10 de diciembre de 2010

Capítulo XXIX [ Parte 2 ] Y si morimos. Morimos juntos.




Amélie Dekker…


- ¡Tenemos que irnos ya! – me quejó.

- Vamos hija, no seas así. Dejemos que ellos lleguen a Hamburg.

- Lo mismo digo Sophia – por detrás me ataja Andreas con un abrazo y un gran beso en la mejilla – hola, nena, cómo anda Moniquée hoy – pregunta muy animado.

- ¡Ah pequeño Andy! – susurra mi mamá mientras lo mira perdida – me recuerdas tanto a mi marido cuando supo que iba a ser papá por primera vez.

- Estoy seguro de que el Señor Alun está muy feliz de que venga una niña de nuevo en camino – ante eso sonrío.



Me hacía tan feliz ver a Andy animado por cualquier cosa que me ocurría y más que la pequeña Moniquée no traía loco aún sin haberla conocido. Decidimos que dejaríamos a la feliz pareja dormir un poco más. El mágico momento de pronto se vio mermado con una llamada que entró al celular de Andreas.



- ¿Hola hermano qué tal todo?




Andreas Dagen…


- Hoy, hoy en especial es uno de esos días en donde todo apesta, todo va mal – sorprendido por los gritos de Bill – quiero que todo esto termine de una vez por todas y que todos se vayan al maldito infierno.

- De acuerdo, por lo que vociferas no tiene nada que ver con Tom ¿verdad? – cuestiono tratando de inferir.

- No, él está aquí a mi lado hablando con ella – suelta un grito ahogado.

- Explícame Bill de una vez por todas – exijo y él exhala una bocanada de aire.

- Teníamos un plan, justo hoy viaja hacia NYC por trabajo. Nosotros íbamos justamente a NYC a unos estudios, el idiota de Jost me escuchó hablar con ella y concertar una cita. Todo iba tan bien hasta que se enteró y no quiere que movamos ni un solo dedo sin su autorización, sin su consentimiento.

- ¿Cómo reaccionó Gabrielle? – poco convivo con los chicos pero tengo entendido que la vida de ella también es algo difícil.

- No lo sé, Tom fue el encargado de decirle no me atrevo a darle la cara, dice que está triste y que aún así lo veía muy difícil, cada que viaja por trabajo la custodia su representante o alguien de la agencia.

- Tranquilízate Bill, por algo pasan las cosas…

- Me gustaría que todos se fueran al demonio con su estúpido marketing…

- Tranquilízate Bill – escucho también la voz de Natalie cercana.

- Hermano no hagas algo estúpido que haga enfadar a Jost – trato de hablarle sereno por lo imprudente que suele ser cuando se enoja y Tom no lo puede controlar o prefiere sólo hacerse a un lado – ¿Puedo ayudarte en algo?

- Dame un segundo.



Me pide con voz determinada y ya de por si enfadada. Amélie y Sophia me miran preocupadas al pie de la camioneta.



- ¿Están bien? – pregunta Amélie con un hilo de voz.

- Bill tiene problemas con Jost – susurro por si Bill aún sigue pegado al teléfono.

- ¿Es grave?

- Es complicado, Bill quería hacer algunas cosas con Gabrielle que viaja hoy mismo y Jost se enteró.

- Jost es algún manager o algo así – confundida Sophia se hace notar en nuestra plática.

- Así es – afirmo – y, bueno ellos dos comparados con Georg y el baterista no la tienen tan fácil.

- Comprendo – musita Sophia – la fama cuesta, mira a mi hija: cómo pasó las últimas dos semanas.

- Es un completo imbécil – se escucha estrepitoso del otro lado de la línea – ojala pudiera mandarlo al diablo ahora mismo.

- ¡Tranquilo! – escucho ahora la voz gruesa de Tom que le ha arrebatado el teléfono – Andreas.

- ¿Qué hay? – digo ya un poco más preocupado.

- Nos movieron el vuelo para hoy a unas horas, antes de media noche. Debo colgarte antes de que Bill termine rompiendo algo del coraje.

- De acuerdo, los veré mañana, cuida de él.






Mariella Dekker…


Sumergida en el sueño profundo del que no quiero despertar, siento como una de mis respiraciones se convierte en un suspiro entrecortado. Dentro de mi mente me hago millones de preguntas y conjeturo otras tantas que debo hacer próximamente. Me siento tan cálida y con la sensación de haber dormido tan bien que me rehúso a abrir los ojos.

