7 de febrero de 2013

AOMS - Capítulo 5 Dentro de mi cabeza.

MILA: Difficile est longum subito deponere amorem.


¿Qué había pasado en todo este tiempo para que mi mejor amigo me tratase de esa forma?

¿Habría hecho sumamente mal en salirme así sin más?

Lo único que quería en aquel momento era poder ser libre por unos instantes, las circunstancias por otro lado me llevaron por otro camino tan rápido, sí, digamos que 78 días eran muchos pero ahora estaba tan acobardada que no quería pensar en absolutamente nada. Deseaba que mi mente se quedara en blanco por un largo letargo.

—¡Hey! ¿Sucede algo? —dijo Georg—. Estás temblando.
—¿Qué hora es? —balbuceé.
—Ahm, es, son las catorce con quince. ¿Anda algo mal?

Hice un cálculo mental del tiempo que nos tomaría llegar hasta el lugar donde me quería ver Izaskun, estábamos en tiempo justo.

—Puedes llevarme a Alt-Benneckenbeck, sabes dónde está Gutspark
—¿Sobre la L50?
—No, del otro lado —suspiré resignada a lo que me pudiera esperar.
—De acuerdo, ya sé dónde. Si te sirve de algo, cuentas conmigo para lo que desees.

No tuve que decirle nada más con mi silencio y seguramente con mi cara y pesar lo convencieron de que lo mejor era guardar silencio. Nos tomó el mismo tiempo que había calculado para llegar, Georg insistió en seguirme hasta el segundo piso que era donde estaba el departamento con el mismo argumento de la maleta pesada. Pretexto que no me estaba molestando en lo absoluto.

Cuando salimos del ascensor, recordé dos cosas: la primera, había salido de casa sin llaves y la segunda, mamá había puesto varias masetas sobre el corredor y debajo de una de ellas estaba una copia de la llave. Confiaba en lo más profundo que siguiera ahí.

—¡Claro el viejo truco de la llave! —dijo Georg al verme en cuclillas—. Siempre he pensado que eso sólo es un buen indicador para que algún raterillo logre entrar con mayor facilidad a realizar su ilegal trabajo.

Cuando me erguí e iba a proseguir a introducir la llave en la chapa, literal, el mundo se detuvo.

Como si estuviera frente a una gran pantalla, mi vista se bloqueó la puerta frontal de mi casa estaba ahí pero al mismo tiempo en ella ahora sólo aparecía una perspectiva del departamento completamente vacío como si le hubiesen quitado el techo y viera todo sentada sobre el muro. Sin cortinas y con la luz entrando a raudales. En el centro donde debería haber estado colocada la sala sólo estaban mis hermanos, todos, Maika sentada en el suelo tenía en su regazo a Mosses que estaba entretenido con algo en sus pequeñas y rechonchas manitas. Mila revoloteaba de un lado a otro queriendo atrapar las motas de polvo que se veían con perfección por los rayos intensos de luz. Meltón estaba recargado en una esquina, iba a no prestarle atención hasta que vi lo que traía en la mano izquierda: la mochila de Mila rosada y miraba con aire despreocupado hacía la ventana que daba a la cocina.

Alguien faltaba en todas esas imágenes tan desconcertantes. 

Volví a la realidad cuando escuché el clic de la llave embonar y girar, no había dejado de hacer nada; al mismo tiempo las imágenes aquellas de mis hermanos seguían sobre mi saturada mente, cuando ellos escucharon la perilla girar de inmediato dejaron todo y voltearon hacia la puerta. 

Exhalé. 

Pude sentir todas y cada una de las respiraciones detenerse del otro lado de la puerta, sentía la respiración calmada de Georg detrás de mí. El vibrar ligero del metal en mi mano al abrir la puerta se sintió como una descarga eléctrica.

La puerta se abrió con ese ligero rechinado que le caracterizaba. Un olor me golpeó como recibimiento, no era el típico olor que recordaba como mi casa, no, simplemente era un olor a vacío, soledad y una ligera capa de polvo acumulado. ¿Desde cuándo me percataba del más mínimo olor?

La poca visión que debía haber tendido con escasos centímetros de abierta la puerta, era de una mesa de madera y sillas iluminadas por la luz del ventanal con su cortina blanca calada ondeando sin embargo: no había nada. 

Empujé más la puerta con las yemas de los dedos y vi el delgado cuerpo de Mila tremendamente quieto y expectante. La abrí por completo y vi a todos mis hermanos, ahora Maika estaba de pie y Mosses se había movido tan rápido que escondía el cuerpo y asomaba los ojos detrás de las piernas de Meltón. 

Di un paso hacia delante y Georg lo dio conmigo como una sombra perfectamente coordinada. 

