19 de octubre de 2010

Capítulo XXVI [ Parte 2 ] ¿Es ésta tu única oportunidad?




Tom Kaulitz…


No tengo la menor idea de cuánto tiempo había pasado, aún estaba oscuro. Era magnífico poder tener sexo por doquier con las ventanas de par en par sin la preocupación de que alguien pudiera observar desde algún punto en el piso más alto de un edificio repleto de pent-houses. Ensanchado por el aire que he insuflado me siento muy bien, perfectamente bien. La verdad es que estoy hipnotizado por lo magno de su cuerpo que con cuidadito está reposando enroscado al mío.

Pasa un largo rato hasta que recobra la conciencia, ya la luz es más clara aunque un sol debió salir, para mi es una excelente mañana…



- ¡Hola! – dice con una voz grumosa.

- ¡Hola! – le respondo con una sonrisa de oreja a oreja y dándole un buen beso para que termine de despertar es el aliciente que le otorgo.

- ¿Es temprano aún cierto? – me dice sin moverse de su posición echa bolita en mi.

- Así es – enuncio con toda la maldad que puedo.



Ya que es temprano ¿Por qué no aprovechar un poco más el tiempo? Nos dirigimos al cuarto de baño que al parecer muy amplio es. De eso no me cabera la menor duda. Delante de mí camina, voy jugando a hacerle cosquillas cerca de las costillas y se retuerce de la risa y la sensación que le provocan mis dedos. Todo va perfecto y estamos por poner un pie sobre el frío piso del cuarto de baño cuando la siento desvanecerse, así de la nada, su cuerpo sin sentido se deja ir hacia tras y su cabeza cuelga del peso.



- ¡Phoebe! ¿Phoebe? – es lo primero que grito desesperado porque esto sólo sea una broma – ¡Reacciona!



Desde luego que no lo hizo. Cargándola de manera hábil y gracias a que su cuerpo es menudo, sin dificultad la coloco sobre la cama y la cubro con la sábana, ubico mis bóxers y corro al baño por alcohol.

Desaventurado me encuentro al ver que ésta mujer no tiene ni lo más cercano a un botiquín. Desesperado por buscar entre los cajones y portezuelas del cuarto de baño lo único que se me ocurre es tomar una pequeña toalla e impregnarla con un perfume. Ese fuerte aroma la hará reaccionar. Para mi desgracia no fue así, sigue sin responderme y mucho menos el olor le provoco algo.

Mi cabeza da un par de vueltas y recuerdo aquella vez que a Bill le hicieron la perforación en la oreja, cuando aún éramos unos niños, estaba tan emocionado y nervioso que se casi se desmaya sino hubiera sido por la chica que lo atendió pellizcó justo debajo de su pómulo y enseguida mi hermano reaccionó. No dudé en querer hacer lo mismo, estúpidamente fue en vano y vi que poco a poco perdía el color. Me cercioré de que respirara pero lo hacía muy lento. La envolví en la sábana me puse como pude los pantalones, la playera y los tenis.

La tomé en vilo y bajé con ella hasta el estacionamiento en el sótano del edificio donde había dejado mi auto. Lo primero que se me ocurrió fue ir al hospital Groß-Sand, que era el más cercano a la zona donde nos encontrábamos. Llevábamos casi ya veinte minutos y ella lucia igual o peor. Al entrar al hospital enseguida la tomaron sobre una camilla y me llevaban a su lado haciéndome un par de preguntas acerca de por qué venía de ese modo. Una vez que la enfermera obtuvo lo suficiente me dejó fuera de la habitación y otra señora de edad madura se acercaba pidiéndome los datos de Pheebs.



- ¿Es pariente de la chica? – con si voz gruesa, su pregunta me destanteo un poco.

- No – dije sumido en una incertidumbre de por qué de la nada se había desvanecido en mis brazos.

- ¿Marido o novio? – negué con la cabeza. No era nada de eso ni mucho menos me consideraba para ella un novio. Aún.

- No – volví a responder.

