5 de octubre de 2010

Capítulo XXV [ Parte 1 ] Voy a esperar para saber si esto va a durar por siempre.




Amélie Dekker…


Otro día que se va y que Mariella no me habla. La verdad yo no quería ser imprudente al decir el nombre de Georg, sólo fue una tonta idea que se me vino a la mente cuando las vi por primera vez tan divertidas en el estudio, creí que por fin limarían sus asperezas pero parece que fue todo lo contrario. Andreas ya hace preguntas de por qué Mariella sólo me habla con monosílabos y he tenido que decirle conteniendo el llanto, estar embarazada a uno lo pone como al borde de los nervios en situaciones donde yo guardaría la calma, esperaría a que se le pasara el mal humor a mi hermana y simplemente no puedo.

Sé que a él le no agradó la situación y fue a hablar con ella, no espero nada a cambio, con lo terca que es no dudaría que me hiciera lo mismo que le hizo a Melissa.


- Respira Amélie, respira. Que eso no va a pasar – me digo en voz alta para tranquilizarme.


Como todos los días salgo de la escuela, regreso a casa por algunas cosas, siempre y cuando me dé tiempo y voy al estudio a trabajar con los chicos. Mientras manejo con rumbo ahí, mi celular suena es un mensaje de Malle, pongo atención en él durante un alto, quiere verme en su oficina en cuanto llegue. Ignoro si es de trabajo o alguna otra cosa y sin más me dirijo hasta el noveno piso.

La oficina está sola así que me pongo a ojear las revistas que hay en la mesita frente al sillón hasta que unos gritos a la lejanía captan mi atención poco a poco se hacen más fuertes hasta que, sí, son ellas dos entrando a la oficina…



- Quítate basurita. No eres competencia para mí. Tom no me interesa – le advierte en un tono muy amenazador Mariella.

- ¡Eso ya lo sé! No creas que no me he dado cuenta que al pobre no lo soportas, cuando la mayor parte del tiempo él sólo bromea y quiere hacerte pasar un buen rato.

- Entonces es todo tuyo ¡Quédatelo y cógetelo! – le grita y avienta un folder al primer escritorio que encuentra a su paso mientras sale hecha una furia de la oficina. Phoebe sólo niega con la cabeza y se cruza de brazos.

- ¿Por qué dejas que te hable así? – suelto de pronto – es mi hermana y la quiero y aunque admito que no le conocía ese lado hostil y caprichoso, en absoluto te mereces que te trate de ese modo únicamente porque es tu jefa – le digo quieta y con la revista, no me he movido, ni respirado por quedarme a presenciar una de las tantas peleas del mes entre ella y Mariella.

- No es que me deje Amélie. Sólo que tú no comprendes...

- ¿Qué mi hermana se pasó del limite el día de hoy contigo? – la interrumpo, porque tiene un terrible afán de justificar todo lo que pasa entre ellas y ya me estoy hartando.

- ¡No! Y dirás que ahí voy de nuevo – y justo eso pienso. Sí es tan buena en predecir a la gente, adivina debería ser – comprende que Malle está resentida por lo del amigo de Tom, el tal Georg.

- ¡Malle! ¿Y a pesar de todo la llamas con cariño? ¡Vaya que tienes un corazón muy generoso! Pero fuera de eso... ¿Cómo diantres sabes de él?

- Ahhhh – suspira juraría con plenitud, alevosía y alegría mientras se deja caer al sillón en el que estoy – ya ves, la gente se entera muy fácilmente de las cosas por aquí o por allá.

- ¿Tom te lo dijo? – porque de ser así no quiero imaginar la furia de Mariella al enterarse. Sí es igual o peor que Melissa cuando se cabrean.

- No, no fue él. Ni fue el encanto que tienes por marido. No te preocupes – con una gran sonrisa me hace saber. No sé por qué sí le creo pero me deja con una enorme duda.



Nos quedamos en la oficina en silencio por un rato. Ella se posó en el sillón frente a mí y con rápidos vistazos o es mi imaginación o es que yo ya veo la gente pequeña comparada con mi tamaño actual. Que miro a Phoebe delgada, muy delgada y cansada.






