14 de octubre de 2010

Capítulo XXVI [ Parte 1 ] Algunos no tienen paciencia.




Tom Kaulitz…


Nunca antes me había sentido más ansioso, de acuerdo sí me había sentido más ansioso pero esta vez es diferente a las acostumbradas en una pequeña sala con mi hermano y mis dos buenos amigos esperando llenos de nervios sentados para comenzar una presentación en alguna parte del mundo. Esta vez estoy sentado en la sala de espera a las afueras de la oficina de Jost y Ebel, con ellos está Stiffens y Häring, llevan 27 minutos adentro y se me ha hecho una larga eternidad esperar alguna noticia de ellos.

Dejé en claro la situación con Stiffens una vez que me vi acorralado por su negativa y comenzaba a ignorarme, una vez expuesto los puntos a favor, los pros para su bienestar y la reducción de su calvicie al menos por una temporada, aceptó, según él, por el alta estima que nos tiene a todos porque nos ha visto crecer y aún le inspiramos una ternura enorme cuando nos ve sentaditos y quietecitos en algún rincón. Claro, tuve que aguantarme un sermón de madre dispuesta a todo por sus polluelos para que aceptara, sí, lo logré. Y ahora sentado aquí a punto de recuperar la manía de morderme la uña del dedo índice trato de apaciguarme a mí mismo.

Minutos más tarde únicamente salió Häring y de inmediato lo abordé.



- ¡Hey! ¿Cómo fue todo?

- Aún no termina Tom – me responde distraído mirando la pantalla de su celular y comenzando a caminar dirección escaleras abajo.

- ¿Por qué? – intrigado le sigo los pasos.

- Hay muchas cosas a considerar más que hacerla una más, ya te lo explicará Stiffens. Me tengo que ir Tom – me mira un par de segundos y su paso se acelera.

- ¿A dónde? ¿Por qué? – indignado de que no me diga nada, me quedo parado al pie de las escaleras.

- Voy a ser papá Tom, lo recuerdas, tengo una esposa que entra a una cesárea programada.

- ¡Oh sí! Cierto, buena suerte – dejo que siga su camino.



A penas siendo las diez de la mañana, me quedo de nuevo sentado en el sillón de piel y comienzo a analizar lentamente la situación de Häring… eso significa que Stiffens se quedará sólo por una temporada y el trabajo se incrementará a montones y se quejará mucho más de lo habitual y es una excelente idea para aceptar la propuesta, espero Jost tenga un poco de cerebro y vea esa parte de todo esto…

Ahora son las siete, treinta de la noche y no sé si estoy más ansioso que hoy por la mañana. A sabiendas de que ésta mujer no tiene nada en hielera más que agua. Pedí que alguien del nuestro Staff fuera por una pequeña lista de cosas a algún supermercado. Las metiera a la cajuela de mi auto. Pagarle lo suficiente al portero que resguarda la Torre donde vive y una clave obtuve para hacer que el ascensor llegara hasta el último piso.

Espero hoy no sea uno de esos días donde Mariella deja pendientes por doquier y hace que todos salgan hasta altas horas de la noche. Sin nada mejor que hacer y por no querer husmear por todo el pent-house me quedo en el living que tiene una enorme pantalla. Armándome de toda la paciencia que no he sacado en toda mi existencia, cambio de canal con frecuencia hasta que escucho el ascensor detenerse, apago la TV y literalmente trepo por las caracoleadas escaleras al segundo nivel.

He dejado una nota pero imagino que el ver las luces encendidas ya ha se der sospechoso para ella. En la gran mesa principal dejé todo listo para comenzar pero la nota la llevará hasta la estancia en la que solemos perder el tiempo, eso me dará tiempo de bajar por las otras escaleras y salir por la puerta del pent-house que nunca usa, hacerme el gracioso y tocar el timbre…




Phoebe Hollins…


Escucho un campaneo, como el de un timbre y me doy cuenta de que ¡es mi timbre!

Con la nota de Tom en mano, confundida de lo que pasa aquí camino hasta la puerta para abrirla y encontrarme seguramente al culpable de todo esto. Su perfume está por toda la casa, es imposible no saber que lleva tiempo aquí adentro, lo curios es cómo lo logró. El timbre suena una vez más y puedo notar que suena desesperado, no ha pasado mucho tiempo desde el primer toque.


- Cómo es que… – de un tirón abro la puerta y él enseguida me ataja.


¡Y vaya qué tenía prisa! Deja a medias mi frase de toda una reclamación y queja por un… un beso. Un beso de esos que te quitan hasta el aliento y te dejan suspirando una vez que han terminado. Inmóvil y aún con la mano en el picaporte, sé que luzco como toda una tonta petrificada frente a él y seguramente hasta sonrojada estoy, ya que, de la emoción no distingo exactamente qué es lo que siento.