- Tom – me llamó con un tono severo – necesito que me des algún dato de algún pariente para poder notificar en caso de que necesite algo más.

- ¿Pariente? – repetí.

- Así es Tom un pariente, eso fue lo que dije. Trata de tranquilizarte, ella estará bien – sus palabras poco me importaron. Sabía que iba a estar bien, el problema aquí era que no podía avisarle a Mariella y Amélie que su pariente estaba en un hospital. Ni me lo creerían y armaría seguramente todo un zafarrancho. Y de pronto a mi mente vino…

- ¡Melissa Dekker! – tan fuerte lo dije que la enfermera se sobresalto – vive en Magdeburg…



Y como si hubiesen tirado sobre mí un balde de agua helada me pregunte a mi mismo cómo diablos iba a tener contacto con Melissa Dekker si solamente la había visto una vez en toda mi vida.



- Muy bien, Tom, tienes que avisarle de inmediato – enunció la enfermera – o puedes proporcionarme un número telefónico para que el hospital se encargue lo antes posible…



Me froté la frente con la palma de la mano con impotencia por lo acorralado que me sentía. Le dije a la alta mujer que yo lo haría. Necesitaba tiempo para estrujarme un poco más el cerebro para poder tener contacto con Melissa. La mujer vestida con un curioso conjunto de color azul me llevó hasta una sala de espera, aseguró que volvería en diez minutos por mi respuesta mientras iba a ver cómo andaban las cosas con Phoebe.



Y entre tanto escarbar logré tener una lucida idea…



- Necesito un favor Dunja – estaba en un balcón fumando un cigarrillo.

- ¿Favor? ¿De qué clase Tom? – daban ya casi las nueve de la mañana y era seguro que estaba en el estudio – tu hermano está aquí conmigo preguntándome por ti.

- Dile que después me comunico con él – evadí rápidamente aquello – necesito con urgencia el teléfono o alguna forma de comunicarme con Meli… con… con – trataba de recordar el nombre que había utilizado para hacerse pasar por el nombre de Phoebe pero me era difícil recordarlo – la fotógrafa de DAA que fue al estudio.

- ¿Audrey Haletky? – confiaba en la buena memoria de Dunja y su perfecta organización para con los que tenemos contacto.

- ¡Esa! ¡Ella! – congratulé – no preguntes, por favor puedes sólo dármelo – después de un bufido de su parte obtuve dicho número.



La cuestión ahora era explicarle lo que había sucedido…






Melissa Dekker…


Rumbo a la escuela de Tabatha, tuve que orillarme para atender una llamada. Llamada que me puso los nervios de punta, por principio de cuentas porque era de una persona a la cual había visto sólo una vez y me daba noticias preocupantes y pocas razones. Deliberé que no podía hacer yo tal viaje manejando por carretera hasta Hamburg y salí del auto para pedirle a la Seguridad Real de Noruega que poseía marcándome el paso todos los días para que me llevaran hasta el hospital que Tom indicó.

Al llegar me importó un bledo dar el nombre bajo el cual trabajaba.



- Señorita, disculpe, ¿la paciente Phoebe Hollins? – con Tabatha en brazos llegué hasta la recepción del Groß-Sand – soy el pariente que esperan. Melissa Dekker.

- Por aquel pasillo – señaló a mi derecha – suba al piso 3, habitación 3119 hay una enfermera ya esperándola en cuanto salga del elevador.

- Muchas gracias – dije dándome precipitadamente media vuelta junto con el chico de seguridad que me acompañaba.

- ¡Disculpe! ¡Señorita Dekker! – me atajó de nuevo la recepcionista y volví mi vista a ella – la pequeña que trae consigo no puede subir a ese piso.

- Med en dritt! – solté sin pensarlo mucho. Tabatha y el chico de seguridad respingaron de inmediato. [Maldita mierda]

- Puede registrarla y la llevaremos a la guardería – amable ante mi arrogante última contestación me propuso.