Phoebe Hollins…



Después del berrinchito que hizo Mariella y a sabiendas de que no iba a regresar me tome la libertar de irme del estudio, si ella puede hacerlo, por qué no los demás. A final de cuenta tengo más derechos yo en esa empresa que ella misma… pero es un punto que no quiero en estos momentos merme mis ideas y más si ya estoy cerca de la casa de la Abuela Bernardette. Me hace tanto bien estar aquí, me siento bien, querida, protegida, comprendida que al momento de despedirme para manejar de regreso a Hamburg me resulta tan pesado…



- ¡Hola! – me saluda Tabatha en la entrada colgándose de la puerta principal.

- ¡Ven acá nena! – le dice Ryszara corriendo para alcanzarla.

- Ya abre la puerta ¿eh? – suelto con una risa – eso puede convertirse en un problema. Ya ves que a su madre y a su tía no les gustaba escaparse.

- ¿Nos escapamos? – me dice la traviesa niña con los ojos iluminados de la alegría.

- Sabes, Tabatha – me acerco a ella – es una muy buena idea pero ahora ya casi es momento de cenar y la Abuelita Bernardette puede enfadarse si no estamos con ella en la mesa.



La pequeña no pareció muy feliz con mi sutil manera de negarme a su propuesta y enseguida se fue con Ryszara y Melissa me dio alcance en la estancia, ahí estuvimos un largo rato platicando en lo que servían la cena…



- ¡Te juro que ya no la soporto!

- ¿Tan mal se pone las cosas? – me pregunta muy sorprendida.

- ¡Diario! ¡Diario es una pelea! ¡Diario!

- Supongo que las telarañas con respecto a que eres la amante de tu papá no ha de ser divertido – se burla ella.

- ¡Uy! Seguro es muy divertido verlo desde afuera, hasta Amélie se sorprendió el día de hoy por la forma en que me habló y la verdad es que poco me faltó para contestarle todo lo que me dijo.

- Y yo como desearía tener un bastón para darle unos buenos bastonazos en las piernas a mi hijo y a mi nieta si es necesario… a ti también debería darte unos Audrey – las ocurrencias de la Abuela nos hace reír.

- ¿Y yo a merito de que me los gané? O ¿ganaré? Cuando seas toda una viejecilla puedo regalarte un lindo bastón – con la misma sonrisa que nos mira, la miro, la Abuela es una persona tan liviana que nadie pensaría que ya es hasta bisabuela.

- Porque te dejas manipular de esa manera, a la larga esto traerá muchos problemas y aunque tú no lo admitas jovencita, Mariella si es bastante grosera, ya me dijo Amélie cómo son “las peleas con su asistente”.

- Ustedes tienen la culpa la han dejado hacer lo que ella quiere – Melissa alega de pronto y miradas obvias nos dirigimos la Abuela y yo – ok, de acuerdo no soy la indicada para decir eso pero, ella fue la que se salía siempre con la suya.

- ¿Era la consentida del tío Alun? – fascinada porque en algún tiempo esto tuvo pinta de una buena familia me emociona saber cómo era todo cuando éramos niñas y yo sólo jugaba con ellas un par de días en las vacaciones de verano.

- ¡Era su adoración! – dice con un tono exagerado Melissa – él le escogió el nombre, la llevaba a todos lados, si lloraba ella corría por papá, en las noches él tenía que leernos los cuentos por petición de ella y muchas otras cosas más.

- ¿Y tú no sentías celos de eso? – inquiero, nunca sabré lo que es tener hermanos y al verlas me surgen un sin fin de preguntas de su convivencia.

- ¡Para nada! – dice la Abuela – su adoración era estar con Sophia – Melissa sonriente de aquella respuesta afirma con la cabeza y sonríe.

- ¡Mamá! – entra como un veloz comenta la pequeña Tabatha.

- ¡Hija! – le responde ella y la toma fuerte de los codos para cargarla.

- Ya podemos pasar al comedor, la cena ya está lista – anuncia Ryszara.



De inmediato nos levantamos y comienzo a recordar el suplicio que para mí significa hacer ese tipo de rituales. Durante la cena hago tiempo e invento escusas, no sé si son creíbles o no pero a estas alturas de mi vida es poco lo que me importa, si ya se tiene el cuerpo destrozado por dentro.



- De verdad que debería comprarme un bastón y sorrajártelo en la cabeza – me dice la Abuela, y todo eso por una sola cosa – ¡casi no cenaste! Tabatha cenó más que tú.

- ¡Lo siento de verdad! Es que comí un poco de chatarra cuando estaba con Amélie y ahora estoy satisfecha – me excuso con la esperanza de que ellas no indaguen más.

