9 de noviembre de 2010

Capítulo XXVII [ Parte 4 ] Sé lo que es esto: el amor duele.



Andreas Dagen…


Llegamos a casa bastante tarde después de ir a cenar y entrar precipitadamente a un cine con el que Amélie me chantajeó para ver una película, que al final sí fue buena. Todo sea por el bien de... mi familia. ¡Wow! Suena tan raro decir aquello, pero cada que lo repite mi mente me dan escalofríos de gran emoción, puedo sentir mi piel erizarse. Pocos meses y la familia Dagen-Dekker seremos...

Voy sonriendo por aquello que imagino, mientras me dirijo a nuestra habitación, Amélie no sé a qué se ha quedado tras de mí. En aquel pasillo de las habitaciones, veo una gran cantidad de luz saliendo por la de Mariella, desde luego aquello llama mi atención. Hasta donde tengo entendido ella pocas veces tiene abierta de par en par la puerta.

Se me hace una persona un tanto quisquillosa, Amélie justifica su complejo diciendo que seguramente es por la costumbre de vivir varios años con bastante gente en una sola casa. Sea aquello o no prefiero tomar del picaporte y cerrar la puerta sigilosamente; a lo lejos y porque un muro me impide la visón completamente veo que: en la cama ella está sin moverse por completo, apago la luz esperando algún grito de su parte y cierro la puerta, que muy cooperativa no rechina y me confirma que mi cuñada está dormida por completo.



- ¿Cuándo se volvió tu hermana tan desordenada? – le pregunto a Amélie una vez que he salido del cuarto de baño y ella ya está en la habitación.



Ella está sobre la cama medio recostada acariciando su vientre, tiernamente me acerco a ellas y coloco mi mano sobre la de ella tocando también parte de su vientre. Rápidos movimientos se hacen presentes, adoro cuando sucede eso, aunque tengo entendido que si la pequeña sigue tan animosa a mi contacto dentro de meses más puede causarle severas molestias a Amélie.



- ¿Por qué dices eso? – me mira con una sonrisa porque la bebé no deja de moverse.

- Mientras venía hacia acá, uno: el cuarto de Malle estaba abierto y con la luz encendida y ella estaba ya dormida; dos: había ropa tirada en todo el piso de su habitación.

- ¡No tengo idea! Tal vez ya se esté volviendo loca – suelta una pequeña risilla que interrumpe por un espasmo y luego una queja de dolor – ¡Auh!

- Nena, dile a mami que no insulte a tu tía favorita – picoteo su vientre y simulo una voz divertida.

- ¡Gracias por tu consejo! Pero eso lo dirá dentro de mucho tiempo por el momento sólo se comunica a patadas y movimientos extraños – con gestos trata de acariciarse en la parte aproximada a donde pudo pegarle.

- Bueno lo intentamos ¿no? – toco completamente con mi mano aquel bultito que le apareció de un día a otro después de que supimos que ella estaba con nosotros – ¡Sí papi! – imito una voz infantil para responderme a mí mismo y Amélie sonríe.



Siento, tanta ternura por ella, por ambas, que siempre tengo una extraña sensación en los brazos de querer estrecharlas y rodearlas con ellos todo el tiempo y simplemente el tiempo se va muy rápido. Siento que debo hacer tantas cosas ahora que sé que la responsabilidad de una vida viene a la nuestra y todas las cosas que nos dicen a cada momento que involucran el cuidado de un bebé. A veces me logra asustar pero al enfocar mi vista en los ojos de un jade misterioso de Amélie me llenan de una fuerza y olvido todo aquello.



- ¿Siempre has sido así con todas tus novias? – su pregunta tan brusca y fuera de lugar me hace recordar lo hábil que es para bajarme de mi nube.



Desconcertado por su pregunta me levanto, con pasos pesados, de la cama a la cómoda donde guardamos la ropa de cama. Medito un poco en mi respuesta ya que lo único que se me viene a la mente y enunciar es que es tan parecida a Mariella para decir las cosas sin inmutarse lo crueles que suenen. Amélie no es tan directa como su hermana pero no por eso dejan de serlo y parecerse.



- ¿Por qué me preguntas eso? – sin tratar de ser brusco en mis palabras me pregunto qué quiere sacar de aquello – tú no eres ellas, ni tampoco eres mi novia...