—¡Meghan! —Mila saltó de emoción y después pegó una carrera hasta estrellarse conmigo— ¡Volviste! ¡Volviste! Les dije que volvería —se colgaba de mí como podía llenándome de abrazos y apretujes.
—Te extrañé mucho Mila —sonreí y le di un beso en la mejilla, acaricié su largo y lacio cabello, había crecido más.

La casa estaba vacía. Completamente vacía, como lo había visto segundos antes. Sin cortinas, sin muebles, sin nada.

—¡Te volviste loca! —dijo con su tono enfurruñado, su torcer de boca y de brazos cruzados Maika.
—A ti también te extrañé —la miré con los ojos entrecerrados, sabía que la hostilidad de Maika era completamente natural por haberme ido tan bruscamente y no haberle prevenido.
—Te extrañamos mucho —volvió a repetir Mila mirando con una sonrisa de oreja a oreja a Maika y mirando hacia lo alto. 
—Suficiente Mila —la calló Maika antes de que la pudiera echar de cabeza ante Meltón y el desconocido que venía conmigo…
—¡Ah! Lo siento —giré como pude por el abrazo de Mila para ver a mi acompañante—, él es Georg. Georg ellos son: Mila, Maika, Meltón y el pequeñín detrás de él Mosses, ellos son mis hermanos —Georg saludó a todos en general—. Hey, ¿Mosses no me vas a saludar?
—Si comprendes que la última vez que te vio, hace dos meses por cierto, lo hiciste llorar ¿Verdad? —dijo Meltón con su misma postura—. No lo culpes si no se te quiere acercar. Hola por cierto —dijo para Georg—, y bueno, ya que ella no tuvo la dignidad para decirnos en dónde andaba, podrías tú… —Meltón movió la quijada en señal para Georg y él se desconcertó por la pregunta tan directa. 

Él dudó y me miró a mí. 

—Y si mejor me ponen al tanto… ¿Por qué está vacío el departamento? —arremetí.
—Es genial Megh —pidió mi atención Mila—, nos mudamos a una casa nueva con el nuevo novio de mamá y su hijo.
—¿Qué? —los ojos casi se me salen.
—Suficiente Mila —se escuchó una voz fuerte e imponente. Mila se cuadró de una manera singular, tanto que hasta su sonrisa desapareció—. Meltón hizo una pregunta primero Meghan.

Era Izaskun.

Las piernas me temblaron como gelatina, quería salir corriendo de ese lugar que para mí ya era completamente ajeno, incluso el propio Izaskun me lo parecía. Caminó un par de pasos fuertes saliendo de una de las habitaciones y Mosses lo siguió saliendo detrás de las piernas de Meltón para irse a las de él.

—Soy Izaskun, tú eres… —extendió la mano hacía mi acompañante.
—Georg —a pesar de lo que pude pensar y a como estaba yo, Georg no se inmutó, mucho menos intimido. Su saludo fue completamente firme y conciso.
—No queremos ser altaneros —dijo Izaskun mirando de reojo a Meltón que refunfuñó y después sonrió malvadamente.
—¡Oh! Ya iba a sacar los chacos, le quitas la diversión —mi hermano volvió a sonreír y relajó su postura completamente.
—Simplemente estábamos muy preocupados por ella —Izaskun ignoró a Melton. Georg comenzó a mirarme muy desconcertado.
—Bien, bueno tal vez yo no sea el indicado para decir qué es lo que pasó en todo este tiempo, yo sólo soy un compañero de trabajo y me ofrecí a traerla de regreso a su, la que fuera su casa, ya que no confiaba en el chico de seguridad…
—¿Compañeros de trabajo? —dijeron demasiado sincronizados Meltón, Maika e Izaskun.

Aunque la verdad de las cosas hasta ahí lo que menos me molestó fue su intromisión tan coordinada, al contrario me dio enteramente igual. Lo que me enfado de sobremanera fue aquello que dijo Georg, vaya, ni siquiera sabía exactamente el por qué, simplemente fue enojarme por la palabra “compañeros”.

Seamos realistas él jamás me había dirigido la palabra durante toda la gira y ahora quería zafarse haciéndose pasar por un compañero. Que odioso…»




—¡Odioso! —explotaron en risas Izaskun, Bill y Tom al mismo tiempo.
—¡Vaya Megh! No te tomó mucho averiguar lo que Hagen era en realidad —dijo Tom privado con lo último que había escrito—. Aunque, de acuerdo, que te tomó tu tiempo ¡ah!
—¡Oh pequeño idiota! —dijo Hagen aventándole una botella de agua medio llena, que, él otro por estar riendo no se percató que fue certera y le dio justo en un hombro.
«Ha sido lo más largo que he podido escribir, vaya que te tardaste en interrumpir Tom» —pensé abiertamente y todos al momento guardaron silencio a pesar de que mi rostro tenía una ligera sonrisa.