- Y si no fuera por las extenuantes horas de trabajo a las que te somete Mariella, te pediría una razón exacta a por qué tu aspecto es cansado y triste – dice la Abuela tomando de mi escuálida mano – es una tontería que la familia esté así – agacha la cabeza con severa tristeza, sé a qué se refiere exactamente pero hay cosas que no se pueden cambiar ya, cuando a muchos les hemos hecho creer que son de cierta forma.



Regreso a Hamburg no muy noche y justo cuando estoy por meterme a la ducha para ir a dormir mi celular suena. Dejando mi trayecto a la regadera interrumpido y corriendo para ponerme algo encima, Tom está esperando en su auto en el estacionamiento, únicamente para que yo le libere las puertas del pent-house.



- Hola – saluda con mucha confianza sentándose en el sillón más amplio de frente al ventanal – escuché que te metí en problemas.

- ¡Oh no! no te preocupes yo sola me metí al aceptar venir aquí – tomo uno de los cigarrillos que me ofrece, este vicio era uno de mis alicientes.

- Andreas está preocupado porque Mariella ha tomado una actitud amarga contra Amélie.

- Ya se le pasará – expreso y distraigo – quieres algo de tomar ¿agua? ¿soda? ¿alcohol?

- Una copa no me caerá nada mal – dice con una larga sonrisa.



Ambos caminamos a la cocina, la verdad es que, es el lugar menos concurrido de la casa, algo así como una simple decoración más. Saco un par de vasos cortos y busco en la cantina la botella de whisky que dejamos a medias la última vez que vino a visitarme, él hurga en la hielera.



- Oye ¿qué tú no comes? – con una voz intrigada me hace voltear a verlo y sin pensarlo mucho respondo.

- No… es decir sí… pero en restaurantes o encargo algo – él aún me da la espalda y mira en la puerta larga, como sólo hay un par de botellas de agua y una que otra fruta, la cierra y abre lo que debió abrir en un principio: la puerta pequeña.



Nos dirigimos nuevamente a la parte donde más nos gusta estar. El ventanal donde se ve perfectamente a la torre donde vive Mariella.



- Y a todo esto, a merito de qué fue la última pelea – curioso es él, nunca puede quedarse con una respuesta a medias.

- ¡Oh Tom por favor! – lo miro cortando el avance del vaso a mi boca.

- ¡Vamos! Andreas no quiso darnos muchos detalles.

- Está bien – y la verdad es que soy débil porque Tom me cae demasiado bien – todo empezó porque Amélie mencionó a Georg y yo me quise hacer la interesante y preguntar por quien era cuando mi prima, la fotógrafa que fue al estudio hace en par de días, desde hace ya varios meses me contó la historia que tienen ellos dos y hoy sin querer dije: yo escogería a Georg que a Tom – si no es porque se atraganta con el sorbo que le dio a su bebida no me hubiera detenido en mi gran discurso.

- A ver… espera – me dice el tosiendo y carraspeando – por partes… regrésate a lo de “mi prima la fotógrafa” – en un intento por recobrar su voz normal sigue tosiendo y me doy cuenta que abrí la boca de más.

- ¡Ups!

- ¿Ups? – me dice mirándome directo a los ojos.

- Bueno… pues es que… mi prima que se presentó como: Audrey Haletky. En realidad no es ella, sino yo.

- No entiendo – dice algo desesperado.

- Ok mi nombre completo es Phoebe Audrey Haletky Hollins y mi prima lo tomó “prestado” para pasar desapercibida en su estancia aquí en Alemania, alega que debería ser una Turner como ellas, como las Dekker Turner, mi prima es la hermana mayor de Mariella, su nombre por todas las de la ley es: Alteza Real, Melissa Dekker Turner, Infanta de Noruega.

- Es decir – me interrumpe Tom que no cabe da la sorpresa – que eso de la familia Real es verdad y ¿Mariella tiene una hermana mayor?

- A la cual no le habla desde hace casi cuatro años, Melissa tiene una hija llamada Tabatha que es idéntica a Mariella – festejo yo.

- ¿Tabatha? he oído decir ese nombre un par de veces a Amélie – extrayendo algo de sus recuerdos Tom no deja de mirar el piso.

- ¡Es su sobrina! – digo en un tono obvio – y para no hacer el cuento largo, Melissa conoció a Georg o Hagen, como le digan y se llame, el día que tú te fuiste a besuquear con ella en su fiesta de cumpleaños.