De no haber de otra llené el formulario para que se la llevaran dejando instrucciones de que el chico que iba conmigo debía vigilarla todo el tiempo y antes de que objetará algo, él enseñó la credencial que lo acreditaba para cualquier tipo de petición que se me ocurriese. Un beso en la frente para mi nena y como bólido salí disparada para el tercer piso. Efectivamente la enfermera me esperaba y mientras caminábamos por un pasillo y me hacía infinidad de preguntas vislumbré a Tom sentado en un sillón con la mirada baja. Poco me importó dejar a la enfermera hablando sola y me fui contra él.



- ¿Tom que pasó?

- Se desmayó por la mañana, minutos después de que despertáramos y me alarmé al ver que su color de piel cambiaba y la traje hasta acá… en shock alcancé a escuchar que dijo el doctor.

- ¿En shock? Y ¿Cómo está ahora? – presa de los nervios aceleraba sus respuestas.

- No sé, el tiempo que has tardado en llegar me han negado verla por no ser pariente directo – con largueza en su semblante pude notar que entonces el problema era algo grave.

- Venga por acá Señorita Dekker – delicada me tomó del codo la enfermera con la que iba.



Me guió hasta un consultorio donde el Doctor James se presentaba y sin dejar que articulara algo comenzó su explicación.



- La Señorita Hollins llegó en estado de shock debido a un desmayo y digo shock porque si el chico que la trajo no hubiera intentado la faena de hacerla reaccionar con perfume y pellizcando su mejilla pudo ser más severo su trance. Afortunadamente llegó a tiempo y en cuanto la examinábamos vomitó coágulos espesos de sangre. Un ultrasonido nos arrojó como resultado que tiene severas úlceras y una laparoscopía nos dejó ver que tiene gran parte del cuello del esófago con daños graves. No quisiera pensar en un cáncer de tal pero me gustaría rectificar posteriormente esto. Una vez que despertó y la estabilizamos con un suero intravenoso, las enfermeras han determinado que sufre un cuadro extremo de bulimia.



Me quedé sin habla. Sentí como la sangre abandonaba mi rostro y me sentía gélida. Dios. No me cruzaba nada por la cabeza, estaba completamente en blanco por el diagnóstico del Doctor. Iba ser muy estúpido de mi parte preguntar un “está seguro” cuando todo aquello ya lo habían rectificado con aparatos.

Qué le iba a decir a Tom que se hallaba preocupado afuera, a la Abuela y al irresponsable de mi tío. Que estaba en un frágil estado y que básicamente el doctor me estaba alertando que le quedaba poco tiempo. No me sentía tan capaz, ni responsable para afrontarme a todo esto. Era demasiado para mí y contrariamente a ser una mujer que ve por la vida de una niña de 4 años, esto me parecía una locura, algo que sobrepasaba mis límites.

Una vez que me dejaran verla y analizar ahora el verdadero estado deficiente en el que se hallaba desde bastante tiempo, confesó. Pidió y por poco rogó para que no le dijera la verdad a Tom (fue extraño que enunciara primero su nombre), la Abuela y su padre. Éramos “adultas” y lo que me sorprendió es que sabía exactamente en el peldaño que estaba parada desde tiempo atrás y según ella ahora era muy tarde para revertir todo aquello. Estaba completamente muda.

Tom entró poco tiempo después, pude ver su rostro aliviado al verla con los ojos abiertos y según él, un color más rosado en la piel. La mentira que le dijo fue que su desmayo fue provocado por todo el estrés al que estaba sometida de un tiempo para acá. Incrédulo Tom se tragó el cuento completo e incluso negó con la cabeza al repetir el nombre de mi hermana un par de veces. Aquello no me molestaba sino el hecho de Phoebe estuviera mintiéndole al chico que se veía enamorado de ella.

El Doctor James nos dijo que podía darla de alta pasadas de las tres de la tarde, justo después de tener una plática con ella. A eso no podía negarse y Tom ligeramente apenado confesó que la había traído desnuda, con una sábana cubriéndola. Él me hizo favor de llevarme a donde vivía Audrey.



- Gracias por preocuparte por ella – dije rompiendo el silencio en el que me sumí desde que salimos del hospital.

