... pero hazlo tú, yo jamás he podido hacerlo.
  • - ¡Vamos! es muy fácil – dije buscando un poco entre los cajones de lo que es mi habitación que curiosamente tenía la ropa de la niña instalada perfectamente y no por órdenes mías – esto, se hace así... la mueves un poco... quitas la ropa con cuidado... – iba recitando pausadamente mientras la cambiaba y le mostraba lo fácil que era.
  • - ¡Bien Mary Poppins! por eso y mucho más tiene a su madre, tía y abuelas... ¡YO! me hago a un lado – rió bajito porque en definitiva no se consideraba capaz a sus 19 años de lograr una faena como la hecha para le cambio de ropa de un infante.
  • - ¿Ella es feliz? – la cuestioné bruscamente al tiempo que me metía a la cama con Tabatha, y mi vergüenza fue algo notoria.
  • - A su modo... no creo que lo sea al 100% – contestó ella aún de pie.
  • - ¿Está casada? – y de pronto una pregunta se formulaba en mi cabeza, algo que no analicé desde el principio por quedar embelezada con la pequeña – ¿Quién es el papá de Tabatha?


Ante aquello Amelie abrió estrepitosamente los ojos, su sorpresa me llenó de dudas, comenzó a mover los labios tartamudeando pero sin articular algún sonido. ¿Nerviosa? dijo una voz en mi cabeza... ¿Por qué está nerviosa? Era sumamente extraño, tal vez Melissa de verdad no quería saber absolutamente nada de mí y con lo fiera que llegaba a ser, les había prohibido que no me dijeran nada de ella. Yo la amaba, muchas veces la he necesitado aquí a mi lado pero ella no ha perdonado el hecho de que un idiota nos haya separado por sus estúpidas palabras, nunca me fue aclarado si ella lo amaba tanto, tal vez sí, yo a él... él me era completamente indiferente. Ese chico por el cual mi mejor amiga, compañera, mi hermana está a miles de kilómetros lejos de mi... por él... por... "ÉL" repitió la voz en mi cabeza haciendo un terrible corto circuito con mis neuronas...


  • - ¿Él? – pregunté casi sin voz y mi vista se apartó de la de Amélie para buscar alguna respuesta en la cara de Tabatha – ¿Él? – volví a repetir ya con voz más clara.


Amélie salió huyendo de la habitación, con precaución pero igual de veloz dejé bien acomodada a la niña y salí corriendo tras Amélie gritándole por el pasillo por su nombre en más de tres ocasiones en tono muy alto, dio la vuelta en el pasillo y el azotó de la puerta escuché, cuando iba justo a doblar por el mismo. Me acerqué a la puerta y recargué mi oreja en la blanca madrea pero todo era completo silencio. Sabía perfectamente dónde estaba, Amélie de las tres era la que podía caer en nervios con mayor facilidad, y siendo su habitación recordé que solía ponerse de espalda recargada hasta el final de su habitación en la arista que se ubicaba muy cerca de la ventana.


  • - Vamos Amélie déjame pasar – toque un par de veces – Amélie por favor...
  • - ¿Qué te pasa? – entrando al pasillo miré a Bernardette – ¿Por qué estás gritando así?
  • - ¿Quién le grita a quién? – exclamó del otro lado del pasillo Sophia.
  • - Es que... yo... ahm... le hice una pregunta a... – y antes de poder decir su nombre la puerta se abrió de golpe.
  • - ¿Se están peleando? – preguntó mamá.
  • - ¡No! – le gritó Amélie, lo cual nos sobresalto.
  • - Ya están muy grandecitas – dijo la Abuela.
  • - ¿Qué le preguntaste? que la has puesto de tan mal humor Malle – enunció mamá.
  • - ¡Supongo! – remarqué fuerte y mirando a Amélie – que sí tú no quieres decirme, ustedes sí – me referí a mi mamá y la Abuela respectivamente – le pregunté ¿quién es el padre de Tabatha? – aquello que dije tan simple y cruzada de brazos y que de antemano sabía casi la respuesta por la actitud de Amélie; mis adoradas matriarcas terminaron de confirmarme al ponerse en exceso tensas y erguidas simulando rostros duros, por mi duda.
  • - Creo que esto lo debemos hablar abajo – pausadamente y girándose sobre su eje para comenzar a caminar, Bernardette anunció.


Me sentía como si tuviera nueve años y alguna de nosotras cometió alguna travesura que no ameritaba una reprensión sino una plática del por qué. Ryszara ya nos tendía muy amable las servilletas a cada una, antes de poder sentarnos en los sillones, tenía preparado café y té; ya comenzaba a formularme preguntas y sentía la nostalgia, tristeza, nervios e incluso me sentía mal conmigo misma por pensar sólo en el hecho de que había dejado sin padre a mi sobrina sin darme cuenta.