- Técnicamente lo sigo siendo Andreas, no estamos casados...

- Amélie…



Me acerco a ella con la ropa hecha bolas entre los brazos y me siento lo más parsimonioso que puedo a un lado suyo en la orilla de la cama.



- Aunque no lo seas e incluso no lo necesitemos para seguir adelante para mi eres alguien muchísimo más especial y diferente de todo el mundo. Tú y yo hemos creado, si bien no consientes de nuestros actos al momento, un nexo extrañamente especial que me unirá a ti quiera o no, en lo bueno y en lo difícil para toda mi vida a ti…



Tomo su mano y la entrelazo a la mía dirigiéndola a su vientre.



- Ella, junto contigo hacen que vea lo prometedores que el destino marca los días para nosotros – tomo de su mejilla y me acerco a ella – ¿Por qué es tan difícil que lo comprendas?



Recargo mi frente en la suya y cierro los ojos lentamente antes de soltar un suspiro. Recuerdo lo reticente que se mostró en un principio cuando descubrimos que seríamos padres y lo que me parce insólito es que aún no puede ocultar que lo está. Mis pensamientos divagan en los bellos momentos y otros tantos que he pasado a su lado.



- La primera vez que tuve sexo contigo, fui muy consciente de mi mismo de cuanto te deseaba. Aquella vez en Liverpool que no pude tenerte a mi lado me sentí tan frustrado y tan mal por hacerte pasar un mal rato. La primera vez que te hice el amor en esta misma habitación, cuando estaba completamente vacía, sabía que te quería a mi lado todo el tiempo. Cuando te fuiste de viaje a todos esos países por un mes me sentía abandonado y fue hasta que fui a Noruega que me sentí completo porque ella… – recorro junto con su mano lo largo de su vientre sin abrir los ojos – ya estaba entre nosotros. El día que me dijiste entre lagrimas que seríamos papás me sentí tan feliz y tan lleno de rabia pensando que una idea así había cruzado por tu cabeza, no pensé que de verdad dudaras en que no estaría ahí para ti. Yo sé que fuimos imprudentes, tampoco en mis planes estaba tener un compromiso tan fuerte a los 19 pero no por eso iba a hacerme a un lado ¡Y más! Sí de ti es de quien hablamos... de ella.

- Lo siento – dice con la voz anudada y con unos ojos muy cristalinos – sólo que me cuesta creer que para mí, las cosas marchan tan bien y para mis hermanas...

- Ellas encontraran su destino, te lo aseguro nena, yo no seré como el padre de Tabatha, lo juro. Y Mariella, ella debe darse cuenta sola que lo que hace está completamente mal para sí misma, Phoebe se lo dijo, nosotros le hemos tratado de hacer entender... el resto es suyo. Nosotros estamos juntos ahora como familia...



Qué más podía decirle a la mujer de mi vida que no le hubiera dicho ya en todo este tiempo y en esta noche. Ella tranquila, respira sobre mi pecho hasta quedarse completamente dormida. Suficientemente cansada para que, toda la faena que hice al des tender la cama, quitarle la ropa y colocarla debajo de las cobijas, no sintiera, durmió abrazada a mí toda la noche.






Mariella Dekker…


Me levanté directo al cuarto de baño que tengo en mi habitación, pude notar mi terrible aspecto esa mañana, una mañana de fin de semana ya. Por una parte me alegraba no llegar al estudio y pretender que nada relevante pasaba por mi vida, cuando era todo lo contrario. Un momento… Georg… ¿Georg dónde está? No estaba a un lado mío cuando desperté.

Salí disparada del baño cruzando por todo el reguero de ropa que habíamos hecho la noche anterior y todo por no decidirme que dejar y que llevarme, Georg comenzó a sacar la ropa del closet a lo loco y jugando con ella mientras me daba vueltas por toda la habitación o nos correteábamos el uno al otro, parecíamos unos niños jugando hasta convertir un desastre mi habitación y quedarnos dormidos por encima de las sábanas.

No tenía idea de donde estaba por lo que bajé las escaleras a trompicones con los pies descalzos y éstos mismos fueron los que percibieron un aire frío colarse; deliberé que algún ventanal estaba abierto y fui al de la estancia. Las cortinas revoloteaban por el aire y pude distinguir su silueta recargada en uno de los cristales.



- Georg – enuncié con voz ahora muy tranquila.

