7 de diciembre de 2010

Capítulo XXIX [ Parte 1 ] Mientras te quedes a mi lado.





Las horas aquí no han pasado tan rápido como la mayoría quisiera. A veces un minuto puede ser interminable y muchas otras pueden ocurrir cosas inesperadas. El deseo interminable de que pase lo mejor, es sólo un pequeño halo de color en lo nublado de nuestras mentes y, es aquel lugar donde se vive un juego muy diferente al de la conciencia plena.

El recuento de los daños que provoca vivir en una mentira; el dolor que provoca una herida abierta; el temor de no saber que el piso en el que estamos de pie no es estable, es, probablemente interminable. Pocas veces sabemos que nosotros mismos tenemos las respuestas de nuestro lado, pisándonos los talones a todo momento.

Si fuera necesario implantar un deseo en cada mente, si tuviéramos el poder para logar que los demás comprendan que lo único que queremos es seguir luchando; necesitamos vivir el mismo juego de la inconsciencia…


- ¿Cuántas horas lleva así? – pregunta el chico rubio.

- Desde el incidente – musita la chica cuyo aspecto supera la palabra: preocupado.

- Me dijo Sophia que ha delirado…

- Sin parar – responde con voz turbia – fueron demasiadas emociones para ella.

- Melissa – carraspea un poco – no me lo tomes a mal – la expresión de su rostro es reflexivo mientras mira a la pequeña niña sin parar – pero Moniquée vivió exactamente lo mismo y no estoy diciendo que Tabatha sea más débil – dice con un tono presuroso.

- Entonces a ¿Qué te refieres?

- Vamos, creo que nadie ha puesto atención fuera de lo mal que se encuentran – sin dejar de mirar al suelo, coloca sus manos en los bolsillos – tengo muchas teorías, una: ¿te has dado cuenta que siempre les ocurren las cosas al mismo tiempo?




Después de la ajetreada noche, desperté tranquila relativamente. Había algo que extrañaba en el ambiente y a mi lado, era el cuerpo de mi novio… de mi marido. Me repitió mi subconsciente. Estirándome debajo de las sábanas cálidas instintivamente giré a la mesa de noche que se ubicaba del lado izquierdo de mi cama para tomar mi celular y ver qué tan tarde era.

Con lo que me encontré fue una enorme sorpresa que a cualquiera le robaría el aliento. En un florero estaban dos rosas, una roja y una blanca. Al pie del adorno una pequeña tarjeta con la firma de Georg que decía:


Me encantaría estar a tu lado para darte los buenos días con un beso, abrazarte y decirte al oído cuánto me hace feliz que estés a mi lado. Te amo Malle.


Sonreí como una tonta en medio de mi soledad, imaginando por medio de quién y a qué hora fue que metieron el detalle con el que me daba los buenos días desde lejos. Estreché contra mi cuerpo la diminuta tarjeta pensando en una sola cosa: él.


- Buenos días – recitaron a coro todas las mujeres de la casa aún con pijamas.

- Buenos días – respondí alegre.

- ¿Te ha gustado el regalo del día de hoy? – Ryszara, sentada como siempre del lado derecho de Bernardette, me pregunta con una media sonrisa.

- Bastante, muchas gracias.

- A nosotras no nos digas nada, hija – contesta mi mamá – nosotras sólo completamos el favor que él nos pidió.

- ¿Quién iba a imaginar que ese chico resultara tan romántico? – mi hermana a mi lado hace escuchar su voz cargada de ironía.

- ¡Ja! – expreso ante su burla – ¿y tu maridito? – inquiero para que deje de molestarme.

- Andy, se ha tenido que ir muy temprano a la universidad – responde con simpleza.


La tarde pasa tranquila, todos los chicos aquí en Magdeburg tenían sus agendas ocupadas y con el trabajo hasta el tope y eso me dejaba automáticamente a cargo de una cosa. Llegué a la casa de los chicos por una llamada desesperada de Deieu; una vez que estuve ahí y a penas ponía un pie sobre las escaleras de la casa, todos bajaban como caballos silvestres.


- Gracias por venir – me saluda a prisa Carlo – nosotros ya nos vamos.

