30 de septiembre de 2010

Capítulo XXIV [ Parte 4 ] Terminaré perdida en la confusión.



Mariella Dekker…


Los chicos en Magdeburg se han acostumbrado a mis visitas de fin de semana, hoy hemos llegado desde el viernes por la tarde, la Abuela Bernardette insiste en pasar tiempo con Amélie, no quiere que le pase lo mismo que con Melissa y pese a lo que yo pude imaginar todos en la familia tomaron con mucha filosofía el prematuro embarazo de mi hermanita ¿Será acaso porque la abuela y mamá lo hicieron a temprana edad? Como sea… ellas la apoyan al 100% y aunque mamá desearía estar todo el tiempo aquí con nosotras no puede debido a toda la carga de trabajo que tiene en Oslo pero aún hay una persona que no termina de digerir la noticia: Ela.



- Por qué no os vamos al cine como en los viejos tiempos – me dice Kin a un lado mío tumbada en el sillón de la estancia.

- ¡Eso es buena idea! – repongo yo – extraño todas las cosas de este lugar, lo juro.

- ¿Tu habitación también?

- Sí también eso, no puedo creer que Gabrielle la remodelara en ¿Qué, tres días? – me quejo.

- MMM. Sí maja lo siento, era guapa tu habitación, ahora pareced la casita de Barbie – ambas soltamos una risita que es interrumpida por la aparición de Ela.

- Hola, ¿Qué hay? – la veo y reparo en su rostro, se ve preocupada.

- Hola chicas cómo están – dice como si fuera un robot.

- Ha estado así por varios días – me susurra al oído Kin.

- ¿Qué tienes? – me atrevo a preguntar lo que seguramente nadie en la casa hizo.

- ¡Huy! Demasiado estrés en el trabajo, casi no estoy en casa, me la vivo tomando café y… ¿y tu hermanita?

- Está con la abuela pasando un rato, ya sabes, siempre fue la consentida y ahora con su embarazo…

- ¡Alto! – alega ella – tú siempre fuiste la consentida, Amélie sólo era la pequeña, de todos modos da igual, no puedo creer que no les hayan dicho absolutamente ¡nada!

- ¿Nada de qué? – pregunta ingenua Kin. Me veo en la necesidad de darle un codazo para que no le de cuerda a Ela, pero es muy tarde.

- ¡Cómo que de qué! – levanta ella las manos – la niña que viene y se embaraza y no se da cuenta y ésta – me señala a mi – que no es para cuidar debidamente de su hermana, porque ya me entere que todo el tiempo que llevan allá se la vivió de fiesta en fiesta con tus amiguitos los famosos.

- ¿Los de Tokio Hotel? – remarca Kin.

- Los que quieras… esos chicos de verdad que no saben más que vivir lujos y mal gastar el dinero, ya los quiero ver el día que estén en banca rota y tu hermana tenga que hacerla de quién sabe qué cosa para poder salir adelante ¡a su edad! Con un hijo, interrumpió su carrera ¿qué va a ser de ella?



Y cosas como esas escuchamos durante más de 20 largos minutos, creo que eso era lo que le preocupaba, el cómo nadie en la familia nos había dicho o reprendido por el descuido. Lo que yo no entendía era como ella podía ser tan cerrada en ese aspecto. Ok Amélie se embarazó, sí, pero su mundo no acaba ahí, continuará en la escuela, la dejará en cuanto ya no pueda asistir e igualmente pasará con su trabajo y una vez que las cosas sean más ligeras volverá a su vida normal ¡Tan sólo tiene 19 años! Su mundo apenas comienza.

Pero no, estaba equivocada, había algo más que la molestaba y de cierto modo tenía que ver con una persona en particular en la casa: Ashir. Según la explicación que nos dio a Kin, Deieu y a mí cuando Ela lo vio entrar y ya lo esperaba con una caja llena de cepillos dentales fue:



- Sólo lo olvidé, lo juro… no sé de verdad que pasaba por mi mente, tal vez el trabajo y cosas de ese tipo y cuando revise en mi bolsillo estaba el dinero que Ela me había dado, estaba con Deieu y como no encontré en ese momento una razón lógica nos fuimos a cenar.

- ¡Y estuvo deliciosa! – dice Deieu festejando al parecer sin ningún remordimiento.