- Hola, linda – se giró hacia mí y pasó su brazo por mi espalda media quedando su mano de mi lado izquierdo – mira – señaló al estacionamiento donde un auto deportivo de color grisáceo comenzaba su marcha.

- ¿Qué? – pregunté sin entender el punto.

- Es Tom – estiro mi mano para llegar a la suya donde tiene un cigarrillo a medias – salió de la torre de enfrente con una maleta en mano.

- Fue seguramente al… que era el pent-house de Phoebe – desvió la mirada a un punto contrario a él.

- Tranquila…



Musita en mi oído mientras me abraza. Me sorprende que aunque sólo es poco el tiempo que he estado trabajando con ellos, él reconozca plenamente cómo me siento y a tan sólo tres días de estar a su lado sea tan atento conmigo. No hemos tocado aún ese tema en particular pero tengo entendido que ella era bastante conocida ahí en el estudio por Tom, infiero que Geo también tuvo trato con ella.

De pronto un sonido me hace salir de aquellos pensamientos, es mi celular que sueña en el sillón de la estancia principal, entretenida en mi propia felicidad me era muy fácil olvidarlo en cualquier lugar, ayer por la mañana lo dejé en el asiento de mi camioneta todo el día.



- ¿Hola? – dudé al no reconocer en número telefónico.

- Hey, hola ¿Mariella? – la voz de un hombre es la que me responde y me pregunta.

- Ajá…

- Soy Gustav…

- ¡Ah! ¡Hola Gustav! – respondo más animosa.

- ¿Gustav? – escucho decir a Geo a un lado mío.

- ¿De casualidad estará contigo Hagen? – su tono de voz ahora es uno muy presuroso.

- ¡Sí! Te lo comunico – extiendo mi celular para Geo que se nota confuso.

- ¿Sí? ¡Ah! Sí no estoy seguro de dónde está en estos momentos, sí, seguramente en el auto o en la habitación… ¡Oh diablos! Lo olvidé por completo. Ya, no te preocupes ahí estaré… estaremos.



Corrige su última palabra y eso me da a entender que involucra mi persona pues me dirige una rápida mirada antes de posar su vista de nuevo en el piso. Lamentablemente tuve menos tiempo para reaccionar o decir algo cuando ya estaba a bordo de nuevo en mi camioneta, la que él manejaba con habilidad, con la maleta en la porta equipaje y en menos de lo que pude imaginar estaba de vuelta en su casa tomando una ducha a toda prisa y siendo correteada por Geo para que volviéramos a salir lo más pronto posible.

Como era de costumbre ya verlo, iba vestido de una manera muy cómoda con unos jeans, un playera que no iba muy entallada a su cuerpo y su largo cabello recogido en una coleta en la nuca. Tomó la primera chaqueta que tenía a la mano. Yo por el contrario, acostumbrada a vestir a costa de lo que fuese, fabulosamente fashion, todo por vivir pegada a Kin y sus grandes manías por la moda y el buen vestir durante varios años y contrariamente a que en mi armario había infinidad de zapatillas deportivas, ahora ya no se hacían destacar dentro de mis gustos principales así que siendo fin de semana y fuera de horario laboral, encontré un digno atuendo de ser portado para un día como ese, sin ya el frío pesado que nos embargó el invierno y su mal tiempo. Unos botines con una minifalda de mezclilla, medias oscuras, una blusita blanca y un lindo suéter azul, fue lo que se me vino a la mente para el poco tiempo que me dejó disponible.

No sé si fue por inercia o por la pereza de no mover los autos, que Geo tomó de nuevo las llaves de mi camioneta y en ella nos fuimos a un lugar el cual no me decía cuál era. Sólo esbozaba sonrisas a medias y encontraba otra cosa con que distraerme para que no le preguntase una y otra vez nuestro destino. Destino que me dejó con la quijada en el suelo en cuanto llegamos.



- Listo, ya no preguntes más. Hemos llegado – dijo llegando a la puerta de mi lado para ayudarme a descender mucho antes que el chico que atendía el Valet parking.

- ¡Ay por Dios! Qué hacemos aquí – dije muy confusa.