- Sí muchas gracias por venid tan como de rayo – de igual manera, con un sutil roce de su mejilla con la mía, lo hace Gabrielle.

- ¿Adónde van? – pregunto confundida al verlos salir casi sobre mí.

- Vamos… vamos al súper mercado, Kin quiere leche ¡Sí! Quiere leche ¡eso! – mirando para todos lados François me responde cuando ya está a centímetros de su auto, al cual ya entraron Jean Paul y Carlo.

- ¡Oigan! – reclamo en voz fuerte – Kin no toma leche…


Mi comentario se queda en apenas un silbido para ellos que ya arrancan y en otro auto van Deieu, Gabrielle y Ashir en una huida de lo más falsa.


- ¿Qué te pasa eh? – me pregunta Kin – Pareced que a ti sólo te importad el móvil – desde que has llegado no lo sueltas.

- ¡Ah! Bueno es que me están enviando trabajo desde LA – miento, la verdad es que tenía a Geo en el chat – ya ves, tengo días de descanso pero debo estar al pendiente de todos modos…




Deseando que todo esto sea sólo un mal sueño. Revivir un acontecimiento que te aleja de alguien es lo más duro que puede ocurrirle a un ser humano, la pena y el dolor embarga el cuerpo y nubla la razón, opaca el verdadero sentido de seguir adelante y nos reprochamos por qué hemos de seguir si lo que nos movía ya no sigue a nuestro lado…


- Mariella.


Conteniendo el llanto, sin lograrlo con éxito musita aquella mujer preocupada, tomando la mano de su hija.


- Por favor no me hagas esto. No te alejes cada minuto más. Te amo nena, mi nena hermosa, aquí te necesitamos. No hagas que mi corazón se parta en pedazos una vez más, la vida me alejó de tu papá y aquel hueco que me dejó su partida, sólo ustedes tres, mis niñas, lograron que no me hundiera en él.


Guarda silencio por un momento, el llanto le impide continuar. Mirarla, es tan desastroso para su alma. No es la jovial chica que siempre ha conocido, ni aquella vez que vivió internada en un hospital cuando apenas tenía siete años de edad.


- Tú eres una guerrera mi amor. Recuerda aquella vez en que también tu vida pendió por un momento, tus hermanas, tu tío, tus Abuelas vivieron pendientes de ti. Pues aquí estamos todos de nuevo, incluso todos tus amigos están aquí por ti y te ruegan que abras esos lindos ojos tan azules como los de tu papá. Acuérdate que él nunca desearía que dejaras de luchar y tienes a alguien más por quien seguir a delante. Él te está esperando, no lo dejes luchar solo…




Al día siguiente, las cosas no fueron muy distintas. Había otro par de rosas sobre mi mesa de noche y otra nota. Ese hombre, me estaba volviendo loca literalmente. Mi madre disfrutaba de tenernos juntas en casa; pasábamos bastante tiempo platicando de cosas que hacíamos a diario y con la compañía y el buen humor de Andreas se sentía un verdadero calor de hogar… ojala Georg estuviera aquí para que las cosas se sintieran aún mejor.

Los preparativos de la boda de Ela y Carlo quedaron a cargo de Kin, por las tardes iba a cuidarla y a organizarnos; uno de nuestros mayores contratiempos fue que el pajecito que Carlo había asegurado de algún pariente de Italia no podía asistir y por qué la mente ociosa de Kin trabajo a la velocidad de la luz.


- Ten Malle, te hablan – Fabiho se acerca a mí y me extiende su celular.

- ¿Quién? – pregunto en automático y claro, extrañada.

- Es tu marido…

- ¡Geo! – pronuncio unas dos octavas más altas de mi voz normal, me doy cuenta de mi error una vez que veo la cara de Fabiho a que me calle. Afortunadamente Kin no se dio cuenta – gracias – le respondo y me alejo.

- Hola hermosa – dice, puedo asegurar con una sonrisa en el rostro.

- Hola amor ¿Cómo te va?

- Con bastante trabajo pero todo marcha muy bien y dime ¿Por qué te llamo a tu celular y no contestas? – su tono suena muy pícaro, tanto que me da risa.