- ¡Ahmm! Yo… yo y su fiesta – dice nervioso, nunca se imaginó que yo supiera tantas cosas.

- ¡Así es! En su fiesta, aquí en Hamburg, ustedes dos, besándose – burlándome de él y sus repentinos nervios, me divierte la situación en la que lo acabo de poner.

- ¿Cómo sabes eso?

- Los chismes corren rápido – digo inocente.

- ¡Vamos sabemos que eso no es cierto! – gruñe él.

- De acuerdo, no pero sí sabes que la reportera que compraron de Bravo hace unos meses es novia del mejor amigo de Georg y Georg que se convirtió en el mejor amigo de Melissa y que todos viven allá en Magdeburg y que se frecuentan a menudo, ¡hombre! Tom uno platica de cosas.

- ¿Y tú vas con esa frecuencia a Magdeburg? ¿Y eres amiguita de Hagen? – de pronto se ha puesto en una actitud muy seria.

- Sí, sí voy con frecuencia allá, pues visito a mi Abuela. Con Georg es diferente…

- ¿Diferente en qué? – brusco en su forma de preguntarme, me asusta un poco.

- A él no lo he tratado, sí eso es lo que te preocupa, sólo las veces que lo he visto en el estudio y que le tuvimos que confesar quiénes éramos cuando te fuiste a buscar a Bill y a otro chico.

- ¿Tienes algún plan que no me hayas dicho Pheebs? – estoy casi segura que Tom está enojado y no entiendo por qué – es decir ¿Tú y tu prima?

- Mira Tom, no me lo tomes a mal pero no creo que tus planes de usarme como celos para Mariella y que termine contigo en la cama no vayan muy ad dock con los que su hermana tiene en mente y no me pongas en un entre dicho porque ninguno de los dos lleva alguna ventaja en lo absoluto.

- ¿Qué rayos dijiste? – se levanta ofuscado – yo no me quiero llevar a Mariella a la cama – argumenta ofendido.

- ¡Ah, ahora resulta que no! – le alego y una vez que veo que no me dice nada y se ha ido al marco de la ventana reflexiono en mi tono – o ¿no es por eso que hacemos tantas cosas para hacerla enfadar?

- No, Phoebe, yo no quiero a Mariella en mi cama – se gira y puedo ver cierta culpa en su rostro – admito que lo pensé cuando la tuve cerca de mí en aquella pista de baile y la besaba y ella para nada se oponía, pero una vez que me entere que el idiota de mi compañero en la banda la conoció primero y que vio en ella algo diferente a lo que yo vi en ella…

- Las ideas chocaron en tu cabeza – termino su frase, a estas alturas del juego puedo entender muchas cosas de todos estos chicos.

- Quiero devolverle lo que él cree que le quite – dice tímido a pesar de todo y en lo muy profundo de su corazón es un chico lindo y bondadoso.

- Y supongo que es tu plan el que estamos jugando – replico.

- He estado ganando un poco de tiempo y moviendo mis fichas en el estudio pero las cosas no me están resultando como yo lo pensé…

- A Melissa tampoco – trato de elevarle los ánimos.

- ¿Su hermana qué tienen que ver? – su tono dudoso me recuerda que no fui clara con las intenciones que hay de su parte.

- Ella desea lo mismo que tú. Que su mejor amigo, tu amigo y compañero, esté cerca de ella – puedo ver como la mirada se le ilumina de pronto – es por eso que ha venido a hacerse pasar como fotógrafa.

- ¡Claro! La fotografía y sabe cine ¿cierto? – asiento con temor de lo que dice y festeja – tú puedes ayudarme con su hermana, yo presiono de un lado, ella de otro y ¡puede que funcione!

- Entonces ¿ya tenemos un plan? – lo miro desconfiada y él de pie mira a la torre donde ellas aún mantienen la luz de la estancia encendida.

- Hemos mejorado el plan Pheebs.



Con una gran sonrisa en su rostro, mi precipitada recompensa ha sido un efusivo abrazo y un beso en los labios…





1 comentario:

oreo_effeckt dijo...

al fin, un capítulo largo, bueno, con bastante información y sin tanta enredadera que luego vale para dos pitos. Todo era perfecto, hasta la hostilidad de la querida Malle.... pero....


¿¡POR QUÉ PUTA MADRE EL PINCHE BESO EN LOS LABIOS!?