- No hay de qué – dijo elevando los hombros – su habitación está por acá – le seguía el paso junto con Tabatha que se veía muy pequeñita a su lado – puedo decirte algo sin que me lo tomes a mal.

- Sí – fruncí el cejo debido a la manera en que lo dijo y espere a que dijera algo al llegar a la habitación de Audrey.

- Tu hija es idéntica a Mariella – se recargó en la puerta para cederme el paso estirando su mano. Desde luego ante la mención de ese nombre Tabatha respingó.

- ¿Conoces a mi tía Malle? – logró expresarle nítidamente. Se soltó de mi mano para acercarse a Tom. Él por el contrario pareció asustado, no por la pregunta, si no porque un duende comparado con su gran altura se le acercara para tocarlo ya que retrocedió un paso.

- Es una niña, no muerde – musité al ver la paranoia de Tom. Tabatha con sus grandes ojos lo miraba esperanzada.

- Lo mío no son los niños – replicó.

- ¡Se nota! – me burlé – pero debes responderle o no se alejará de ti.

- ¡Oh, ah! Ok, bien – tartamudeó mientras yo buscaba algo de ropa cómoda en los cajones – sí, la conozco y ahora que la vea le diré que le mandas saludos – Tom elevó sus pulgares y Tabatha dio un par de palmaditas de felicidad.






Kin Castella…


Estaba sentada en la estancia del departamento de Georg revisando mi “caralibro”. Sois la visita semanal para ver cómo marcháis todo por aquí. Reía al ver la pantalla inundada de cosas bellas en castellano de mis colegas allá en mi madre patria. Hacía una que otra pringa de test que me aparecía y charlaba con unos cuantos. Mientras tanto Fabiho se hallaba hablando con la señora que se encargáis del aseo de este lugar y le decid de una falla en el baño de la habitación principal o algo así logré escuchad antes de soltar una risotada por algo que uno de mis colegas había escrito.

Tenía el chat abierto de igual manera pero a parecía a manera de fantasma, no quería enfrascarme en alguna plática si no sabía exactamente el tiempo que seguiríamos aquí. La señora amable se habéis despedido a la lejanía de mí y levanté la mano para agradecer su gesto, Fabiho se acercáis lentamente hasta el sillón en el que me he quedado. Al mismo tiempo recibía un email mostrando alerta de urgente por parte de un fotógrafo que trabaja para nosotros, lo curioso sois que ese contacto vivía en Hamburg.

No dudé en abridlo y quejadme. Eso significáis alguna junta o un viaje seguro hasta donde estaba. Al comenzar a leer, ¡que los ojos se me salían de sus cuencas literalmente! Sois, sorprendente lo que leía y mucho más lo que proponía. Aquel fotógrafo se estaba comportando como todo un paparazzi, y según él, sois, material que seguramente costaría una buena fortuna. Dejaba vuestro número para que lo contactase de inmediato y así lo habéis hecho…

La información era mucho más peligrosa de lo que me hubiese parecido en otra situación. Acordé de inmediato encontrarme hasta Hamburg con él jilipollas ese. Aventaba a Fabiho para que saliera lo más pronto posible y él sólo me preguntáis qué rayos me ocurría, no podía responderle por ir ocupada e intentando estar en calma, el paparazzi me habéis dado sólo cuarenta minutos para pasad de contacto e incluso vendérselas a alguien más. En cuanto he colgado su llamada marqué a la oficina de los Tokio Hotel.



- Hola, Dunja Pechner a tus órdenes – escuché vuestra voz.

- Hola, sois Kin Castella…

- Qué tal Kin, cómo estás…

- Los saludos para después maja, no ofendáis, un paparazzi acabáis de comunicar conmigo y decid que tiene material bastante intrigante de Kaulitz. Para callar su boca quiere 10 mil Euros. Le dije que pisaba Hamburg en menos de cuarenta minutos.

- ¿Kaulitz? – repitió ella y mi móvil repiqueteaba con un mensaje en espera para leer – cuál Kaulitz…

- Dadme un segundo – active el altavoz mientras desplegaba el mensaje multimedia que recibía – ¡Oh por Dios! – fue lo primero que expresé.