- Kin lo está usando, está llamando a Noruega…

- ¿Y eso por qué? – me ataja sorprendido.

- El pajecito para la novia no vendrá y se le ha ocurrido que sea Tabatha quien acompañe a la novia, me imagino que está hablando con mi hermana.

- Muy bien – apremia – seguro de Melissa no se negara y si lo hace hablo yo con ella.

- Gracias Geo – digo con un anhelo en la voz que enseguida nota.

- Tranquila, ya falta menos nena. Te veré pronto.


Así terminamos un día más, yo, pensando en todas las cosas que ahora él significaban para mí y lo laborioso que resultaba organizar una boda y pensar que la mía sólo duró un par de horas en organizarse.




Recuerda, cuando eras pequeña también sentías miedo, no creías que el mundo albergara tantas cosas que pueden sorprenderte y atemorizarte. Dudabas en decir algunas cosas que tú sentías como normales, pero en el mundo de los adultos no lo son y ahora que no tienes más alternativa que seguir creciendo y hacerte fuerte cada día.


- ¿Ya te sientes mejor? – una madre sabe que no siempre es la mejor pregunta y a pesar de eso no está demás hacerla – ¿Estás triste verdad? Vamos, cariño dime algo.


Se acerca a la pequeña para darle un cándido beso en la coronilla. A respuesta la pequeña niña se suelta en llanto profundo hecha un ovillo en el cuerpo de su madre, se aferra fuertemente a la sábana blanca que la cubre. Tiene miedo.


- Moniquée ha estado preguntando por ti, tus abuelitas, tu primo quiere que estés con ellos – acaricia el rostro de su hija limpiando lentamente cada una de las lágrimas que corren por su infantil rostro.

- No los quiero ver – encaprichada, expresa.

- Mi amor, por qué. Tú no eres así. ¿Qué te sucede?


La pequeña se escuda en el cuerpo de su madre. Temerosa de que nadie la comprenda en estos momentos y decide guardar silencio, uno, que la atormenta, como cada uno de los sueños que ha tenido y ahora comprende que no lo son por completo. Sabe exactamente lo que sucede y sabe también que debe hacer algo y ella misma se pregunta:


¿A caso le prestarán atención a una pequeña niña?




Cada día era una travesía diferente, el encierro en el que se encontraba Kin la estaba matando, la sobre protección que Fabiho tenía sobre ella, nos estaba matando. Cada que llegaba a la casa de los chicos a relevar la vigilancia, que por lo general era el bondadoso Jean Paul. Encontraba que ese par ya había hecho algo sin duda fuera de lugar, ese hombre la consentía hasta los límites menos imaginados. Un día los encontré tan animados pintándose las uñas el uno al otro; en otra ocasión los hallé muy cómodos en la habitación de Ela y Carlo con dos enormes bolsas de rosetas de maíz y sin fin de dulces y envolturas de los mismos sobre la inmaculada colcha que cubría la cama. Su escusa: la habitación de ambos era la más cómoda. Y otro día rondaban por toda la casa envueltos en sábanas como si estuvieran en la época de los romanos.


- ¿Qué hacen? – pregunto acostumbrada a ver ya, siempre a Kin en brazos de Jean Paul.

- Practicamos un poco de Feng Shui – responde muy animoso.

- ¡Oh por Dios! Esto sólo es un adelanto de que si no te curas ya el Apocalipsis llegará pronto.

- No os preocupéis maja que ahí estaremos vosotros para salvar vuestra vida – recita Kin.

- Sí como digas. Dime qué hay de nuevo para la boda – interrumpo su deliro y le indico a Jean Paul que deje a Kin en uno de los sillones.

- Bueno mirad, que el servicio de banquete ya estáis listo, el pajecito también, el atuendo de Carlo muy bien – mientras recita palomea en una hoja de papel lo que me va diciendo – he conseguido alguien que nos hará esculturas de hielo a buen precio, un juego de luces que acompañáis, muy bonito y coqueto, el cojonudo del fotógrafo queréis cobrar como si fuera Doña Reina de España que se volverá a casar por lo que os hemos despedido.