Muevo un poco la cabeza sobre la almohada para quitarme un poco de mi propio cabello de la cara, respingo la nariz un par de veces y continuo sobre mis pensamientos uno de tantos que enciman es la imagen con la que me fui a dormir hace un par de horas, aquel arreglo de rosas en forma de corazón y el que le segundaba era la nueva ropa de dormir con la que estaba. No imaginaba en ningún momento a Geo adquiriendo algo por el estilo, pensaba más en mi hermana imaginándola ahí en algún centro comercial con tal de cumplir bondadosamente el deseo de Geo. Mis conjeturas se ven interrumpidas por el sonido de mi celular re piqueando en la mensa de noche, probablemente ya era demasiado tarde y me había perdido el desayuno y alguien me llamaba para que saliera de mi trance.

Cuando intento girarme para tomar mi celular, siento en mi un jalón, unos brazos enroscados en mi me impiden moverme libremente. Abro los ojos de golpe asustada de lo que está pasando y menuda sorpresa es la que veo: Geo profundamente dormido, con el cabello alborotado alrededor de su rostro. Sonrío de inmediato y me veo obligada a salir de mi ensueño por el ya alto volumen de mi teléfono desesperado.



- ¿Hola? – activo la llamada sin ver quién llama. Mi vista sólo se enfoca en ver como duerme Geo. De fondo sólo escucho el ruido de la cuidad – ¿Hola?

- ¿Qué? – se escucha la vocecilla de mi amiga – ¿Me has llamado?

- Bien, sí – contesto atropelladamente y creo que una respuesta que nada tenía que ver pues estoy más que emocionada por verlo a mi lado.

- Maja, ¿Qué pasa? ¿Yo te he llamado?

- Sí, Kin lo hiciste…



La llamada se corta y quedo un poco confundida pero me tiene más el querer saber cómo es que ya está aquí conmigo a mi lado y seguro paso toda la noche y yo no me di cuenta. Seguramente era todo el cansancio y estrés que provocaba organizar una boda y que para colmo que no fuera la mía que me dejaba fuera de combate durante toda la noche. Deseo en ese momento volver a dormir en sus brazos o despertarlo. Difícil elección. Cuando mi celular suena de nuevo.



- ¿Qué paso? – infiriendo que es de nuevo Kin contesto de esa forma.

- ¡Ostias! Que no lo sé, mi móvil se le ha volcado el cerebro.

- ¿Por qué lo dices? – tratando de que no se dé cuenta que mi atención está fija en otra cosa muy distinta, aminoro su comentario.

- ¡Que no me entero! Maja, ésta cosa que te ha de amar hasta la patata porque no sabéis porque te llama.

- Sí, que lindo es él – me río por la forma en que no comprende cómo es que me ha llamado.

- Estáis loco por completo…



La llamada se vuelve a cortar. Creo que he hecho suficiente ruido y Geo comienza a despertar. Tentando a ciegas por mí que me alejé de él para alcanzar el teléfono, abre los ojos uno por uno como si la poca luz que se filtra por las cortinas le molestara, seguramente aún le pesan los ojos. Yo sentada por completo no puedo dejar de mirarlo.



- Hola amor.



Recito delicadamente mientras me acerco a sus labios. Él no contesta y se limita a esperarme. Cuando de nuevo mi celular suena ya sin tomarme la molestia libero la llamada y espero a que ella me hable.



- ¡Coño! Que no me da para saber qué le pasa, te marca y cuelga solo el cojonudo – escucho lo que dice mientras mis labios están perdidos en los de él.

- ¡Ahá! – logro musitar.

- Empiezo a creer que esta cosa se manda sola.

- Déjalo, los hijos algún día deben hacerse independientes – contesto aún muy cerca de los labios de Geo.

- Dile que te llame después que estás conmigo – con un tono juguetón me dice Geo en mi oído haciendo que una descarga en mi cuerpo me haga temblar.

- ¿Estás en la calle? – pregunto para despistarme a mi misma de lo que Geo hacía con mi cuello, parpadeo rápidamente e insuflo bastante aire.

- Sí, estoy con Fabiho, vamos a que el Doctor me revise…



Y la llamada se corta de nuevo. Dejo caer el teléfono a ciegas y me abalanzo de lleno contra Geo en un beso desesperado, lleno de deseo, largo y agresivo pero al mismo tiempo dulce y apasionado, tanto, que sin pensarlo me subo en él. Con la adrenalina hasta el tope, siento como se incorpora un poco y en un solo movimiento de despoja de la playera rosada, con una mirada que va desde mi vientre hasta mis ojos me confirma lo que leo en ellos.