Al lugar que vinimos a parar fue: Fischereihafen Restaurant. Por los gemelos Kaulitz y sus sugerencias junto con mi cuñado, de los mejores restaurantes, desfilaba este. Hacía ya varios meses que lo habíamos visitado dejando una cuenta que rayaba en lo estratosférico e irreal y, no era que no estuviera acostumbrada a ese tipo de restaurantes, no, simplemente me era a veces un poco inentendible como es que los “famosos” encontraban cosas tan exuberantes.



- Quita esa cara de susto – me dice a un lado mío y con su nueva manía de abrazarme quedando su mano posada en las costillas de mi lado izquierdo – como si no hubieras venido antes a este lugar.

- ¿Cómo sabes eso? – respingo de inmediato.

- Tom me daba santo y seña de a donde solían ir.



Y supongo que para aminorar la respuesta me plantó en rápido beso en la mejilla mientras que seguíamos a un capitán hasta la terraza del lugar.



- Esto solemos hacerlo muy a menudo así que no te sorprendas ¿De acuerdo?



Alcanzó a darme un pequeño breviario cultural que desde luego no comprendí en lo absoluto. Cuando estuvimos más cerca de la terraza vi la silueta de un hombre levantarse precipitadamente de una mesa, una complexión que se me hacia sumamente familiar.



- ¡Lo veo y no lo creo! – dijo por demás sorprendido.

- Esta es la mesa señores Listing – dijo aquel maduro capitán que nos guió al lugar reservado.



Esa frase era la segunda ocasión en mi vida que la habían dicho. La primera vez fue en un restaurante en Planten un Blumen, cuando recién lo conocí y aquella vez sólo lo dejé pasar como algo que no fue trascendental. A hoy, significaba mucho más que eso, haber pasado poco más de medio año luchando contra mi misma alejándome de cualquier cosa que me lo recordase y por fin estábamos juntos. Sin sentirlo iba con una sonrisa muy marcada en los labios.



- Deja de reírte Mariella. Ven acá – en un abrazo me saludaba con Stiffens y su asombro por vernos llegar juntos.



Más que asombrado, por contarle parte de nuestra difícil historia, se había quedado durante el desayuno al que programaron con anterioridad mi jefe Stiffens, su esposa, Gustav y su hermana, que casualmente era la esposa de mi jefe y su pequeña hija Astrid. La advertencia que Geo me había hecho era simplemente porque constantemente hacían ese tipo de reuniones.






Amélie Dekker…


A veces no podía comprender cómo es que Mariella se las ingeniaba para ser completamente detestable, detestable a un grado exagerado. Cuando se proponía ser impredecible lo lograba con tanta exactitud que, me pregunto si a caso no será un maligno ser que lee nuestras mentes y hace todo lo contrario para que no tengamos ni pizca de idea acerca de ella.

Era un día por demás importante, un día que seguramente ella ha festejado sin parar durante 24 años consecutivos, yo por el contrario lo dejé de celebrar cuando ella cumplió los 18, Mariella aún tenía 17, Melissa ya también contaba con 18 años. Era su amiga de toda la vida, era su mejor amiga después del problema entre ella y Melissa. Lo platicamos a últimas fechas demasiado pues sabíamos que era un evento de gran alcurnia. Incluso Bernardette asistiría y ¿Mariella?

Ella simplemente desapareció de la faz de la tierra. Pensé por un momento que seguramente ya estaría en Magdeburg, después de que Andreas y yo salimos muy temprano a casa de su madre para desayunar. Para cuando regresamos y llevar a cabo lo acordado de irnos juntos visitar a los chicos temprano e ir a la casa de la Abuela. No. simplemente no pasó.

Llamé incesantemente a su teléfono celular, a la casa de los chicos en Magdeburg, a las oficinas de Tokio Hotel sin éxito alguno e incluso llamé a Tom para que me diese alguna buena razón pero no. Mariella no estaba por ningún lado. Desesperada y con mal humor Andy tuvo que sacarme del departamento a empujones o nunca llegaríamos a Magdeburg a tiempo. Una vez ahí, pasamos a la casa de Bernardette que me interrogó por el paradero de mi hermana, cuando no logré darle señal de ella simplemente se quedó en silencio sin decir más ni objetar algo al respecto. Eso me puso sólo de peor humor. Qué nadie pensaba hacer nada al respecto.

Al llegar a grandes zancadas al jardín frontal a la casa de la Abuela donde se llevaría a cabo una refinada fiesta por el cumpleaños de Ela en casa de sus padres. Toqué la gran puerta de madera de una manera muy pero muy fuerte. Andreas me miró a punto de la burla.