- Podríamos quedarnos aquí, sí así lo deseas pero sé que podemos estar mejor allá por el comedor principal – estira su largo cuello más o menos a donde está dicho lugar. Se encuentra recargado en el marco de la puerta riendo. Esa sonrisita que esboza tan característica de él.

- Me debes muchas explicaciones – me doy media vuelta para comenzar a caminar al dichoso comedor principal.

- ¡Mejor que eso! – festeja él ahora caminando a la par mío – te tengo dos cosas…

- Quiero la mala – intercepto su caminar picando su pecho con mi dedo índice.

- ¿La mala? – reiterante, se ve confuso – bueno, en realidad no hay mala – expresa con una cara de inocencia – es decir, no, no creo que sea mala… y bueno de lo otro nunca se han quejado – se alza de hombros – siempre dicen que es buena cuando la prueban – reflexiona para sí mismo más que si hablara conmigo.



Se calla y me mira como si deliberara algo en su mente, me toma de hombros y me dirige hasta el comedor. Un amplio comedor que tan sólo en uno de sus lados largos está acondicionado para siente lugares, el total de plazas es de 16 y en el techo hay tres grandes candelabros para iluminar el lugar. La mesa está colocada para dos y una pequeña resistencia mantiene caliente algo en un refractario, al pie de la mesa una cubeta con hielos, que por la botella en su interior, un vino rosado espumoso, infiero que lo beberemos después de lo que sea que haya que cenar.

Afortunadamente, todo esto me ha puesto de buen humor y no me negaré. Será una larga noche…




Mariella Dekker…


Abnegada pero no convencida de que estos dos se la vivan más a menudo aquí, me gusta estar con gente, me gusta hacer sobremesa a eso estoy acostumbrada después de vivir con más de cinco en un mismo lugar pero hay cosas que no puedo tolerar por mucho tiempo. Los miro cómo interactúan y parece tan como si nada, que hago mi mejor esfuerzo para estar en paz conmigo misma. Creo que a eso se refería mi buen Kart, cuando me decía halagos de mi “gran temple”… en fin. Regreso mi alma a lo que se supone es la reunión y pongo atención a lo que dicen, mi cara la cubre un poco la taza que llevo entre las manos.



- No gracias – dice Amélie buscando algo – dónde quedó el jugo de manzana Andreas.

- Y bueno todo está bien ¿no? Digo bebías bastante – Phoebe con una botella de Absolut reparte los tragos para los presentes. Al momento de invitarme cordial una copa a mí en silencio, del mismo modo niego con la cabeza para declinar su invitación.

- No lo sé con exactitud, estamos esperando una serie de estudios…



De pronto la veo muy preocupada y reparo en ella moviendo mi cabeza ligeramente a mi derecha frunciendo el ceño. Ya no es la misma, se mira mucho más madura y consiente, ya no es mi hermanita a la que debía cuidar la mayoría del tiempo cuando estábamos a solas porque Melissa siempre terminaba lastimándola, tirándola o la hacía llorar con facilidad por lo fuerte que le ordenaba no hacer algo. Además de aquello, su aspecto físico ya no en lo absoluto parecido al que tenía, larguirucho y menudo, su pequeño vientre, aunque la mayoría se refiere a él como uno grande debido a que brotó de un día para otro, es de alguien con más fuerza y vitalidad. Sobre todas esas cosas hay algo que marcar en ella y es que ahora habla en plural.



- Sabías que el corazón de un feto se puede detener hasta 20 minutos por un sólo trago de Vodka – le habla muy culta a Phoebe.

- ¡Vaya! No lo sabía pero gracias por el dato – le responde Phoebe – espero que todo salga bien…

- Yo también – enuncia con tribulación – no sabes todo lo que he estado leyendo y todo lo que pudimos perjudicar al producto… fuimos unos irresponsables – ante eso llega de inmediato Andreas para abrazarla y que no le den uno de esos ataques de llanto que le han dado los últimos días por cualquier cosa.

- Tengo una duda – interrumpe Tom; que los miraba al borde de la risa por la actitud de Andreas, y todas las miradas se centran en él – cómo es que eras completamente delgada hasta hace un par de semanas y de pronto ¡plaf!

- ¡TOM! – le llama la atención Bill y a todos se nos escapan risillas.

- Mira, según me explican, es como si el bebé supiera que debe esconderse, que no debe ser visto aún y se ubica de una manera en la que crece pero no se ve.