- Te extrañé tanto…


Bisbisea. Su siguiente acto es colocarme lentamente sobre la cama, rozar su fina nariz a lo largo de mi ombligo y subiéndola a lo largo de mi torso hasta llegar a mi cuello, besarlo, aspirar de él y culminar en mis labios para hacerme completamente suya con pasión en cada uno de sus movimientos.

Infinitos me parecieron los minutos sobre la cama, aquella cama en la que viví hasta mi adolescencia y ahora la compartía con el chico al que amaba de una manera que no podía seguir negando, pues ese sentimiento creció dentro de mi durante todo el tiempo que me quise hacer la fuerte. Juntos en la bañera, sintiendo detrás de mí como su pecho pegado a mi espalda tiene el mismo ritmo al respirar, tranquilos y en silencio, disfrutado del momento y del calor del agua me cuesta creer que de verdad está aquí.



- Pellízcame por favor – con los ojos cerrados le pido con voz baja.

- ¿Para qué? Te saldrá un hematoma si lo hago – suelta una ligera risa y muerde tiernamente mi hombro derecho.

- Te amo – me giro para verlo y enseguida me ataja con un beso.

- Te amo y te extrañé y eres mi esposa y eres mía y te amo – entre cada conjunción me era acreedora a un fugaz beso que me hacia sonreír como una tonta – lindura yo sé que si te lo propones puedes quedarte sin comer por horas pero yo vengo del otro lado del mundo y me causa conflicto hacer cuentas de a qué hora fue que comí por última vez.



Era demasiado divertido escucharlo decir las cosas de un modo que pensara que me iba a molestar y revolverse en sus propias ideas. No dije más y acepté salir de lo cálido de la bañera, tomé una bata para salir a la habitación con el gran desorden que habíamos dejado minutos atrás.



- Geo…

- ¿Dime? – de inmediato sale detrás de mí y me abraza, él también trae ya una bata.

- Tus deseos son órdenes, ahí está tu maleta y por acá seguro Ryszara dejó algo para desayunar.



Señalo hacia la puerta donde está colocada una gran charola en un tripié. Varias adulaciones, se ganó Ryszara de parte de ambos por no hacernos salir de la habitación y facilitarnos nuestra cómoda estancia. Horas después y de darnos cuenta de que pasaban de las dos de la tarde y nosotros aún seguíamos enclaustrados, presuroso y nervioso se vio Geo, no me quedó más que seguirle la corriente, además caía en cuenta que debía reportarme en algún momento con mi mamá que seguramente ya estaría con Amélie y Andreas en Hamburg, según el plan era que nos iríamos antes del medio día y yo. Bueno, no tenía idea de que Geo llegaría un día antes.



- ¿Me acompañas? – me dice mientras bajamos las escaleras.

- ¿A dónde? – miro a todos lados la quietud de la casa, que aunque es grande siempre es obvio cuando hay gente en ella – oye, que extraño, no hay nadie – reflexiono más para mí misma.

- Debo entregar una cosa importante, antes de que se haga más tarde ¿sí?

- Sí, no hay problema – consiento – de ahí debemos volver a Hamburg, al departamento de Amélie…

- Ah sí no te preocupes por eso – me dice sin prestarme mucha atención y con su mano libre rebusca en el bolsillo de su pantalón mientras que con la otra hala su maleta.

- Supongo que Kin puede sobrevivir sin mí el día de hoy – medito y de pronto reparo en lo que hay frente a la entrada principal – ¡Oh por Dios! En qué momento llegó tu auto hasta acá.

- Muy fácil nena – alegre y con un leve aire de superioridad me planta un beso en la mejilla – tenemos unos amiguitos llamados seguridad a los que recurrimos, básicamente para todo.



Coloca ambas maletas en la porta equipaje. Cuestión de minutos y reconozco que entramos a la zona donde vive, tenía coherencia si se suponía que algo iba a entregar. Rodeamos el parque e imaginando que iríamos a su departamento me quedó con ese pensamiento en el aire cuando lo veo estacionar su auto cerca de ahí.



- ¡Vamos! – me alienta y me bajo del auto tan desconcertada que me hago acreedora de un regaño – Mariella, no te bajes del auto así.

- ¿Qué? ¿Por qué? – pregunto despistada.