Comprendía que para ellos era completamente difícil asimilar las cosas que yo podía hacer y otras tantas que ya no hacía. También lo era para mí. Mi rostro de inmediato cambió, esa era una de las cosas que a veces no podía evitar, no me podía acostumbrar al hecho de que las cosas en mí cambiaban con facilidad y podían ser muy evidentes de una manera algo tétrica. Los chicos se percataron de eso.

—¿Estás bien Megh? —dijo en seguida, con su manera peculiar y sobre protectora Izaskun.

Asentí con la cabeza.

—¿Segura? —mi rostro volvió a la dureza de siempre—. Vamos no hay ningún problema conmigo, lo sabes.
«No me gusta sacarlos de balance, no me gusta asustarlos, no me gusta cómo me miran, muchas veces llenos de pánico por mi…» —pensé exclusivamente para Izaskun. Todos nos miraban alerta.
—Pero para ellos está bien, ellos no tienen ningún problema con lo que tú eres, con cómo lo haces. Ellos te quieren y aceptan tal cual eres, lo único es que no están acostumbrados. Los cambios han sido particularmente duros y tú sabes que un cambio requiere de una adaptación.

Izaskun se acercó y tocó mi rostro, ya de por si blanco, parecía de una textura marfileña.

«Todo está bien». —Sonrió—. «Podemos irnos ahora, podemos dejarlos descansar, dejarlos tranquilos, ha sido un día de bastantes recuerdos, de muchos recuerdos».
«No quiero que sientan que los estoy corriendo». —Pensé para él de una manera alarmada.
«No te preocupes, toma en cuenta que así como es entretenida esta idea de recopilarlo todo, también es un poco cansado. Ellos son mortales».

Sonrió de lado. Esa sonrisa tenía un trasfondo.

«¡Traman algo!». —Lo pillé—. «¡Claro! No mientas, seguro se irán de juerga por ahí ¿Cierto?»

Rió en voz alta y hasta ese momento volví a caer en la cuenta en que los chicos nos miraban absortos y muy atentos.

—Nos descubrió chicos.

Dijo ahora en voz alta y en seguida comenzaron a refunfuñar, gritar, alardear, quejarse y todo lo que los hombres suelen hacer como si fueran niños chiquitos. Hagen abrió la boca y en seguida la cerró. Lo capté en un instante.

«¿Qué le dijiste?». —Dije abiertamente.
—Nada —dijo Izaskun.
—Nada —dijo Tom.
—Sí, nada —dijo Bill.

El timbre sonó.

—¡Yo voy! —gritó Hagen.
«¡Hey!». —les grité.
«¿Ya se enteró?» —gritó a su manera Gustav desde la entrada del departamento de Hagen—. «¿Corremos? ¿Ahora? »

Comenzaron a despedirse y a amontonarse unos contra otros en la entrada, las risas no paraban y la palabrería no se comprendía. Eran unos tontos y yo eso me lo ganaba por estar tan confiada de ellos.

De pronto me sentí sola, el departamento se sintió completamente ligero, sin la presencia de los chicos, aspiré aire, tanto como mis pulmones me lo permitieron. Me puse alerta. Aún había una persona dentro del mismo lugar. Volví a aspirar. Había un olor dulzón en el ambiente, uno que probablemente no me era tan perceptible por los diferentes aromas y combinaciones de las lociones que usan los chicos a diario, el olor se fue intensificando cada vez más. Mis sentidos se bloquearon cuando lo vi de pie a un par de metros de mí, serio con sus ojos verdes fijamente posados sobre los míos y dos copas con un líquido ambarino y burbujeante dentro.

Sonreí ligeramente, él me imitó.

—Feliz cumpleaños —bisbiseó.

Ahora era tan común en él cada que estábamos solos sus palabras en voz alta sólo fueran ligeros murmullos, él sabía que yo los escucharía perfectamente a metros de distancia.

Lo escucharía así estuviera al otro lado del mundo.




ANGEL ON MY SHOULDER

1 comentario:

Scarlëtt Kaulitz dijo...

Waaaaaaaaaaaaa... Por tu ´che culpa voy a chillar

"—Feliz cumpleaños —bisbiseó.

Ahora era tan común en él cada que estábamos solos sus palabras en voz alta sólo fueran ligeros murmullos, él sabía que yo los escucharía perfectamente a metros de distancia.

Lo escucharía así estuviera al otro lado del mundo."

Awwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwww! *Scarlett se limpia la lágrima del ojo*

Eres una maldita que juega con mis sentimientos. Creo que este capítulo me gustó más que todos nada más por ese final combinado con la canción, que sigues sin decirme vía Tuitaaah cuál es xD

Quiero maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas!!!!!

Ahm... Con su cumpleaños empezarán a pasar más cosas de lo que es? Ö

Besotes de Stefan (´so qué xD)

Atte: La que se dice ser tu Parabatai ♥ xD