- ¡Wow! – sorprendida y boquiabierta enuncia Phoebe – de verdad espero que el bebé esté perfectamente bien. Te ves lindísima.

- ¡La, bebé! – corrigen Andreas y Amélie.



Noticia que habíamos recibido hace unos días, después de que llegarán corriendo a casa por la noche, con el sobre cerrado, nos sentamos en la cama de mi habitación. Andreas bailoteaba con la hoja de un lado para otro recitando que sí era niño haría un centenar de cosas pero que sí era niña haría mil más. Todo el meollo que creo fue sólo porque hacía tiempo. Había citado a la lectura del sexo a sus padres y a Bernardette y Ryszara que llegaron con la cena y mucho jugo de manzana para Amélie. Aquella noche se alargó un par de horas llenas de felicidad.



- ¡Diablos! – susurra Tom – aún se me hace tan extraño pensar que vas a ser papá rubiecito.

- Acostúmbrate porque me ayudarás – Andreas responde en un tono burlón y Tom sólo sacude la mano para indicarle que ni se le ocurra hacer aquello.

- Y ya tienen algún nombre – todo en mi mente va bien hasta que escucho el chillante tono de voz de Phoebe preguntar.

- ¡Sí! – festeja con palmaditas mi hermana – justo ayer fuimos a visitar de nuevo a mi Abuela y ahí nos encontramos con una grata sorpresa que nos ayudo mucho.

- ¿Oh sí? ¿Cuál? – y no sé por qué pero algo me llenó de regocijo antes de que mi hermana o mi cuñado soltarán la respuesta que desconocía. Bajé lentamente la taza que aún seguía cerca de mi rosto y con sigilo la coloqué sobre el platito de porcelana. Ella por su parte hacia todo lo contrario encumbraba su copa del portavaso que estaba debajo. No podía dejar de mirarla.

- Nos encontramos al responsable creativo de todos los nombres de la familia, mi tío Xavier – ante aquello fue notorio que el trago de Vodka que circulaba por su garganta en ese momento se fue por un lugar equivoco y sus ojos se desorbitaron unos segundos por contener la tos, hábil logró sólo carraspear para librarse de la bochornosa situación mientras tenía clavada mi mirada en ella. Tom logró percatarse y la tomó por un hombro en señal de apoyo, cosa que se me hizo de lo más incomodo.

- ¡Oh muy bien! Y les ha ayudado ¿no? – carraspeando suavemente logró musitar Phoebe.

- Sí, así que les hacemos de su conocimiento que su sobrina – aquello lo dijo tanto para Bill y Tom como para mí – llevará un nombre francés como el mío. Se llamará…

- Moniquée – soltaron a dúo esa parejita. Todos nos miramos de forma aprobatoria, el nombre sonaba lindo.



A pesar de que la noche fue larga, me levanté sin pesar alguno por la mañana y me di el lujo de llegar muy temprano a la oficina. Había pendientes, montones de pendientes y una junta de avance del proyecto del doblaje con Bill, que para mi suerte él se acopló a un ritmo de trabajo más severo y hacíamos más del trabajo estipulado y llevábamos la delantera, con el resto del los actores llevaba un ritmo normal y el trabajo final era acoplado velozmente por los ingenieros.

Llegar a mi oficina y encontrarla aún con la chica de limpieza ahí sin la presencia de Phoebe me hacía creer que sería un lindo día. Vi pasar cerca a la chica que hace ya varios meses fue la encargada de darme la bienvenida a este lugar, Calliope. No tenía idea de que trabajaba ahí, bastantes horas y pude entablar una plática con ella en lo que terminaban el aseo de mi oficina. Cuando ésta estuvo lista, tomé la correspondencia que Calliope me entregó, mi café y dispuse a ver qué era lo que había tan interesante en el correo que me llegaba a la oficina.

Un sobre parecido a los demás por su blancura sin embargo diferente a todos por llevar un membrete que me era familiar. Su origen era de una oficina cercana al sur de la cuidad. Aquel logo me rebotaba en la cabeza severamente y no lograba distinguir con claridad dónde lo había visto, estrujando mis pensamientos hasta que saqué la hoja con sumo cuidado de aquel sobre y leí las primeras líneas, los ojos se me desorbitaban cada que avanzaba línea a línea y al final una cardiaca despedida…


“Será todo un placer.
Esperamos su respuesta.