En el sillón de una plaza se colocó la Abuela elegantemente y aún lado Ryszara, en el de dos plazas frente a mi Amelie y mamá, quedé en el sillón más grande como si fuera ir a la pared para ser fusilada. Todas posaban sus miradas sobre mi, comenzó a entrarme pánico de la seriedad con la que tomaban la situación y le daban larga a la maldita respuesta que me carcomía el alma.


  • - ¿Ya? o todavía falta algo más de dramatismo – dije a modo de reto para las tres.
  • - Mariella – entonó mamá con uno muy triste – ¿Por qué nunca te acercaste a Melissa?
  • - ¡Ay mamá! – me dejé caer en el respaldo del sillón con gran berrinche – tu hija es muy aferrada cuando se le mete una idea en la cabeza y lo sabes, si le anexas que quedé frente a ella como la "roba-novios" ¿Qué esperabas? ¿Qué me le parase enfrente? y le dijera "¡Hey! hermana, no pasa nada…" no estoy muy segura pero creo que amaba con fervor al tipo ese – las tres me miraban por la forma tan brusca en la que cambié mi tono de voz al hablar de la situación, uno muy irónico e hiriente para todas.
  • - ¿Tú qué sentías por él? – muy retadora y altiva alzó la voz Amelie.
  • - ¡Nada! ¡absolutamente nada! – grité – lo conocía de muy poco tiempo y me parecía un chico muy hostigoso, encimoso...
  • - ¿Por qué anduviste con él? – con el rostro extrañado preguntó la Abuela.
  • - ¡Jamás! ¡Jamás anduve con él! – mi furia crecía cada vez más con sus preguntas – odiaba que dijera eso ante todos en la clase, se tomaba atribuciones que no le correspondían, ¡Me fastidiaba todo el tiempo con aquello!, diciendo quién sabe qué tanta cosa absurda. Yo no sé de dónde le salió "el amor" que tanto profanó hacia mi cuando nos vio juntas. ¡No saben qué rabia sentí! cuando lo vi ahí muy plantado jugando al novio perfecto con Melissa, la cachetada que le propiné me fue muy poco para demostrarle que no debería jugar con nosotras, ¡con mi familia! – caí en la cuenta de que mis puños estaban completamente cerrados y las uñas me las estaba enterrando en la palma de las manos, haciéndome daño a mi misma pero la furia que crispó dentro de mi podía más de tan sólo recordar aquel día. Estaba de pie, detrás del sillón mirándolas destellando mi furia contra ellas, sintiendo como la sangre se acumulaba en mi rostro tornándolo de un rojo muy llamativo, sentía la cara hirviendo.
  • - Mariella – se acercó mi madre, lento. Sabía que había encendido una gran llama que llevaba mucho tiempo esperando la oportunidad de acrecentarse, tal vez no pensó que mi reacción fuera de tan abrupta manera, debido a que nunca quise tocar el tema con nadie – Mariella, ven, siéntate – su voz era algo tímida, me tomó por los hombros guiándome al mismo sillón con Amélie – Nosotras no sabíamos muchas cosas, linda, tranquila. Toma en cuenta que nos limitamos a su frío y duro silencio durante todos estos años. Un berrinche innecesario por parte de ambas...
  • - ¡Ya sé! – dije algo harta de la situación – tal vez no lo sea para todas ustedes pero, mira, no sólo soy para ella la que le robó al novio, ¡Soy la hermana que le quitó el padre a su hija!
  • - ¡Malle! linda, tranquila – su voz era pasiva, calmada a pesar del drama que desaté – tú no le quitaste nada a nadie; él ¡jamás! quiso saber de ellas, se le buscó, y sólo recibimos negativas de su familia y principalmente de él. No te eches a los hombros culpas que no te corresponden – ante aquello, me quedé sin palabras para seguir debatiendo. ¿Qué podía opinar al respecto de un tema tan viejo para ellas y tan nuevo para mí?


Mi madre me estrechó entre sus brazos, en resumida cuenta, la situación quedaba básicamente igual; era indefinible si Melissa quisiera tener el más mínimo contacto conmigo. Una gran confusión...



2 comentarios:

oreo_effeckt dijo...

ay no macayu!!!!! que emoción! xD


Aparte ni me imagine a Malle grite y grite bien histerica eh...xD

hahahaha
muy muy muy muy bueno!

shaira beluga dijo...

dicho y hecho.. el otro lo usaste para darle punch a este jajaja... q bueno q por fiiiiiiiiiiin salen los trapitos o sea no fue pa tanto jajajjaa gente hay q hablar caray...

buena la emocion!!!! q sigueee!! anda escribe! jajajaj

ich liebe dich