- ¿Despidieron al fotógrafo?

- Sí, cariño – Jean Paul se acerca a mí – pero a eso tuvimos una muy buena idea.

- Habla – le exijo.

- ¡Contrataremos a Andreas! – dicen a la par.


De entre todo no era una idea descabellada y me alegraba, Andreas se estaba encaminado en la fotografía y no paraba de tomarle fotos a lo que encontraba, era muy bueno con la cámara por lo que no me negué y de inmediato le llamé y decirle: joven Dagen tiene usted trabajo que será muy bien redituado.




Desde a fuera se puede percatar uno de cosas diferentes, cosas que muchas veces los demás no lo hacen con tanta claridad. Alejarse del dolor no siempre es sano pero para algunos es benéfico, de ese modo, hacen entrar en razón a los que a su lado se encuentran. Ayudar a sanar el dolor ajeno es más fácil que sanar nuestras propias heridas. Hacer comprender al prójimo que hay muchas cosas más allá que nuestras propias ideas no siempre es lo más sencillo.


- Ustedes… ¿También están de acuerdo con eso? – confundida mira a los chicos a su alrededor, asombrada.

- Yo fui el primero que se lo planteó – su voz es tímida, como si lo fueran a inculpar de algún cargo.

- Todos amamos a esa mujer de una manera especial y a nuestro modo – cruzado de brazos se escucha otra voz profunda – y no sólo es estar viendo como sufre ella, sino cada una de nuestras esposas.

- Por qué no habían dicho algo antes – alega la mujer incrédula de las conclusiones que hacen los demás.

- Al principio me pareció un evento al azar pero mira a tu hija y las cosas que ha dicho – dice Andreas a un lado de su cuñada – luego vino con la misma cantaleta.

- Y tú ¿Qué opinas, Carlo? – dice la chica mirándolo fijamente.

- Yo estoy confundido, no puedo creer que las cosas sean como ellos lo dicen – en un movimiento desesperado, Carlo se coloca una de sus manos en su frente y la desliza hasta su nuca – me cuesta creer que cosas como esas pasen de verdad.

- ¿Creen que debemos hacer lo que ella dice? – musita la chica mirando el cuerpo en reposo de su hija.




- Maja lo hemos logrado – grita Kin caminado con ayuda de las muletas lo más rápido que puede.

- Kin tranquila, por favor – suplica Fabiho que va a su lado.

- ¿Qué lograste? – verle el rostro me dice que es una muy buena noticia.

- La misa se llevará a cabo nada más y nada menos que en el Salón del Trono y la recepción en la Sala de Cantores del Castillo de Neuschwanstein.

- ¡Ah claro! Justo como lo quería Ela – respondo sin pensarlo mucho – espera – levanto mis manos a modo de precaución – quieres decir qué la boda será hasta Bayern.

- Sí básicamente, sí – responde muy quitada de la pena – creo que eso sois uno de los grandes pendientes que vuestra Ela tenía, que no pudiésemos disponer de su Castillo de cuento de hadas.

- ¡Wow! Y cuánto va a costar eso – anonadada sería un adjetivo muy pequeño para mi sorpresa.

- ¡Ostias, maja! Que eso no lo pagaréis vosotros, de hecho Ela habéis dado un fuerte adelanto para podéis lograrlo.


Me quedaba claro que cuando uno se proponía hacer las cosas a su mejor modo lo podía logar, yo era una de ellas a pesar de que no dispuse de ningún tipo de lujo en lo absoluto y sólo la firme decisión de querer hacerlo lo antes posible lo logré. De hecho, en realidad no estaba muy consciente de que ya era toda una mujer casada, comenzaba un noviazgo cuando el rol de mujer eterna se había apoderado de mí.

De esa manera fue que las cosas fueron más fáciles y el tiempo se fue volando. Llegaba a casa a veces para la cena y otras tantas no, como aquella noche en la que fui directo a la cama, en el camino Ryszara subía amable con un vaso de leche y una pieza de delicioso pan que solía hacernos cuando éramos niñas. Estaba tan cansada por el ajetreado día de citas con las diseñadoras para los vestidos para las damas de compañía y los trajes para los acompañantes. Carlo tuvo que ir con el sastre, con los nervios de la boda había perdido peso y el traje le quedaba grande.