- ¡Qué diablos! – dijo tan alerta como yo, Fabiho que mirad el display de mi móvil.

- ¿Qué pasa Kin? – escuché la voz de la Dunja.

- Acabo de recibid un mensaje multimedia del paparazzi y es el Tom entrando a un hospital con una chica en brazos.

- Ofrécele 15 y que te entregue los negativos y toda copia.

- De acuerdo – confirmé.



Habíamos quedado en un estipulo cuando sucediera algo por el estilo, tenéis una cuenta bancaria y a mi cargo estad una tarjeta y la chequera, que por equis o ye razón, cargaba justo este día en mi bolso, por lo que no hubo necesidad de desviarnos algunos metros a la casa para id por ella.

Fabiho muy fresco a mi pareced, reaccionó muy veloz y en menos de media hora, aunque sois viernes por la tarde, logramos llegad al lugar que dicho paparazzi me habéis citado. Sois una cafetería común y corriente. Después de la breve presentación y sus clausulas cojonudas que pedía y al elevad la cifra a 17 de los grandes, firmaba vuestra condena en un contrato de confidencialidad que tanto sois conocido en este medio amarillista. Se comprometía y declaraba que no poseía ninguna copia más de la memoria que me estad entregando, lo vi eliminar por completo de su móvil la imagen y otro par que tenéis ya lista en un email, por si no llegaba a vuestra cita. Si él llegaba a irrumpir en el contrato que acababa de sellar con su huella digital sería rastreado y llevado a prisión de inmediato.

Una vez asegurada la información y que el loco paparazzi partiera, dos grandes hombres os han acercado, Fabiho lucia tan fresco y yo por el contrario os habéis puesto de unos nervios que me hubieran metido debajo de mesa, al momento de verlos parados a un lado de vosotros.



- David Jost los está esperando en su oficina, jóvenes – dijo uno de ellos.



En ese momento comprendí que Fabiho se hallaba familiarizado con alguno de ellos pues de inmediato se han estrechado la mano. Seguimos la camioneta hasta el sur de la cuidad según marcaba el GPS del Audi. Al entrad al primero que hemos mirado fue al Georg muy preocupado, vi merodeando por ahí al Bill, uno que otro majo que alguna otra vez me topé y Fabiho platicáis detrás de mí con Geo de algunos detalles.

Entré sola a la oficina de David Jost, que se habéis levantado de inmediato de su gran silla, con vuestro aire jovial en el rostro, lucia preocupado. Enfoqué también a Dunja y en una silla, muy callado y con los brazos cruzados al Tom. Sorprendidos por las nítidas fotografías que os mostraba al tío cargando a una chica, en otras tantas se le miraba en balcón fumando, un par saliendo con una tía diferente y una pequeña niña y las últimas saliendo con una chica más que aseguró ser Phoebe, la asistente de Mariella.

Incrédula por la historia que os relató, Jost sólo negó con la cabeza después de que lo canturreara por no llamaros o hacerse de apoyo de la seguridad con la que contaban. La historia del cómo a mi me había dejado con dolor de tripa.





3 comentarios:

Anónimo dijo...

oooohhh por dios!!!! me has dejando con los nervios de punta
atte..naye bc

Karla Díaz dijo...

has dejado un poco olvidado a los telerines, ya hace falta algo de sus chocoaventuras, complots y ocurrencias ! jaja tenias material que pasa!!!!jaa

oreo_effeckt dijo...

yo digo que que bien que ya hay más rostros reveladores de la historia de NO SE QUIEN PUTAS MAMADAS porque esos protas ya ni son protas.. es más.... la historia es sobre Fernando Colunga y Adela Noriega en el remache del privilegio de amar no?
jaaa xD
besos
HOLA NAYEEEEEEEEE xD




ah por cierto....NO PHOEBE NOOOOOOOO D:

(y como ya lo dije y lloré seguro la matas de hoy en 8 u.u)