- Entonces olvidaste que el dinero era para pagarle a la mucama que se encarga de toda la casa – saco a conclusión – ¿recuerdas cuando nos pasó algo similar? – le pregunto a Kin.

- Sí maja y os ha sido la peor experiencia de vuestras vidas, el peor cumpleaños. Desde ese día no volvimos a haced fiestas dentro de la casa y tuvimos que rogarle a la mucama que os no nos dejara a la deriva…

- El precio – dice en un tono orgullosa Deieu.

- ¡Lavar el baño con los cepillos dentales que ya no usa François!

- ¿Que mi François qué? – escuchamos una voz a la entrada de la estancia, es Jean Paul que baja de su habitación. Aún es sumamente extraño que alguien (alguien dígase un hombre) le hable con tanto amor.

- La cosa es que Ashir olvido pagarle su mensualidad a la mucama y hasta que le pague él lavará los cuartos de baño con los cepillos dentales que recolecta Ela de tu François – le digo yo y en ese instante hace su mejor mueca de asco.

- ¡Yiuh! Una cosa es lavar el cuarto de baño, la otra es lavar todos los cuartos de baño que hay en esta casa y otra aún más ¡Yiuh! Es hacerlo con los cepillos dentales que tantas bacterias guardan. Yo por eso le digo a mi François que no debe usarlos más de un mes – sabíamos de las manías que tenía François pero con la llegada de Jean Paul eran más obvias, ambos eran unos miedosos de las bacterias – y Ela, ella es… cómo decirlo…

- ¡Maniática y obsesiva con las cosas! – decimos Deieu, Kin y yo al mismo tiempo.

- ¿Quién habla de mi mujer? – subiendo las escaleras es Carlo junto con mi hermana y todos soltamos risas de lo oportuno y sobre todo sincero que sonó la frase de él.

- ¡Ahhhh! – suelta en un grito ahogado Jean Paul y llevándose las manos a la cara, asustándonos – pero a ti qué te pasó pequeña.

- ¡La pequeña si lo recuerdas está embarazada! – le enfatizo.

- Sí cariño pero así no estaba la semana pasada que la vimos ¡Dios! Estás enorme pero linda – se acerca a ella y mi hermana sólo lo mira divertida con su desplante “diverso” que pocas veces deja salir, generalmente mantiene su voz normal sin ninguna exageración – linda y enorme cariño…



Amélie sólo había venido a despedirse, Andreas la esperaba en el pent-house y ya había mandado a una camioneta para llevarla hasta Hamburg, a ella y a Gabrielle, por lo que supusimos que Bill estaba envuelto en aquella intervención.






Andreas Dagen…


Yo no tenía idea que las noticas corrieran tan rápido y la verdad que no era mi intención excluir a nadie de la gran noticia de que seré padre en pocos meses pero había olvidado por completo a la madre de mis mejores amigos que resultaba ser también la mejor amiga de mi madre.

Mientras acomodo un par de cosas en el estudio escucho el timbre sonar.



- ¡Hola! – escucho la voz clara y feliz de Simone – seguro tu eres Mariella ¡Oh y tú Amélie!

- Ahmm no, hola por cierto – dice Gabrielle quien fue la encargada de abrir la puerta – ella sí es Amélie pero yo no soy su hermana Mariella, soy su amiga, me llamo Gabrielle, adelante – amable le otorga el paso.

- ¡Claro! Una disculpa – Simone condescendiente la mira y si no es porque la conozco de toda mi vida apuesto que ella ya sabe exactamente qué significa ella para Bill – ya he oído hablar de ti – le dice con una picara sonrisa y Gabrielle emocionada está congelada sosteniendo la puerta mirando a un punto en el vacio pensando mil y un cosas seguramente por el escuálido de mi amigo.

- ¡Hola! – le habla mi mamá a Gabrielle – ¿puedo pasar? – viene con varios paquetes en brazos.

- ¡Oh sí por supuesto! – por fin sale de su trance mientras yo presento debidamente a Simone con Amélie y ella procede a cerrar la puerta.

- ¡Hey no! ¡NO CIERRES! – el indiscutible grito de Tom se escucha antes de que Gabrielle cierre por completo la puerta. Los vemos entrar con unas cajas enormes a cada uno, esto comienza a asustarme un poco.

- Lo sentimos – se disculpa Tom un poco sofocado – pero Bill tuvo problemas con la caja, están un poco pesadas pero henos aquí – dice con una gran sonrisa acercándose a saludarnos.