- Nena, aquí está el timbre.



Lo miré de una manera hosca. Entre tanta gente fue fácil hacernos los perdidizos esquivando a Ela para felicitarla. Nos unimos rápidamente al grupo donde estaban sus amigos que al vernos nos bombardearon con preguntas de por qué sólo veníamos él y yo.



- ¿Dónde está tu hermana? – dijo muy bajito y con la boca torcida Fabiho intentando ser discreto con Kin.

- ¡Ya te escuché majo pelado sin educación! – reclama Kin – y tú dónde botaste a tu hermana – me pregunta con algo de nervios.

- No sé donde está. Desde hace dos días que no la veo – le respondo preocupada y todos me miran… tranquilos.

- ¡Ah dejara de ser Mariella Dekker! – la voz de Carlo se cuela entre nuestros diálogos.

- ¿Qué? – escupimos al mismo tiempo Andreas y yo.

- Así es tu hermana. De repente le da la loquera y se va. Usualmente pasaba unos dos o tres días en el departamento de Xavier y luego volvía.



O sea que todos daban por entendido que mi hermana estaba bien en quién sabe dónde y daban por hecho que volvería y sobre todo a nadie le preocupaba que hiciera eso constantemente.

¿Qué tantas cosas no sé de la clase de persona que es mi hermana?


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¡Ay gente adorada! HOY, como diría mi viejo presidente Fox:

Quiero dar las gracias a la pequeña Alex que por fin salió de entre las sombras... Ahora ya sé quién es el encanto de COLOMBIA que se quedó horas leyendo un fin de semana varios Capítulos de UPDI (y si es que hay alguien más de ese país: ¡MANIFIESTATE!).

Muchas gracias por tus bellas palabras es un GRAN HONOR PARA MI y seguro para Isha (Matilda como le dices tú) que seamos eso para ti. También muchas gracias por estar al pendiente de la sarta de locuras que escupe mi mente (ji ji ji) Desde luego seré la más feliz de tener una amiguita tan hermosa hasta Colombia... siempre y cuando me enseñes a mover las caderas como Doña Shakira :D

Así que Colombia se sacó un DIEZ en su tarea. Sigo esperando a la(s) persona(s) de Argentina, España, Chile, Venezuela... ya los vi no se hagan U_U

Ahora: reconsiderando el cero de la clase pasada para Karla Díaz... pues mi respuesta es 5. Na' más pa' que veas que soy buena onda pero que no vuelva a pasar ¡eh! y con eso del Baile de fin de Cursos espero y alguien no se rompa una pierna o estará bien difícil que gane...

En cuanto a: la paleta para Isha... mi respuesta es NO, #aquínoestwitter #tampocomessenger así que déjame pensarlo y dependiendo tu comportamiento puede que te de una. Mientras tanto: ¡Al rincón con Tom por metiches!


3 comentarios:

Anónimo dijo...

....jajajajajaja...que buena entrada nena!!..lo de: al rincón con Tom por metiches...me ha encantado!!... ^_^

Bueno, a propósito mi e-mail es alejandravelez6@hotmail.es...agrégame y en una de esas coincidimos en el MSN...y SI, SI FUÍ YO LA QUE UN FIN DE SEMANA SE QUEDÓ muchísimo tiempo frente a este aparato!!...

Cuídate, Alex!! (por cierto, de TH mi favorito es Bill, resulta que somos demasiado parecidos entonces él se lleva toda mi admiración y miles de deseos más eh)..;)

Karla Díaz dijo...

ya estoy aqui! pasando lista a tiempo para que aqui la miss no se ponga furica!

jaja!

oreo_effeckt dijo...

Yo lo leí en clase de Miss Griselle a las 8 de la mañana pero no pude comentar porque estaba explicando una cosa bieeen importante.. xD

Ya en serio... si lo leí primero que todos!

Y como me gusta el rincón y más si es con mi panzón

QUE PIN*HE BUEN CAPÍTULO, NO MA*ES, ME CAG*E DE RISA HAHAHAHAHA

A LA P*TA MADRE, ESCRIBES BIEN CHING*N Y QUE SE LO CARGUE LA VE*GA QUIÉN DIGA LO CONTRARIO.

*-*


XD!