- ¡Espera a que yo te abra! – se queja.

- ¡Ah, claro! Lo siento – le resto importancia y le pregunto lo que sí me interesa en ese momento – ¿Qué hacemos aquí?



Le sigo el paso mirando y recordando lo mucho que extraño ese parque cuando no podía conmigo misma y me refugiaba entre los árboles mientras el día pasaba. Reconocí a un par de personas asiduas a ese lugar y de pronto me vi frente aquel lago artificial con su fuente activa, el par de bancas de madera oscura donde siempre había alguien mirando como el agua impulsada mecánicamente salía una y otra vez, sobre el pequeño sendero paso a velocidad media un chico de no más de 15 años con su bicicleta y de mi lado derecho estaba aquel árbol que tanto me hizo compañía en mis horas de ocio. Grande y fuerte.



- ¿Lo recuerdas? – habla por fin.

- Ahá – musito.

- Aquella tarde en la que te encontré cayendo en sueño…

- Y mis hojas estuvieron a punto de volar – completo su frase sonriendo sin creérmelo aún. Poco a poco nos vamos acercando al árbol hasta sentarnos cerca de él.

- Era un día, como el de hoy. Había regresado de un viaje largo, más largo que éste. Necesitaba salir y despejar mi mente de toda la adrenalina que había acumulado de aquella gira por Europa. Salí a pie de mi departamento y recordé que había un jardín cercano, no sabía que era tan grande – lo miro directamente a los ojos perdiéndome en él – y caminé hasta llegar por allá – señala hacia tras de nosotros – ahí, te vi, y seguí caminando sin darme cuenta que lo hacía en círculo y te encontré de nuevo mirando atenta al lago. Me quedé mirándolo y de pronto tus ojos se cerraron, una ráfaga de aire se dejó venir y tus hojas volaron hasta donde yo estaba de pie. Me acerqué a devolvértelas pero sin querer me quedé admirándote como tu cabeza mantenía el equilibro y decidí cambiar un poco la historia el día de hoy – junté el cejo por sus últimas palabras – aunque no hay viento ni cosas que vuelan a nuestro alrededor más que el amor que hay entre nosotros dos quiero que lleves esto siempre contigo, yo, en la medida de lo posible llevaré el mío.



Sin saber cómo lo hizo su mano entrelazada en la mía, deslizaba por mi dedo anular izquierdo un aro de color dorado brillante. Sorprendida me costaba mirar el anillo y al mismo tiempo a él. Un anillo hermoso y justo a mi media era el que tenía finamente ajustado con una gota como decoración que en su interior tenían diez pequeñas piedras blancas.



- ¡Es hermoso!

- Yo, tendré puesto todo el tiempo que me sea posible y que no esté frente a las cámaras y esas cosas, supongo que te has dado cuenta de la fama que poseemos y que las fans son muy aprehensivas, lo has visto con Tom y Bill y si se enteran que me he casado afecta a mi trabajo…

- Geo…

- Y seguro Jost me matará, para él sólo somos su mina de oro y bueno a lo mejor vienen también los reclamos personales del por qué no les dije…

- Geo…

- Pero juro que no sólo significas para mí un anillo, no, te llevo en mi pensamiento más de lo que imaginas…

- Geo, Geo, cállate – lo interrumpo al fin – no me interesa al final del día si traías puesto el anillo todo el día. Lo que de verdad vale la pena es saber que te tengo en cuerpo y alma a mi lado cuando yo pierda la conciencia y me sumerja en sueños. Tenerte a mi lado es lo más valioso. Te amo.





3 comentarios:

Anónimo dijo...

wow que bonito capitulo te luciste

atte..naye

matve dijo...

OOO que lindo!!!! ahora si le dio el anillo (sin albur ehhh) y que tal el telefono poseido yo pense que el mio era el unico??? genial capitulo espero el que sigue con muchas ansias y sin relojitos jajaja saludos y nos leemos pronto

JANDA dijo...

Bueeeeeno!!!....¿Y entonces que?...Ahora si le tocó a ésta nena cumplir esa promesa...que se levante de entre los muertos y Geo también...odio los finales tristes y poco convencionales...(aunque yo no es que lo sea mucho)...no te imaginas cuán traumada me dejó Mati con el final de "Con el alma en un hilo"...tanto, que tuve pesadillas con Tom justo en el momento en que se murió...¬¬

Bueno, ahora si!!...SALUDOS ZAY!!!

Que buen capítulo...

Alex!!