- ¡Hola! – dice Bill tal vez para todos pero no deja de mirar a Gabrielle – casi nos cierras la puerta – dice él con tono en voz bastante perdido, suena como un idiota.

- ¡Sí! – encogida de hombros le responde Gabrielle – lo siento no sabía que también venían – volteo a mirar a Tom que sé que piensa exactamente lo mismo que yo.

- Se ven tan tontos haciendo eso – y es justamente lo que tenía en la mente, Tom hábilmente lo expresa.



La vista de Simone fue para felicitarnos por el nuevo bebé, una cena estupenda y después abrimos todas las cosas curiosas que le ha comprado, ya tiene cosas como ropa en miniatura, juguetes que se ven bastante curiosos y que ninguno de nosotros tres sabe para qué pueden servir, biberones y una bolsa de pañales que Tom insiste que no me quedarán para cuando me vaya a dormir. Con tanta visita el fin de semana se termia rápido…






Phoebe Hollins…


- ¡Vamos déjame en paz! – le digo después de tanta platica sin sentido. Estamos Tom y yo como siempre los lunes por la mañana esperando a que Mariella y Bill terminen de grabar diálogos.

- No te hagas del rogar – me dice con una sonrisa muy malvada en el rostro, una muy de galán que no le conocía. Poco a poco se acerca a mí, estoy sentada en el escritorio de mi adorada jefa con una pierna firme en el piso y la otra me cuelga.

- De todo el tiempo que hemos estado juntos puedo saber exactamente qué tipo de persona eres, así que ¡No gracias!

- Y conozco a muchas niñas como tú que no sólo se hacen las mojigatas – me causa gracia su comentario. Para la edad que tiene parece saber demasiado o ve mucha televisión... y ¡ups! Mis pensamientos me despistan y él muy hábil ya me tiene ligeramente acorralada. Analizo mis posibilidades y Tom no es del tipo rudo así que con cualquier movimiento a mi lado izquierdo puedo zafarme de él.

- Pues en ese caso no me conoces...

- ¡Ah! Ahora resulta... – su risa de niño pícaro es hermosa y divertido por mi comentario una vez más sonríe. Dejo que acerque su cara bastante a la mía. Predecible son hoy en día en demasía los chicos de ahora. Lo tengo a escasos milímetros de mis labios y es divertido después de todo lo que ya hemos hecho juntos y siendo como es, me sorprende que se tardara tanto en hacer algo como esto – ¡Soy gay! – con una sonrisa que hace ver mis dientes y lo malévolo de mi frase, quieta como al principio, no cambio, con los brazos cruzados, erguida y con la confianza a plomo veo que el también sonríe.

- Eso, que te lo crea quién no te conoce – dice y se abalanza a mí con un beso ligero y fugaz en la punta de mis labios – yo te lo puedo quitar.

- ¡No! – me giro a mi izquierda como lo planeé en un principio y me zafo de él – ¡No estoy enferma! – me coloco corriendo en un punto donde el escritorio es su único obstáculo, me muevo a mi derecha y él amenazante a su izquierda, la verdad es que poco astuta me veo y me da un ligero alcance pero un empujón basta – ¡Qué no, Tom! ¡Fuera! – digo entre las risas que me causa el correteo alrededor del escritorio.






Tom Kaulitz…


Alerta como un tigre, espero paciente, la verdad es que este jueguito y su falsa declaración son bastante entretenidos, de ahora en adelante, vendré a diario con Bill a este estudio. Phoebe es bastante elevada en ánimos y ya logramos hacer una buena mancuerna con nuestras prioridades.


- Sí te atrapo estás dispuesta a todo ¿De acuerdo? – con las manos sobre el escritorio espero un falso movimiento de su parte.

- ¡Oye! – reclama en risas – quién te dijo que ponías las reglas.

- Tú te estás haciendo la difícil – me defiendo, levanto ambas cejas y por instinto natural hago que mi lengua mueva la pieza de mi labio; ¡Qué galán soy caray!

- ¿Tratas de seducirme con tu movimiento de aretito? – se burla, se mueve un poco de su lugar y yo la sigo lentamente.

- ¿Funciona?

- ¡No! – ríe nerviosa – además estás en mi estudio...