Afortunadamente la novia llegaría cuatro días antes para la prueba de su vestido y que las costureras trabajaran en él. Nos habían pedido, casi rogado, que no tuviéramos ningún tipo de contacto con ella y básicamente era imposible hacerlo, de verdad vivíamos de un lado a otro con tantos arreglos para informar a los invitados que la boda se llevaría a cabo en Bayern y confirmar vuelos, programar otros, las escalas, las estancias en hoteles y un millar de cosas más que se nos unían a la lista de imprevistos.

Como pude me saqué la ropa a empellones, bebí lo más que pude del vaso de leche y mordí un pedazo del pan, me fui directo al baño a lavarme la cara y cepillarme los dientes; rebusqué entre el armario una pijama y curiosamente lo que encontré fue una caja con una nota:


Sé que esto no tendrá el más mínimo sentido pero desearía ser yo quien por la noche abrace tu cuerpo. Georg.


Abrí la caja rápidamente y era una pijama, justo lo que necesitaba, un delgado y pequeño bóxer de color gris con una blusita de manga corta en color rosa y una leyenda que dice “I’m no Angel” con unas alas en color negro. Curiosa me parece y me hace reír, era un lindo detalle y justo cuando la amoldaba a mi cuerpo me preguntaba ahora a qué miembro de mi familia había utilizado para hacerme llegar este detalle. Girando sobre mi eje con dirección a la cama otra enorme sorpresa se posaba ente mis ojos, en esta ocasión, era un gran arreglo de rosas de todos los tonos naturales colocadas en forma de corazón. Con eso me bastó para irme más que feliz a dormir…





- ¡Buenas noches, joven! – amable me saluda – ¿Quiere algo de comer?

- Muchas gracias Ryszara, ahora no, es de madrugada y lo único que quiero es verla.

- ¿De verdad, joven? Lo estuve esperando lista para prepararle algo a su llegada – me mira con reproche divertido por lo necio que me comporto.

- No debió hacer eso – la abrazo ligeramente encaminándonos al pie de las escaleras.

- No es ninguna molestia, puede pedir lo que sea con confianza, así lo ha ordenado la señora Bernardette.

- Es en serio, lo único que de verdad quiero es verla, han sido dos largas semanas y en cuanto nos dijeron que el trabajo estaba terminado mi compañero y yo abordamos el primer vuelo hasta acá.

- Lo comprendo joven. Entonces lo llevaré.


En silencio caminamos a lo largo de los pasillos que conformaba la casa hasta llegar al indicado donde estaba su habitación, ahí, me despido de ella y con la mayor delicadeza posible abro y cierro la puerta. Soy cuidados al despojarme de la ropa quedando sólo con al interior. Verla de nuevo es todo un placer, trae puesta la pijama que compré antes de irme y que dejé en prenda a que la pusieran discretamente para que ella la viera.

Abro las sábanas para meterme a la cama y de una vez por todas estar a su lado, ella desconectada de la realidad, no se percata en lo absoluto de nada. Incluso, una vez que estoy dentro ella reacciona entre sueños y se abraza a mi cuerpo.

- Ya llegué linda.

Recito con apenas voz en su oído y me acerco a sus labios para rozarlos ligeramente con un beso de bienvenida y buenas noches.






3 comentarios:

matve dijo...

Mendigos relojitos me causan dolor de cabeza!!! pero hoy mi hamster ha estado trabajando y dandole duro a su ruedita y ps no me perdi y le entendi yujuuuu, ya te bajo la adrenalina??? porque a mi no(y eso que yo no fui al cocierto jajaja) saludos y nos leemos pronto

Karla Díaz dijo...

Muy bueno amiga!!

JANDA dijo...

OH hace mucho que no tenía noticias de ti Zay...ahhh si, HOLA!!...

Buen capi, por fin estos corazones volvieron a juntarse!!!

Saludos para ti Zay!!!