David Jost”


La carta contenía breves datos que pretendían llevarme o matarme de curiosidad hacia ellos por una entrevista para saber santo y seña de lo que me proponían… Cuánto tiempo habré pasado absorta en mis pensamientos que en cuanto escuche el rebosante “Buenos días” de la boca de Phoebe me causó una terrible acritud. Espere a que fuera un poco más tarde y que esos gemelos se pararan por el estudio, encomendé a Phoebe llevar a Bill con los ingenieros y que viera algunas escenas las cuales él sentía falsa su voz integrada a la de los demás. Mientras tanto, Tom, que acompañaba a sol y sombra para cualquier lugar que pisara Bill, aguardaba en la salita de mi oficina con una latita de RedBull.



- ¡Hola! – saludó en cuanto me vio entrar. Dejó la lata sobre la mesa de cristal y volvió a su chueca posición – pensé que irías con Bill.

- Para ti – dije lentamente y me giré para cerrar la puerta de la oficina – tengo unas palabritas.

- ¡Vaya! Eso suena lindo – dijo con una ostentosa sonrisa en el rostro – tú nunca me diriges ni el saludo de buenos días.

- Explícame esto – mientras soltaba su reclamación fui hasta mi escritorio por el sobre. Lo estiré para él. Perezoso lo tomó.

- Al final seguramente dice: “Con cariño David Jost” – su tono fue el de una pregunta y eso me daba más puntos a mi favor de que sabía de lo que se trataba exactamente.

- Déjate de tonterías Tom…



Contundente en mis palabras sabía que él había estaba involucrado hasta los codos en ese asunto de la dichosa carta. Más contundentes fueron aún sus actos, torvo se acercó a mí, me hizo dar varios pasos hacia tras hasta estrellarme con la pared. Serio como nunca lo había visto en todo el tiempo que llevaba de tratarlo, hosco por segundos, debo admitir que sentí cierto pavor cuando sus ojos se encontraban con los míos. Logró colocarse a escasos centímetros de todo mi cuerpo.



- Déjate tú de tonterías Mariella, deja de hacerte la ingenua…

- Tom… – intenté formular algo coherente del por qué su repentina actitud hacia mí.

- Olvídate de las cosas y comienza de nuevo – con su puño contra la pared acorralándome pude ver que la puerta se abrió con una prudencia enorme, tanto que no escuché el clic del broche.

- Lo que quieres es eso – formulé una vez que vi la silueta de quién abrió la puerta de aquel modo – lo tendrás…



Petrificada y sola detrás de Tom, me aseguré de que viera claramente lo que estaba justo por hacer. Una última mirada le dirigí antes de que los labios de Tom me recibieran a correspondencia del beso que le plantaba…




Phoebe Hollins…


- Abre las malditas puertas – gruñe Tom del otro lado del ascensor.

- ¡Qué no! ¿Por qué no mejor te vas a la Torre de enfrente? – expreso.

- Ay, por favor Pheebs. No seas infantil – presiono con furia el botón que libera las puertas y lo que veo es una actitud burlona de su parte. Antes de poder cerrarlas de nuevo me detiene con su mano.

- Suéltame – me quejo y retuerzo.

- Dame una sola razón…

- Lárgate a terminar de besuquearte con la mosca muerta de Mariella – recrimino.

- ¡Oh! Así qué ese es tu problema, el besó que me plantó por la mañana – se burla él.

- ¡Ay, Tom! Sólo déjame en paz – intento zafarme una vez más de él pero lo único que logro es que me pegue más a su cuerpo.

- Ya te dije que ella no me interesa y sabía que estabas tras de mí, sólo quise ver hasta donde llegaban sus impulsos por molestarte.

- ¿Te divertiste? – no espero respuesta y continuo – que bueno, no me interesa. Ahora déjame en paz que ya vi que lo uno que quieres es jugar. Para de rogar y no salgas de la caridad – exploto en furia.

- Pheebs no seas testaruda – lucha un poco más contra mí para no dejarme suelta.

- No hagas una apuesta si no puedes pagar la cuenta – esbozo con ira – si me querías en la cama era más fácil que me lo dijeras. Tanto tú como yo lo queríamos e hubiera sido más barato.

- Estoy aquí para pagar mi cuenta – dice cambiando de la burla a lo serio – no eres para mí un… – se queda callado y me percato que del forcejeo hemos llegado a la estancia.

- Un culo de una sola noche – lo reto, porque estoy segura que eso cruzó por su cabeza – eso soy para ti Tom deja de fingir.

- Ya te dije que no eres eso para mí, ya te lo dije – repite exasperado – te dije que no soy lo que dicen de mí.

- Pues no te creo…



Declaro con frialdad y sin embargo recibo una vez más la calidez de sus labios y manos recorriendo lentamente mi cuerpo hasta que pierdo conciencia del tiempo…





1 comentario:

oreo_effeckt dijo...

ame este capítulo, de verdad.