- ¿Pero adivinen qué? ¡Están en mi oficina! – una tercera voz se mezcla a nuestros diálogos y nos hace quedar estáticos.



Nos miramos fijamente y después volteo a la puerta donde, en el marco, recargados, están Bill sobre su lado izquierdo con su brazo derecho sobre el hombro de Mariella y ella recargada de su lado derecho con los brazos cruzados, ambos muestran caras divertidas.



- ¡Oh Mariella! – me acerco rápidamente – mira... bueno... ¡No mires!, bueno es que estábamos aburridos...

- Sí, eso es lo que vimos – dice sin quitarse de su posición.

- Pero, pero no hicimos nada, sólo jugábamos, reíamos y...

- ¡Tom! – me dice Bill.

- Como ustedes tardaban...

- ¡Tom! – su tono de voz suena insistente pero no me es importante en ese momento.

- ¡Bill! Me das un segundo por favor, estoy hablando con esta dama – sin prestarle suficiente atención le digo – ...pero no paso nada, no la odies por ser bonita...

- ¡Y gay! – dice detrás de mí, sentada sobre el escritorio, con su mano nos saluda.

- ¿Sigues con eso? – me giro y camino hacia ella...

- ¡Tom vámonos! – Bill me detiene por los hombros y me gira en sentido contrario – ¡Nos vemos mañana chicas!

- ¡Nos vemos! – dicen a la par mientras yo salgo a empujones de la oficina.






Mariella Dekker…


Divertida por la sarta de tonterías que hacen ese par, no puedo evitar no negar con la cabeza y una gran sonrisa en el rostro para entrar completamente a mi oficina donde la veo muy placida sobre el escritorio.



- ¡Y tú! Bájate de ahí – de un salto pone de nuevo los pies en la alfombra.

- ¡Es muy divertido Tom! – toma su agenda del escritorio sobre sus dos brazos aferrándose a ella, su típica postura tímida ante mí.

- A veces, en otras tantas suele ser medio enfadoso.

- No lo creo, es muy espontaneo – lo defiende ella.

- ¡Y tú también! – me quito los lentes y poso mis dos brazos sobre la superficie de madera, el tono irónico en mi voz se hace notar – mira que decirle que eres gay ¿por qué no lo eres de verdad o sí? – la miro curiosa – digo, no serías ni la primera ni la última...

- Bueno... alguna vez tuve un resbalón...

- En la bañera por culpa del jabón que tu “amiga dejó caer” – sin pensarlo mucho se me ocurre decir aquello.

- ¡Ay que jefecita y su sentido del humor! – manotea al aire y con falsa simpatía me hace saber que no le agrado mi broma.

- ¿Verdad que sí? – la misma sonrisa le devuelvo.

- ¡No! – dice ya seria – fue tan sólo un beso... – gira sus ojos con una sonrisa picara, parece recordar algo – bueno, tal vez dos... o tres.

- Y después caricias, fuego, látigos, las esposas, sus cuerpos ¡arrrg! – me retuerzo en el asiento simulando todo lo que digo.

- ¡Mariella! – Amélie nos mira sorprendida y yo me quedo a la mitad de mi dramatización – ¿estás seduciendo a tu asistente? – alcanza a decir antes de que la quijada se le vaya al suelo – ustedes que se llevan como perros y gatos... bueno, del odio al amor hay un sólo paso.

- ¡Ay, no seas boba! – le manoteo.

- Ahora entiendo porque el rechazo al pobre de Georg – ¡Ay imprudencia ven por tu hija! Con sus palabras a veces mi hermana es digna de un Nobel.

- ¿Quién es Georg? – pregunta Phoebe, mi stalker de bolsillo, la chica que parece saber todo de mi, seguramente encontrará algo en que entretenerse y todo gracias a lo bocona de mi hermana.

- ¡Ehmm! – tartamudea Amélie y la miro con hastío.

- ¡Con permiso! El trabajo el día de hoy se terminó – tomo mi bolso y a pasos rápidos camino entre ellas para salir de la oficina.





2 comentarios:

Karla Díaz dijo...

aah no está tan fuerte como pense jaja!! pero luego a ver si no te betan! jaja!!

shaira beluga dijo...

ay caaaaaaaaaalmense con los cepillos jajajaja ahora si se proyectooooo pero leeejos la escritora jajajaj XD
saben odio a esa ela jajajajjaja jajajajja